¿QUIÉN ES JESUCRISTO? -III- Parte

Tomado de: http://lapuertaesjesus.wordpress.com/quien-es-jesucristo/

¿QUIÉN DICES TÚ QUE ES JESUCRISTO?

Vamos a abordar ahora, la segunda pregunta: ¿Quién dices tú que es Cristo? Antes de que puedas contestar esta pregunta, necesitas algunas evidencias y datos que te pueden ayudar a tomar una decisión inteligente. Debemos preguntarnos a nosotros mismos si existen suficientes pruebas para justificar una fe inteligente en Jesucristo como Salvador del mundo. Mi corazón no puede hacer algo que mi mente rechaza. Por eso, antes de terminar esta noche, vas a tener que responder con el corazón la pregunta: ¿Quién es Jesucristo? Pero yo te entiendo, pues muchas veces en mi vida encontré obstáculos mentales a los que tuve que hacer a un lado para que mi fe tenga el fundamento inteligente que desea Dios.  Si Dios existe y no calla, si Cristo es la respuesta a las necesidades del corazón humano, Dios quiere que yo con mi mente entienda Su plan de atraer al hombre a una relación Consigo mismo. El cristianismo está construido sobre el fundamento sólido del conocimiento y la capacidad de sostener las afirmaciones de Jesucristo.

ALGUNAS DE SUS AFIRMACIONES ÚNICAS SOBRE SÍ MISMO

Permitidme pasar revista a algunas afirmaciones de Jesús sobre sí al mismo tiempo que preparamos el cuadro para las implicaciones de esas afirmaciones que Él hizo sobre sí mismo.

Cuando Jesús dio vista a un ciego, dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Juan 9:5

Cuando alimentó 5000 personas con dos peces y cinco panes, Él dijo: “Yo soy el pan de vida”. Juan 6:35. Cuando estuvo frente al hombre que iba a ejecutarlo y fue preguntado: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?, Jesús respondió: “Tú lo has dicho” Mateo 26: 63-64.Tomás, el discípulo que dudó que Jesús en verdad haya resucitado de los muertos, dijo, cuando vio a Jesús y sintió las heridas de sus manos y de su costado:  “¡Señor mío y Dios mío!” Juan 20:28

Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Juan 14:9. Después que resucitó a un hombre muerto, Él dijo:  “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25.

De este modo, la afirmación de Jesús que Él es el Salvador del mundo y la unicidad de su obra, son muy claras. Probablemente uno de los más importantes aspectos de sus afirmaciones sobre sí mismo, es su derecho a perdonar pecados sobre esta tierra, un derecho que estaba reservado en exclusividad a Dios. Escuchad uno de los relatos en los que está mencionada esta afirmación:  “Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa”. Marcos 2:1-12

Vamos a concentrarnos ahora sobre una de las más profundas afirmaciones que hizo Jesús alguna vez, la cual si es verdadera, es realmente sorprendente. Si esta afirmación es verdadera, estás enfrentado a una decisión acerca del modo cómo vas a vivir tu vida con Él o sin Él. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6

EL CAMINO

Él no dijo: “Yo soy un camino”; Él dijo: “Yo soy el camino”. Muchos hombres creen que Dios está sobre la cúspide de una montaña, y los hombres del mundo tienen una multitud de caminos mediante los cuales pueden llegar a Dios, el cual se halla en la cumbre. Ellos creen que no tiene importancia cómo llegan a la cumbre donde está Dios, pues todos los hombres suben para llegar al mismo sitio, donde pueden conocer a Dios. De este modo, ellos sacan la conclusión que cualquier camino mediante el cual llegues a la cumbre es bueno, o que cualquier fe que elijas te llevará a Dios. Cualquier camino es legítimo, pues todos nosotros subimos por la misma montaña, ¿no es así? No es así, si tomamos un principio de la lógica llamado “la ley de la no-contradicción”, la cual dice que si A contradice a B, o B lo contradice a A, entonces o uno está correcto y el otro equivocado, o los dos están equivocados.

