LO QUE YO CREO -7-

EL CONCEPTO DE SIERVO

Mario E. Fumero

Por regla general el término “siervo” en la biblia se desprende del concepto de la esclavitud. Esta aparece cuando una tribu o nación conquistaba un territorio, obligando a los habitantes  a ser esclavos del ejército conquistador. A lo largo de la historia se ha dado muchas formas diversas de conquistar a las personas para privarle de su libertad, y hacerlo esclavo del más fuerte.

EVOLUCIÓN HISTORICA DE LA ESCLAVITUD

El esclavo  es producto de una conquista, la cual formaba parte del esquema social antiguo, y con el tiempo sus descendientes eran esclavos por derecho de servidumbre. Entonces aparecía otro tipo de esclavos, los que eran comprados, subastados, regalados o decomisados al no pagar el dueño las deudas contraídas. Muchos que adquirieron esclavos, jamás conquistaron a éstos, convirtiéndose como algo normal y natural la servidumbre del esclavo. Así que cuando se tenía señorío sobre una vida, el amo adquiría todos los derechos, aun sobre la prole del descendiente, con lo cual podía vender a sus esclavos en el mercado público, y obtener por él una utilidad, manteniendo solamente la cantidad de esclavos que necesitaba para los diferentes quehaceres de su feudo o casa.

El esclavo por conquista se convertía, a través de las posteriores generaciones, en esclavo por costumbre. Los conquistados rechazaban, a veces, este «sometimiento», pero eran reprimidos, y  muertos por sus «amos conquistadores». Con el tiempo se «hicieron mansos», llegando a asumir la esclavitud como una forma de vida normal, a tal grado, que muchos no querían dejar a su amo, aunque éste les diese la libertad[1].

¿CUANTO VALÍA EL ESCLAVO?

¿Cuánto costaba un esclavo? Por regla general el precio dependía de la edad, el aspecto físico y su actitud de sometimiento, así como su inteligencia. Además variaba según la época, la región y las circunstancias históricas de cada momento. En el caso de José cuando fue vendido por sus hermanos, (Génesis 37:28) el precio obtenido fue de 20 siclos[2]. En la legislación hebrea se estipulaba el precio de un esclavo en aproximadamente treinta siclos (Éxodo 21:) y en el siglo III de la era Cristiana se cotizaba un esclavo en Alejandría por unas 120 a 150 dracmas.[3]

Eran muy diversas las formas en que se trataba al esclavo. Había personas que siendo libres, se sometían a un maestro haciéndose voluntariamente esclavos de él, a fin de obtener sus conocimientos. Esta práctica fue común en la Grecia helenística. La gran mayoría de los filósofos; como Sócrates, Homero, Séneca, Platón, etc. tuvieron discípulos que se hacían esclavos incondicionales de su maestros, siendo libres y todo por heredar su bagaje cultural.

La esclavitud llegó a ser un hecho tan común y natural que en el marco de la legislación hebrea existía la carta de «servidumbre», la cual consistía en un documento de derecho jurídico por el cual se le otorgaba una persona el dominio pleno de un siervo bajo ciertas condiciones determinadas entre los que hacían la transición. De ahí viene el término «yugo» y «servidumbre», usado varias veces por Pablo para indicar una dependencia legal de una persona a otra.(1 Cor 7:15. Hebreos 2:5, 1 Cor 9:27.  2 Cor 6:14.  Gál 5:1).          De la misma manera que había una «carta de servidumbre«, en relación a la posesión de un esclavo, también el dueño tenía todo el derecho de otorgarle al esclavo su libertad a través de la emancipación, a lo que se le llamaba «carta de libertad«, y la cual anulaba la «servidumbre», por lo que el esclavo quedaba libre, y dueño de sí mismo.

CONCEPTO ROMANO DE LA ESCLAVITUD

En la cultura romana el esclavo era considerado como una «res» o cosa, sin ningún valor, excepto aquel que el amo le daba. Tenía que estar sometido, de forma absoluta y total, al que lo poseía, pudiendo hacer con él lo que quisiera, desde arrojarlo a las fieras («ad feras axpugnandas») hasta quitarle la vida sin ser culpable de homicidio. Tiempos después, se promulgaron leyes como «La Lex Petronia» (61 a. de C) y la «Lex Junia Pretonia» (19 c de C.) que trataron de evitar estos abusos de parte de los amos, dulcificándose las condiciones a las cuales eran sometido ciertos esclavos.

