Si vuelven, los matan… Internos de por vida en el Proyecto Victoria

Diario La Tribuna. Nacionales  5 septiembre, 2012 – 1:00 AM

TEGUCIGALPA.- En el Proyecto Victoria no hay muros ni cercas. Un guardia vigila quién entra, pero no quién sale. A pesar de eso, numerosos jóvenes rehabilitados que lograron escapar de la drogadicción no pueden salir de las instalaciones porque “su cabeza” tiene precio.

Las instalaciones del proyecto albergan cada vez a más muchachos rehabilitados cuya cabeza tiene precio.

Cada año son más los que se quedan. Unos están amenazados de muerte por haber desertado de la pandilla. Lo mismo les ocurre a los exvendedores de droga y sicarios… La muerte les espera si vuelven a sus barrios. Rafael Pérez nunca integró una mara; sin embargo, sus talentosas manos tatuaron números, letras e imágenes en la piel de cientos de antisociales. Ese no es su nombre real… También teme morir, aunque en este mundo no haya quien lo llore.

No sabe qué fecha nació, pero dice que tiene 23 años. Solo recuerda que a los cinco años él estaba en un orfelinato, en Tegucigalpa, junto a otros huérfanos. Los golpes y los insultos eran parte de la “educación” que las niñeras les brindaban a los chiquillos. Cierto día llegó al lugar un visitante extranjero. Era un muchacho mexicano de unos 13 o 15 años, quien pidió refugio en el centro. “Él llegó de visita al centro y nos ofreció irnos. Llegó como interno, porque tenía problemas; nosotros nos dejamos guiar y de repente ya no queríamos estar ahí”, recuerda Rafa.

Acompañados por el mexicano, Rafa y sus amigos de 6, 10 y 11 años, lograron cruzar las fronteras. Sin embargo, a los “cipotes” mayores se los llevaron en un camión.

La terapia espiritual es el baluarte de la rehabilitación en el Proyecto Victoria. Sin embargo, los internos anhelan mayores facilidades de estudio.

Días más tarde, Rafa los volvió a ver. “Ellos los llevaron ya muertos y sin órganos… Ese ha sido uno de mis mayores traumas durante estuve pequeño”. “Les habían sacado todo, los llevaron costurados y en medio del cuerpo lo traían lleno como con cocaína, no sé qué droga era, pero sí los traían bien llenos”. En ese momento Rafa se entera de que fue llevado a México para extraerle sus órganos y venderlos. Una familia lo alimenta para que a los 10 años esté sano y fuerte; con riñones, hígado, corazón, pulmones y ojos “de buena calidad”. “Ellos mismos nos enseñaron fotografías de niños muertos y costurados; nosotros ya estábamos bajo amenaza”, relata Rafael, sentado en la banca de un pequeño parque del Proyecto Victoria.

VIVIR PARA COMER

A pesar del macabro descubrimiento, ambos “hondureñitos” se quedaron callados, ahogando el llanto y el temor para saciar el hambre. “Ellos nos daban de comer, nosotros lo que queríamos, en realidad, era comer, porque estábamos viviendo solo para comer”.

Cuando creyó que moriría, el mismo adolescente que los llevó a México se arrepintió y los dejó escapar. A lo largo de 13 años Rafa se la pasó con su amigo “rebotando” en las calles del Distrito Federal y de baja California. Todo ese tiempo consumieron hongos alucinógenos, marihuana y peyote.

El Proyecto Victoria ha contado con el apoyo de los diferentes gobiernos; no obstante, las necesidades son cada vez mayores, tomando en cuenta que al problema del consumo de droga se le sumó el fenómeno de las maras, el narcotráfico y el sicariato. “Nosotros solitos nos pusimos a estudiar, nos quedábamos durmiendo en la escuela. Conocimos a un tipo que era rastafari y él nos enseñó a hacer malabares. A puro malabarismo terminé la escuela y el bachillerato, siempre drogándome”. Por ser un magnífico estudiante, Rafa se ganó una beca para asistir a la universidad. Hoy sería un psicólogo a no ser porque las drogas cambiaron su destino. Lamentablemente, entre sus compañeros de habitación había un homosexual que intentó faltarle al respeto. “Le rompí la cara con una silla, yo estaba muy, muy loco con hongos que casi lo mato. Me expulsaron de la universidad”. Rafa viajó a El Salvador donde sobrevivió haciendo malabarismo en las calles y tatuando a pandilleros. Fue un pastor hondureño el que lo invitó al Proyecto Victoria, donde permanece desde hace ocho meses. “Mi futuro es seguir en la conexión con Dios y conseguir una beca, pienso estudiar psicología para ayudar a otras personas”, confiesa Rafa.

Por haber tatuado a los integrantes de una mara en El Salvador, Rafa fue recibido con un disparo en la cabeza al llegar a Honduras, hace tres años. Su vida corre peligro, como le ocurre a la mayoría de los muchachos que son rehabilitados en el Proyecto Victoria.