Por ejemplo, si yo digo que todas las lapiceras escriben negro, y tú dices que algunas lapiceras escriben con tinta azul, no puede ser que ambas afirmaciones sean verdaderas. O yo tengo razón y tú erraste, o tú tienes razón y yo erré, o los dos erramos. Otro ejemplo, los musulmanes dicen: “Jesús fue un profeta, un hombre moral y bueno. Pero Él no murió en la cruz, no resucitó al tercer día; y para llegar a Dios debes obedecer a Mahoma”. Los cristianos están de acuerdo con Jesús, el cual dijo que Él es el Salvador del mundo. Él murió en la cruz, y tres días después resucitó de entre los muertos. No es posible que las dos posiciones sean verdaderas: o una de las dos es incorrecta o las dos son incorrectas. Aparte, Jesús dijo: “Yo soy el camino”, no “un camino”, y esta es una afirmación muy exclusivista. Si las palabras de Jesús son verdaderas, significa que él elimina todos los demás senderos hacia Dios. Si Jesús es el camino, el único camino mediante el cual puedo ir a Dios, entonces ni Mahoma, ni Confucio, ni Buda, ni el yo, ni nadie es un camino hacia Dios.

No fui yo quien hizo la afirmación de más arriba. Si existe otro camino hacia Dios, otro que no sea mediante Jesucristo, el Hijo de Dios, entonces la muerte de Cristo sobre la cruz pierde todo significado. Si existen muchos otros caminos hacia Dios, entonces no hubiese sido necesario que Él envíe a su Hijo Unigénito para que muera sobre una cruz en tu lugar.

¿Te parece que esta afirmación es estrecha? ¿Exclusivista? ¿Rígida? Quizás sea así, pues Dios lo dijo claramente y sin ambigüedades, por el hecho que es muy importante. Existe otra modalidad de mirar la afirmación de Jesús que Él es el camino. Si tomas en consideración el hecho que Dios es perfecto, la reacción más poderosa es de asombro, pues podemos tener una relación con Él. Cuando pienso en el estado del hombre, lo que me parece a mí increíble es el hecho que exista un camino hacia ese Dios santo y justo.

Mira la posición precaria del hombre. Nosotros hemos violado los estatutos y las leyes de un Dios perfectamente santo y perfectamente justo. ¿Cómo? Según dice la Biblia, todos nosotros hemos pecado y no nos hemos elevado a la altura de los requerimientos de Dios. Aquellos de ustedes que conocen griego, conocéis el origen gráfico de la palabra “pecado”. Al principio “pecado” era un término que se usaba al que tiraba con el arco. Cuando un arquero no daba en el blanco, la persona que verificaba los blancos gritaba “pecado”, lo que significaba que el arquero, no había dado en el blanco. Dios, que es perfecto, debe tener en su presencia justicia perfecta y santidad perfecta. Estos son sus requerimientos, o sea, el blanco que nosotros debemos alcanzar. Y como todos nosotros no estamos a la altura de esos requerimientos, somos pecadores. Si queremos ser honestos, debemos reconocer que nuestras vidas no son perfectas.

Nosotros mentimos, robamos, codiciamos, envidiamos; somos celosos, nerviosos, llenos de avaricia y deseos. No somos perfectos en ningún concepto. Podemos comparar nuestras vidas con la de otros y sentirnos bien, pues seguramente, no habremos cometido los crímenes de Stalin o Hitler. Pero este es un ejercicio inútil. Sea quién seamos, inclusive los mas buenos de entre nosotros no se han erigido a la altura de la perfección de los requerimientos de Dios. Por obra de nuestros pecados, estamos completamente separados de Dios, el cual nos ama. Cuando Dios dice sí, nosotros decimos no. Cuando Dios dice no, nosotros decimos sí. La mayoría de los hombres, si son sinceros consigo mismos, van a estar de acuerdo que, en el fondo de su ser algo no anda bien y que estamos en falta.

El vacío se debe al hecho que estamos separados de Aquel que nos creó. Permitidme expresar esto de otra manera. La mayoría de los hombres piensan que nosotros nos ganamos el camino hacia Dios mediante los puntos que obtenemos mediante las obras buenas. Si trabajas bien, serás promovido. Si estudias concienzudamente en la escuela, tengo buenas notas. Si me entreno bien jugando al fútbol, voy a estar en el equipo. Nosotros creemos que podemos llegar a Dios del mismo modo: Como Él es un Dios bondadoso, la humanidad debe trabajar duro haciendo obras buenas para llegar a Él. Pero justamente aquí, la lógica se derrumba. Dios es la bondad perfecta, y nuestras buenas obras no pueden nunca alcanzar su nivel.