Algunos esclavos lograron alcanzar su libertad porque se distinguieron en el circo romano, en las luchas de gladiadores, o porque compraron su libertad, mediante un recurso al cual llamaban «redención», y consistía en que mediante el pago de un rescate, el esclavo alcanzaba su libertad, pero sin embargo, muchos que obtenían de esta forma la libertad se les catalogaba como «libertos» dentro del imperio romano,  por lo que seguían sometidos en algunos aspectos a sus amos. A veces el esclavo estaba tan acostumbrado a vivir bajo el yugo de servidumbre que no sabían vivir en libertad, por lo que no luchaban, ni deseaban librarse de su esclavitud, la cual formaba ya su estilo de vida. El apegamiento del siervo a su amo estaba determinado por la conducta de éste. Cuando el amo era bueno y generoso, el siervo rechazaba su libertad, pues viviendo bajo su dominio gozaba de todas las ventajas que el mundo de aquel entonces no le podía ofrecer. Incluso, algunos vivían mejor que muchos que eran libres, claro está, dependiendo de quién fuese su amo. Definido el concepto de esclavitud, y vislumbrando claramente que  ser siervo es ser esclavo, vamos a analizar este término dentro del contexto bíblico. Es peculiar ver como la Biblia enfocaba esta costumbre social, y determinar más apegado al hecho escritural lo que significa el ser “siervo de Jesucristo”.

EL SIERVO EN EL  ANTIGUO TESTAMENTO

Toda la Biblia envuelve una historia relacionada con el principio de la esclavitud, la cual da origen a muchos términos de sentido teológico como son; “siervo”, «redimir», «comprar», «expiar», «servidumbre» y «pecado». La causa de la esclavitud radica en el hecho de que el hombre, siendo libre, se rebelo contra su Creador, rechazando la servidumbre voluntaria, y cayendo bajo el dominio de su pecado, el cual lo hizo esclavo de Satanás, constituyéndose éste en el príncipe de este siglo: “Jesús les respondió: –De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado» (Juan 8:34). Pecado es igual a atadura diabólica. Según el principio del cristianismo el pecado produce en nosotros un efecto destructivo a tal grado que Jesús da por hecho de que el que peca, se convierte en hijo y esclavo del diablo: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira»  Juan 8:44.

PRIMERAS EVIDENCIAS BÍBLICAS DE LA ESCLAVITUD

En el libro de génesis aparece una relación entre el pecado y la desobediencia, con la esclavitud. En Génesis 9:22-26 se nos relata el caso de que uno de los hijos de Noé, Cam, que al ver la desnudez de su padre, se burló de él, mientras que el otro hijo, Sem, fue y  le tapó. Cuando  Noé despertó y supo lo ocurrido, pronunció un juicio que envolvía el concepto de esclavitud por el pecado: «Maldito sea Canaán. Sea el siervo de los siervos de sus hermanos.» (Génesis 9:25)

A todo lo largo de la historia del pueblo de Israel encontramos relatos bíblicos que muestran como, por causa del pecado, fueron llevados cautivos los hijos de Israel a otras naciones. En sí, el origen del pueblo Judío (Hebreo) obedeció a un fenómeno poco común en la historia de las naciones, pues se convirtieron en nación, cuando estaban dentro de una esclavitud.

En Génesis capítulo 46 encontramos como Jacob, por medio de una serie de circunstancias especiales, viajó y se estableció en Egipto, en donde su hijo José llegó a ser uno de los principales funcionarios al servicio del Faraón. Lentamente los doce hijos de Jacob, con sus múltiples familias, se establecen en las tierras de Egipto hasta que al pasar varios años, otras generaciones aparecieron, proliferándose las doce familias que se convierten en las doce tribus de Israel: «Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaro, y fueron aumentado y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra» (Éxodo 1:7). Pero algo ocurrió que cambio su destino; «Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José…»(Éxodo 1:8 RVA) y este faraón los hizo esclavos, pues llegaron a ser tan numerosos, que  los egipcios temieron perder el dominio sobre su reino.  En realidad el proceso de servidumbre de los israelitas en Egipto no fue algo impuesto de golpe, como cuando se esclavizaban a los pueblos que se conquistaban, y después se vendían como mercancía, cosa común en los tiempos patriarcales, pues Abrahán poseía entre sus bienes, este tipo de «siervos»: «Fueron circuncidados con él todos los varones de su casa, tanto los siervos nacidos en su casa como los comprados con dinero a los extranjeros.» (Génesis 17:27).

