¿¿¿PREDESTINACIÓN ??? … ¿¿¿GRACIA O DESGRACIA ??? -II- parte

LA DOCTRINA DE LA PREDESTINACIÓN

predestinacionPastor Jose Hollowaty, de Radio America en Paraguay. Traducido por Judy Rojas.
… CONTINUACIÓN

Cuando en un pasaje bíblico se mencionan los nombres de ciertos personajes como ejemplo o referencia, ya sea negativa o positiva, debemos prestar la mayor atención y estudiar todos los detalles relacionados con esos personajes. En el caso de Esaú, Pablo trata de hacerle ver a los lectores que examinen la vida de este hombre y vean el peligro al que se exponen los seres humanos al no ejercer sabiamente su libre albedrío. Otro nombre mencionado es el de Faraón, y en ambos casos refiriéndose al endurecimiento del corazón. Pero la pregunta que se plantea es: ¿Endurece Dios el corazón del hombre sin darle ninguna oportunidad, o es el hombre quien endurece su propio corazón sin darle ninguna oportunidad a Dios? La respuesta es muy clara. Dios sí endurece, pero antes ha concedido muchísimas oportunidades.

Cuando el hombre es definitivo en su rechazo, la Palabra de Dios nos hace ver que el Señor, respetando también la voluntad y libertad del hombre, endurece su corazón. Ya vimos que Esaú, llorando después quiso recuperar lo perdido, pero “Ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque lo procuró con lágrimas” (Heb. 12:17). Esaú perdió su oportunidad. Por esta razón la Biblia le insiste al pecador que cuando oiga la palabra, no endurezca su corazón. “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Heb. 3:12,13).

Antes de explicar la cuestión del Faraón y su corazón endurecido, me parece que será más fácil continuar con el versículo 15 del capítulo 9 de Romanos en donde el apóstol dice: “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”. La primera impresión es que Dios, arbitrario como lo hacen los predestinistas, sin tener en cuenta para nada la voluntad del hombre, tiene misericordia de unos para salvarlos y no tiene de otros condenándolos al infierno. De que el Señor dotó al hombre de voluntad propia y capacidad para escoger, pero en un asunto tan serio como la salvación de su alma, no le permite hacer uso de este privilegio. En todo lo demás el hombre utiliza su voluntad, tomando diariamente decisiones, pero tratándose de su salvación, el pecador, por más que lo desee, no puede hacer uso de este recurso. Pero la Biblia no enseña tal cosa. La pregunta clave es: ¿De quién tiene Él misericordia? Los predestinistas dirán: “De los que escogió o eligió. De los demás, por supuesto que no, porque su misericordia es absolutamente necesaria para obtener perdón y vida eterna”.

Aunque son muchos los pasajes que muestran que Dios es misericordioso con todos los hombres, creo que el cuadro que mejor lo revela es el caso del buen samaritano. Y dice así este pasaje bíblico: “Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídemele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: el que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo” (Luc. 10:29-37).

No creo que haya duda alguna en cuanto a los personajes que el Señor presenta en este cuadro. El hombre que cayó en manos de los ladrones puede ser el pecador, cualquiera. El sacerdote que iba por ese camino y pasó de largo representa la religión, la “que pasa de largo” en el momento en que más se necesita de ayuda espiritual. Bien sabemos que en nuestro continente la religión le ofrece al moribundo la “extremaunción”. ¡Qué ayuda más formidable! Luego sigue diciendo la parábola que pasó por allí un levita, el cual a su vez representa la ley mosaica, la cual ningún hombre jamás cumplió, excepto nuestro Señor Jesucristo (Jn. 7:19). Finalmente pasó por allí un samaritano. Y de él se dice que al ver al hombre herido junto al camino “Fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas”.

La Biblia no dice en ningún lugar que Dios tiene misericordia de unas personas y de otras no. Juan 3:16 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Pero si es así, entonces ¿por qué dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”? Si continuamos nuestro estudio sobre el Faraón, comprenderemos lo que significa esta declaración. Dice Romanos 9:16: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.

Los predestinistas ven en esta expresión la siguiente enseñanza: “De nada vale que un pecador quiera salvarse y otro quiera perderse. Si los deseos de Dios y el pecador no concuerdan y el Señor quiere salvar al que no quiere ser salvo y condenar al que quiere ser salvo, siempre se saldrá con la suya sin dejarle margen alguno al pecador“. El hombre según el predestinismo no tiene libertad de elección, no hay tal libre albedrío. Dicen que Dios es el único en tener esta prerrogativa, por lo tanto elige lo que quiere para cada uno. No obstante, esto nos lleva a una extraña conclusión muy peligrosa: El Señor no murió por todos, ni amó a todos, ni tiene misericordia de todos, tampoco desea salvar a toda la humanidad, sino que sólo tiene negocios con sus escogidos sin que el pecador desempeñe papel alguno.