Mirad un cuadro mental sobre lo que quiero decir. Supongamos que Dios está en Nueva York y que todos los hombres del mundo viven en Inglaterra. Dios dice: “Si queréis tener una relación conmigo, debéis cruzar nadando el océano desde Inglaterra hasta Nueva York.” Así que todos los hombres se lanzan al agua. Unos nadan sólo un kilómetro. Otros, diez kilómetros. Algunos atletas poderosos llegan hasta los 300 kilómetros por sobre las olas. Un nadador olímpico quizás nade 500 kilómetros. Pero nadie puede nadar toda la distancia hasta Nueva York. Es algo imposible. Del mismo modo que los distintos niveles de nadadores, nosotros podemos comparar nuestra bondad con la de los que están alrededor nuestro.

Podemos decir: “Yo no abandoné mi esposa”, o “yo muy raras veces miento”, o “yo no soy un asesino”. Pero en última instancia nosotros no somos categorizados por comparación con otros, sino que somos juzgados en comparación con la bondad perfecta de Dios, y no llegamos a dar en el blanco.

No podemos nadar la distancia completa. Conforme a los requerimientos de Dios, que nos creó, nosotros somos pecadores. Merced a nuestros pecados, no podemos esperar otra cosa que la separación de Dios. Es muy lógico, que si a mí me es imposible nadar de Inglaterra a Nueva York, yo no necesito lecciones de natación, sino otro modo de cruzar el océano: Un barco o un puente. Pues bien, Jesús dijo que Él es el puente que une un Dios santo con un hombre pecador.

Este es el motivo por el cuál murió Jesucristo. Este es el motivo por el cual la cruz de Cristo es la pieza central de la historia humana. Por eso, para llegar a Dios es necesario mucho más que un camino casual que lleva arriba, hacia la montaña. Nosotros nunca podemos ofrecerle a Dios perfección, el monte no puede ser escalado. Dios dijo que sólo Él determina cómo llegan los hombres a su casa. Jesús dijo: “Yo soy el camino. Yo soy la puerta, y si entras por esta puerta, vas a llegar a la casa de Dios”.

LA VERDAD

La segunda cosa que dijo Jesús, fue: “Yo soy la verdad”. Esta afirmación es bastante estrecha, ¿no es así? Pero la definición de verdad, es bastante estrecha. Podes decir: “Esto puede ser válido para ti, pero no para mí”. Pero las cosas no son así en lo que respecta la verdad. Si Lenin fue el primer secretario general del partido Comunista de la Unión Soviética, esto no es sólo verdad para ti, sino que para mí, para ti y para el resto del mundo. Si George Washington fue el primer presidente de mi país, esto no es verdad sólo para mí, sino también para ti y para el resto del mundo. Por consiguiente, si Jesús es la “verdad” entonces eso es verdad no sólo para mí, sino para el resto del mundo. Tú puedes decir que si crees que algo es verdad, eso es verdad para ti.

Pero eso tampoco es racional. El hecho que un hombre cree en algo, no hace que ese algo sea verdad. Y el hecho que un hombre no cree que algo sea verdad, no hace a ese algo mentira. Mi fe ni establece ni destruye la verdad. La clave está en, qué es la Verdad. Supongamos que hay una delgada capa de hielo sobre el río Moscú, y yo creo que el hielo me va a sostener, de modo que me permita cruzar el río. Empiezo a caminar sobre el río con una gran fe en ese hielo. Pero yo creo una mentira. No importa cuán poderosa sea mi fe, si camino sobre esa capa delgada de hielo, ella se va a romper y voy a ahogarme.

Mi fe en ese hielo no estableció que aquello que yo creía era verdad, o sea, que el hielo podrá soportarme. Y al revés, la persona que camina sobre una capa gruesa de hielo que cubre un río quizás tenga poca fe, e igualmente está en condiciones de caminar sobre el hielo sin que le suceda nada malo. Veis entonces, no fue la fe la que creó la seguridad o inseguridad. El problema es, si puse mi fe sobre una verdad o una mentira, si el hielo es grueso o delgado. Si mi fe, por más que sea pequeña está sobre un hielo grueso, voy a caminar con seguridad. Pero si tengo una fe enorme sobre un hielo delgado, voy a experimentar la realidad de la destrucción.

