LA HISTORIA DE CHARLOTTE ELLIOTT

Dr.  César Vidal

CHARLOTTE ELLIOTTCharlotte Elliott tenía cuarenta y seis años. Una noche, en el curso de una celebración, un anciano se le acercó y le preguntó si era cristiana. Su primera reacción fue la de sentirse ofendida. ¿Qué estaba preguntando aquel sujeto insolente? ¡Por supuesto, que era cristiana! ¿Acaso no había sido bautizada? ¿Acaso no iba a la iglesia con regularidad? ¿Acaso no creía en los dogmas en los que se suponía que había que creer? Con la mayor educación, le respondió que consideraba que su pregunta era una impertinencia intolerable. 

El anciano se fue, pero Charlotte no conseguía quitarse la pregunta de la cabeza. ¡Qué estupidez! ¡Por supuesto, que era cristiana! Pero por más que se respondía, no conseguía quitarse de encima el desasosiego. Decidió, finalmente, buscar a aquel hombre y preguntarle qué había querido decir. No fue difícil. El anciano le indicó que existe una diferencia no pequeña entre ser cristiano en el sentido bíblico del término y estar inserto en una religión que se dice cristiana. Dormir en una cuadra no convierte a una persona en un caballo. Acudir al teatro semanalmente no transforma al espectador en actor. Ni siquiera ir a clase con regularidad logra que un alumno holgazán o estúpido aprenda. De manera semejante, cristiano no es el que pertenece a una iglesia sino el que pertenece a Cristo.

Si tuviera que definirse, ¿daría el nombre de su iglesia o señalaría su relación personal, profunda, íntima con Jesús? En otras palabras, religiosidad aparte, ¿alguna vez se había entregado a Cristo como su Señor y Salvador? Charlotte descubrió pasmada que, en un sentido netamente bíblico, no había sido nunca cristiana. Había descansado, sí, en su pertenencia a una iglesia, en sus creencias, en sus prácticas, pero nunca, a decir verdad, había pedido a Cristo que entrara en su corazón. Lo hizo aquella noche. Muy poco después, escribió un himno que, en inglés, se titulaba Just As I Am – Tal como soy – donde explicaba cómo cualquiera podía acudir a Cristo tal como era si estaba dispuesto a aceptar mediante la fe la expiación que Cristo había llevado a cabo en la cruz, tal como dice Pablo: “pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dieron testimonio la ley y los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesús el mesías, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, porque todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que está en el mesías Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3: 21-25). De manera bastante significativa, el cristianismo es Cristo. No lo es, sin embargo, el cubrir a Cristo con añadidos que, al fin y a la postre, lo opacan y sustituyen. Incluyo una versión del himno en inglés en la voz de un viejo conocido para los oyentes de Camino del Sur: Alan Jackson y otra más clásica con la letra original.

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