RETORNANDO A LAS SAGRADAS ESCRITURAS –VIII PARTE

IDENTIFICANDO LOS ERRORES MÁS COMUNES, IMPARTIENDO PRECISIONES BÍBLICAS. Marcos Andrés Nehoda

15. TALENTOS NATURALES Y RESPONSABILIDADES.

No debemos confundir los talentos naturales con los Dones Espirituales. Los primeros, muchas veces son innatos al nacer; otros talentos se logran por la buena voluntad y el esfuerzo personal. Si un talento o la aptitud para el tal no se practica ni se ejerce, puede estar ‘dormido’ en la persona. Si se pone voluntad, esfuerzo, interés y práctica, los talentos pueden resultar en una actividad o profesión destacada y útil a la sociedad. En nuestro caso, debemos poner nuestras capacidades, talentos y aptitudes a los pies de nuestro Salvador, para que Él, si es Su Voluntad y si Le place, nos conceda el privilegio y la responsabilidad de utilizarlos, ejercitarlos para beneficio en Su Obra. Hay aptitudes pecaminosas, habilidades que el Señor nunca aceptará para Su Servicio. A veces, hay varios talentos ‘repetidos’ en la iglesia local. En el Antiguo Testamento esto se solucionaba sirviendo por turnos. «Así ellos y sus hijos eran porteros por sus turnos a las puertas de la casa de Jehová, y de la casa del tabernáculo». (1º Crónicas 9.23). «Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo». (1º Crónicas 25.8). «Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio». (1º Crónicas 24.3). En el Nuevo Testamento hallamos también un ordenamiento: “… hágase todo decentemente y con orden”. (1º Corintios 14.40). “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete”. (1º Corintios 14.27). En cuanto a ser responsables con el ejercicio de los talentos en la iglesia local, leemos en las páginas inspiradas: «En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor».  (Romanos 12.11). Algunos creen que cualquier talento puede ser ejercido en la Obra de Dios y, en el otro extremo, otros piensan que pueden servir al Señor cuando se les ocurre o cuando tienen ganas o cuando ‘lo sienten’. Un cristiano lavado por la Sangre de Jesucristo, que ama al Señor, que desea agradarle y que quiere comportarse con  responsabilidad en el Servicio a Dios, primeramente se pondrá en las manos del Señor, como dice: «Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios». (2º Corintios 8.3‐5). Otro ejemplo digno de ser imitado: «Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo». (1º Tesalonicenses 1.2‐3).

16. CENA DEL SEÑOR, BAUTISMO Y MEMBRESÍA.

La expresión correcta es Cena del Señor (1º Corintios 11.20); el término ‘santa’ lo hemos agregado nosotros, pero no es la expresión (‘santa’ Cena) la que encontramos en Las Sagradas Escrituras. En rigor de verdad, en el idioma original dice “Cena Señorial”. [kuriakon deipnon, señorial cena]. La verdad es que, desde el mismo momento que una persona se entrega al Señor, ya es miembro de la Iglesia que el Señor ganó por Su

propia Sangre. (Hechos 20.28). Y no debiera pasar mucho tiempo antes de ser bautizado. Claro es que, en la práctica, esperamos ver un verdadero cambio en la vida del postulante al bautismo. Lo ideal sería que, apenas se convierte, sea bautizado y miembro ‐lógicamente‐ de la iglesia local. Somos conscientes de que no somos jueces de los  hermanos. El Juez es el Señor Jesucristo. Pero es el mismo Señor quien puso a los pastores para que ellos velen por las almas de los miembros de las congregaciones. Incluso, dice La Palabra de Dios que debemos  sujetarnos a ellos. Por su parte, la responsabilidad de los pastores es no enseñorearse de las congregaciones que están a su cuidado.  Es cierto que el Señor no condenó a la adúltera y que Felipe no anduvo inquiriendo nada acerca de la vida del eunuco. Pero el mismo Señor que dijo: “… no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”, (Juan 12.47), el mismo que le dijo a la adúltera que Él no la condenaba, también le dijo: “NO PEQUES MÁS”. (Juan 8.11). Es decir, Jesucristo no hizo ‘la vista gorda’, no estimuló a la mujer a continuar así como estaba, no le dio autorización o licencia para seguir cometiendo adulterio; al contrario, le ordenó que no continuase más en esa situación. Al ex paralítico en Betesda le dijo: «… No peques más, para que no te venga alguna cosa peor». (Juan 5.14).