Mencioné anteriormente que C. S. Lewis vivió muchos años de su vida como ateo, pero llegó a enfrentarse con el cristianismo basándose en las pruebas que apoyan la existencia de Jesús y sus afirmaciones. Mucho tiempo, él fue profesor de literatura del renacimiento en la Universidad de Cambridge, y más tarde en la Universidad de Oxford, y fue reconocido por muchos como siendo uno de los más grandes genios literarios del siglo XX.

Él dijo que Jesús afirmó sobre sí que Él es Dios, y que esto o es verdad o es mentira. Si Jesús es Dios y eso es verdad, entonces tú debes tomar una decisión con respecto a lo que tú harás con sus afirmaciones. Pero el profesor Lewis propuso que supusiéramos que Jesús afirmó que Él es Dios, pero que esa afirmación es de hecho, falsa. Existirían dos alternativas: Jesús supo que era falsa o no supo que era falsa. Lewis dijo después, que si Jesús afirmó que Él es Dios, pero esta afirmación era falsa, y Él sabía que era falsa, entonces Jesús era un mentiroso. Y no sólo mentiroso, sino que loco, porque se dejó matar por esa afirmación. Y no sólo fue un loco, sino el diablo del infierno porque Él les dijo a los hombres que tengan fe en Él para tener vida eterna.

Lewis llegó a la conclusión que no es racional considerar que la mayor influencia positiva que alguna vez conoció el mundo haya vivido una mentira tan grande. Un historiador del siglo XIX, W. Lecky, el que con seguridad no creyó en la religión revelada, con todo, escribió acerca de Jesús: “El carácter de Jesús no fue el más elevado modelo de virtud, sino la mayor motivación para practicar las virtudes, y ejerció una influencia tan profunda que se puede decir que el simple relato de unos tres cortos años de vida activa, hicieron más para la regeneración y el desarrollo de la humanidad, que todos los debates filosóficos y todos los consejos de los moralistas”.

Pero recordad que todavía tenemos una otra opción: Si la afirmación de Jesús que Él era Dios fue falsa, y Él creyó verdaderamente que era Dios, entonces significa que Él fue un desequilibrado mental y lo diagnosticaríamos como esquizofrénico.

Igualmente, ninguna de las características de Jesús no indican esquizofrenia. La mayoría de los siquiatras nos dicen que si el mundo viviera según las enseñanzas de Jesús, no tendríamos más guerras, asesinatos u odios. ¿Cómo podemos entonces suponer que un hombre tal era un esquizofrénico?

El siquiatra J.T. Fisher resumió muy bien este problema: “Si fuera que juntáramos todos los artículos sobre salud mental escritos alguna vez de los mejores psicólogos y psiquiatras, si los condensáramos y limpiáramos del palabrerío vano, si tomáramos de ellas únicamente aquello que es sustancial, y si los mejores poetas hubiesen tomado estas perlas del conocimiento científico puro y los expresaran de modo conciso, obtendríamos un resumen malo, pero completo del Sermón del Monte. Y si comparáramos estos dos escritos, el escrito de los poetas resultaría evidentemente de inferior calidad. Desde hace casi 2,000 años el mundo cristiano ostenta la respuesta completa a sus luchas incansables e infructíferas. Aquí… se encuentra el proyecto para una vida humana plena, con una óptima salud mental y agradecimiento”.

John Warwick Montgomery hizo la siguiente observación: “No podemos tener las dos. Si las enseñanzas de Jesús nos dan un proyecto para una vida humana llena de éxito, con una salud mental óptima, entonces el maestro no puede ser un loco que entiende al revés la naturaleza de su propia personalidad”. Así el profesor Lewis llegó a la conclusión que ninguna de estas alternativas es racional. Frente a las afirmaciones que hizo Jesús sobre sí mismo, no tenemos sino cuatro alternativas:

  • Él es una leyenda.
  • Él es un mentiroso.
  • Él es un loco.
  • Él es Dios.

Aparte de la teoría de la leyenda, la cual desde el punto de vista histórico es irreal, nos quedan sólo tres posibilidades con respecto a la persona de Jesús: O Él es un mentiroso, o es un loco, o es Dios. La pregunta que se plantea, es la siguiente: ¿Cuál de todas estas alternativas es más probable?

