POR QUÉ CREO EN EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Lupa protestante – escrito por Juan María Tellería ·

Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. (Mt 28,19 RVR60)

trinidad2El día 7 de los corrientes, según se lee en la revista Protestante Digital, el CEM (Consejo Evangélico de la Comunidad de Madrid), reunido en asamblea extraordinaria, hacía dos declaraciones en relación con la identidad cristiana y evangélica que creía necesarias. Y las formulaba desde el punto de vista más ortodoxo, más conservador, se podría decir, con todas las connotaciones, positivas o negativas, que tales calificativos pudieran implicar. La segunda trata acerca del orden moral, más concretamente de la ética sexual cristiana; y la primera, que es aquélla que nos ha llamado a compartir esta reflexión, entra en el terreno doctrinal, y si afinamos un poco más, diremos que es una declaración trinitaria. Las palabras literales, tal como las ha difundido esa publicación digital, son las siguientes:

Somos trinitarios en cuanto considerar la Trinidad como verdad central sobre la naturaleza de Dios, un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por ello, aceptamos plenamente el bautismo realizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Lo que ha motivado tal toma de posición ha sido, al parecer, la realidad de ciertas congregaciones postulantes a la membresía del CEM, pero que no profesan creencia alguna en la Trinidad y que bautizan únicamente en el nombre de Jesús, como, según se dice, hacían también algunas asambleas cristianas de los primeros tiempos (Hch 2,38; 8,37[1]; 10,48; 19,5). Y es que, según se constata, el unitarismo, vale decir, la negación de la doctrina trinitaria, es hoy por hoy una realidad en bastantes denominaciones evangélicas procedentes del continente americano, que se hace palpable también en nuestro suelo.

Ni que decir tiene que esta publicación del CEM ha suscitado ya en las redes sociales comentarios de todo tipo y sus discusiones correspondientes, con tomas de posición (algunas más radicales que otras) y críticas de todos los colores. Todo ello, que en principio es positivo —emitir críticas sobre algo que ha sido publicado implica, por lo menos, dos factores: primero, que se ha leído; segundo, que se muestra cierta capacidad de comprensión de lo tratado—, nos ha obligado a replantearnos el porqué de nuestra aceptación personal de esta doctrina, o mejor, de este dogma de fe trinitario que profesamos, no sólo por adhesión intelectual a nuestra denominación, sino por convicción personal. Porque ni el trinitarismo ni el unitarismo son simples “modas teológicas pasajeras”, como se podría pensar. El primero tiene a su favor una larga serie de declaraciones ortodoxas, desde las primeras formulaciones, allá por los siglos finales de la Antigüedad, hasta las confesiones de fe reformadas y otras más recientes[2]. Y el segundo, reconozcámoslo sin rubores, se cimenta en algo tan simple como la constatación de que la Biblia no contiene jamás declaración alguna a favor del dogma trinitario tal cual[3], además de en la propia razón humana: si creemos en un solo Dios, pues ha de ser un Dios único. Eso es lo que significa ser monoteísta, y el cristianismo, al igual que el judaísmo y el islam, es una religión monoteísta.

Puesto que nos vienen a la mente, cómo no, recuerdos de nuestra época de joven seminarista, cuando estudiábamos con atención (y con ese deseo tan humano de obtener buenas calificaciones) las disputas trinitarias en la Antigüedad cristiana, con sus declaraciones conciliares cruzadas y entrecruzadas, sus Orígenes de Alejandría, sus Arrios, sus Eusebios, sus Pablos de Samosata y sus Atanasios, sus herejes y sus defensores de la fe, sus discusiones adopcionistas, modalistas, patripasianas, monofisitas, monotelitas y pneumatómacas, sus omoûsios y sus omoiûsios, sus acusaciones de diteísmo y triteísmo, sus personas y sus uniones hipostáticas, preferimos, sinceramente, no entrar de nuevo en esos terrenos. No porque los consideremos negativos, sino porque su complicación conceptual en nada nos ayuda a definir por qué hoy estamos convencidos de la verdad del dogma trinitario. Ni siquiera nos posicionamos a favor o en contra del controvertido término persona[4], que tanto ha dado que hablar, o de la solución propuesta en su día por Karl Barth (Seinweise o “modo de ser”[5]), sin duda muy acertada. Nuestra reflexión va por otros derroteros.