Más bien la esclavitud de Israel en Egipto siguió un proceso lento. Primero: Se les puso cargas impositivas muy fuertes. Segundo: Se les demandó trabajo, que después se volvieron forzados, y por último se les anuló completamente, hasta hacerlos seres oprimidos por el sistema dominante (Éxodo 1:11-14), cayendo en una servidumbre de esclavitud que produjo incluso brutalidad física a los hebreos (Éxodo 2:11, 23, Número 20:15).

LOS ESCLAVOS DEL SIGLO XXI

Actualmente se sigue este proceso en muchos países ricos, en donde por medio de «leyes migratorias» se les va quitando a los extranjeros los derechos que como seres humanos normales tienen, hasta hacerlos «ciudadanos de segunda clase». Después se les quita  las prestaciones sociales, y por último se les convierte en esclavos del sistema consumista. ¿No hay una similitud con lo que ocurre en los Estados Unidos y en el Este de Europa con los emigrantes del tercer mundo? Muchos pueblos se hacen esclavos de otros pueblos, no porque fueron conquistados en guerras, sino porque fueron atraídos por los deseos de libertad y superación, cayendo así en una esclavitud peor. Cuantos los latinoamericanos cruzan la frontera de México para buscar en el “gigante del norte” ese paraíso del bienestar que no existe, caen en una esclavitud y explotación mucho más cruenta que la que había en la época de Egipto, y aun en la época romana[4].

Una vez liberados los hebreos por la mano poderosa de Dios, y bajo la firmeza de Moisés, con el apoyo de su hermano Aarón y Josué, el pueblo conquisto aquella «tierra prometida». Ellos alcanzaron una libertad que no duró mucho, porque a través del pecado, volvían a ser cautivos de otras tribus y naciones vecinas. Es típico encontrar a lo largo de los libro historicos expresiones tales como: «Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová. Olvidaron a Jehová su Dios y sirvieron a los Baales y a las Aseras. (Jueces 3:7, ver versículo 12, 2:11 4:1 6:1, 10:6 RVA etc.). ¿Por qué caían de nuevo en la esclavitud de otros pueblos? Porque  caían en apostasía e idolatría, y solo eran liberados cuando clamaban a Dios y se humillaban.

LA ESCLAVITUD DE LOS HEBREOS ERA PARA SER FORMADOS

Si analizamos las causas de esta debilidad de los israelitas hacia la idolatría, notaremos que aunque Dios trató de purificarlos en el desierto[5], llevaban dentro de sí ese germen de rebeldía, y buscar por los sentidos al Dios que solo se siente en el Espíritu. Las influencias de Egipto calaron  profundo en la vida de este pueblo, y por medio de la servidumbre el Señor les trató  de formar, para purificarlos y llevarlos a la humillación. Dentro del contexto cultural judío habían dos tipos de esclavos; aquel de origen «extranjero» y el de origen «hebreo».  Es curioso, pero aún los del mismo pueblo podían ser esclavizados, pero había un límite legal para este tipo de esclavo; «Cuando comprares siervo hebreo, seis años te servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde «gratuitamente» (Éxodo 21:2 ver también Levítico 25:44) y al ser puesto en libertad, toda su familia quedaba también libre (21:3). También debían ser puestos en libertad en el año del jubileo. Pero ¿Cómo un judío podía hacerse esclavo de otro judío? Podían haber muchas causas; deudas no pagadas, empobrecimiento por el cual el mismo se ofrecía como esclavo, por juicio y castigo, etc. Sea como sea, durante el período de servidumbre, el siervo obedecía y pertenecía a su dueño hasta que la ley  o la  redención le otorgaran la libertad.

EL ESCLAVO EXTRANJERO

Sin embargo el esclavo extranjero no tenía la misma suerte que el hebreo, aunque la ley mosaica era mucho más humana que las que existían en los demás pueblos de su tiempo. Desde la época de los patriarcas, el pueblo descendiente de Abrahán consideró al esclavo como parte de su comunidad, a tal grado que se le imponía las mismas demandas que a los de la familia; «Deberá ser circuncidado el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne como pacto perpetuo.» (Génesis 17:13) y participaba de las fiestas junto a sus dueños, e incluso ofrecían sacrificios (Éxodo 12:44, Deuteronomio 12:12,18, 16:11) aunque podía ser azotado con vara, pero jamás mutilado o causarle la muerte, (Éxodo 21:20) pues en tal caso el amo podía ser castigado.