Lo que implica Romanos 9:16, es exactamente lo que hallamos en todo el Nuevo Testamento en cuanto a la salvación por gracia. La gracia, bien sabemos, no deja margen alguno para las obras. Pablo mismo dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8,9). Cualquier alumno de la Escuela Bíblica Dominical comprenderá que la salvación no se logra queriendo, esforzándose, sacrificándose, gimiendo, dando dinero, haciendo penitencias, socorriendo a los necesitados o cosa por el estilo, la salvación debe ser recibida y Dios no tiene ninguna agencia que venda su salvación. El Creador, por su gracia, optó salvar al pecador. Así que por supuesto “no depende del que quiere, ni del que corre”. Ésto es bien claro en todo el Nuevo Testamento. Se supone que todo predicador cristiano comprende esta verdad desde sus primeros pasos en la nueva vida. El recurso de la salvación es el mismo para todos: La fe de parte del hombre, y la gracia de parte de Dios. La única respuesta a la gracia salvadora es la fe. Alguien entusiasmado con el predestinismo podría preguntar: “¿Pero acaso no es cierto que Dios manifestó su gracia a los elegidos, a los predestinados?”. La Biblia dice todo lo contrario: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tit. 2:11). La gracia de Dios no es para un cierto grupo elegido o predestinado para salvación, sino para “todos los hombres”. Su gracia está al alcance de todos, y si todos los hombres se arrepintieran, el infierno sólo quedaría para Satanás y sus ángeles, tal como dijera el propio Señor Jesucristo al referirse al infierno, “al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25:41).
Hay quienes dicen: “Bueno … pero la salvación es por medio de la fe, y la fe es un don de Dios”. De manera que como se trata de un don y Dios le otorga sus dones a cada uno como quiere. Es probable entonces que el Señor no le dé el don de la fe a todos. Por lo tanto, aunque algunos tienen la gracia al alcance de su mano no pueden corresponder a esta gracia por medio de la fe porque no es su don. El error está en desconocer, que si bien es cierto que la fe es un don, se trata de un don que todos los hombres tienen. A diferencia de muchos otros dones mencionados en la Biblia, los cuales los creyentes deben usar en el servicio de su Señor, la fe es un don que tienen todos sin excepción. La Biblia dice:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hec. 17:30,31).

Definitivamente la salvación no depende del pecador, sino de Dios que en su gran misericordia puso todas nuestras culpas sobre su amado Hijo Jesús, a fin de que fuésemos salvos sin sacrificio alguno de nuestra parte. Todo fue preparado y suplido por Él. Y sigue diciendo el apóstol: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” Rom. 9:17, 18. Es muy significativo que Pablo mencione a Faraón y como él fue endurecido por Dios. Si ha leído alguna vez la historia de este rey habrá observado cuál fue su actitud cuando Moisés y Aarón acudieron ante él para pedirle que dejara salir al pueblo de Israel de Egipto, esto le ayudará a entender esta referencia de Pablo.
Le ruego que lea en su Biblia a partir del capítulo 6 de Éxodo para que note cuántas veces dice que Faraón endureció su corazón. Después de muchas veces y de transcurrir muchos días, sobrevinieron varias plagas y Faraón continuaba endureciendo su corazón. “Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó…” (Exo. 7:22). “Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho” (Exo. 8:15).
“Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho
” (Exo. 8:19). Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y el granizo y los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él y sus siervos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, como Jehová lo había dicho por medio de Moisés” (Exo. 9:34,35). Cuando llegó a su límite, que Dios sabe cuándo es, dice la Biblia que entonces el Señor endureció a Faraón. Es a partir de Éxodo 9:12 y en el capítulo 10 que se comienza a decir que Jehová endureció el corazón de Faraón. Dios ciertamente por ser Omnisciente, sabía que Él actuaría de esta manera, pero al mismo tiempo Faraón tuvo muchísimas oportunidades de dejar salir al pueblo de Israel. Él no podía culpar a nadie por el endurecimiento de su corazón. Sin embargo, es necesario dejar bien claro, que cuando Pablo dice que Dios le endureció el corazón tal como se repite en Éxodo, Faraón lo había hecho previamente en repetidas ocasiones, cuando Jehová le ofreció la alternativa de evitar tal endurecimiento. Al demostrar que estaba decidido a desobedecer, el Señor entonces actuó endureciéndole el corazón sin dejarle otra alternativa que su propia destrucción en su torpe persecución contra los israelitas.