Afirma que es Dios:

  • Él hizo esta afirmación.
  • Él no hizo afirmación.

Verdadero o falso: Él sabía que era falsa o Él no sabía que era falsa. Dios, mentiroso, loco o leyenda. Lewis llegó a la conclusión que Jesús no fue ni mentiroso ni loco, sino Dios.

LA VIDA

El siguiente aspecto de su afirmación es la clave para las otras dos: Jesús dice. “Yo soy el camino, la Verdad”. Después agrega: “Y la vida”. Este es el más importante aspecto de las afirmaciones de Jesús sobre sí. La afirmación de Jesús que Él es la“Vida” contiene la implicación que Él debe vivir en la eternidad para poderme dar a mí, vida eterna, o una vida que no termina jamás. Esta afirmación está ligada a su resurrección, el aspecto más importante de la credibilidad del cristianismo. Si Jesús no resucitó de los muertos, entonces Él no es la verdad y tampoco Él es el camino.

Toda la credibilidad de la vida de Cristo consta en su resurrección. Si Cristo no resucitó de entre los muertos y no venció la muerte, los cristianos son los más grandes locos de la tierra. Si Jesucristo no resucitó de entre los muertos, tu fe y la mía y la del mundo entero es inútil y vana. El punto neurálgico de la vida de Cristo en lo que respecta sus afirmaciones acerca de sí mismo, es la siguiente declaración:“Yo voy a ser rechazado. Voy a morir, y al tercer día voy a resucitar”.

El historiador Phillip Schaff, que escribió The History of the Christian Church (La historia de la iglesia cristiana), dijo: “La cuestión que representa la prueba infinita del cristianismo, es la resurrección. La resurrección es el más grande milagro o el más grande engaño que registra la historia”.

El Dr. William Lyon Phelps, de la Universidad de Yale, dice asimismo que: “La cuestión prueba para la vida de Jesucristo es su resurrección”.

Inclusive un conocidísimo ateo, H.L. Mencken, dijo: “No existe ni una modalidad de reconciliar la ciencia con la teología”. Pero agregó: “Si Jesucristo resucitó de entre los muertos, este hecho hace que el cristianismo sea posible”. Quedamos con una pregunta: ¿Resucitó Jesús de entre los muertos? Si resucitó, ¿qué evidencias existen para que lleguemos a esa conclusión conservando nuestra integridad intelectual?

Habitualmente las evidencias se reúnen de una forma de entre dos modos. Primero está el método científico, un experimento hecho en un medio controlado, habitualmente en un laboratorio, lo que significa que las circunstancias exactas pueden ser reconstruidas y el experimento puede ser repetido. Los hombres de ciencia formulan después una hipótesis de los datos recogidos.

Los acontecimientos históricos, por otra parte, tienen lugar en un determinado momento del tiempo y no pueden ser repetidos. No podemos utilizar el método científico para comprobar que Julio César existió. De modo que aplicaremos otro método de comprobación, el “Método Histórico Legal”. Éste es utilizado en los tribunales para probar la culpabilidad o inocencia, y para verificar la autenticidad de los eventos históricos reportados.

Para preservar nuestra integridad intelectual, no debemos temer el aplicar este método en nuestro estudio acerca de Jesucristo. Al final de cuentas, Él vivió, murió, y su resurrección está relatada en escritos históricos.

El profesor Wolfhart Pannenberg, de la Universidad de Munich dice: “Si la resurrección de Jesús ocurrió o no, es una pregunta histórica, y en este punto, la pregunta histórica es inevitable. Por eso, a esta pregunta se le debe responder al nivel del argumento histórico”.

Si nuestros conocimientos del pasado se basan en evidencias y testimonios del pasado, entonces la siguiente pregunta lógica unida con esta premisa es, si el testimonio es verdadero. ¿Es el testimonio respecto de la resurrección creíble? Cuando el testimonio es evaluado, éste debe estar abierto tanto para la autenticidad como la falsificación, para aquellos que hacen la evaluación. Así que cuando empiezo a ocuparme del testimonio con respecto a la resurrección, debo aplicar los mismos principios que los que son aplicados en los tribunales o los que se aplican cuando se examinan la credibilidad de cualquier evidencia histórica. Escuchad qué tienen que decir acerca de las evidencias relacionadas con la resurrección algunos expertos jurídicos cuyos pensamientos son guiados por estos principios.

