PREDESTINACIÓN ??? … GRACIA O DESGRACIA ??? -I-

PREDESTINACION -1-LA DOCTRINA DE LA PREDESTINACIÓN

Pastor Jose Hollowaty, de Radio America en Paraguay.

Traducido por Judy Rojas.

Leí un epígrafe donde alguien escuchó la exposición de un predicador famoso y muy conocido. Este habló respecto de lo absurdo que era creer en lo que conocemos como “libre albedrío del hombre”, señalando que el único que tiene tal libre albedrío o voluntad propia es Dios y fuera de Él nadie más. Su exposición se basó en lo que se conoce como “La doctrina de la predestinación”, aunque no usó mucho esta palabra. Pero eso si escuchándolo, y si no conociera las Escrituras como las conozco, puedo asegurarle que habría ganado un adepto más. En la forma cómo fue planteado el tema era fácil que cualquier persona sin sólidos cimientos escriturales, cayera en semejante laberinto de doctrinas extrañas. 
Tardé bastante en rumiar todo esto, preguntándome como siempre: ¿Cómo comienzan las herejías? Con esto no estoy tildando de hereje a alguien que cree en la predestinación que aparece en las Escrituras. Lo que trato de destacar es que este predicador ofrece una buena “plataforma de lanzamiento”, vale decir, fabrica un trampoline desde el cual serán lanzados al vacio los incautos que le escuchan o que le siguen.

Después de leer sus libros y escuchar sus casettes, los seguidores y discípulos de este aventurero harán el resto. Tras meditar un poco respecto a cómo comienzan todas estas doctrinas extrañas, llegué a la siguiente conclusión, aunque hay muchas variantes, según la necesidad de los incautos: El asunto va por etapas y nunca falla. Su curso es más o menos como sigue:

1. Un predicador comienza una nueva iglesia, predicando la pureza del Evangelio.
2. Logra reunir una congregación considerable de algunos cientos de miembros y después de miles.

3. Inicia un ministerio radial, o conquista otras congregaciones, primero en decenas y luego en centenas de emisoras o congregaciones en todo el país y a veces en el extranjero.

4. Todo esto es suficiente para “lanzarlo a la fama”. Muchas veces el predicador no se da cuenta que está cayendo en ese remolino. Pues el verdadero cazador que es Satanás, tiene siempre escondido el lazo.

5. Al contar con un gran número de miembros, se hace de mucho dinero, lo que le permite tener muchas emisoras y viajar para cubrir toda la red formada. El predicador poco a poco introduce temas que contradicen las sanas doctrinas, envalentonado con el éxito, y suele hablar con mucha convicción, citando mucho la Biblia y especialmente tratando de destacar los errores en las traducciones bíblicas, sobre todo en esas reconocidas como las mejores.

6. Próximamente hará referencias a los textos originales – hebreo y griego respectivamente, dando la impresión de que domina estos dos idiomas a la perfección y que los conoce tanto o mucho mejor que los mismos traductores de la Biblia, ya descalificada por él.

7. A esta altura, con tanta gente, tanta convicción, tantos libros escritos, tanto éxito, tanto conocimiento de los textos originales, con tanta promoción de su persona en publicaciones, la herejía queda metida en la mente y el corazón de los que no escuchan las admoniciones del Espíritu Santo. Después de dar incontables conferencias especiales para pastores, matrimonios jóvenes, etc. etc, su congregación y miles de sus radios escuchas o teleaudiencia, creen sin cuestionar todo lo que este experto dice.

Es verdaderamente extraño, porque la “predestinación” que anuncia este señor anula la gracia. Sin embargo, los oyentes de este expositor quedan con la impresión de que destaca en forma maravillosa la gracia divina. Pero … ¿Qué quiere decir “predestinación” en la enseñanza de este líder? … Simplemente es la enseñanza que sostiene que la salvación del hombre o su perdición, no depende de él mismo en ninguna medida, sino enteramente de Dios. Dicho en otras palabras, si usted fue predestinado para el infierno, aunque de todo corazón desee evitarlo, Dios ya le predestinó para ese lugar y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Por otra parte, si realmente quiere ir al infierno, pero ha sido predestinado para el cielo, irá al cielo, no importa cuánto grite, llore, y patalee.

