Lo que creyeron acerca de la salvación -6-

Tomado del libro “Cuando el Cristianismo eras nuevo” de David W. Bercot

CUANDO EL CRISTIANISMO ERA NUEVOCuando primero empecé a estudiar los escritos de los cristianos primitivos, me extrañé de lo que veía. Después de pasar unos días leyéndolos, devolví los libros al estante y decidí abandonar mi investigación. Pero entonces me puse a analizar mi reacción, y me di cuenta de que el problema estaba en que sus escritos contradecían muchas de las creencias mías.

Al decir esto, no quiero decir que no hallé apoyo para ninguna de mis creencias en los escritos de los cristianos primitivos. Su modo de entender el cristianismo confirmaba mucho de lo que yo entendía. Pero a la vez, a menudo enseñaban lo contrario de lo que yo creía, y hasta calificaban de heréticas a algunas de mis creencias. Probablemente esto mismo podría decirse de muchas de las creencias de usted.

Voy a dar cinco ejemplos de lo que digo en los cinco capítulos a continuación. Estos cinco capítulos tratan cinco puntos de doctrina que casi todos los cristianos primitivos aceptaban. Las cinco doctrinas que he escogido no son las más difíciles de aceptar para muchos de nosotros, pero tampoco son las más fáciles. Tal vez usted concuerde con las creencias de ellos en algunos de estos puntos, pero dudo que concuerde con todas. Por favor entienda que no exijo que usted acepte la creencia de ellos en todos los puntos. Pero sí suplico que los escuche con respeto.

¿Somos salvos sólo por la fe?

Casi todos los evangélicos proclaman en alta voz que somos salvos sólo por la fe. Pensáramos que seguramente los compañeros fieles de los apóstoles enseñaran eso mismo. ¿No es ésa la doctrina fundamental de la Reforma? En verdad, hasta decimos que aquellos que no afirman esta doctrina no pueden ser en realidad cristianos.

Cuando los evangélicos de hoy hablan de la historia de la iglesia, nos dicen que los cristianos primitivos enseñaban nuestra doctrina de la salvación sólo por la fe. Afirman que después de que el emperador Constantino corrompió a la iglesia, poco a poco se introdujo la idea de que las obras también desempeñan un papel en la salvación. Como ejemplo de esto cito un pasaje del libro de Francis Schaeffer, How Shall We Then Live? (¿Cómo debemos entonces vivir?). Después de describir la caída del imperio romano, Schaeffer escribe: “Gracias a los monjes, la Biblia se preservó, como también partes de las obras clásicas en griego y latín. . . . Sin embargo, el cristianismo puro presentado en el Nuevo Testamento poco a poco se torció. Un elemento humanístico se añadió: Más y más la autoridad de la iglesia prevaleció sobre la enseñanza de la Biblia. Y se daba más y más énfasis a la parte de los hombres en merecer los méritos de Cristo para recibir así la salvación, en vez de descansar la salvación sólo sobre los méritos de Cristo.”1

Schaeffer y otros dejan la impresión de que los cristianos primitivos no creyeron que nuestros méritos y nuestras obras afectan nuestra salvación. Dan a entender que esta doctrina se infiltró en la iglesia después del tiempo de Constantino y la caída del imperio romano. Pero eso no es cierto.

Los cristianos primitivos sin excepción creían que las obras, o sea la obediencia, desempeñan un papel esencial en la salvación. Tal afirmación puede extrañar en gran manera a muchos evangélicos. Pero no cabe duda de que es cierto. A continuación cito (en orden más o menos cronológico) de los escritos de casi cada generación de los cristianos primitivos, comenzando con el tiempo del apóstol Juan hasta la hora de la inauguración de Constantino.

Clemente de Roma, compañero del apóstol Pablo2 y obispo de la iglesia en Roma, escribió: “Es necesario, por tanto, que seamos prontos en la práctica de las buenas obras. Porque él nos advierte de antemano: ‘He aquí el Señor viene, y con él el galardón, para recompensar a cada uno según sea su obra.’ . . . Así que, luchemos con diligencia para ser hallados entre aquellos que le esperan, para que recibamos el galardón que nos promete. ¿De qué manera, amados, podemos hacer esto? Fijemos nuestros pensamientos en Cristo. Busquemos lo que le agrade y la plazca. Hagamos sólo lo que armonice con su santa voluntad. Sigamos el camino de la verdad, desechando todo lo injusto y todo pecado.”3