Este tipo de endurecimiento se ve a través de la Biblia y de la misma experiencia. Un buen ejemplo lo tenemos en la Epístola a los Tesalonicenses en donde Pablo dice: “Y entonces se manifestará aquel inicuo… inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engaZoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (II Tes. 2:8-12). Es por esta razón que la Biblia le insiste al pecador que cuando escuche el Evangelio no posponga su aceptación. Repitiendo: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (He. 4:7).La primera razón es porque uno puede morir no teniendo ya oportunidad alguna de hacer las paces con Dios. Y la segunda razón de por qué no podemos posponer nuestra salvación, es porque podríamos obligar a Dios a que nos endurezca. Esto ocurre con mucha frecuencia, incluso son muchos los pastores y obreros laicos que han encontrado a personas que llorando dicen: “Es que no puedo creer como usted, quisiera hacerlo pero no puedo”. Estos son casos tristes en extremo, endurecimiento que no puede ser revertido. Sin embargo, distan mucho de la enseñanza del predestinismo, del fatalismo. Dios le concede a todos los hombres siquiera una oportunidad de escuchar el Evangelio. Desde luego que aquellos que por razones de fuerza mayor nunca oyeron acerca de la salvación se encuentran en otra categoría. En los días de Jesús, él le preguntó a algunos: “¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mat. 24:33). Como ellos le habían rechazado y probablemente ya habían sido endurecidos, no tenían escapatoria. También en otro lugar le dijo a otros que le rechazaban: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” (Mat. 21:32.33).

Ciertamente Dios se reserva el derecho de endurecer a quienes le han rechazado en reiteradas ocasiones. Dice la Biblia que el Señor permitirá que muchos de los que conocieron al Evangelio, pero que nunca recibieron a Jesucristo ni se arrepintieron de sus pecados, sean víctimas de un espíritu de engaño y sean condenados, pero no dice que “estos fueron predestinados“, sino que:
“Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (II Tes. 2:10).

Es fácil ver que el conocimiento conlleva la responsabilidad. Toda persona que haya oído el Evangelio siquiera una vez, o que haya tenido la oportunidad de oírlo, pero lo evitó, puede estar en peligro de ser endurecida y perecer. Pero no por elección o predestinación previa sin la intervención de la voluntad del individuo, sino por decisión propia. Es por esta razón que Pablo termina su argumentación diciendo: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción…?” (Rom. 9:20-22). Pablo dice que el alfarero tiene derecho de hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra. Compara con esto a Dios nuestro Creador, diciéndonos que somos hechura suya como son los vasos hechura del alfarero. Sin embargo, esto no quiere decir que los vasos para deshonra son símbolo de “los predestinados para perdición”, porque en tal caso la Escritura hablaría de “vasos para destrucción” no de “deshonra”. En I Corintios, Pablo se refiere a estos mismos miembros de la iglesia, comparándolos con los miembros del cuerpo humano, y dice: “Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo (su iglesia), dando más abundante honor al que le faltaba” (I Cor. 12:24). Parece que los predestinistas ven en estos vasos de deshonra a los “predestinados para condenación en el infierno”. Cuando un predicador o expositor maestro de la Biblia, comienza a incursionar por estos peligrosos y tortuosos senderos, podrá desviar a grandes multitudes, ya que son pocos los laicos que estudian a fondo su Biblia. Hoy vivimos a velocidades supersónicas y no nos damos cuenta que es extremadamente peligroso depender de las interpretaciones caprichosas que “parecen correctas” y hasta “lógicas”.

Pero antes de dejar el capítulo 9 de Romanos, permítame llamar su atención a la parte final del texto que citara arriba. “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción…?”. Tal como ya vimos, Dios soportó con mucha paciencia a ese vaso llamado Faraón, soportó a muchos otros, entre ellos a Esaú y a otros más que tuvieron la oportunidad de oír las buenas de labios del propio Señor Jesucristo. Pablo también dice, que Él está tolerando a muchos ahora, pero que finalmente todos serán destruidos como lo fueron aquellos otros por negarse a creer y arrepentirse para ser perdonados.

Las preguntas fundamentales son: Si Dios realmente desea la salvación de todos los pecadores, o si ya ha elegido a los suyos. Si los pecadores ya han sido sorteados en salvados y perdidos sin que ni los unos ni los otros tengan oportunidad de alterar lo decidido por Dios. La Biblia no enseña tal cosa. La Escritura repite una y otra vez que el pecador que desee ser salvo, será salvo porque Dios realmente anhela salvar a todos sin excepción. “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (I Tim. 2:1-4).