LOS INQUILINOS

El fundador del Proyecto Victoria, Mario Fumero, indica que del total de muchachos que ingresan a la institución, solo el 35 por ciento logra rehabilitarse. Uno de los obstáculos que los internos enfrentan es el hecho de no poder reinsertarse en la sociedad porque “si vuelven al sitio en que estaban, los matan”.

“Tengo un grupo de jóvenes que ya están rehabilitados pero que no se pueden ir de aquí porque están amenazados a muerte. Como han desertado de la mara y del narcotráfico, su cabeza tiene precio”, explica Fumero. Cuando el joven drogadicto no está vinculado a ninguna organización ilícita, recibe seis meses de rehabilitación y seis de reinserción social. Luego vuelve a casa. Sin embargo, no todos tienen ese privilegio, pues renunciar a la mara, a la venta de drogas o al sicariato es para los criminales un “pecado” sin perdón.

“¿Qué es lo que tenemos que hacer? Sencillo, dejarlos aquí y ponerlos a estudiar a distancia. Tenemos 10 muchachos estudiando, unos cuantos Bachillerato y otros Plan Básico”. La permanencia vitalicia de los muchachos rehabilitados en las instalaciones ha disparado los gastos y necesidades del proyecto. “El año que viene algunos se van a quedar, principalmente menores que están en riesgo social; se quedan aquí estudiando”.

“Tenemos un problema serio, porque tenemos que construir un área para estudiantes dentro del programa, porque la reinserción social fuera de aquí, en algunos casos, significa la muerte segura para el muchacho si vuelve a su entorno”.

FINANZAS RAQUÍTICAS

Mientras crece la demanda de servicios de rehabilitación en el Proyecto Victoria, también se incrementa el número de internos que se quedan de por vida en las instalaciones. Los recursos económicos, en cambio, cada vez son más escasos. Cada año, el pago del decimocuarto mes de salario y de aguinaldos hace temblar las raquíticas finanzas del proyecto, llevándolo al borde de la quiebra. Los únicos ingresos fijos con los que cuenta son los 40 mil lempiras mensuales que le asigna el gobierno. Igualmente valiosa es la ayuda de empresas ejemplares que les donan jugos, gas, leche, entre otros productos. Aunque no genera lucro alguno, esta institución tiene las mismas obligaciones laborales que cualquier fábrica…

La labor de profesionales voluntarios podría aliviar la crisis económica de la organización, pero para colmo, muchos “lobos con piel de oveja” han llegado con segundas intenciones.

Muchos jóvenes expandilleros, sicarios o vendedores de drogas logran rehabilitarse de su adicción a las drogas, pero no pueden volver a casa. Para el caso, Fumero lamenta que hace algún tiempo un profesional universitario tocó las puertas del Proyecto Victoria. “Quiero trabajar como voluntario”, le dijo al personal administrativo, que lo recibió con alegría. Tres meses después visitó la Secretaría de Trabajo para denunciar que lo tenían “chambeando” sin sueldo. De la misma manera, voluntarios de buen corazón han sido sancionados por sus colegios profesionales que les exigen cobrarle al proyecto el salario mínimo fijado para el gremio.

“El voluntariado aquí solo funciona para los extranjeros”, afirma Fumero, quien a su vez lamenta que en Honduras no exista una Ley del Voluntariado. “No hay una base legal para el voluntariado. Hay gente que quiere colaborar con el proyecto, pero nosotros tenemos miedo y algunos tienen miedo de que el gremio al cual pertenecen los sancione”.

Ante esas dificultades, el proyecto solo cuenta con la mano amiga de voluntarios extranjeros y de los propios internos rehabilitados, que aunque predican la palabra de Dios, necesitan mayores facilidades de estudio. Las computadoras que tiene el proyecto son tan viejas que ni siquiera les es posible cursar estudios “online” en plena era tecnológica. A pesar de todo, el Proyecto Victoria sigue adelante con el “patrocinio” de Dios…

Cada vez llegan más jóvenes drogadictos amenazados  de muerte
Incremento  de “inquilinos” dispara gastos del centro de rehabilitación
Urge Ley de Voluntariado para protegerse de “lobos con piel de oveja”

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2 Responses to Si vuelven, los matan… Internos de por vida en el Proyecto Victoria

  1. Avatar de Carolina Medina Carolina Medina dice:

    El proyecto Victoria es sin duda el lugar donde los jovenes atrapados por los tentaculos de la drogadiccion, maras y sicariato pueden tener una nueva oportunidad de vida, Dios bendiga a las personas que escuchan la voz de su corazon y apoyan este tipo de obras, definitivamente el señor Fumero representa el padre que muchos no tuvieron, y la paz que alli encuentran es invaluable.

  2. Me llena de mucha emocion,leer las palabras de don Mario Fumero como le desimos cariniosamente,tio,le felicito y le pido a Dios,k nunca lo va a desamparar de su mano poderosa,para k el proyecto siga adelante,soy Emerson Coto,un beneficiado,y ala vez rehabilitado en el nombre de Dios,k Dios bendiga grandemente,la vida de cada uno de los k habitan en el Proyecto Victoria,bendiciones

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