Sé que esto resultará chocante para muchos, pero si los predicadores no hablamos sobre estos temas, esta corriente terminará por tener un impacto increíble en muchísima gente, ya que en cierto modo es cómoda. De acuerdo con esta doctrina, usted como cristiano, no tiene responsabilidad alguna por la perdición de los pecadores, ya que si fueron predestinados, se salvarán con o sin su intervención, o se perderán, hábleles usted o no. La única explicación que tienen los predestinistas para la gran comisión de ir “Y hace(r) discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19), es que ya que el Señor nos manda predicar, debemos hacerlo y tratar de ganar el mayor número posible de almas, sin preocuparnos por cuáles evangelizados han sido predestinados y cuáles no. “Esto” – dijo el predicador – “Es asunto de Dios, que él se ocupe de ello. Usted sólo ocúpese en obedecerlo y haga su parte, que Dios hará la suya”. Es necesario que nos formulemos estas preguntas:
1. ¿Es realmente bíblica esta doctrina de la predestinación?

2. Si la doctrina de la predestinación es falsa, ¿cuál será el fin de aquellos que la enseñan?
No se trata de un error menor o insignificante, sino que esta enseñanza elimina de cuajo la gracia divina. La gracia salvadora está basada, no solamente en la salvación sin obras, sino que también se basa en la salvación para todos. Dios no amó a un segmento determinado de la raza humana, en este caso ellos serían los “predestinados para la salvación, sus amados”, él amó a todos. La bendición que recibiera Abraham, fue que a través de su descendencia “Serían benditas todas las familias de la tierra” (Gen. 12:3b). Sabemos que esa bendición que llegaría a “todas las familias de la tierra”, es la salvación del Señor Jesucristo por medio de la fe en él, la misma fe de Abraham. “Y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente” (Gen. 28: 14b).

Sin duda estamos ante un problema teológico extremadamente serio. Siempre han existido conflictos y problemas de todo tipo en la interpretación de las Escrituras, pero hay algo en este caso en particular que difiere de otros errores. Se trata de una falsedad tan bien camuflada que pocos detectan su verdadero peligro, pensando que es sólo “un punto de vista sobre un asunto sin importancia”. Sin embargo, la importancia de lo que usted crea en cuanto a la predestinación es tal, que de ello depende de sí cree o no en la gracia. Ésto también hace de usted, o un predicador de la Palabra de Dios, o un predicador de ese “otro evangelio” mencionado por Pablo en Gálatas 1:8. El apóstol también dice que quien predica ese otro evangelio “sea anatema” y “Ninguna persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta” (Lev. 27:29). Esto nos coloca ante un problema muy serio.

LA JUSTICIA DIVINA 

Uno de los argumentos de los predestinistas es la justicia de Dios. Se citan expresiones bíblicas y se trata de probar que Dios tiene un código completamente distinto al nuestro en lo que a justicia se refiere. Dicho en otras palabras, lo que para nosotros es justo, para Él no lo es. Y lo que nosotros consideramos completamente injusto, para Él puede ser lo más justo y correcto. La idea es que nosotros, debido a nuestra naturaleza completamente corrupta, no estamos en condiciones de comprender la justicia divina.

Veamos algunos de los pasajes bíblicos que usan para demostrar la realidad de esta doctrina: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8,9).Es completamente erróneo tomar esta declaración divina e interpretarla a la luz de otro contexto, puesto que los versículos siguientes explican el pasaje cuando dicen:”Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Is. 55:10,11).
Cuando Dios habla de sus pensamientos tan distantes de los nuestros, nos está mostrando su solución para el mayor problema del hombre que es el pecado. La solución divina no es la destrucción final del hombre con su muerte espiritual o física, sino que Dios nos dice que tiene otros pensamientos que nosotros jamás podríamos entender. Pensamientos que incluyen el rescate de los creyentes, su gracia, el perdón gratuito hasta para el pecador más vil. Pensamientos que asimismo incluyen al hombre redimido sirviendo en su programa de rescate del pecador y logrando por este medio y para toda la eternidad, galardones o recompensas que ni siquiera entendemos en qué consisten. Sabemos que Moisés, por ejemplo, prefirió sufrir con su pueblo antes que gozar de los deleites del palacio del rey, porque tal como dice la Biblia, “Tenía puesta la mirada en el galardón” (Heb. 11:26b).

