Mario E. Fumero
Honduras confronta a nivel mundial una serie de problemas relacionados con la inseguridad y violencia que arrojan cifras tan altas, que nos colocan a la palestra de ser uno de los países más violentos y corruptos del mundo.
El Estado gasta mejorar la seguridad, sistema judicial, cárceles y atención a la niñez y juventud en riesgo social millones de millones de dólares. Sin embargo, los resultados en cuanto a la seguridad del país es mínimo. Hoy tenemos más drogadictos, muertos, violencia familiar, tráfico de menores, migración incontrolada y crímenes que nunca en la historia. ¿Por qué los esfuerzos del gobierno no dan los resultados esperados? ¿Pueden las leyes duras, cárceles, persecución al narcotraficante, represión y persuasión, resuelven este problema a fondo? Invertimos mucho en remedial el efecto, sin embargo, poco se hace para atacar las causas que lo generan.
Hoy el Proyecto Victoria celebra su XVI maratón atlético, como culminación de una amplia campaña de prevención contra las droga, alcoholismo y violencia en colegios, institutos y escuelas públicas de la capital, para decirle al mundo entero, y al gobierno, que es necesario atacar la violencia, drogas y trata de personas yendo a las causas y raíces que la originan, y no solamente actuar remediando el efecto. Estamos convencido que tales medidas no remediaran a fondo el origen del mismo.
Las causas de la inseguridad se hace evidente en las estadísticas que sociológicamente hemos establecido. ¿Qué podemos esperar de una sociedad en donde más del 70% de los niños que nacen proceden y viven en hogares disfuncionales? Los males que padecemos están en el hogar.
Veamos las cifras desglosadas y las causas del mal: 45% de niños que nacen son hijos de madres solteras. Un promedio de 25% de los niños son abandonados por sus padres, debido a la migración ilegal. Un 33% de los matrimonios terminan en divorcios. Un promedio de 18% de menores son abusados sexualmente, y niñas son embarazadas y se convierten en madres a los 12 y 15 años. Estos originan los grupos de riesgos para la inseguridad. Un 40% de los que vivían en los campos emigran a los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Un 24% de menores son explotados y abusados físicamente, y para colmo, tenemos unas leyes de protección al menor que no define deberes, y les otorga derechos que en algunos aspectos desarman a los padres, maestros y autoridades para imponer valores y temor a través de las demandas y los deberes ciudadanos.
Señores del Congreso. Señor Presidente y del Poder Ejecutivo. Ciudadanos y medios de comunicación. Todavía hay tiempo de remediar el mal. Sin dejar la presión sobre la delincuencia y crimen organizado, comencemos a restaurar la unidad familiar, el temor a Dios, y el respeto a nuestros antiguos valores, los cuales se han olvidado, debido al materialismo y humanismo secular. Ataquemos las causas, para no tener que remediar los efectos.
Tegucigalpa, 24 de agosto del 2014


Hermano Mario,
Es con mucha pena que leí acerca de las problemas y desafíos de Honduras! No sabía que hay tantas. Yo estaba en su país siete días en julio con 35 otros de Nashville, TN. Hemos viajado a Honduras 3 veces para ayudar a los pobres y animar a la gente y a las iglesias. Nosotros construimos casas, damos comida, compartimos y damos La Palabra, visitamos a los hospitales, ayudamos a los huérfanos. ¡Ha sido un gran placer y honor ayudar a la gente de tu país! ¡Que Dios bendiga a ustedes y a su país!
Frank