LOS CHARLATANES DE LA FE

Buscando algo en el Diccionario de palabras en Griego de William Barclay accidentalmente encontré esta joya que pareciera se escribió esta misma mañana. Define dos términos que describen a los charlatanes de la fe de la época del Nuevo Testamento, personajes que hoy día tristemente están más vigentes que nunca. Aquí un estracto: G213 ALAZON213 Y ALAZONEIA212, LAS PALABRAS DE LA JACTANCIA

La palabra alazon se encuentra dos veces en el NT: Rom. 1:30 y 2 Ti. 3:2. La Versión Reina-Valera la traduce en Rom. 1:30 como  altivo y en 2 Ti. 3:2 como  vanagloriosos. La palabra alazoneia se encuentra también dos veces en el NT: Stg. 4:16 y 1 Jn. 2:16. En el pasaje de Santiago, la Versión Reina Valera traduce  soberbias. En el pasaje de 1 Jn. traduce  la vanagloria de la vida.
Estas palabras tienen tras ellas un interesantísimo historial que les hace ser muy vívidas y significativas. Los griegos las derivaban de ale, que significa vagabundo, y un alazon era uno de esos charlatanes que pueden encontrarse en los mercados y ferias ofreciendo a voz en grito sus mercancías e infalibles curalotodo a los hombres. Plutarco, por ejemplo, usa alazon para describir al matasanos (Plutarco,  Moralia 523). Era la palabra que se aplicaba a estos charlatanes y buhoneros que recorrían el país y, doquiera se reunieran las gentes, levantaban sus tenderetes para vender sus píldoras y pociones y para jactarse de que podían curar cualquier clase de dolencia.
Así, en griego, la palabra vino a significar pretencioso fanfarrón. En las Definiciones Platónicas se dice que alazoneia es «atribuirse bienes que no se poseen». Aristóteles define al alazon como el hombre que «se atribuye cualidades dignas de alabanza que realmente no tiene, o que tiene en menor grado del que alardea» (Aristóteles,  Etica a Nicómaco 1127a 21), y, en la  Retórica (1384a 6), dice que «es síntoma de alazoneia afirmar que son propias las cosas ajenas» (…)

Jenofonte dice cómo el rey persa, Ciro, buen conocedor de los hombres, definía al  alazon: «El nombre  alazon parece aplicarse a los que presumen de ser más ricos de lo que son y a los que prometen lo que no pueden hacer, o bien cuando es evidente que lo hacen por obtener algún tipo de beneficio» (Jenofonte,  Ciripedia 2.2.12).
En la  Memorabilia, Jenofonte aborda el mismo tema diciéndonos cómo Sócrates condenó totalmente a tales impostores. Sócrates afirmaba que se les podía encontrar en todas las clases sociales y en todas las actividades de la vida, pero que eran los peores en política. «El bribón más grande es el hombre que ha conseguido engañar a su ciudad haciéndole creer que es apto para dirigirla» (Jenofonte,  Memorabilia 1.7.5). Teofrasto, en su  Caracteres, tiene la famosa descripción del alazon. «Alazoneia -empieza- parece ser, en efecto, el atribuirnos algo que no poseemos». El alazones el hombre que frecuenta los mercados y habla con los forasteros acerca de flotas de barcos, que no tiene, y de grandes negocios, cuando su saldo en el banco es precisamente irrisorio. Mencionará las campañas en las que ha tomado parte al mando de Alejandro el Grande, su gran amigo. Blasonará de las cartas que los grandes gobernantes le escriben solicitando su ayuda y consejo. Alardeará de la casa en la que vive como siendo una gran mansión, cuando de hecho vive en una posada, y que está pensando en venderla porque no es lo suficientemente cómoda para los festines que organiza (Teofrasto,  Caracteres 23).
El alazon era el jactancioso fanfarrón que se empeñaba en impresionar a los demás. Pertenece a esa clase de hombres en los que todo es fachada y escaparate. Es el individuo dado a extravagantes pretensiones que nunca puede colmar. Pero todavía tenemos que ver al alazon en su versión más perjudicial y peligrosa, es decir, al sofista. Aristófanes los empicota en  Las Nubes. Dice que todo el objeto de sus lecciones era enseñar a los hombres a fascinar al jurado, a conseguir impunidad para engañar y a encontrar un argumento para justificar cualquier cosa. Isócrates, el gran maestro griego, los odiaba. Afirmaba que «únicamente tratan de conseguir alumnos exigiendo pequeños honorarios y haciendo grandes promesas». Añadía que hacen «ofrecimientos imposibles, prometiendo impartir a sus alumnos una cierta ciencia exacta de la conducta por medio de la cual sepan siempre qué hacer. Sin embargo, ellos cobraban por esa ciencia de cincuenta a sesenta (…)… Tratan de atraer discípulos mediante los engañosos títulos de las materias que dicen enseñar, tales como Justicia y Prudencia, pero la justicia y la prudencia que enseñan son de un tipo muy peculiar, y les dan un significado a las palabras completamente diferente del que ordinariamente las gentes les dan. De hecho, no están seguros de los significados genuinos, pero disputan sobre ellos. Aunque profesan enseñar justicia, no se fían de sus alumnos y les hacen pagar una tercera parte de sus honorarios antes de que el curso empiece» (Isócrates,  Sofista 10. 193a, 4. 291d).