Jamás hombre alguno habría podido concebir un plan tan extraordinario, tan maravilloso, porque está basado en el amor y paciencia divina para rescatar al hombre y hacer que viva para siempre en su presencia, mediante la fe en Jesucristo. Los judíos en los días de Isaías no pudieron entender esto, tampoco comprendieron lo que era la gracia cuando su Mesías vino. Hoy mismo, millones no comprenden ni pueden aceptar la sola idea de la salvación por gracia, gracia que sólo se origina de Dios. Jamás hombre alguno pudo imaginar tal plan. Está tan alto y tan distante este pensamiento divino de todo lo que pueda discurrir el hombre, que incluso muchos de los que se denominan cristianos invocan hoy todo tipo de obras, porque no pueden entender estos pensamientos de Dios. Los cristianos regenerados aceptamos nuestro perdón, porque entendemos por la fe sus pensamientos, y por fe solamente, aceptamos todo lo que incluye su gracia para salvarnos. Por eso la Escritura dice: HEBREOS 11:1-3: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. POR LA FE ENTENDEMOS haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Para confirmar todo esto, dice en el mismo capítulo 55 de Isaías: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55: 6,7). Tener misericordia del impío y ser amplio en perdonar, son pensamientos de un Dios santo y justo, algo que el pecador no puede entender. Esto sí que está lejos de la razón del hombre, como está el oriente del occidente y tan alto como el cielo de la tierra.

“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen” (Sal. 103:10,11). El Salmista destaca lo mismo que el profeta, lo que es salvar al pecador rebelde por gracia, algo que no cabe en la mente del hombre. Una vez que el hombre acepta la grandeza divina no tendrá ningún problema para recibir la salvación por pura gracia. Expresiones parecidas a estas las encontramos a través de toda la Escritura, pero esto no significa que vamos a tener un problema tan grande que no vamos a comprender lo que Dios quiere decirnos cuando habla de su justicia, pues Dios nos ha hecho seres pensantes, a su imagen y semejanza.

Cuando leemos, especialmente en el Antiguo Testamento, donde Dios inspira a Moisés para que escriba la ley y plantea una serie de situaciones entre los seres humanos, notamos que en líneas generales exige de todos los hombres un tipo de justicia muy similar a la que hoy tenemos en nuestras cortes. Básicamente todos los países civilizados ostentan una jurisprudencia bíblica. Por ejemplo: no matar, no estafar, no robar, no calumniar y cosas parecidas. No es que Dios siga un tipo de justicia y nosotros otra, sino que el Señor dio la ley justamente para que el hombre sepa que matar es injusto, que es pecado. Que robar también lo es, etc. Pablo dice: “Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Rom. 4:15b). “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (Rom. 5:13).

En el Nuevo Testamento se habla mucho de cómo Dios no aplicó su justicia para resolver el problema del pecado, porque de haberlo hecho, ningún hombre sería salvo. Sin embargo, si Dios aplicara su justicia, no sería menos complicado entenderlo. Sabríamos que el culpable debía sufrir las consecuencias de su culpa, ser juzgado y condenado. Pero como la condena era la muerte eterna y Dios quería salvarnos, siguiendo una justicia que no podemos comprender, optó salvarnos mediante la muerte de un solo justo, su Hijo Jesucristo. Así cumplió su justicia y al mismo tiempo le ofreció al hombre la oportunidad de salvarse. En esto es lo que tenemos dificultad de comprender, no la justicia de Dios, sino su amor al permitir que el inocente tomara el lugar del culpable.