Policarpo, el compañero personal del apóstol Juan, enseñó esto: “El que resucitó a Cristo a nosotros también nos resucitará—si hacemos su voluntad y andamos en sus mandamientos y amamos lo que él amó, guardándonos de toda injusticia.”4

La epístola de Bernabé dice: “El que guarda estos [mandamientos] será glorificado en el reino de Dios; pero el que se aparta a otras cosas será destruido junto con sus hechos.”5

Hermes, quien probablemente era contemporáneo del apóstol Juan, escribió: “Sólo aquellos que temen al Señor y guardan sus mandamientos tienen la vida de Dios. Pero en cuanto a aquellos que no guardan sus mandamientos, no hay vida en ellos. . . . Por tanto, todos aquellos que menosprecian y no siguen sus mandamientos se entregan a la muerte, y cada uno se responsabilizará por su propia sangre. Pero te suplico que obedezcas sus mandamientos, y así hallarás el remedio para tus pecados anteriores.”6

En su primera apología, escrita antes del año 150, Justino escribió a los romanos: “Hemos sido enseñados . . . que Cristo acepta sólo a aquellos que imitan las virtudes que él mismo tiene: la abnegación, la justicia, y el amor a todos. . . . Y así hemos recibido que si los hombres por sus obras se muestran dignos de su gracia, son tenidos por dignos de reinar con él en su reino, habiendo sido liberados de la corrupción y los sufrimientos.”7

Clemente de Alejandría, escribiendo hacia el año 190, dijo: “El Verbo, habiendo revelado la verdad, ilumina para los hombre la cumbre de la salvación, para que arrepintiéndose sean salvos, o rehusando obedecer sean condenados. Esta es la proclamación de la justicia: para aquellos que obedecen, regocijo; pero para aquellos que desobedecen, condenación.”8 Y otra vez escribió: “Quien obtiene [la verdad] y se distingue en las buenas obras . . . ganará el premio de la vida eterna. . . . Algunas personas entienden correcta y adecuadamente que [Dios provee el poder necesario], pero menospreciando la importancia de las obras que conducen a la salvación, dejan de hacer los preparativos necesarios para alcanzar la meta de su esperanza.”9

Orígenes, quien vivió en los primeros años del tercer siglo, escribió: “El alma será recompensada de acuerdo a lo que merece. O será destinada a obtener la herencia de la dicha y la vida eterna, si es que sus obras hayan ganado ese premio, o será entregada al fuego y los castigos eternos, si la culpa de sus delitos le hayan condenado a eso.”10

Hipólito, un obispo cristiano contemporáneo de Orígenes, escribió: “Los gentiles, por la fe en Cristo, preparan para sí la vida eterna mediante las buenas obras.”11

Otra vez escribió: “[Jesús], administrando el justo juicio de su Padre a todos, le da a cada uno en justicia de acuerdo a sus obras. . . . La justicia se verá en recompensar a cada uno conforme a lo que es justo; a aquellos que han hecho el bien, justamente se les dará la dicha eterna. A los que amaban la impiedad, se les dará el castigo eterno. . . . Pero los justos se acordarán sólo de sus obras de justicia por medio de las cuales alcanzaron el reino eterno.”12

Cipriano escribió: “El profetizar, el echar fuera demonios, y el hacer grandes señales sobre la tierra ciertamente son cosas de estimar y de admirar. Sin embargo, una persona no alcanza el reino de los cielos, aunque hubiera hecho todo eso, a menos que ande en la obediencia, en el camino recto y justo. El Señor dice: ‘Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad’ [Mateo 7.22-23]. Nos hace falta la justicia para que seamos tenidos por dignos ante Dios, el Juez. Tenemos que obedecer sus preceptos y sus advertencias para que nuestros méritos reciban su recompensa.”13

Por último, veamos lo que Lactancio escribió a los romanos al principio del siglo cuarto: “¿Por qué, pues, hizo al hombre débil y mortal? . . . Para que se pudiera poner delante de él la virtud, eso es, el soportar las iniquidades y las fatigas, por medio de lo cual él pueda ganar la recompensa de la inmortalidad. El hombre consta de dos partes, el cuerpo y el alma. El uno es terrenal, mientras el otro es celestial. Así entendemos que se le da dos vidas. La primera, la que tiene en el cuerpo, es temporal. La otra, la que pertenece al alma, es eterna. Recibimos la primera cuando nacemos. Alcanzamos la segunda por luchar, porque el hombre no alcanza la inmortalidad sin las dificultades. . . . Por esta razón, nos ha dado la vida presente, para que o perdamos la vida verdadera y eterna por causa de nuestros pecados, o la ganemos por nuestras virtudes.”14

De cierto, todos los escritores cristianos primitivos que tratan el tema de la salvación presentan esta misma creencia.