El profesor Thomas Arnold, el que durante catorce años fue el presidente de la Universidad Rugby, el autor de la obra The History of Rome (La historia de Roma) y jefe de la cátedra de historia moderna de la Universidad de Oxford, conoció bien los métodos de evaluación de evidencias para determinar un hecho histórico. El gran sabio dijo, después de analizar con cuidado las pruebas históricas, que hay acerca de la resurrección de Cristo: “Hace muchos años estudio las historias de otros tiempos y examino y evalúo las evidencias de aquellos que escribieron acerca de ellas, y no conozco ningún hecho de la historia de la humanidad que pueda ser probado con evidencias tan buenas y tan completas de toda clase, para el entendimiento de un investigador honesto, como la gran señal que nos dio Dios que Cristo murió y resucitó de entre los muertos”.

John Capely, profesor de la Universidad de Cambridge, el que subió a las más elevadas posiciones en el sistema judicial de Inglaterra y fue reconocido como una de entre las más grandes intelectualidades jurídicas británicas, dijo:  “Sé bien lo que es una evidencia y os digo que las evidencias que sostienen la resurrección nunca fueron probadas como mentirosas”.

Lord Darling, el que fue el jefe de justicia de Inglaterra, dijo: “Ningún jurado inteligente del mundo no puede sino dar el veredicto que el relato de la resurrección es verdadero”.

Tuve un amigo que fue jefe de promoción cuando terminó la Universidad. Era un pensador brillante. Alguien le preguntó por qué abrazó el cristianismo. Mi amigo le respondió: “Por el simple hecho que no puedo rechazar la resurrección”. Desearía que todos prueben rechazar la resurrección de Cristo, porque esto significaría que cada uno hará una investigación propia. Pienso en unos de los escépticos de la historia los que comenzaron con no estar de acuerdo con la resurrección, pero que, cuando fueron enfrentados con las evidencias, llegaron a creer en Cristo.

Uno de estos fue el profesor Simon Greenleaf. Él era profesor de derecho y jefe de la cátedra de derecho de la Universidad Harvard, una de las más selectas universidades de América. Él escribió un libro: Principles of legal evidence (Los principios de las evidencias legales), y tres de sus estudiantes lo retaron para que aplique su libro a la resurrección de Cristo, investigando la credibilidad de las evidencias con respecto al hecho que Jesús resucitó de entre los muertos. El profesor Greenleaf aceptó el reto.

Después del estudio, él dijo: “No existen evidencias históricas mejor   documentadas que aquellas que sostienen que Cristo resucitó”. Y agregó:

“Tengo la certeza que podéis convencer a cualquier jurado de Inglaterra o de Estados Unidos que Cristo resucitó de los muertos”.

Pienso en otros dos que eran profesores en la Universidad de Oxford. Uno de ellos era Lord Lyttleton, y el otro el Dr. Gilbert West. Ellos quisieron destruir el “mito” del cristianismo. Ellos sabían que primero debían probar primero, que la resurrección de Cristo no sucedió, y después probar que el cambio producido en las vidas de los discípulos, no fue verdadero.

El Dr. West quería mostrar la falsedad de la resurrección, y Lord Lyttleton debía eliminar mediante explicaciones la conversión radical de Saulo de Tarso, el que quería destruir a los cristianos en el siglo I. Un año más tarde los dos llegaron a ser creyentes. En el libro que escribieron ellos dos con respecto a la investigación de las evidencias relacionadas con la resurrección, ellos dijeron: “No rechacéis hasta no investigar”. Frank Morrison, un abogado británico que empezó a escribir un libro en el repudiaba la resurrección de Cristo, escribió al final un libro, pero no escribió el libro que intencionaba escribir. Cuando examinó las evidencias en apoyo a la resurrección de Cristo, este abogado escéptico encontró que estas evidencias son tan abrumadoras que fue obligado a aceptarlas, y llegó a ser creyente. El libro que escribió “Who Moved the Stone?” (¿Quien movió la piedra?), presenta las pruebas para la resurrección de Cristo.

Lew Wallace empezó asimismo a escribir un libro en el que deseaba probar como falsa la divinidad de Cristo y su resurrección, y al final llegó a defenderlo en el famoso libro Ben Hur.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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