Es curiosa la forma en que la legislación hebrea trataba a los esclavos. Por un lado aceptaba y regulaba el hecho de la esclavitud, pero por otro, prohibía radicalmente el secuestro y el negocio con personas, a grado tal, que se estableció para los que cometieran este delito la pena de muerte; «El que secuestre a una persona, sea que la venda o que ésta sea encontrada en su poder, morirá irremisiblemente.» (Éxodo 21:16).

EL SECUESTRO, UNA FORMA DE ESCLAVITUD

En nuestro tiempo el secuestro se ha convertido en un acto de moda, sin haber esclavitud, se practica un tipo de servidumbre que se ha convertido en un gran negocio, “el del secuestro” y venta por un rescate del secuestrado. ¿No es casi un negocio igual al de la esclavitud? Sin embargo la tolerancia y permisividad actual hace que este mal, como otros muchos, se convierta en una forma ilícita y rentable de delincuencia.

PROTECCIÓN DEL ESCLAVO

Los esclavos, dentro del entorno judío, eran protegidos por la justicia (Job 31:13-16) e incluso habían algunos que heredaban los bienes de sus amos (Génesis 15:1-3). Pese a que la esclavitud era una costumbre normal en toda esta época, y los mismos israelitas fueron muchas veces esclavos de otras naciones. No hay evidencia de que dentro del mercado judío se practicara públicamente la venta de esclavos. En muchos pasajes de la Biblia se asociaba la esclavitud como el sometimiento absoluto de su pueblo a la soberanía de Dios. En el A.T. hay expresiones de parte de los hombres, en la cual se colocan como «siervos» delante del Altísimo. Lo hizo Lot al ver el juicio de Dios sobre Sodoma y Gomorra; «He aquí que tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos y has engrandecido tu misericordia que has mostrado conmigo dándome la vida. Pero yo no podré escapar a la montaña, no sea que me alcance el mal y muera. (Génesis 19:19).

DIOS LLAMA “SIERVOS” A SUS ESCOGIDOS

Cuando Dios se refiera a sus escogidos, entre ellos Abrahán, les aplica el término «Abrahán mi siervo» (Génesis 26:24). Son muchas las citas en las cuales se hace alusión al escogido por Dios como su siervo, denotando el concepto dominante en la época de la servidumbre, solo que en este caso es una rendición voluntaria e incondicional al Rey de Reyes y Señor de Señores. En el N.T. este pensamiento se hacía más patente, principalmente en las enseñanzas dadas por el mismo Jesús.

Una característica del pueblo judío en su situación de esclavitud era su sumisión al poder dominante, sin dejar sus principios. Quizás aprendieron que con la rebelión lo que obtienen es más dureza y más frustración, por lo que pelearon con la fe y el ejemplo, más que con la fuerza y la oposición, y de esta forma derribaron reyes. Encontramos a un Daniel que sirvió a un rey pagano,  al igual que José, Ester y  Nehemías. Todos ellos formaban parte del servicio a un rey impío, comportándose con  respeto y toda honestidad, a tal grado que hallaron gracia delante de estos. El sometimiento voluntario a la servidumbre lograba que el esclavo encontrase, no solo el favor del rey, sino que también alcanzaba la gracia de Dios. Un modelo digno de traer a memoria es la situación específica de Nehemías cuando entristecido por la condición de su pueblo se presentó delante del rey Artajerjes: “Sucedió en el mes de Nisán, en el año 20 del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, el rey me preguntó: –¿Por qué está triste tu rostro, ya que tú no estás enfermo? Esto no es otra cosa que quebranto de corazón. Entonces tuve muchísimo temor. Y respondí al rey: –Viva el rey para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres está destruida, y sus puertas están consumidas por el fuego? El rey me preguntó: –¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios de los cielos y respondí al rey: –Si le agrada al rey y si tu servidor es acepto delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique.» (Nehemías 2:1-5 RVA). Y Nehemías pudo ir a Jerusalén para edificar los muros con el apoyo de un rey, que favoreció la humildad y la sinceridad de su siervo. El sometimiento le trajo bendición, cumpliéndose así la Palabra “Porque cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”( Lucas 14:11)