¿Quiere decir eso que los cristianos primitivos enseñaron que ganamos la salvación por nuestras obras?

No, los cristianos primitivos no enseñaron que ganamos la salvación por acumular más y más buenas obras. Supieron y destacaron que la fe es esencial a la salvación, y que sin la gracia de Dios nadie se salva. Todos los escritores que acabo de citar daban énfasis también a esa verdad. Aquí voy a dar unos ejemplos:

Clemente de Roma escribió: “No podemos justificarnos nosotros mismos. No por nuestra sabiduría, ni entendimiento, ni piedad, ni nuestras obras nacidas de la santidad del corazón. Sino por la fe por medio de la cual el Dios Todopoderoso ha justificado a todos los hombres desde el principio.”15

Policarpo escribió: “Muchos desean entrar en este gozo, sabiendo que ‘por gracia son salvos, no por obras’, y por la voluntad de Dios en Jesucristo”16 (Efesios 2.8).

Bernabé escribió: “Para eso el Señor entregó su cuerpo a la corrupción, para que seamos santificados por el perdón de los pecados, por medio de su sangre.”17

Justino escribió: “Nuestro Cristo, quien sufrió y fue crucificado, no cayó bajo la maldición de la ley. Al contrario, él manifestó que sólo él podrá salvar a los que no se aparten de su fe. . . . Como la sangre de la pascua salvó a los que estaban en Egipto, así mismo la sangre de Cristo salva de la muerte a los que creen.”18

Clemente de Alejandría escribió: “Sigue que hay un solo don inmutable de salvación dado por un Dios, por medio de un Señor, pero ese don abarca muchos beneficios.”19 Y otra vez: “Abraham no fue justificado por obras, sino por la fe [Romanos 4.3]. Por eso, aunque hicieran buenas obras ahora, de nada les servirá después de la muerte, si no tienen fe.”20

¿Puede tener fe el que tiene obras? Y el que tiene fe, ¿puede tener obras también?

Tal vez usted esté diciendo entre sí: “Ahora sí estoy confundido. Primero dicen que somos salvos por las obras, y luego dicen que somos salvos por la fe o por la gracia. ¡Parece que ellos mismos se contradicen!”

No se contradicen. Nuestro problema está en que Agustín, Lutero y otros teólogos nos han convencido de que hay una contradicción irreconciliable entre ser salvo por gracia y ser salvo por obras. Nos han dicho que hay sólo dos posibilidades en cuanto a cómo ser salvo: o es el don de Dios, o es el premio que ganamos por las obras. En la lógica, esta manera errónea de razonar se conoce como el dilema falso. Es decir, es dilema que uno mismo crea por su manera de pensar.

Los cristianos primitivos hubieran replicado que un don siempre es un don, aunque se concede a uno sólo a condición que obedezca. Supongamos que un rey pida a su hijo que traiga una cesta de fruto del huerto. Después de volver el hijo, el rey le dice que le da la mitad de su reino. ¿Fue don, o fue salario ese galardón? Claro que fue don. El hijo no hubiera podido ganar la mitad del reino de su padre con sólo cumplir un deber tan pequeño. Que el don fue dado a condición que obedeciera el hijo no cambia el hecho de que siempre fue don.

Los cristianos primitivos creyeron que la salvación es don de Dios, pero también creyeron que Dios da ese don a quien él quiere. Y él ha querido darlo sólo a aquellos que le aman y le obedecen.

¿Es eso tan difícil de entender? No decimos nosotros a veces que la asistencia social se debe dar sólo a aquellos que la merecen. Cuando decimos que la merecen, ¿estamos diciendo que la asistencia es un salario que ganan? Claro que no. La asistencia social siempre es un don. Y si brindamos nuestros dones sólo a las personas que consideramos dignas de recibirlos, siempre son dones. No son salario.

“Sí, pero la Biblia dice . . .”

Hace poco cuando yo explicaba a un grupo de creyentes lo que los cristianos primitivos creían acerca de la salvación, una mujer se puso un poco molesta. De repente exclamó: “Me parece que a ellos les faltaba leer la Biblia”.