Los predestinistas evidentemente ven aquí las siguientes palabras: “El cual quiere que todos los predestinados sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. O tal vez “todos los elegidos”. Podemos orar con confianza por todos los pecadores y tener la certeza de que Dios quiere salvarlos. El problema no es Dios, sino los pecadores. Dios invita al pecador, no le impone su voluntad ni le obliga a salvarse. Tampoco le manipula ni le maneja como una robot. Si hiciera los que los predestinistas afirman, el hombre estaría enteramente sujeto a su decisión en cuanto a su salvación o perdición respectivamente. Pero como la salvación es justamente algo así como “la oferta y la demanda”, si Dios quien ofrece no encuentra la debida demanda, el beneficiario potencial, que es el pecador, es el único culpable de no ejercer el privilegio de su capacidad de elección, tal como lo ejerce en todos los niveles de su vida y relaciones. ¡Cuán triste es que el pecador sea tan orgulloso, soberbio y autosuficiente, rechazando una oferta tan generosa!

En otro lugar de la Biblia tenemos: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (II Ped. 3:9. Es obvio que el Señor no quiere la perdición de nadie. Cada cristiano tiene que confesar francamente que en un momento dado, él o ella decidieron recibir a Jesucristo, porque eligieron obedecerle y humillados y arrepentidos se rindieron a él. “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado… El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:17,18,36). La enseñanza bíblica en cuanto a la salvación del hombre es que todo pecador que oye el Evangelio y arrepentido cree en Cristo, será salvo. La Biblia en ningún caso insinúa que cuando se refiere al “mundo”, a “todos” o a “todo aquel” significa elegidos o predestinados. Según el predestinismo pareciera que Dios amó al mundo entero, pero a unos amó para redimirlos y a otros para condenarlos. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó…” (Tit. 3:4,5).Él manifestó su amor y bondad, no a los elegidos, sino a todos los hombres, porque su voluntad es que ninguno se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. Dios siempre ha procedido de esta misma manera. Siempre le ofrece al hombre más de una oportunidad para que reflexione y se arrepienta. Pero los hombres no siempre le han correspondido. Él por ejemplo habló así por boca de su profeta: “Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero sino escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos… Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes” (Eze. 2:4,5,7).

No hay aquí ni la más remota insinuación siquiera de que Dios ya había elegido a los que escucharían al profeta y se arrepentirían y los había separado de los que no creerían. Más bien dice Dios: “Acaso ellos escuchen… Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar…” Si escuchan, serán salvos, y si no escuchan, serán condenados, destruidos, llevados al cautiverio. Sin duda alguna Dios sabía que con el correr del tiempo habría sectas y herejías, y que aun hombres de gran prestigio le convertirían en un árbitro caprichoso e injusto, por eso inspiró a Moisés para que registrara estas solemnes palabras, sus palabras:
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (
Deut. 30:19).

Este solemne desafío de Dios lo notamos a través de toda la Biblia. Él toma la iniciativa e invita al hombre ofreciéndole todas las oportunidades para que voluntariamente y al comprender su condición perdida, se arrepienta y escoja recibir el perdón y la vida eterna. Esta actitud de Dios para con el hombre aparece desde los albores de la creación. Cuando les dijo a nuestros primeros padres que no tocaran el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, estaba ofreciéndoles la oportunidad de que eligieran, estaba destacando que tenían libre albedrío o libre ejercicio de la voluntad. Todos sabemos que el hombre hizo una mala elección, pero ejercitó cabalmente su derecho.

Los predestinistas dicen que puesto que el hombre no tiene ninguna participación en su salvación, eso sí es gracia. Según ellos, los seres humanos ni siquiera pueden querer ser salvos, ya que si tal cosa ocurriera habría que ver si el querer de ellos coincide con el de Dios. De no ser así – lo que sin duda debe ocurrir muchas veces – el hombre no será salvo. Esto, vuelvo a repetir, no es gracia, es una desgracia. Además con esto nos encontramos a un paso de la doctrina de los Adventistas del Séptimo Día, ya que ellos enseñan que el infierno no es condenación eterna, sino que los que no fueron salvos, resucitarán, serán juzgados y luego morirán sumidos en la inconsciencia para no volver a resucitar más. Esa, para ellos, es “la muerte eterna”.

