EL DIVORCIO. LA PERSPECTIVA BÍBLICA. II PARTE

Por Enrique Zapata

DIVORCIO2EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
*EL DIVORCIO SEGÚN MOISÉS.
Sin duda el pasaje más importante sobre divorcio en el Antiguo Testamento es Deuteronomio 24.14. Este es el texto al que se refieren los fariseos cuando le preguntan a Jesús sobre el divorcio (Mateo 19). Observaciones del texto:
1. No prohíbe el divorcio ni lo castiga aun cuando la causa pueda ser algún pecado, sino que lo reconoce y lo reglamenta: Habla de cómo debe ser realizado. Esto es interesante, porque en este texto no se señala al divorcio como pecado ni se le condena bajo la estricta ley de Moisés. El que se divorcia de su esposa no tiene que llevar un sacrificio al tabernáculo para estar bien con Dios.
2. Da la causal para el divorcio: “por haber hallado en ella alguna cosa indecente….”. Es importante notar que eso no se refiere al adulterio ni a que haya tenido relaciones prematrimoniales, porque la ley penaba estos pecados con la muerte (Dt. 22). Se ha debatido mucho sobre qué es lo que incluye esta expresión, sin llegar a un acuerdo. Dado que en el Nuevo Testamento se especifican las condiciones para el divorcio legítimo, no vamos a entrar en una discusión inútil.
3. El texto indica los pasos necesarios para el divorcio:
a. Escribir una carta de divorcio. La antigua literatura judaica nos ha dejado ejemplos de estas cartas. Su función era que la mujer tuviera un documento que dijera que ella era libre y podía casarse con otro sin peligro de ser acusada de adulterio. Otra función de la carta, era ayudar al hombre a tomarse tiempo para pensar y ver la seriedad de su acto. El hecho de tener que sentarse a escribir una carta que le otorgara permiso a su esposa para casarse con otro y que le impidiera a él reclamarla ni tomarla de vuelta, seguramente frenaba muchos de los arranques de ira momentánea.
b. “La entregará en su mano”. El hombre tenía que entregársela personalmente en la mano. Seguramente esto también lo haría pensar y reflexionar.
c. “La despedirá de su casa”. Aquí no había una opinión intermedia, la decisión era radical y conclusiva. En las Escrituras no encontramos (con la posible excepción de I Co. 7.10-11, entre cristianos) el concepto de la separación como se lo conoce hoy en día en algunos países, un estado intermedio en que una persona ya no está más casada, pero tampoco está divorciada, en total libertad.
d. “Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre”. Enseña explícitamente que puede ir y volverse a casar. Observe que no desalienta la iniciativa de volverse a casar y tampoco considera que sea pecado.
e. Pero una vez que se ha casado con otro, tiene totalmente prohibido volver al primer esposo, aun después de la muerte de su segundo marido. Y con la advertencia fuerte de que «es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad». ¡Qué notable es esta prohibición!, que está repetida también en Jeremías 3.1, 8, y muestra una fuerte oposición a la posibilidad de “rehacer” el primer matrimonio. Esto nos debe llevar a pensar un poco en qué es lo que enseñamos y practicamos en el presente. ¿Hacemos bien al enseñar que deben volver al primer matrimonio?
En resumen, se puede decir que este pasaje de la ley de Moisés no prohíbe el divorcio, sino que lo reglamenta, incluyendo en forma explícita la autorización de que la mujer se vuelva a casar. También incluye la prohibición absoluta de que vuelva a retomar el primer matrimonio, una vez unida a otro hombre.
*Los 113 divorcios requeridos por Dios (Esd. 10)
En este pasaje encontramos un caso muy interesante, en el cual Dios les exige a ciertos hombres que se divorcien de sus esposas paganas. Dios ordena la disolución (divorcio) de esos matrimonios, mostrando que hay valores espirituales y eternos que trascienden la supuesta indisolubilidad del matrimonio. En el Antiguo Testamento, al menos, hay divorcios ordenados por Dios, presentados como una parte de su plan. No es que el divorcio fuera una cosa buena sino que era una respuesta a un mal que, a los ojos de Dios, era peor. Dios no odió el divorcio en esta ocasión, sino que odió lo que lo había hecho necesario. Este pasaje es muy interesante a la luz de las enseñanzas de 1 Corintios 7.12-16.
*El odio al divorcio
El contexto de este pasaje es muy importante para entender correctamente lo que enseña. En muchas oportunidades, este pasaje ha sido sacado de contexto y utilizado para generalizar, dando lugar a aplicaciones incorrectas de la Palabra.
1. En el versículo 11, encontramos el problema real: El pueblo de Judá “se ha casado con la hija de un Dios extraño”. Y para cometer este gran mal habían hecho otro, se habían divorciado de sus esposas, hijas de Su pueblo. En este contexto, Dios dice que odia el divorcio de ellos. Es importante tener en cuenta este contexto para entender lo que realmente está enseñando el pasaje.
2. En el versículo 15 encontramos una de las causas por las que Dios estaba tan molesto con estos hombres: “Porque buscaba una descendencia para Dios”. Al haberse divorciado y luego casado con mujeres que creían en dioses extraños, esos hombres nunca iban a poder cumplir con uno de los propósitos de Dios para la familia israelita: Crear descendencia para Dios. El problema principal no era tanto que se hubieran divorciado, sino que lo habían hecho para casarse con mujeres paganas y así habían imposibilitado la tarea importante de criar hijos para Él. El próximo versículo, donde figura la expresión tan citada, confirma el concepto que acabamos de desarrollar.
3. El versículo l6 dice: “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio (divorcio), y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales”.
No hay que separar las dos partes de este versículo; “aborrece el repudio y al que cubre de iniquidad su vestido”. Dios odiaba estos divorcios de hombres que se habían divorciado de sus esposas para cubrir su vestido de la gran iniquidad de casarse con personas completamente prohibidas. El casarse con estas mujeres era una abominación a Jehová. Estaban usando mal la provisión de la ley, dada por Dios para que pudieran divorciarse si encontraban algo indecente en sus esposas. Ellos se divorciaron, no por un problema en sus esposas sino para casarse con mujeres paganas. Dios odiaba este abuso y degeneración. Si entendemos esto, evitaremos la contradicción con otras partes de las Escrituras, donde Dios mismo ordena el divorcio (Esd. 10) o habla de que Él se va a divorciar de Israel (Jr. 3). Dios odia todas las causas que hacen que el divorcio sea necesario, y odia algunos divorcios, pero no todos.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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