Pero los cristianos primitivos sí leían la Biblia. Josh McDowell confirma ese hecho muy bien en su libro, Evidence That Demands a Verdict:

  • “J. Herold Greenlee dice que los escritores cristianos primitivos ‘citaron tanto el Nuevo Testamento que uno pudiera reconstruir casi todo el Nuevo Testamento sin referirse a los manuscritos.’ . . .
  • Clemente de Alejandría (150-212 d. de J.C.). En 2.400 citas cita de todos los libros del Nuevo Testamento menos tres.
  • Tertuliano (160-222 d. de J.C.) era un anciano de la iglesia en Cartago y cita el Nuevo Testamento más de 7000 veces. De esas citas, más de 3.800 son de los evangelios. . . .
  • “Geisler y Nix concluyen con razón que ‘contar rápidamente lo que sabemos hasta ahora revela que hay más de 32.000 citas del Nuevo Testamento antes de la fecha del concilio de Nicea (325)’.”21

Así que les suplico que no acusen a los cristianos primitivos de no leer la Biblia. Estos cristianos bien sabían lo que Pablo escribió acerca de la salvación y la gracia. Pablo enseñó personalmente a ciertos de ellos, como Clemente de Roma. Pero los cristianos primitivos no elevaron los escritos de Pablo en Romanos y Gálatas más que las enseñanzas de los otros apóstoles y de Jesús. Cuando leían la enseñanza de Pablo acerca de la gracia, se acordaban también de otras escrituras, como las siguientes:

  • “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7.21).
  • “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24.13).
  • “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5.28-29).
  • “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22.12).
  • “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4.16).

Al final de este capítulo doy una lista de otros pasajes que citaron.

Así que no es problema de creer las Escrituras, sino de interpretarlas. La Biblia dice que somos “salvos por gracia por medio de la fe, y eso no de [nosotros], pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2.8-9). Pero la Biblia también dice que “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2.24). Nuestra doctrina sobre la salvación acepta la primera de estas declaraciones, pero niega la segunda. La doctrina de los cristianos primitivos dio igual valor a ambas declaraciones.

Como dije anteriormente, los cristianos primitivos no creyeron que el hombre está totalmente depravado e incapaz de hacer lo bueno. Enseñaron que los hombres somos capaces de obedecer a Dios y amarlo. Pero también creyeron que es imposible que sigamos obedeciendo a Dios toda la vida sin la ayuda de Dios. Para ellos, la obediencia no dependía exclusivamente del poder humano; tampoco dependía exclusivamente del poder de Dios. Dependía de una combinación de ambos elementos.

Y ellos entendieron la salvación de semejante manera. De pura gracia Dios ofrece a todos el don del nuevo nacimiento, lo cual nos hace hijos de Dios y herederos de la promesa de la vida eterna. No tenemos que alcanzar cierto nivel de justicia primero. No tenemos que hacer nada para ganar el nuevo nacimiento. No tenemos que propiciar todos los pecados que hemos cometido. Dios borra todo nuestro pasado—de pura gracia. En verdad, somos salvos por gracia, no por obras, así como escribió Pablo.

Sin embargo, los cristianos primitivos sostenían que nosotros también desempeñamos un papel en nuestra salvación. Primero, tenemos que arrepentirnos y creer en Cristo como nuestro Señor y Salvador para poder recibir la gracia de Dios. Y habiendo recibido el nuevo nacimiento, también tenemos que obedecer a Cristo. Aun así, nuestra obediencia también depende de la gracia de Dios que nos brinda poder y perdón. De esta manera, la salvación comienza con la gracia y termina con la gracia. Pero en medio va la parte del hombre, la fidelidad y la obediencia. En el fondo, entonces, la salvación depende de Dios y depende del hombre. Por eso decía Santiago que somos salvos por las obras, y no sólo por la fe.

¿Puede volver a perderse el que es salvo?

Ya hemos visto que los cristianos primitivos creyeron que tenemos que seguir en fe y obediencia si vamos a ser salvos. Lógicamente, entonces, creyeron que una vez salvos podemos volver a perdernos. Por ejemplo, Ireneo, el alumno de Policarpo, escribió: “Cristo no volverá a morir por aquellos que cometen pecado, pues la muerte no se enseñorea más de él. . . . Por eso no debemos jactarnos. . . . Pero sí debemos cuidarnos, para que no dejemos de alcanzar el perdón de pecados y seamos excluidos de su reino. Esto pudiera sucedernos, aunque hubiéramos llegado a conocer a Cristo, si hiciéramos lo que a Dios no le agrada.”22 (Hebreos 6:4-6).