LOS CONCEPTOS MODERNOS DE LIBERTAS

Sin embargo, la realidad de la esclavitud aplicada a nuestros tiempos nos impone ciertas actitudes mentales, por lo cual la rechazamos y la condenamos, ya que vivimos en un mundo en donde la misma se  ha sido abolido, y suplantada por un concepto de libertad e independencia que muchas veces ronda lo absurdo e incongruente con la realidad. ¿Somos en realidad libres de la esclavitud? ¿Es saludable la independencia absoluta? ¿Es aberrante la servidumbre? ¿Debemos modificar el concepto de siervo por el de Señor en nuestra forma de vivir? ¿Debemos luchar contra toda forma de esclavitud? Creo que sobre todas estas preguntas tendremos mucho que estudiar y reflexionar, pues “no todo lo que brilla es oro”, y la libertad sin principios conduce al hombre a una esclavitud más degradante que las practicadas por las civilizaciones pasadas. ¿Qué es ser libre? Es una pregunta que merece reflexión, pues hay libres que son esclavos y esclavos que son libres. Bien dijo Jesús “… De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” Jn 8:34.

EL SIERVO EN EL NUEVO TESTAMENTO

El cristianismo aceptó los problemas de su época, sin adoptar una posición definida en lo que podríamos llamar «problemática socio-política». Ellos consideraban que la problemática social dependía del reino terrenal, y Jesús vino a proclamar otro reino, el reino de Dios en la tierra[6].

La esclavitud, la pena de muerte, el dominio extranjero de una potencia a otra nación, el pago de impuestos, etcétera, fueron temas no abordados por los apóstoles en su aspecto doctrinal. Más bien encontramos que la posición de los líderes de la Iglesia frente a la esclavitud, lejos de ser confrontativa o emancipadora, era de común aceptación a nivel socio-político. De ello encontramos textos como el de Pablo a los Colosenses cuando les dice en el Colosenses 3:22: «Siervos, obedeced en todo a vuestros amos humanos; no sirviendo sólo cuando se os está mirando, como los que agradan a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios». Y después, al escribirles a los hermanos de la Iglesia de Éfeso les reafirma:«Siervos, obedeced a los que son vuestros amos en la tierra con temor y temblor, con sinceridad de corazón, como a Cristo; no sirviendo sólo cuando se os esté mirando, como los que quieren quedar bien con los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo la voluntad de Dios con ánimo. Servid de buena voluntad, como al Señor, no como a los hombres, sabiendo que el bien que haga cada uno, eso recibirá de parte del Señor, sea siervo o libre.» (Efesios 6:5-8)[7]

POSICIÓN DE LA IGLESIA FRENTE A LA ESCLAVITUD

El concepto de «sea siervo o libre» define las dos condiciones existentes en la sociedad de aquel tiempo. La iglesia no trató de modificar el sistema, sino el corazón de los hombres que formaban los sistemas. El concepto de libertad que ellos manejaban distaba mucho de ser igual al que nosotros tenemos en nuestros tiempos, ya que siempre el hombre, por sus delitos y pecados, es esclavo de alguien que le dominaba. El hombre no es libre por el simple hecho de estar «suelto» o no tener una atadura física, sino por su liberación mental y espiritual de los poderes de las tiniebla. ¿Acaso no existen muchos pueblos libres de servidumbres de esclavitud, pero siguen siendo esclavos de un sistema inhumano, brutal y enajenante como es la sociedad de consumo y capitalista? ¿De qué vale ser libres, si no tenemos a Dios en el corazón, y nos hacemos esclavos del diablo? Definir el concepto de libertad es tan complejo, que a veces se vuelve difícil, pues hay libres que son esclavos, y esclavos que son libres, con esa libertad que solo el Señor puede dar (Juan 8:36).