La gran diferencia entre la justicia divina y la humana, es que Dios no necesita de jurados ni de testigos. Él sabe muy bien quién es culpable, hasta qué grado es culpable y dónde se encuentra. Nosotros, los jueces, las cortes y jurados, dependemos del testimonio del acusado, de los testigos, del fiscal y de tantos otros elementos que ayudan a esclarecer un crimen o cualquier otro delito. Fue por esta razón que Dios estableció jueces entre su pueblo y les ofreció pautas claras que debían seguir para que su justicia no fuera quebrantada. Notemos por ejemplo en el capítulo 18 de Génesis en donde Abraham intercede por Sodoma y Gomorra. La oración de Abraham es muy original, porque estaba hablando con Jehová quien acababa de comunicarle que esas ciudades serían destruidas. Sin embargo, Abraham piensa en la posibilidad de que hubiera unos 50 justos en esas ciudades, tal vez 45, 30, ó quizá menos. Su pregunta a Jehová es bien clara: “¿Destruirás al justo con el impío?” (Gen. 18:23). Luego Abraham prosigue con tan singular oración, y le dice: “¿Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?” (Gen. 18:24). Como si esto fuera poco, Abraham en su oración, tal parece que hasta le hace una sugerencia al Señor, le recuerda que Él como Dios y Juez de toda la tierra, debe ser justo, por lo menos tan justo como lo sería un juez humano. Por eso continuó así su oración delante de Jehová: “Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (ver. 25). Esta conversación entre Abraham y Jehová es singularmente importante, porque en ella se establece que el código de la justicia divina no está tan distante de lo que Dios requiere de los jueces humanos, como dista el cielo de la tierra o el oriente del occidente. El cuadro es perfectamente claro. Abraham cree que es posible que haya unos 50 justos en Sodoma, por los menos estaba seguro que Lot y su familia lo eran. Pero temeroso de equivocar el número, fue bajando la cifra hasta llegar a 10 justos. Ciertamente no habían esos 10 justos, pero el Señor le prometió que en caso de haberlos, no destruiría la ciudad de Sodoma por amor a ellos. Sabemos que luego Dios libró a Lot y a su familia sacándolos de la ciudad y cuando ya todos habían partido, cuando no quedaba un solo justo en ese lugar, hizo que descendiera sobre Sodoma fuego y azufre que la redujo a cenizas junto con todos sus habitantes.

A medida que se lee la Biblia, encontramos este principio de la justicia divina en todas partes. Pretender que Dios ejerce un tipo de justicia que a nosotros nos parece injusticia, carece de toda base bíblica. Indudablemente su justicia es muy superior a la nuestra, porque tal como ya dijera, Él cuenta con atributos que ningún juez en la tierra posee. El Señor es Omnisciente, Omnisapiente y Omnipresente, todo lo cual le permite castigar siempre al culpable y justificar al justo. Los hombres no poseemos esos atributos, y debemos actuar tratando de reunir evidencias sobre cualquier acusado, antes de dictar una sentencia. Al leer con cuidado pasajes tales como el capítulo 21 de Éxodo, notamos que Dios en su calidad de Juez de toda la tierra, establece el patrón de justicia que deben aplicar los hombres, particularmente los jueces de Israel. Note algunos casos especiales planteados por Dios y cómo debían ser juzgados: “El que hiriere a alguno, haciéndolo así morir, él morirá. Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. El que hiriere a su padre o a su madre morirá. Asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá” (Exo. 21:12-16).

Le aconsejo que lea todo este capítulo y los que siguen. En ellos Moisés, por inspiración divina, registró todo lo que tiene que ver con Dios y su justicia. Hay leyes bien claras sobre los esclavos, sobre casos de violencia, leyes para los amos y sus súbditos, leyes sobre la restitución y sobre casos sexuales fuera del matrimonio. Todos estos estatutos no nos parecen tan extraños.Había pena capital para quien mataba a una persona fuera por la razón que fuera – venganza, robo, etc. Pero si le mataba sin querer, no era justo que se le aplicara la sentencia de muerte, sino que en tal caso debía refugiarse en una de las dos ciudades que existían para ello, porque aunque los jueces absolvían de culpa a este hombre, debía refugiarse a fin de escapar de quienes quisieran vengarse, como familiares o amigos del muerto. ¿Acaso no son esas las mismas leyes que hoy rigen a los pueblos y naciones civilizadas? Con pequeñas diferencias, esos mismos son los principios que imperan hoy en nuestras cortes de justicia. Note por ejemplo lo que dice Moisés en este discurso al pueblo: “Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el extranjero. No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré” (Deut. 1:16,17).
Pero cuando Moisés habla de que “el juicio es de Dios”, ¿a qué tipo de juicio se refiere? ¿A algún juicio o justicia que para nosotros es injusticia, o a algo que es perfectamente claro? Obviamente está refiriéndose a los casos enumerados, tanto en éste como en muchos otros pasajes de la Biblia. En el capítulo 18 de Éxodo se halla registrado que Jetro, el suegro de Moisés, le visitó y al ver el enorme trabajo que debía desempeñar su yerno, inspirado por el Espíritu Santo le dio recomendaciones de cómo otros jueces podrían ayudarle a resolver algunos de los muchos problemas que debía enfrentar cada día. Le dijo: “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez… Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez” (Exo. 18:21,25).