Si el hombre no tiene libertad para elegir, esta doctrina del adventismo es perfectamente correcta. Es apenas justo que si un Dios justo Juez de toda la tierra, le impide al hombre la libertad de elegir para ser salvo, no le castigue con el fuego del infierno por algo que no cometió. El pecador que no tiene derecho a elegir no puede ser acusado de desobediente. Al leer el capítulo 1 de Romanos, notamos cómo el apóstol expone la manifestación de Dios en la propia creación, añadiendo: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Rom. 1:20).
En cierta ocasión el Señor Jesucristo dijo que los que no creían en él eran ciegos, a lo que los judíos replicaron: “¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece
” (Jn. 9:40,41). Es obvio que Jesús les hace ver que eran culpables porque habían oído el Evangelio y ellos mismos admitieron que no eran ciegos. Es decir, que de forma consciente rechazaron la vista espiritual, la salvación que el Señor Jesucristo les ofrecía, haciéndose responsables de su actitud. Permítame concluir con las siguientes advertencias y aclaraciones:
– Siga predicando la gracia divina derramada y ofrecida a todos los hombres.

– No convierta la gracia divina en desgracia humana. Tenga la seguridad de que todos los pecadores no salvos, son un campo siempre propicio para la evangelización, porque Dios quiere que todos sean salvos.

– No tema insistir y urgir, rogar y hacer todo lo posible para que el pecador vacilante tome una decisión. No pretenda que si él o ella fueron elegidos, serán salvos de todas maneras. La Biblia dice: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (II Tim. 4:1,2). “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Jud. 22,23).

– No tema en hacer todo el esfuerzo posible con toda persona no salva. Tenga la seguridad absoluta de que la doctrina de la predestinación o la ausencia del libre albedrío por parte del pecador es herejía. Puede que parezca inofensiva, pero viéndola con cierto cuidado notamos que en el mejor de los casos, le hace a Dios mentiroso e injusto.

– Si pertenece a alguna iglesia donde se predique el predestinismo, le aconsejo que se aleje de allí cuanto antes. Si colabora en alguna forma con este tipo de doctrina, suspenda toda colaboración para no ser cómplice de este tipo de herejía.
– El que Dios sea Omnisciente, es decir, que sabe por adelantado quiénes se salvarán y quiénes no, de ninguna manera significa que le impide al hombre ejercer su voluntad libremente. Dios no sería Dios sino lo supiera todo, pero al mismo tiempo la salvación es algo que el pecador elige voluntariamente.
– Contribuya para la obra misionera sabiendo que Dios desea la salvación de todos.
– Ore por todos los pecadores sabiendo que Dios desea su salvación, pero pida que ellos sean quebrantados, compungidos de corazón y se arrepientan, creyendo en Cristo Jesús.

– Nunca olvide, que a pesar de la depravada naturaleza del hombre, éste tiene la capacidad para reconocer su condición y clamar a Dios, quien jamás rechazará a ningún pecador porque para él no hay pecadores elegidos para la vida, ni predestinados para el infierno. El Señor Jesucristo dijo: “Venid a mí todos…” – no los elegidos para salvación. También dijo: “Y al que a mí viene, no le echo fuera...” (Jn. 6:37). – Tenga valor y plena confianza y dígale al pecador a quien presenta a Cristo, que Dios le quiere salvar, y que él o ella serán salvos si deciden escoger el arrepentimiento y la fe en Cristo. Jamás dude que Dios desea salvar a todos los pecadores. Dios escogió a todos para vida eterna, con la condición de que todos le escojan a él. Él amó al mundo y manifestó su gracia a toda la humanidad e invita a todos a venir a él.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a ¿¿¿PREDESTINACIÓN ??? … ¿¿¿GRACIA O DESGRACIA ??? -II- parte

  1. MarianoSant. dijo:

    ¿Tan difícil les es admitir que dios hace lo que le dá la gana? Más es lo que alejan a la gente haciendo tremendas maromas, sean más sinceros. El hace lo que quiere! Talvez el error es creer que es bueno y justo…De otro lado con la biblia se puede sostener casi cualquier cosa tanto que dios nos predestina como que no lo hace, aunque son muchos más los pasajes en que sí se dá a entender que nos predestina. Entiendan que el dios que pinta el antiguo testamente es malo, malo e injusto!!!! No tilden a la gente de “duros de corazón, rebeldes, pecadores…” solo por que SABER LEER y entienden lo que leen y no hacen piruetas para haecrle decir al libro algo que NO dice. Creerle a la biblia NO es CREERLE A DIOS es creerle a LA GENTE que escribio acerca de el. Todo lo que nosotros creamos no es lo que dios dijo sino lo que nos han dicho que el dijo o hizo.

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