¿Cómo afrontó la iglesia la esclavitud social dentro de su comunidad eclesial? Este aspecto está bien definido por las enseñanzas apostólicas. Pablo les dice a los esclavos que vivían en la compleja iglesia de corintios: ¿Fuiste llamado siendo esclavo?  No te preocupes; pero si puedes hacerte libre, por supuesto procúralo.» (1 Corintios 7:21). El deseo de ser libre estaba supeditado al sometimiento del Señorío de Cristo. Lo importante era la conducta, y después, si fuera posible, buscaríamos la emancipación. En la iglesia apostólica la esclavitud no existía en la vivencia comunal. Si estudiamos detenidamente la carta a Filemón descubrimos toda una historia relacionada con este problema. Onésimo era un esclavo que Pablo encontró en prisión, por lo que compartían una celda juntos. Este esclavo se había escapado de su amo Filemón, el cual a su vez era discípulo de Pablo. El Apóstol aprovechó la circunstancia para traer a Onésimo a los pies de Cristo, razón por lo cual afirma que «lo engendro en sus prisiones» (Fil 10). Cuando Onésimo es puesto en libertad, el Apóstol le ordena volver con su amo, llevando una carta, que es esta epístola, y al definir la actitud del cristiano frente a la esclavitud o servidumbre imperante, el apóstol expresa: «Pues quizás por esta razón se apartó por un tiempo (refiriéndose al hecho de fugarse y caer preso), para que lo recibas ahora para siempre; ya no como a un esclavo, sino más que esclavo, como a un hermano amado, especialmente para mí, pero con mayor razón para ti, tanto en la carne como en el Señor» (Filemón 15-16). Para los cristianos primitivos la esclavitud era algo natural dentro del sistema de su época, y el ser cristianos era mucho más que ser esclavo: «Siervos, obedeced en todo a vuestros amos humanos; no sirviendo sólo cuando se os está mirando, como los que agradan a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios.» (Colosenses 3:22). Pero en la iglesia los parámetros eran completamente diferentes: «Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús». (Gálatas 3:28). «Aquí no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, esclavo ni libre; sino que Cristo es todo y en todos.» (Colosenses 3:11).

«SER SIERVO» ES UN MEDIO DE ENSEÑAR EL SOMETIMIENTO DEL SEÑORÍO

No solo la iglesia acepto el hecho de la esclavitud social, como producto de una condición pecaminosa del ser humano y del poder del sistema del mal sobre el hombre, sino que adoptó en sus enseñanzas este principio como base de revelar la actitud de los primeros cristianos hacia la obediencia al Señorío de Cristo. En los primeros discípulos no existía espíritu de exaltación, ni de presunción. La humildad y el sometimiento mutuo los catalogaba como «siervos de Cristo»; «Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol; apartado para el evangelio de Dios,» (Romanos 1:1). «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo;…»(2 Pedro 1:1). No usaron títulos, ni buscaron posiciones, ni se consideraron grandes en su posición dentro del cuerpo, el título «siervo» los colocaba como «humildes hermanos» puesto para servir a todos: «Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor; y a nosotros, como siervos vuestros por causa de Jesús.» (2 Corintios 4:5) Notemos el término «como siervos vuestros«. Analicemos dentro del contexto la implicación que estas palabras tienen en nuestra vida práctica como cristiano.

LA POSICIÓN DE GRANDEZA EN EL MINISTRO

Quizás se piense que la posición o los títulos que tienen algunos «ministros» les hacen superior, o más grande que a los demás, cayendo en el espíritu de «grandeza» que los lleva a la jactancia, y entonces añaden la coletilla; «gran siervo de Jesucristo«, junto a los títulos; «reverendo, doctor, obispo, apóstol etc.». ¿Pero es que el ser líder o ministro prominente de una iglesia nos hace más grande que a  los demás hermanos? Las enseñanzas al respecto están  clara en la Palabra:«Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» (Marcos 10:45). «Porque, ¿cuál es el más importante: el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (Lucas 22:27) “No de las obras sino del que llama–, a ella se le dijo: «El mayor servirá al menor», (Romanos 9:12) Si somos siervos no podemos ser “grandes”, y si somos grandes ya no somos “siervos”. Ambas palabras son incompatibles desde el punto de vista lógico y teológico.

Cuando el apóstol Pedro fue a visitar a Cornelio, enviado por el Señor, éste le salió al encuentro, y en señal de reconocimiento, se postró delante de él. El Apóstol inmediatamente le levantó, proclamando la igualdad:«… –¡Levántate! Yo mismo también soy hombre.» (Hechos 10:26). Cuando vemos esta actitud, de humildad y servidumbre de parte de un prominente apóstol, y la comparamos con la realidad de los  ministros y religiosos de nuestra época, nos preguntamos: ¿Hemos perdido el sentido de siervo en la actualidad? Líderes religiosos a los cuales sus feligreses les besan la mano, y sde sientan en un trono, como reyes. Predicadores que andan con ropas suntuosas, llevando guardaespaldas y secretarias, entrando por una puerta trasera del templo, para evitar el contacto con el pueblo, sin relacionarse con el rebaño, e inaccesibles para su propia gente. Hombres que buscan títulos, posición y grandeza, exaltando sus hazañas, conocimientos y poderes en nombre del Altísimo. Personas que buscan más el protagonismo que el compromiso con el necesitado, ignorando la entrega y el sacrificio. Ministros que viven más para el vientre que para el servicio a los demás, de ellos nos escribió Pablo: “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”  2 Timoteo 3:5. Estos tipos de “siervos” son los que aparecerán en los últimos tiempos para llevar a muchos incautos a la apostasía. Son “manchas en nuestros ágape, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos” Judas 12.