Platón arremete furiosamente contra ellos en su libro El Sofista: «Cazadores de jóvenes ricos y de buena posición, con un simulacro de educación como cebo y el afán de lucro como objeto, ganan dinero mediante el uso sistemático de hábiles subterfugios en la conversación privada, aunque sean conscientes de la falsedad de lo que enseñan».
El Nuevo Testamento advierte al cristiano sobre estos hombres y otros similares. El aviso es contra el falso maestro que pretende enseñar la verdad a los demás sin conocerla él mismo. El mundo está todavía lleno de individuos como éstos, que ofrecen a los hombres la mal llamada sabiduría, que anuncian a gritos sus mercancías doquiera las gentes se reúnan y que, en suma, pretenden disponer del remedio para todo. ¿Cómo podremos distinguir a los tales individuos?
(I) Su característica es orgullosa altivez. En el  Testamento de José (17.8), José dice cómo trató a sus hermanos: «Mi tierra era su tierra, y su consejo mi consejo. Y no me exalté entre ellos con  arrogancia (alazoneia) a causa de mi gloria mundanal, sino que era entre ellos como uno de los más humildes». Elalazon es el maestro que se pavonea en lo que enseña y que ha sido deslumbrado por su propia inteligencia.
(II) Lo único que tienen son palabras. El sofista se escudaba en Epicteto, cuando los jóvenes fueron a él buscando quien los ilustrara. «¿Enseñarles a vivir?» -dice Epicteto. Y, después, él mismo contesta su propia pregunta: «No, tonto; no cómo vivir, sino cómo hablar, que es también la razón por la que se te admira» (Epicteto,  Discursos 3.23). El alazon procura sustituir acciones excelentes por palabras inteligentes.
(III) Su móvil es el lucro. Al alazon sólo le interesa cuánto va a ganar, ora prestigio para su reputación, ora dinero para su bolsillo. El programa que predican está destinado a llevar adelante su promoción personal … a costa de los demás.
El alazon no ha muerto todavía. Aún hay maestros que ofrecen sabiduría mundanal en vez de celestial; que hilan bellas palabras sin que terminen jamás en una acción amable; que su enseñanza está animada por la autopromoción y que su único deseo es el lucro y el poder.
Copiado de http://falsoevangelio.blogspot.com/2012/03/los-charlatanes-de-la-fe.html#more

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2 Responses to LOS CHARLATANES DE LA FE

  1. Avatar de joel joel dice:

    DIOS les bendiga estube viendo un video de Ebenezer Honduras y una vez mas medoy cuenta como esta iglesia es satanica en la pagina de ellos ha
    y una ventana pequena que es un video donde se ve como entierran una biblia algo que lo hiso el satanista de cash luna

    • Enterrar la biblia es un acto profetico, que proclama que en concreto ese templo u obra tendrá como fundamento LA PALABRA DE DIOS, eso significa. De igual forma lo hizo cash luna. [Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas.] Tito 1:15 LBLA

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