Ya lo hemos dicho antes. Lo repetimos sin ánimo de ofender: las Sagradas Escrituras no enuncian jamás el dogma trinitario tal como se recoge en credos, confesiones de fe o catecismos. No constituía, desde luego, una preocupación para los apóstoles y los autores del Nuevo Testamento. De hecho, alguien ha dicho, y probablemente con gran tino, que autores como Marcos en su Evangelio o Pablo en sus epístolas darían la impresión de un claro adopcionismo en lo que toca a la relación de Dios con Jesús. Sólo el Evangelio de Juan rompería esa tendencia de la Iglesia antigua al presentar una clara teología del Verbo, una teología encarnacional. Y en lo referente al Espíritu Santo, pues todavía es mayor la oscuridad. El Jesús de Juan aún dirá en un conocido pasaje Yo y el Padre uno somos (Jn 10,30[6]), pero el Paráclito, que no hablará por su propia cuenta (Jn 16,13), es alguien que procede del Padre (15,26), sin más[7], y de quien en ningún pasaje se predica una igualdad absoluta con el Padre y el Hijo. La polémica está servida, desde luego, pues tan sólo el versículo de Mateo con que encabezamos esta reflexión, y algún que otro texto doxológico perdido del estilo de 2Co 13,14, parecen equiparar a Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo.

Ante la realidad de tan escaso material y tan disperso, tan poco concreto, que nos permitiera formular un dogma trinitario bien anclado, y la declaración lapidaria de Dt 6,4-5, el famoso Shemá del judaísmo, aceptado sin discusión alguna por el propio Jesús (Mt 22,37; Mc 12,29-30; Lc 10,27), se entiende perfectamente el unitarismo. Es más, la fe cristiana habría de ser unitaria. Sería lo propio. Pero no puede serlo.

En primer lugar, el razonamiento que entiende a Dios como un ser único en el que cualquier división interna o diferenciación personal en su naturaleza y esencia constituya un contrasentido, es correcto desde el punto de vista humano; más concretamente, desde el punto de vista humano occidental, es decir, con un pensamiento modelado por la filosofía y la lógica griegas, por el aristotelismo del motor que mueve sin ser movido, y que, dígase lo que se quiera, está en la base de religiones como el judaísmo y el islam[8]. Ese Dios estrictamente único se adapta bien a las categorías mentales del hombre racional, es decir, de aquél que ha llegado a cierto desarrollo en la evolución del pensamiento religioso. Es un Dios, en definitiva, diametralmente opuesto a todo lo absurdo y contradictorio, y por lo tanto, una perfecta imago hominis rationalis. Digámoslo claro: un Dios a quien podemos hacer entrar en un paradigma previo y lógico conforme a nuestros patrones de razonamiento (“si Dios es uno, pues no puede ser dos ni tres, y basta”), no es en realidad el Dios trascendente revelado en las páginas de la Biblia, y muy especialmente en el Nuevo Testamento. Sí puede ser, y de hecho lo es, el Dios del judaísmo, esa divinidad que, aun siendo creadora y señora, aparece atada a la propia Torah, y que, según algunos pasajes talmúdicos, la estudia con esmero. Y también puede ser el Dios del islam, otro peculiar “dios del libro”, que aun siendo el Grande y el Misericordioso, sólo es capaz de moverse y actuar conforme a unos patrones muy estrechos previamente trazados. El Dios que únicamente se muestra como absolutamente único en su naturaleza y esencia, tiene todos los atributos que leemos en los manuales de teología dogmática (eternidad, infinitud, omnipotencia, omnisapiencia, etc.), pero carece de una dimensión fundamental: su misterio, su total y absoluta otredad, es decir, aquello que lo hace diametralmente distinto de cuanto los seres humanos podamos imaginar o concebir sobre él. Es decir, de esa trascendencia que nos obliga a reconocer que ni sabemos ni podemos saber nada acerca de él, y que todo cuanto afirmamos sobre su ser o su actuación es pura entelequia, puro flatus vocis, aunque lo revistamos de altisonantes términos griegos o latinos.