¿Qué concepto tenía Jesús del terminó “siervo”?  Jesús dijo “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

EL CONCEPTO DE JESÚS SOBRE EL SIERVO

Si alguien definió el principio de «siervo» de forma clara y viva fue el propio Jesucristo. Para comenzar, Él, en su condición de hombre, se hizo siervo, renunciando a su grandeza como Dios: «El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Filipenses 2:6)

Y en esta condición, obedeció al Padre en todo, hasta incluso asumir el martirio de la cruz. La servidumbre lleva a dos realidades de conducta:

1- El despojarnos de nuestra jactancia, grandeza, soberbia y presunción humana, para rebajarnos a la condición de siervo, como lo hizo el mismo Jesús.

2- Y estando en condición de siervo, obedecer hasta estar dispuesto incluso a ofrendar nuestras vidas por los demás.

Cuando hacemos ambas cosas, entonces viene «la exaltación de Dios hasta lo sumo» Filipenses 2:9. Pero esto ocurriría cuando consumamos nuestra misión como Iglesia.  Jesús jamás afirmó que haría lo que ´él quería, sino que «deseaba hacer las obras del que lo envió» (Juan 9:4). Jamás busco protagonismo, más bien evitaba que sus hechos transcendieran. Jamás actuó buscando el reconocimiento humano y jamás aceptó títulos humanos (Mateo 19:16-17)[8]. Para los judíos era común la búsqueda de exaltación, aunque algunos maestros de las escuelas rabínicas condenaron esta actitud[9].

Jesús no solo actuó como siervo, sino que el trato que le dio a sus discípulos fue el de mostrarles el camino para ser «verdaderos siervos de Dios», por lo que tenían que deponer su «yo» de forma absoluta y radical a su Señorío (Marco 8:34,  Lucas 9:23). Para ello tenemos que analizar toda la dinámica formativa de Jesús respecto al trato con el «ego» de sus discípulos, para formarles en la escuela que los hacía «siervos» más que teólogos.

LA CLASE MÁS PROFUNDA DE SER SIERVO QUE DIO JESÚS

Entre las muchas enseñanzas sobre la humildad, mansedumbre y sometimiento dadas por el Maestro a sus discípulos, figura la ilustración dada en la comparación hecha del siervo natural de su época, con el siervo del reino de Dios. Fíjese bien en esta enseñanza contenida en Lucas 17:7-10: «¿Y quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta el ganado,, al volver éste del campo, le dirá: «Pasa, siéntate a la mesa»? Más bien, le dirá: «Prepara para que yo cene. Cíñete y sírveme hasta que yo haya comido y bebido. Después de eso, come y bebe tú.  ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? pienso que NO. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: «Siervos inútiles somos; porque sólo hicimos lo que debíamos hacer.» Jesús describe las función del siervo natural; trabajar y sirve a su señor, haciendo todo lo que éste le mande (7). Como fue adquirido para servir, su única prioridad es hacer aquello para lo cual fue comprado. Al terminar su trabajo en el campo, de arar y apacentar el ganado, regresa a la casa al ponerse el sol, y lo primero que hace es atender a su amo. Le sirve la mesa, le lava los pies, y espera que su amo termine. Después, cuando el amo queda satisfecho, entonces recoge la mesa y se sienta a comer.

Jesús cuestiona una lógica al respecto al afirmar; «¿da gracias al siervo porque hizo lo que le había mandado? La respuesta es obvia, ¡N0! Porque para eso fue comprado. Notemos que el siervo no tenía derechos, tan solo deberes. En el principio del reino los deberes son más importantes que los derechos. Hoy, influenciados por las corrientes filosóficas humanistas, los derechos se han convertido más importantes que los deberes, a tal grado, que ya no se habla de deberes como punto de partida para obtener los derechos. Este espíritu no solo ha invadido el mundo secular, sino que llena nuestras iglesias, forjando todo un esquema imitativo del mundo.