Las calificaciones de los jueces son las mismas que se requieren en la actualidad, aunque ciertamente creo que Moisés tuvo mucho menos problemas para escogerlos entre los millares de israelitas que los que tenemos hoy, especialmente en muchos de nuestros países cristianos. Queda bien claro entonces que no es cierto que la justicia de Dios difiera de la que exige de nosotros. Por nuestras limitaciones no estamos en condición de ejercer la justicia en la medida necesaria, pero no es que existan dos justicias – la de Dios y la nuestra. La justicia es como la luz y la injusticia como las tinieblas, y sólo hay una clase de luz.
LA ELECCIÓN DIVINA

Los predestinistas dicen que Dios es el único en tener libre elección o libre albedrío, que ningún hombre goza de tal privilegio. Para demostrar su punto de vista esgrimen una serie de textos donde se habla de una elección que en un primer momento parece arbitraria, sin la mínima intervención del hombre. Es decir, que Dios elige al que quiere para ser salvo y rechaza arbitrariamente a otro para enviarlo al infierno.

El primer error de esta doctrina fatalista es el no distinguir las varias elecciones divinas que aparecen en las páginas de la Biblia. Cuando fallamos al separar una elección de otra, rápidamente caemos en una grave falta. Asimismo cuando hablamos de la elección de los redimidos o de que Dios endurece el corazón de los que se pierden.

Citemos algunos de los textos favoritos usados para demostrar la supuesta elección de Dios, en donde el hombre carece totalmente de decisión personal:
Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tes. 2:13). “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo...” (I Ped. 1:1,2).”Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…” (Col. 3:12). “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (Tit. 10). Todos estos pasajes y muchos otros más, hablan de que los cristianos son escogidos o elegidos. Ciertamente no existe ninguna razón para decir que ellos son elegidos arbitrariamente y que no tienen que hacer nada de su parte. Si hacemos un estudio cuidadoso de la gracia divina, encontramos que cada cristiano es un “elegido o escogido de Dios por el mismo Señor”. Pero esto de ninguna manera significa que hay ciertos “señalados para ser escogidos y otros no”. En cada salvación ocurre una participación activa del Salvador y del salvado. La elección es mutua. El penitente, el pecador, escoge ser salvado y el Salvador decide salvarlo. De nada valdría que un pecador escogiera la salvación si no tuviera a su alcance a un Salvador que desde antes de la fundación del mundo “escogió salvar al pecador”. La elección de Dios se concreta cuando el pecador responde a esa elección con igual respuesta, eligiendo ser salvo. De lo contrario la elección divina que es para todos los hombres, parecerá arbitraria y unilateral.

También debemos recordar siempre que en la Biblia aparecen diferentes elecciones divinas. Dios, por ejemplo, escogió a Abraham para dar origen al pueblo hebreo del cual habría de nacer el Salvador. Escogió a Moisés para que libertara a su pueblo sacándolos de Egipto. El Señor también eligió a hombres como Nabucodonosor, Faraón, Ciro y tantos otros. No todos ellos eran fieles, pero fueron sus “escogidos” por un tiempo para llevar a cabo una misión determinada.

Al considerar este tema de la elección de Dios versus elección del hombre, debemos tener siempre en cuenta el contexto de cada elección. En lo que se refiere a salvación, la voluntad de Dios es que todos los hombres sean salvos. Él “amó al mundo”, no a los tales elegidos, hasta el punto de dar a su Hijo unigénito quien fue muerto, no por los elegidos, sino por todo el mundo, por todos los pecadores. El hecho de que no se salven todos, sino una minoría, no se debe a que Dios determinó “elegir a esa minoría”, sino que la mayoría de los pecadores deciden elegir la condenación.

EL CAPÍTULO 9 DE ROMANOS 

El capítulo 9 de la Epístola a los Romanos es sin duda alguna el pasaje más fuerte invocado por los predestinistas. Pero aunque parezca extraño, es el que mejor contradice tal conclusión. De lo que menos habla este pasaje es de una elección caprichosa y arbitraria por parte de Dios. Pocas porciones de la Biblia nos muestran con mayor claridad la disposición divina de salvar a todos y la decisión del hombre de no salvarse. “Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, o hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Rom. 9:9-21).