En cuanto a Felipe, fue el mismo Espíritu Santo en una revelación que le dijo que fuera al desierto; todavía La Palabra de Dios no había sido completada. Así que, ¡ninguna pregunta necesitaba realizar Felipe, ya que el camino había sido preparado por revelación divina! Ahora ya tenemos toda La Palabra de Dios; y allí están todas las instrucciones acerca de cómo debemos proceder en la iglesia del Señor. Hace noventa años atrás ‐lo tengo consignado en una colección de escritos de la época‐ no existía el problema que ahora hay respecto a  los juntados, rejuntados, recasados, divorciados, viviendo en adulterio o en fornicación. La sociedad en general repudiaba estas situaciones; los creyentes y aun la mayoría de los inconversos tenían bien en claro que eso estaba mal delante de la misma sociedad y delante de Dios. Pero en el nuevo siglo XXI esto ya es habitual; la juventud tiende a no casarse, se juntan, viven en fornicación. Y muchos de los que sí se casan luego se divorcian o se separan y argumentan que han rehecho o reconstruido sus vidas, volviendo a casarse. Tal es así, que muchos países han aceptado con sus leyes el divorcio y posterior recasamiento. Hasta las mismas iglesias se han adaptado a esta nueva situación ya  generalizada, aceptando a personas que vienen del mundo, recibiéndolas en comunión, sin que su situación haya sido regularizada. Aun los mismos creyentes, en algunos casos, se separan, luego se divorcian y se recasan, transgrediendo así, claros principios bíblicos. Pero, ¿qué dice La Palabra de Dios? ¿Debemos ‘adaptarnos’ a los tiempos en que vivimos? En Mateo 5.31‐32 dice:»También fue dicho: cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio». (Fornicación: relación sexual ANTES del casamiento). Marcos 10.11‐12: «… cualquiera que repudia a su mujer y se casa con  otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio». Juan 8.10: «Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, Y NO PEQUES MÁS». Gálatas 5.18: «Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la  ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: ADULTERIO, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría,  hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; ACERCA  DE LAS CUALES os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que LOS QUE PRACTICAN tales cosas NO heredarán el Reino de Dios».1º Corintios 7.8‐13: «Digo, pues, A LOS SOLTEROS Y A LAS VIUDAS,  que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando. Pero A LOS QUE ESTÁN UNIDOS EN MATRIMONIO, MANDO, no yo, SINO EL SEÑOR: Que la mujer NO SE SEPARE del marido; y si se separa, QUÉDESE SIN CASAR, [no incluye aquí, ‘si no tiene don de continencia, rehaga su vida casándose con otro’] o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene  marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone». Repetimos: ¿nos ‘adaptaremos’ a la sociedad, a las leyes mundanas, o nos ajustaremos a La Palabra de Dios? ¿Acaso esto es ser ‘cerrado’, ‘legalista’, ‘fundamentalista’, ‘inmisericordioso’, ‘juez’, ‘exigente’, etc.?

Todavía no ha llegado aquí en nuestro país con toda su fuerza ‐pero en otros países ya está plenamente instalada‐ la condición de homosexualidad o lesbianismo como forma de vida aceptada por la sociedad y legalizada por las leyes mundanas, incluso autorizando el casamiento entre personas del mismo sexo. ¿Qué haremos en este caso? ¿No es semejante en sus características al primer caso comentado más arriba? ¿Qué decisión tomaremos cuando mucha gente homosexual o lesbiana venga a nuestros cultos y manifieste entregarse a Cristo, pero pretenda continuar en esa situación sexual? ¿Los bautizaremos? ¿Los recibiremos en comunión? ¿Les daremos actividad en la iglesia y responsabilidades? ¿No sucederá, acaso, lo mismo que ahora sucede con los que viven en adulterio o están juntados con hijos de por medio, o divorciados, cuando esto el Señor  NO lo aprueba? Insistimos, ¿qué dice La Palabra de Dios? ¿Debemos ‘adaptarnos’ a los

tiempos en que vivimos? ¿O retorceremos caprichosamente el siguiente claro pasaje bíblico en favor de la condición de los que viven en adulterio ‐pero tienen hijos de por medio‐ o en favor de los que se han recasado, o en favor de los que son homosexuales y o lesbianas? 1º Corintios 7.20‐35: «CADA UNO EN EL ESTADO EN QUE FUE LLAMADO, EN ÉL SE QUEDE. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.

Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios. En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo  diferencia entre la casada y  la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido”.

“Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor». No puede un pasaje CONTRADECIR a otro; ES CLARO que aquí está hablando NO de la condición de los adúlteros o de la condición de los homosexuales o de la condición de las lesbianas. A menos que se piense que Pablo era un legalista cerrado, influenciado por el Viejo Pacto… pero no, él fue un escritor inspirado por el Santo Espíritu. ¡Es Palabra de Dios! Como ya lo hemos dicho, nosotros no somos jueces ni tampoco legisladores; el Señor es el Juez y, a la vez, el Legislador. ¿Qué debemos hacer nosotros, entonces? OBEDECER al Juez y al Legislador, ya que somos Sus sirvientes; no importando QUEDAR MAL con las personas, sino quedar bien con nuestro Señor; no pretendiendo ser más buenos y amorosos que nuestro Padre Celestial. ¡Él ordenó esto! ¡Nosotros Le obedecemos! Amamos a Dios POR SOBRE TODAS LAS PERSONAS Y POR SOBRE TODAS LAS COSAS. ¿No es acaso nuestro Lema: DIOS PRIMERO? En la búsqueda de adoradores que adoran en espíritu y en verdad en la hermosura de la santidad, Dios Padre reclama Arrepentimiento, Abandono del pecado, Conversión verdadera, Nuevo Nacimiento; lo cual solamente es operado por el Santo Espíritu, obrando por la Obra Consumada de Jesucristo en la Cruz del Calvario. Si pretendemos ser más benévolos que Dios lo único que lograremos es tener congregaciones livianas, débiles, por debajo del alto llamamiento con el que fuimos llamados: «… os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados». (Efesios 4.1).

Y si aún insistimos queriendo ser más buenos que Dios y los aceptamos en la comunión y en la membrecía, no serán aceptados, de todos modos, en el Reino de Dios; y su destino será la Condenación Eterna. Si de veras amamos a las almas perdidas y queremos su Salvación debemos predicarles con fidelidad el puro Evangelio de Jesucristo. Basados en La Palabra de Dios enseñamos y señalamos las situaciones

de pecado que deben ser corregidas. Cuando vemos a alguien que está conviviendo con quien no es su legítimo cónyuge le mostramos en Las Sagradas Escrituras que su situación de adulterio es pecado delante de Dios y le aconsejamos para bien, que abandone su pecado y aun procure, si esto fuese posible, reconciliarse con su cónyuge legítimo. Pero no manejamos su vida, no le exigimos ni le ordenamos o dictamos lo que tiene que hacer. Solamente le enseñamos las verdades bíblicas; es el Espíritu Santo quien producirá en el corazón la convicción de pecado. Nuestro deber es predicar el Evangelio con fidelidad. Eso sí, nos reservamos el derecho a no bautizar ni recibir en comunión a una persona que afirma haber rendido su vida al Señor Jesucristo y no obstante, vive en adulterio, fornicación, homosexualidad o embriaguez. Como decíamos, en la práctica pasa un tiempo hasta comprobar que realmente es del Señor. Entonces, pide el bautismo. Cuando lo bautizamos, lo hacemos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28.19), un solo bautismo en el Nombre de la Tri‐Unidad.  Sabemos que algunos bautizan tres veces, una vez por cada Nombre; pero nosotros entendemos que al hacerlo sólo una vez (Efesios 4.5) proclamamos la Unidad de la Santísima Trinidad.

Notemos que no dice ‘en los Nombres’ sino ‘en el Nombre’. Otros bautizan también una sola vez, pero en el Nombre del Señor Jesús únicamente. (Hechos 10.48 y 19.5). En el primer caso citado Cornelio conocía acerca de Jehová Dios y no sabía nada acerca de que Jehová Dios es Jesús Dios; en el segundo caso, conocían acerca de Juan el Bautista, pero no sabían nada de Jesús el Salvador. Así que, se señala con esto que la fe de ellos ‐aun honesta y sincera‐ no era suficiente, faltándoles el conocimiento de la Persona y de la Obra de Jesucristo en la Cruz del Calvario. Cuando bautizamos, lo hacemos sumergiendo completamente al creyente en las aguas, significando con ello que testimonia que desde que su vida fue transformada, ha muerto para las cosas del mundo y ha resucitado viviendo para Dios. Lo bautizamos y claro, como ya hemos visto que es del Señor y que ha obedecido en el paso del agua, lo consideramos un miembro de la iglesia local y participa de la Cena del Señor. ¿Por qué hemos de convidar a la Cena del Señor a quienes no han dado el paso fundamental del bautismo, aunque digan que ya recibieron al Señor? ¿No es mejor participar de tan importante celebración con aquellos que han obedecido y dado público testimonio de su fe y obediencia al Señor? Sabemos que algunos permiten participar a quienes no están bautizados. Nosotros no compartimos tal práctica, porque creemos que está fuera del espíritu de tal celebración de la Cena del Señor o Cena Señorial. Algunos piensan que el bautismo hace al creyente un miembro de la iglesia local; pero nosotros entendemos que desde el mismo momento en que una persona se entrega verdaderamente al Señor es miembro de la Iglesia que el Señor ganó por Su propia Sangre. Porque un creyente pudiera pertenecer al Señor, estar bautizado y, sin embargo, no ser miembro de la iglesia local… pudiera ser una visita ocasional. Así que, no es el bautismo lo que hace al salvo miembro de la iglesia local sino que ‐aparte de estar convertido y bautizado‐ debe asistir con regularidad a los cultos. No estamos de acuerdo en tener una lista de miembros, sólo para que ‘figuren’ en un libro de la iglesia.