Después de razonar la realidad del siervo natural su la época, Jesús lleva lo expuesto a una aplicación para sus discípulos. Les dice más o menos, en versión moderna del verso 10, lo siguiente[10]: «Así también Ustedes, después de que hayáis estudiado teología, y lleguéis a ser grandes pastores, y prediquen excelentemente, yo les doy tan solo un título, los proclamo «siervos inútiles», porque al fin y al cabo, habéis hecho aquello que tenías que hacer, y pese a ello, todavía me soy deudores». ¿Qué título les dio? El de «siervo inútil», ¡y eso que lo hicieron todo lo que les mandó el Señor!. Y si no hacen lo que el Señor manda ¿qué título tendrían?, ninguno,  sino que serían un «estorbo». Mientras el Maestro les daba a sus discípulos el título de “siervo inútiles”, en nuestros tiempos los líderes religiosos andan desesperadamente buscando títulos y reconocimientos, como meta del ministerio, porque de lo contrario, no se sienten “realizados como siervos de Jesucristo”

Jesús quería definir en esta enseñanza la búsqueda de la excelencia en el servicio, olvidando las posiciones sociales y la grandeza del mundo. Este espíritu se había introducido fuertemente en los religiosos de su época, los fariseos, por lo que Jesús arremetió fuertemente contra ellos (Ver Mateo 23). Toda la lucha del Maestro con sus discípulos, a lo largo de los evangelios, era para enseñarles la importancia de ser humildes y sumisos al servicio a los demás, renunciando a cualquier presunción de grandeza o jactancia, pues tales actitudes reflejaban el espíritu del reino de las tinieblas, y los llevaría, sin darse cuenta, al dominio de Satanás.


   BIBLIOGRAFIA

  •  [1] – Es interesante consultar y estudiar el libro de Erich Fromm “Y  sereis como Dioses” Editorial Paidos Estudio. 1981 Página 85.
  •     [2]- Para entender el valor de un siclo debemos entender primero el precio de un denario. Un denario es el equivalente a un día de trabajo. Por lo tanto, en un siclo tenemos 4 denarios. Si multiplicamos cada siclo por 4 obtendremos el equivalente a los días de trabajo que valen las cosas.
  •     [3]- El valor de un dracma es igual al valor de denario. Equivalía a 3,6 gramos de plata, mientras que un denario tenía 4 gramos de plata.
  •     [4]– Esta critica opinión se basa en el hecho que los emigrantes ilegales además de ser mal pagados, vivir sin prestaciones sociales, ni protección legal, trabajan en pésimas condiciones desprovisto de  derechos y a veces en peores condiciones físicas que las  que tenían los esclavos de la antigüedad.
  •   [5]- Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, y Moisés indignado quebró la ley dada por Dios, el Señor determinó tenerlo por 40 años dando vuelta en el desierto hasta que muriera toda la generación mayor que vivió en Egipto, para que así los pequeños, y los que nacieron en el desierto, poseyesen la tierra prometida, esperando que las influencias idolátricas aprendida en egipto desaparecieran, pero siempre quedó una semilla.
  •     [6]- Es importante analizar los principios del reino en el N.T. Ver Mateo 3:2, 25:34, Lucas 16:16, Juan 18:36. Esto evidencia que la Iglesia es un reino dentro de otro reino, por lo que esta será quitada para que el reino terrenal sea juzgado y el mismo pasara.
  •     [7]- Ver también Tito 6:1 y 1 Pedro 2:18-19.
  •     [8]- La referencia de este pasaje revela el uso de títulos de adulación dominante dentro de la costumbre judía. El llamarle «maestro bueno» a Jesús por el simple hecho de exaltarlo, sin haber convivido con el predecía en Jesús un efecto de rechazo, porque los títulos de adulación no eran tolerados por el maestro. El no negaba que fuese bueno, sino que no aceptaba los «títulos» de maestro bueno por el simple hecho de recibir adulación o reconocimiento humano. Cuanto tenemos que aprender de Jesús hoy día cuando los títulos dominan sobre el ejemplo y la vida de siervo.
  •     [9]- Ver «Antología del Talmud» Ediciones Plaza & Janes, 1982. Barcelona, España.
  •     [10]- Es una interpretación personal del texto bíblico.
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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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1 Response to LO QUE YO CREO -7-

  1. entonses jose costo 80 dias de trabajo…En la legislación hebrea 120 dias…y en el siglo III de la era Cristiana se cotizaba un esclavo en Alejandría por unas…480 a 600 gramos de plata…aver don Mario si no estoy aplazado en matematicas…

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