Ángel Bea
“¿No son todos espíritus servidores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos, 1.14)
“No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13.1)
En la Biblia se nos habla de los ángeles. Ellos son seres creados por Dios y servidores suyos. Los ángeles están relacionados con los seres humanos; sobre todo asociados con la historia de la redención de la humanidad. Así los encontramos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Sus funciones fueron variadas; desde llevar mensajes divinos, avisar y guardar de peligros, hasta intervenir milagrosamente en la liberación de algún preso (Hechos 5.19; 12.7)
No sabemos mucho más de la actividad de los ángeles, pero un día sabremos que ellos jugaron un papel importantísimo en nuestra vida cristiana, aun cuando nosotros no nos dimos cuenta. Dicho esto Dios no nos autoriza a nosotros los creyentes, ni a buscar tener contacto con ellos, ni a divinizarlos ni prestarles ningún tipo de adoración; ni igual ni inferior a Dios. Aquí en la ciudad de Córdoba, se le rinde culto al arcangel S. Rafael. Toda la ciudad está llena de altares a ese supuesto ángel. Eso es algo que está prohibido por la Palabra de Dios. (Apoc. 19.9.10; 22.8-9)
Pero aparte de esa referencia a la prohibición de adoración a los ángeles (no importa qué clase de adoración sea) a lo largo de los años he aprendido que muchas personas actúan como ángeles en relación a otras. Al fin y al cabo, el término “ángel” significa mensajero y aunque ellos no lo sepan son como esos mensajeros que algunas personas necesitan en momentos cuando todo es para ellos oscuridad y angustia.
Hace más de veinte años, una mujer me contó que, décadas atrás, estaba tan angustiada que un día del año 1949, se fue con sus tres niños pequeños a la vía del tren para arrojarse con ellos. El mayor, con apenas seis años, se dio cuenta y tirando de su vestido lloraba mientras decía: ¡no, mamá, no! Entonces, una mujer (¿o un ángel?) cuya presencia dijo que la impresionó, por su elevada estatura, la vio llorando al borde de la vía; se acercó a ella y le dijo de forma cariñosa: “Mujer ¿qué vas a hacer? Coge a tus niños y vete a tu casa”.
Ella se dejó llevar por aquellas providenciales palabras de aquella no menos providencial mujer (¿o ángel?) e hizo lo que le dijo: Se marchó a su casa con sus niños. Varias décadas después, seguía angustiada, hasta que se entregó al Señor y encontró la paz. Aunque estaba profundamente dañada ya nunca fue la misma, hasta que partió con el Señor.
En estos días pensaba en ello y pude apreciar -¿en qué medida?- el valor de la presencia y de las palabras de aquella mujer anónima (¿o era un ángel?) por quien no solo se salvaron cuatro personas, sino también sus descendientes… Motivo de grande agradecimiento al Señor es ese por parte de ellos.
¿No deberíamos ser también nosotros como ángeles=mensajeros debuenas nuevas de amor y de gracia, a fin de beneficiar a muchos de cuantos nos rodean que también podrían estar angustiados? Estoy seguro de que esa es la intención y el propósito de Dios, entre otros, para nosotros.


el asunto es que también llevamos un mensaje que les estropea la diversión a gente que se lo pasa de maravilla …y es eso lo que debemos entender , que sin querer hablar …un cristiano de verdad dice mucho más de lo que se da cuenta él mismo .