Repetimos y profundizamos: miembro es aquel que está convertido, bautizado, asiste con regularidad y está comprometido con el Señor y con la obra local. Reconocemos que en estos tiempos relajados es mucho pedir; pero a esto apuntamos. Es importante remarcar que no sirve el papeleo o registro; lo que sirve es la vida, la práctica, el compromiso. Por ejemplo, si durante un tiempo prudencial un hermano no asiste y se le visitó y no piensa regresar a esta iglesia local, no es necesario convocar a una reunión de iglesia para determinar que ya no es más miembro… de hecho, ya no lo es. No asiste, no está comprometido con la obra local. Claro, siempre podrá regresar y es nuestro deber recibirlo, si no hay otra cosa que lo impida. Nosotros hemos eliminado el término ‘símbolos’ porque no es bíblico. El pan y el vino en la Cena del Señor NOS RECUERDAN («Hacedlo en Memoria mía») el cuerpo y la sangre del Señor; es decir, nos recuerdan que cargó con todos nuestros pecados, que sufrió por nosotros y que derramó Su Sangre para limpiarnos. Porque, de lo contrario, de a poco el pan y el vino pasan a ser como un amuleto o rosario; algunos hasta creen que en la Cena se perdonan pecados y uno queda ‘a cero’ con el Señor (como ir a misa y confesarse).

En cuanto a la actividad en la iglesia, es lógico que uno prefiera el  servicio de un bautizado; es decir, de uno que se definió claramente con y por el Señor. Pero bueno, a veces hay fiesta de fin de curso o de navidad y hacemos excepciones con niños, cuando representan alguna obra teatral. ¡Porque no podemos exigir que niños pequeños deban ser bautizados! El bautismo no es una ‘presión sicológica’, es una decisión voluntaria. Si un niño pequeño de verdad se entrega al Señor ya es miembro de la única iglesia ‘universal’ del Señor. Pero en la práctica, cuando tome la decisión acerca del bautismo, en madurez, será considerado un miembro efectivo en la congregación local.

CONTINUARA

 

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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3 Responses to RETORNANDO A LAS SAGRADAS ESCRITURAS –VIII PARTE

  1. Avatar de Suahel Figueroa Suahel Figueroa dice:

    buen articulo mi hermano Dios te siga bendiciendo

  2. Avatar de Luz Luz dice:

    Si, estoy de acuerdo. Una de las cosas que más me harta de las iglesias de hoy en día es que pongan a servir a personas que están, en adulterio, o fornicación. Incluso como diáconos, es algo que no puedo comprender por mas que lo piense, me indigna. Y estos pastores con su forma de pensar no es raro que luego caigan en pecado.Bendiciones.

  3. Avatar de Luz Luz dice:

    Si. Yo creo que lo único que falta es que pongan a homoxesuales no arrepentidos a servir al Señor. Como va todo, no sería raro que lo lleguemos a ver en nuestros países. PERO ALELUYA CRISTO VIENE PRONTO A BUSCAR A SU NOVIA, QUE NO HA CONTAMINADO SUS VESTIDURAS. SOMOS UN REMANENTE, COMO EN TODA LA HISTORIA DE LA IGLESIA. EL AVIVAMIENTO, UNA EQUIVOCACIÓN, NO ES REAL. ¿CUANDO VENGA EL HIJO DEL HOMBRE HALLARÁ FE EN LA TIERRA? y LAS SEÑALES INDICAN QUE SU VENIDA ES INMINENTE. AMEN!!!

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