En segundo lugar, las Escrituras del Nuevo Testamento se hacen eco de ciertas contradicciones bien patentes, de ciertos flagrantes contrasentidos cuando se refieren directamente a Dios, o a Jesús, o incluso al Espíritu Santo, que nos obligan a replantearnos de continuo la realidad de lo Divino, aunque siempre tengamos la frustrante sensación de que nos quedamos donde estábamos, sin avanzar nada. Porque el Nuevo Testamento no se limita a mostrarnos a un Dios que, por fidelidad a una alianza antiquísima, viene a nuestro encuentro en una zarza ardiente o nos habla a través de unos siervos escogidos que hoy son y mañana ya no están; lo realmente sorprendente es que el Dios neotestamentario habla y actúa a través de un hombre muy concreto, Jesús de Nazaret, por medio del cual lleva a su culminación la Historia de la Salvación de nuestra especie, y con quien mantiene una relación que trasciende con mucho la que podía haber mantenido en el pasado con Abraham, Moisés, David, Elías o cualquiera de los profetas. Y este Jesús de Nazaret, que por sus orígenes y su extracción social se muestra como cien por cien humano, y se comporta como tal, tiene ciertos “ramalazos” que lo catapultan a otra dimensión: sin tocar para nada el Cuarto Evangelio, por aquello de la teología encarnacional antes mencionada, en los Evangelios Sinópticos encontramos ciertas declaraciones sorprendentes en las que Jesús habla como Dios (Oísteis que fue dicho… pero yo os digo, Mt 5,21-22.27-28), actúa como Dios (Tus pecados te son perdonados, Lc 5,20), y experimenta ciertos fenómenos paranormales en los que se evidencia una naturaleza no humana (la transfiguración o el bautismo), el mayor de los cuales será su propia resurrección, seguida de su ascensión y exaltación. Y este mismo Jesús, en quien sus discípulos reconocen al único capaz de traer la redención a la humanidad (Hch 4,12) y al que llaman Señor y cuya segunda venida esperan (Ap 22,20), enviará el Espíritu, que, si en un principio pareciera un poder desatado e impersonal (elviento recio de Hch 2,2-3), al más puro estilo de las tradiciones veterotestamentarias (cf. Jue 14,6.19), luego el testimonio apostólico lo presentará como una entidad personal y activa en la obra de la salvación de los hombres (Ro 8,26-27).

Lo dicho: demasiadas contradicciones. El Nuevo Testamento no presenta las cosas, en lo referente al tema de la naturaleza divina, con la lógica y el raciocinio que nos gustaría, con los que nos sentiríamos mentalmente cómodos. Lo que hace es confrontarnos de continuo ante un misterio insoluble, ponernos delante de unas realidades que nunca define, que nunca explica, que simplemente se limita a señalar como un desafío permanente a nuestra capacidad de comprensión y un llamado a la humildad.

No tendría sentido hoy, desde luego, condenar a los unitarios de nuestros días estigmatizándolos como herejes diabólicos o arrojándolos de las iglesias, como sucedió en la Antigüedad en las tristemente célebres disputas arrianas. Probablemente, no hay guerra más absurda (ni más cruel y más dañina) que la guerra declarada por motivos religiosos. En nuestra opinión, los antiguos arrianos y cuantos a lo largo de los siglos se han declarado unitarios (como los socinianos de los días de la Reforma) hasta la hodierna UUA (Unitarian Universalist Association of Congregations), han cometido un error: han querido comprender realmente la naturaleza divina aplicando un modelo mental humano (¿y qué otro podrían aplicar?). En una palabra, han caído en un extremo propio de creyentes que desean aprehender a Dios, pero encerrándolo o limitándolo a una dimensión muy terrestre. Personalmente, seguimos creyendo, y creyendo firmemente, en el dogma trinitario, en un Dios que siendo uno solo y único, como dice el Shemá del Deuteronomio, encierra en sí el gran misterio de su pluralidad al que tímidamente apunta la fórmula bautismal mateana. Y sobre todo, el gran misterio de su contradicción intrínseca: por amor a mí y a toda mi gran familia humana, se hizo hombre.