Tertuliano escribió: “Hay personas que actúan como si Dios estuviera bajo obligación de brindar sus dones aun a aquellos que no son dignos de ellos. Convierten la generosidad de Dios en una esclavitud. . . . Porque después, ¿no caen muchos de la gracia de Dios? ¿No se les quita el don que habían recibido?”23

Cipriano escribió a sus compañeros creyentes: “Está escrito: ‘El que persevere hasta el fin, éste será salvo’ [Mateo 10.22]. Lo que precede el fin no es más que un paso en la subida a la cumbre de la salvación. No es el fin de la carrera lo cual nos gana el resultado final de la subida.”24

Muy a menudo los cristianos primitivos citaron el pasaje de la Biblia que encontramos en Hebreos 10.26: “Porque si pecáramos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados.” Los predicadores de hoy muchas veces nos dicen que este pasaje no se refiere a personas ya salvas. Si esto fuera el caso, el escritor no supo comunicarlo a sus lectores. Todos los cristianos primitivos entendieron que este pasaje habla de los que ya son salvos.

Puede que usted crea que los cristianos primitivos vivieron siempre sin ninguna seguridad de su salvación. Pero definitivamente no fue así. Aunque creyeron que el Padre celestial pudiera desheredarlos si deseaba hacerlo, el tono de todos sus escritos muestra que no vivieron temerosos de perder su herencia espiritual. ¿Se afana y se preocupa el hijo obediente de que su padre natural pueda desheredarlo?

Los que predicaron la salvación sólo por gracia

Usted puede estar extrañado de lo que he escrito hasta ahora, pero lo que voy a decir ahora es aun más extraño. Había un grupo religioso, llamados herejes por los cristianos primitivos, que disputaba fuertemente esta doctrina de la iglesia sobre la salvación y las obras. En oposición a los cristianos primitivos, enseñaban que el hombre está totalmente depravado, que somos salvos por gracia solamente, que las obras no tienen que ver con la salvación, y que una vez salvos no podemos perder la salvación.

Sé lo que usted pueda estar pensando: “Ese grupo de ‘herejes’ eran los cristianos verdaderos, y los cristianos ‘ortodoxos’ eran los herejes. Pero tal conclusión es imposible. Digo que es imposible concluir que los herejes fueran cristianos porque al decir “herejes” me refiero a los gnósticos. La palabra griega gnosis quiere decir “ciencia”, y los gnósticos decían que Dios les había revelado un conocimiento más profundo que los cristianos primitivos no tenían. Cada maestro gnóstico tenía su propia enseñanza, pero todos más o menos concordaban en decir que el Creador era un Dios distinto al Padre de nuestro Señor Jesús. Este Dios inferior, según ellos, había creado el mundo sin el permiso del Padre celestial. Y esa creación fue una gran equivocación, y el hombre como resultado está totalmente depravado. Ellos decían que el Dios del Antiguo Testamento era ese Creador inferior, y que no es el mismo gran Dios del Nuevo Testamento.

Según ellos, los hombres somos creación de ese Dios inferior, y por lo tanto no tenemos capacidad ninguna de hacer lo mínimo para alcanzar la salvación. Fue una suerte para nosotros que el Padre de nuestro Señor Jesucristo tuvo piedad de nosotros y mandó a su Hijo para salvarnos. Pero porque nuestro cuerpo está depravado sin remedio, el Hijo de Dios no pudo hacerse hombre en realidad. No, sólo tomó la apariencia de un hombre, pero no era hombre en realidad. No murió en realidad, y no resucitó. Y ya que somos, según ellos, pecadores hasta el fondo, nosotros no podemos hacer nada para alcanzar la salvación. Más bien, somos salvos sólo por la gracia del Padre.25

Si usted todavía cree que tales maestros puedan haber sido cristianos también, note ahora lo que el apóstol Juan escribió acerca de ellos: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo” (2 Juan 7). Los gnósticos eran los maestros que negaban que Jesús había venido en carne, y a ellos se refiere Juan. El los califica, sin lugar a dudas, de ser engañadores y anticristos.

De esta manera, si nuestra doctrina sobre la salvación fuera verdad, tuviéramos que enfrentarnos con la realidad inquietante que esta doctrina fue enseñada por los “herejes” y los “anticristos”. Sólo muchos años después fue adoptada por la iglesia.