A primera vista pareciera que Dios predestina a los hombres – a unos para vida eterna y a otros para condenación eterna – y que el pecador no tiene ningún margen para escoger si será o no salvo. Pero tomando en cuenta lo que la Biblia enseña globalmente sobre la salvación y el significado de la gracia divina, los predestinistas no predican la gracia, sino la desgracia. Porque… ¡Qué gran desgracia para el que no es elegido o escogido! ¡Dios simplemente está permitiendo que él o ella nazcan para arrojarlos al infierno!

Vamos a destacar los puntos que parecen más conflictivos en este capítulo 9 de Romanos. Pablo dice que Dios había escogido a Jacob y no a Esaú, aún desde mucho antes de que nacieran y de que hicieran ni bien ni mal “para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese”. La primera impresión es de aquí sólo existe un lado con derecho a elegir. En otras palabras que Dios se atribuyó el derecho de elegir a Jacob y rechazar a Esaú. Si no tuviéramos la historia de estos dos hermanos, podríamos deducir que ésta es la única explicación. Pero puesto que Pablo menciona por nombre a estos dos hombres, antes de precipitarnos a pronunciar cualquier conclusión, es necesario volver a examinar lo que ambos hicieron respectivamente.

Dios no rechazó a Esaú, sino que Esaú rechazó a Dios, permitiendo que la elección divina tuviese cumplimiento y que las bendiciones que le correspondían fuesen para Jacob. No por elección unilateral de parte de Dios, sino por decisión de Esaú, quien dejó el campo libre para que esta elección se materializara. ¿Recuerda lo que dice la Biblia acerca de este hombre llamado Esaú? El relato de la venta de su primogenitura se encuentra en Génesis 25:27-34, y al terminar el relato el escritor sagrado registró estas breves pero significativas palabras:
“Así menospreció Esaú la primogenitura” (34b). Si hacemos un estudio más cuidadoso sobre el significado espiritual de esa primogenitura, descubrimos que Esaú no sólo despreció las bendiciones de Isaac su padre, sino que en el presente contexto estas bendiciones son símbolo de las bendiciones de Dios, es decir, de la vida eterna. El autor de la Epístola a los Hebreos menciona la gravedad de este desprecio, diciendo: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque lo procuró con lágrimas” (Heb. 12:15-17).

Pero… ¿Cuándo fue que Esaú procuró con lágrimas recuperar las bendiciones que había perdido? Obviamente después de despreciarlas. Dicho en términos más sencillos, cambió el cielo por un plato de lentejas. Este desprecio fue muy grave, pero Dios no lo presionó en ningún momento para que tomara tal decisión. Cuando él procuró con lágrimas reparar el daño hecho ya no tuvo oportunidad, no porque Dios no lo escogiera y eligiera a Jacob, sino porque él despreció ser elegido por Dios. El Señor no le trató como un robot, respetó su libre albedrío, su elección, aunque muy equivocada porque Esaú escogió la maldición despreciando la bendición y permitió que Jacob fuese el depositario de esa bendición, que no era únicamente la de Isaac, sino la bendición divina canalizada a través del padre para el hijo primogénito.

Si Dios actuara según dicen los predestinistas, el autor de los Hebreos habría dicho así: “Mirad bien, no sea que alguno deje de ser elegido”. Contra una elección arbitraria nada podríamos hacer, pero sí tenemos el deber de mirar bien para evitar que nuestro corazón se endurezca hasta tal punto que Dios se vea obligado a cerrarnos la puerta y que cuando comencemos a llorar sea demasiado tarde para reparar el error. En otro lugar leemos: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Heb. 4:1,2). Los predestinistas sin duda entienden así este texto: “Pero no les aprovechó el oír la palabra, por no haber sido elegidos, predestinados…”. … CONTINUA …

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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7 respuestas a PREDESTINACIÓN ??? … GRACIA O DESGRACIA ??? -I-

  1. Muy buen estudio pastor, bendiciones!

  2. joel dijo:

    GLORIA ADIOS por las aclaraciones en cuanto a la doctrina de la predestinacion,SI LA GRACIA DE DIOS no fuera abundante no seria posible la salvacion de nosotros los pecadores,desde el tiempo antiguo DIOS mostro su gracia y que deberia hacer el ser humano para ser salvo,ejem: en numeros capitulo 21:4-9 el pueblo se revelo contra DIOS ,por lo tanto DIOS mando serpientes que los mordiera y asi recibieran castigo : pero la misericordia de EL no falto ¿POR QUE? CUANDO EL PUEBLO CLAMO V 7 , v 8 DIOS,DIJO a MOISES :hazta una serpiente ardiente,y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella,vivira. aquel que habia sido mordido por la serpiente solo tenia que alsar los ojos hacia arriba y sanaba, hoy dia es igual por que nuestro salvador jesucristo murio en la cruz del calvario fue levantado en la cruz y alli pago por el pecado de todos ,pero se salva el que mira hacia EL .le invito a leer san juan capt 3: 13–15 ,tambien le invito a que entregue su vida a DIOS a travez del señor jesucristo el es amplio en perdonar y le esta esperando .

  3. ramirezcelso dijo:

    Estan perdidos.
    Si Dios amo al MUNdo entonces no hay condenacion.
    Cuando la biblia dice que Dios amo al mundo, Es un referencia a Los elegidos de Dios.
    Porque si el hombre decide ser salvo pues Dios Es un mentiroso. La Biblia declara,”fui allado por los que no me buscaban”.
    Jesús mismo lo afirma diciendo,” nadie puede venir a mi si el padre no los trae”

  4. jonny lugo dijo:

    muy buenos argumentos

  5. Marí dijo:

    Esaú sabía que él iba a “despreciar” a Dios?. No, no lo sabía. Esaú sabía todo lo que suscitaría su decisión, sabía todo lo que implicaría? No!. Pero Dios sí sabía que Esaú lo iba a despreciar desde ANTES que Esaú naciera. Esaú pidió a Dios nacer? Esaú podía OPTAR NO nacer? No.! La decisión la tomó Dios de forma soberana y lo HIZO nacer aún SABIENDO que Esaú lo despreciaría.. no estaba en poder de Esaú NO nacer. ¿Fué culpable Esaú?…Fué culpable Judas?, ¿fueron culpables los sacerdotes que “compraron” a Judas?, ¿fué culpable Pilatos?, ¿fueron culpables Adán y Eva?…¿fué culpable Satanás?…

  6. Daniel Mendoza dijo:

    esta doctrina de predestinacion es un asunto grave,si se pondera todas las implicaciones que conlleva inclinarse por una postura muy radical acerca de ella. Por ejemplo, Israel y la ley, si Israel estando muertos en pecados les era imposible siempre cumplir la ley, porque el que esta muerto en pecado esclavo es del pecado, por tal razon Israel siempre fallaría a Dios… la pregunta es: si Israel era impotente para obedecer a Dios… por qué Dios se enfurecio tan grandemente contra Israel practicamente destruyendolos por completo cuando sucedio la deportacion a babilonia, y toda Israel fue consumida a fuego y espada? No tiene sentido de hablar un Dios furioso por algo que no dependia de ellos poder cambiar.

    Para que haya una ira justificada, habria que existir una culpa real. Si Dios se molestaria porque el pecador sea pecador, no tendria sentido. Es como que yo me molestase porque el sol sale por el oriente todos los dias… Israel tuvo que haberle dado la capacidad a Israel de obeder y servirle, para asi verse una ira justificada por la desobediencia, o sino mostraria un Dios irracional. Israel yo creo que es un caso excepcional, en el sentido de que ellos aunque la mayoria esta perdido DIos tiene un remanente bendecido que tiene o tuvo la capacidad espiritual de cumplir la ley, ais lo creo yo. No creo en el libre albedrio porque precisamente es eso, una creencia no existe un libre albedrio a nivel practico, es solo una invencion fantasiosa sin sustento ni logico ni biblico. Pero si creo que aquellos que son libres de verdad, son los que Dios les dio la capacidad de serlos y son casos puntuales, todos son esclavos del pecado excepto quien Dios quiere.

  7. Alonzo dijo:

    Si t puede ayudar este verciculo c 6 v44 y65. Tengo mas argumentos biblicos para conpartir llamame al 631 398 0789 les digo ninguno merecemos ser salvos es x gracia. Necesitamos nacer de nuevo y el que lo pudo aser es cristo 1 d corintios c2 v 14 15 juan c1 v 12 y 13. Escudriñemos las escrituras

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