[1] Con sus problemas textuales de todos bien sabidos.

[2] Sirva como botón de muestra el primero de los llamados Treinta y nueve artículos de la Iglesia Anglicana, donde leemos: “Sólo hay un Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, miembros o pasiones; con un poder, sabiduría y bondad infinitas; el Hacedor y Preservador de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. Y en unión con esta divinidad hay tres Personas de una sola sustancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

[3] El famoso comma johannicum (1Jn 5,7) no es hoy admitido como texto original ni siquiera por los más ultraconservadores. Que no se diga que la formación y la cultura no dan sus frutos.

[4] “Tres Personas distintas y un solo Dios Verdadero”, que nos enseñaron en el catecismo nacional (sic) cuando éramos niños.

[5] El genial teólogo suizo entendía que esta definición no daba pie a tantas controversias, y tenía, sin duda, toda la razón.

[6] Hen esmén, o como traduce la Vulgata, unum sumus, o sea, no una misma persona, sino una misma cosa. ¡Y ahora entiéndalo quien pueda!

[7] La famosa cuestión del Filioque, que, pese a los siglos transcurridos, sigue dividiendo más de lo que pensamos la cristiandad ortodoxa oriental de la cristiandad católica y protestante occidental.

[8] Mal que les pese a muchos, el judaísmo alcanzó su forma definitiva a comienzos de la era cristiana, vale decir, en un mundo profundamente helenizado y con claras categorías mentales de tipo griego. La religión judía de las tradiciones talmúdicas no es la misma que profesaban los hebreos de la Biblia, sino una derivación muy posterior. Y el islam, por su lado, se gesta en la mente de alguien que, pese a ser árabe y semita, vivía en continuo contacto con cristianos y judíos profundamente helenizados, de quienes tomó sus líneas fundamentales de pensamiento

 

REFERENCIA

El pastor Juan María Tellería Larrañaga es en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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19 respuestas a POR QUÉ CREO EN EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

  1. dennis dijo:

    unos parientes que pertenecen a la asamblea de dios pentecostal me dijeron que los bautistas no creen en el espíritu santo.
    ¿es esto verdad?

    • dilan dijo:

      Los cultos bautistas son aburridos y sus pastores son unos superficiales.

    • Jonathan dijo:

      No es verdad.

    • Daniel dijo:

      dennis; los bautistas creen en el Espiritu Santo como persona divina, asi como en el resto de la doctrina de la Trinidad. La diferencia con los pentecostales y cualquier otra iglesia “continuasionista”, es que en estas se cree y se practica la vigencia de los dones sobrenaturales del Espiritu Santo; mientras que las iglesias “cesacionistas” consideran que dichos dones han cesado al fin de la era apostolica. Pero tanto pentecostales como bautistas, de ambos grupos, que sean VERDADEROS, SANOS, Y SERIOS, son de Cristo, y van a estar todos juntos en el cielo.
      Bendiciones.

  2. Ernesto dijo:

    Ese es el gran problema de los pentecostales, que se creen ser ellos los elegidos por Dios y que son superiores a los demás.

    • Jonathan dijo:

      Porque no contestate la pregunta, en vez de agarrártelas con los pentecostales? O sea que a este hombre UNA PERSONA LE DIJO ESO…y Ernesto se las atribuye a TODOS LOS PENTECOSTALES! Eso revela un corazón toricdo y pendenciero…

  3. adela dijo:

    Se considera que la iglesia bautista no cree en el espíritu santo por el hecho de que no acepta los dones y carismas del espíritu.

  4. sandy peña dijo:

    Siempre los pentecostales con sus torceduras de la verdad.

  5. sandy peña dijo:

    Adela,la Iglesia bautistas si creen en el espíritu. pero no tiene porque hacer un culto demencial como los pentecostales.
    esta locura que montan los pentecostales no cuenta con respaldo bíblico.
    Se imagina usted a pedro saltando y a juan retorcido y hablando sabe quien que.