Los cristianos primitivos basaron su entendimiento de la salvación sobre los siguientes pasajes, y otros semejantes: “El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6.8-9). “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5.10). “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5.5). “Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará” (2 Timoteo 2.12). “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4.11). “Porque os es necesario la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10.36). “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (2 Pedro 2.20-21).

BIBLIOGRAFIA

  • 1.  Francis A. Schaeffer, How Should We Then Live? (Old Tappan, NJ, E.E. U.U.: Fleming H. Revell Company, 1976), pp. 31, 32.
  • 2.  “En el año duodécimo del mismo reinado, Clemente sucedió a Anenclecio después de que éste había servido como obispo de la iglesia de Roma por doce años. El apóstol en su carta a los Filipenses nos informa que este mismo Clemente fue colaborador suyo. Sus palabras son las siguientes: ‘Con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida’. Aún existe una epístola de este Clemente que se reconoce como auténtica.” Eusebio, History of the Church, tomo 3, capítulos 15, 16.
  • Ireneo escribió lo siguiente acerca de Clemente: “De este hombre, como había sido bendecido con los apóstoles, y los había conocido, de él se puede decir que todavía tenía las predicaciones de los apóstoles resonando [en sus oídos], y sus tradiciones delante de sus ojos.” Ireneo, Heresies, tomo 3, capítulo 3, sección 3.
  • Clemente de Alejandría estimaba la carta a los corintios, escrito por Clemente de Roma, como si fuera parte de la Sagrada Escritura, y se refirió al escritor como “el apóstol Clemente.” Clemente de Alejandría, Miscellanies, tomo 4, capítulo 17.
  • Orígenes describe a Clemente como “un discípulo de los apóstoles.” Orígenes, First Things, tomo 2, capítulo 3, sección 6.
  • “(30‑100 d. de J.C.) Clemente probablemente fue gentil y ciudadano romano. Parece que estaba en Filipos con San Pablo (57 d. de J.C.) cuando el primogénito de las iglesias occidentales estaba soportando grandes pruebas por su fe.” A. Cleveland Coxe, The Ante-Nicene Fathers, tomo 1, “Introductory Note to the First Epistle of Clement to the Corinthians” (Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1985), p. 1.
  • “Clemente, un nombre de gran celebridad en la antigüedad, fue un discípulo de Pablo y de Pedro, a quienes él señala como los ejemplos principales para ser imitados.” Philip Schaff, History of the Christian Church, tomo 2 (Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1910), p. 637.
  • 3.  Clemente de Roma, Letter to the Corinthians, capítulos 34, 35.
  • 4.  Policarpo, Letter to the Philippians, capítulo 2.
  • 5.  Bernabé, Letter of Barnabas, capítulo 21.
  • 6.  Hermes, Shepherd, tomo 2, comm. 7; tomo 3, sim. 10, capítulo 2.
  • 7.  Justino, First Apology, capítulo 10.
  • 8.  Clemente, Exhortation to the Heathen, capítulo 11.
  • 9.  Clemente, Rich Man, capítulos 1, 2.
  • 10.  Orígenes, First Things, prefacio, capítulo 5.
  • 11.  Hipólito, Fragments from Commentaries, “On Proverbs”.
  • 12.  Hipólito, Against Plato, sección 3
  • 13.  Cipriano, Unity of the Church, sección 15.
  • 14.  Lactancio, Institutes, tomo 7, capítulo 5.
  • 15.  Clemente de Roma, Corinthians, capítulo 32.
  • 16.  Policarpo, Philippians, capítulo 1.
  • 17.  Bernabé, Letter, capítulo 5.
  • 18.  Justino, Trypho, capítulo 111.
  • 19.  Clemente, Miscellanies, tomo 6, capítulo 13.
  • 20.  Ibid., tomo 1, capítulo 7.
  • 21.  Josh McDowell, Evidence that Demands a Verdict (San Bernadino, CA, E.E. U.U.: Here’s Life Publishers, Inc., 1972) pp. 50-52.
  • 22.  Ireneo, Against Heresies, tomo 4, capítulo 27, sección 2.
  • 23.  Tertuliano, On Repentance, capítulo 6.
  • 24.  Cipriano, Unity of the Church, sección 21.
  • 25.  Tertuliano, On the Resurrection of the Flesh, capítulo 4; Against the Valentinians, capítulos 24-30; Against Marcion, tomo 1, capítulos 2, 13, 17-21; Ireneo, Against Heresies, tomo 1, capítulos 5, 6, 24-27; tomo 4, capítulos 28, 29.
  • 26.  Los cristianos primitivos también citaron las siguientes Escrituras: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Juan 15.10); “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8.31); “El que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8.51); “Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber” (Mateo 25.33-35); “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará. . . . El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15.1-2, 6). “El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Romanos 2.6-7); “Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15.2); “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12.25); “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1.12).

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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6 respuestas a Lo que creyeron acerca de la salvación -6-

  1. Walter dijo:

    La salvacion obviamente es solo por gracia, pero despues de haber recibido este don,vienen las obras(porque el Espiritu Santo te impulsa).por eso Jesus cuando reprende a la Iglesia de Efeso en Apocalipsis 2, le dice:haz las primeras obras.el problema de los calvinistas y otros grupos cristianos es que han creido a pie juntillas lo que calvino enseño y cuando se trata de evangelismo no salen a la calle porque dicen que Cristo murio solo por los escogidos y los escogidos algun dia conoceran a Cristo.tambien dicen que ayunar es inutil porque es una “obra” y por obras nadie se salva. eso si que es una confusion.estoy seguro que muchos cristianos primitivos sufrieron por hacer y cumplir las obras que Cristo les encomendo.

    • Saludos queridos hermanos, me gustaria desmentir un mito que existe acerca de los que creemos en las doctrinas de la gracia o como nos llaman algunos “calvinistas”.
      1. Nadie “merece” la salvación, por cuanto TODOS somos pecadores y si merecemos la condenación del infierno, por lo cual Dios es soberano en decretar quien se salva o no, ya que en su presciencia el sabe quien cree y quien no, por eso tu le puedes predicar el mismo mensaje a 2 personas y una lo recibirá con gozo y otro lo rechazará.
      2. La salvación es un regalo por eso Dios es soberano a quien se la da, y por el hecho de no concederla a alguna persona no esta siendo injusto ya que de por si ninguno la merece ya que todos hemos rechazado a Dios ya sea con palabras o con hechos.
      4. Dios no me salvo por ser mejor que los demás o mas inteligente o menos pecador, al contrario, se que si fuera por mi mismo seguiría revolcándome en el mundo, pero en algún momento EL usó a una persona que me compartió las buenas nuevas y EL hizo algo en mi que reconociera que vivía en pecado y estaba muerto y necesitaba reconciliarme con Dios.
      3. lo que dicen acerca de que los “calvinistas” no evangelizamos es una total mentira, ya que NADIE, sino solo Dios, sabe quien va a ser salvo, por lo cual es necesario evangelizar a toda criatura, si no compartimos el mensaje de salvación estamos quebrantando un mandato de Dios (Mateo 28:19), Lo que no hacemos es engañar al mundo diciendole “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida, repite esta oracion y ya serás salvo”, NO, nosotros le decimos quien es esa persona ante los ojos de Dios y que destino le espera si sigue como va, pero le decimos también que Dios en su infinito amor y misericordia le da la oportunidad de salvarse si cree en EL y se arrepiente y aparta de todos sus pecados.
      4. Con respecto a los ayunos, he aprendido que esta practica ha sido mal usada por los cristianos ya que lo usan como una estrategia para “torcerle” el brazo a Dios y que EL les conceda sus caprichos y deseos, ai uno lee las Escrituras, encontrará que el ayuno se utilizó cuando el pueblo se había apartado de Dios y quería volver a EL en arrepentimiento y cuando estaba en aflicción.
      5. lo que en resumen si enseña el “calvinismo”, es que Dios escoge soberanamente a sus hijos, los limpia, santifica y capacita y les concede la salvación una vez y para siempre, por lo cual una persona que ha sido salvada por Dios no volvera a revolcarse en el lodo, ciertamente pecará pero no volverá a la practica del pecado y Dios no lo dejara pecar impunemente, el Espiritu Santo lo redarguyera y lo volverá a sus caminos.