    • gt. dijo:

      ¿Tienen intérprete en su iglesia?
      1 cor 14:7-9.
      7 Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.
      1 cor 14:27,28.
      27 Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.28 Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.

      Raba sabada kilabata saja ribaaa siiiivavvvaaaa dadadada saba dababa derrasahaabadibababa dadada.
      Que jerga sin significado se repite en estas iglesias pentecostales.
      En el Pentecostés no se habló jerga balbuceante .
      Hechos2:4-11
      4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
      5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
      6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
      7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
      8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
      9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
      10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
      11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
      La Biblia es clara en esto.

  6. hamley dijo:

    El Gran Engaño Pentecostal (Un Lobo se Confiesa): http://youtu.be/pTwYqRT_1IQ

  7. darío dijo:

    Estamos leyendo el problema mas grande de la iglesia moderna: la pelea interna, en vez de la lucha por las almas. Gastan aliento defendiendo sus creencias en vez de estar dando testimonio de paz, amor, paciencia y unción. Estoy seguro que los que escriben EN CONTRA DE SUS HERMANOS PENTECOSTALES, no se dan cuenta que son hijos de Dios a quienes tiene que bendecir, y no maldecir. Vaya testimonio de odio, ignorancia y malcrianza…

  8. adalberto dijo:

    Se que esto de los falsos maestros es profético.
    Por eso tenemos que cuidarnos de estos Lobos.
    Cuando se lee o escucha las enseñanzas del pastor Daniel Brito vemos en el la mentira descarada. La Iglesia Iberoamericana dónde este falsante radica no es mas que una cueva de saltadores a la que solo su aire nos marearia.
    Este señor Brito también emplea su bloc para dar rienda suelta a sus enseñanzas y cuando algun cristiano maduro lo confronta con la biblia, este lobo lo ataca y después borra todo los comentarios del su interlocutor ,solo deja los de el mismo con calificativos como “apostata”, y asi busca verse como vencedor en la confrontacion.
    Que estilo tiene este alumno del diablo.

  9. caro arias dijo:

    Cuando vamos entendiendo que Dios es uno, como esta en toda la Biblia, una gran verdad, no nos vamos acomodar a herencias religiosas, sino a la verdadera palabr.a de Dios. Dios es uno,uno su nombre, como dice apoc. El es el Rey de Reyes, El Señor de Señores, El que es, El que era y Elque ha de venir , Si a El tu le esperas, lo adoraras solo a El y su nombre es Jesus, por que ante El se doblará toda rodilla,…En el estamos completos, si tu lo crees , lo seguiras por que El mismo es el Espiritu Santo que nos guia en esta epoca, hasta que vuelva de nuevo, . Cuando tienes esta seguridad en tu corazon, estas en la roca y tu casa no se derrumbará. Por eso dijo Jesus: ” El que me ha visto a mi ha visto al Padre” . Cuando estes en la eternidad a quien clamaras?? No podras ver a tres, ni dos, solo Uno. Jesus.

    • Gloria a Dios, Me parece poco creíble, que los hermanos que leen la Santa Biblia no entiendan la Unicidad y plenitud de Dios , Cuando nos pide , Y nos Ordena,,,,Amaras a Jehova tu DIOS , de TODO tu corazón , y de TODA tu alma , y con TODAS tus fuerzas.
      no hay error, todo es TODO, entonces con que parte del corazón , alma o’ fuerzas , podríamos amar a Cristo Jesús ?
      Esta persona , que escribe este articulo, si no ha recibido la REVELACIÓN del NOMBRE , entonces hasta podría ser un infiltrado de Roma y confundiendo a los cristianos.

      • Kevin Jaramillo dijo:

        Reina-Valera 1960
        Juan 14:10-26
        10. ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
        11. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
        12. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.
        13. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
        14. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
        15. Si me amáis, guardad mis mandamientos.
        16. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
        17. el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
        18. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
        19. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.
        20. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
        21. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
        22. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
        23. Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
        24. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
        25. Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
        26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

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