  2. He leído con interés este libro que comparte el pastor fumero y he aprendido mucho sobre los primeros cristianos y he sido exhortado, sin embargo, debemos tener cuidado y no tragar entero, ya que desafortunadamente lo que decían los primeros cristianos no podemos considerarlo inspirado, por no encontrarse en las Escrituras, adcionalmente mirando la biografia del autor, encontramos que ha sido una persona que viene de un trasfondo no muy claro, fue testigo de jehova, luego perteneció a la iglesia anglicana y es simpatizante de los anabaptistas, por lo cual debemos tener cuidado y discernir bien lo que leemos ya que al ser un ser humano como nosotros puede tener una visión sesgada y colocar solo lo que a el le parece que es correcto o desde sus perspectiva, por ejemplo me causa curiosidad que no trate un tema como el de la trinidad, algo muy discutido por muchos grupos religiosos y denominaciones y que sin duda los primeros cristiano debian tener algo que decir.

  3. Walter dijo:

    Camilo del Valle, no es ningun “mito” lo que creen los calvinistas.naci en una Iglesia Bautista y antes de regresar de USA a mi pais termine en una Iglesia Bautista y creeme lo vivi en carne propia.ni que hablar de los dones del Espiritu Santo,ni lo nombran.ninguna de esas Iglesia tenian grupo evangelistico ni tampoco ayunaban.no es un mito es una realidad.la salvacion es por gracia pero cuando recibimos el Espiritu Santo somos impulsados a hacer obras. la paz de Dios.

    • Yo vengo de un trasfondo carismático pentecostal, y desde hace un año decidimos con mi esposa congregarnos en una iglesia reformada.
      Todos los verdaderos creyentes somos bautizados por el Espíritu Santo al momento del nuevo nacimiento,y es EL el que nos ayuda en nuestra regeneración, a caminar con Dios a desarrollar los frutos del Espíritu Santo.
      La situacion de la iglesia en los EEUU es definitivamente dificil, pero no en todos lados es así, las iglesias en Colombia por ejemplo las iglesias ( reformadas), trabajan activamente en el evangelismo y predicación del evangelio.
      Muchas de las publicaciones de este blog y el contenido de sana doctrina que circula en la actualidad, en su mayoria proviene de autores reformados como jhon macarthur, jhon piper, sugel michelen, paul washer,R.C. Sproul,etc
      Yo conozco a muchísimas personas que dicen hablar en lenguas, se caen al piso, vomitan y todo eso, pero su vida personal es un desastre y su testimonio como creyentes deja mucho que desear, porque les enseñan solo a confiar en si mismos y no a confiar en Dios, a “reclamar las bendiciones de Dios”, pero no les enseñan la obediencia a su Palabra y las consecuencias de la desobediencia, les enseñan a “anular y rechazar” cualquier circunstancia adversa en sus vida, pero no les enseñan acerca de la soberanía de Dios de que Dios permite todas las circunstancias con un propósito y de que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan para bien. Mas que anhelar los dones sobrenaturales, el creyente debe pedir desarrollar los frutos del Espíritu Santo (amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, Bondad, fidelidad, humildad y Dominio Propio), y sin olvidar que los dones no se limitan solo a lenguas, profecías y milagros, también existen otros que son igual de relevantes y se podría decir que aún mas porque son para beneficio de toda la iglesia y son los de romanos 12: 6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
      Con respecto al ayuno reitero que esta practica ha sido mal usada con el fin de obtener lo que quieren aún si no es la voluntad de Dios, es como querer torcerle el brazo a Dios, en el contexto bíblico el ayuno fue usado como señal de arrepentimiento del pecado y pidiéndole perdón a Dios, de tal manera de que Dios detuviera el juicio que había decretado sobre su pueblo.
      El poder de Dios está en su Palabra, que es capaz de producir el milagro mas grande de todos, tomar el corazón ennegrecido y endurecido de un pecador y transformarlo en un nuevo corazón , cosa que ni los milagros ni los prodigios pueden hacer, un milagro no tiene el poder de convertir a una persona y el evangelio da testimonio de eso (los 10 leprosos por ejemplo).
      Por último me gustaria agregar algo, los católicos ahoran hablan en lenguas y se caen al suelo, aunque hoy mas que nunca adoran a maria, comenten idolatrias y no han tenido acceso al evangelio, entonces el hecho de caerse al suelo quiere decir que son salvos? por otra parte en la india y otros paises paganos se ven multitudes de fenómenos parecidos de personas hablando en lenguas y con manifestaciones muy similares a las de los carismáticos, acaso ellos también fueron tomados por el Espíritu???

  4. Yehobe dijo:

    He podido encontrar este libro en formato PDF, aquí les comparto la liga:
    http://www.elcristianismoprimitivo.com/Cuando%20el%20cristianismo%20era%20nuevo.pdf
    Bendiciones en Cristo.

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