Mario E. Fumero
Hemos alcanzado adelantes científicos y tecnológicos jamás imaginado. Estamos en la cúspide del progreso, sin embargo, de la misma forma en que hemos progresado, a la vez hemos descendido al nivel más bajo en nuestro uso racional de los recursos naturales, físicos y lógicos. Somos seres con una evolución destructiva y negativa evidente.
Cuando nos volvemos dependiente de la tecnología, sin darnos cuenta, nos hacemos estúpidos y esclavos. Lentamente nuestra mentes se paralizan, para dar paso a la inteligencia artificia. Ya no razonamos, sumamos o restamos, ahora dejamos que los aparatos lo hagan por nosotros. No pensamos por dónde ir, los equipos con GPS nos dirigen. Somos robot viviente en manos de equipos electrónicos creado por nosotros mismos. La inteligencia artificial supera a la inteligencia humana que la creo. Somos esclavos de ellos, y nos volvemos cada vez mas inútiles, vegetando en este mundo vació.
Nuestros hijos, con una tableta y un móvil, viven aislados del mundo externo. Juegan fútbol sentado, por lo cual la obesidad infantil es un serio problema de salud. La Internet, los videojuegos y la televisión nos incomunican como seres humanos, y aunque vivimos bajo un mismo techo, ni nos hablamos. Con un mando a distancia, controlamos todos los equipo electrónicos, por lo que no nos movemos, aumentando el colesterol y la obesidad por falta de ejercicio. Pronto despediremos a los empleados y sirvientes que aun tenemos en nuestras casas, para que un robot inteligente haga los quehaceres del hogar.
Usamos la tecnología para todo, y millones de millones de dólares se usan para buscar agua en el planeta Marte, mientras en África, Asia y regiones de América la gente muere porque carecen de recursos para explotar las agua y limpiarlas de la contaminación.
Hablamos de autos inteligentes y millones de niños no tienen zapatos. Para ser más cómodos, buscamos la comida rápida, y lentamente proliferamos las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Los comerciantes y transnacionales fabrican objetos que tengan una vida corta, pudiendo ser de más larga duración, para mantener el negocio y la explotación a la gente.
Estamos atados a la tecnología a tal grado, que si está fallara, retrocederíamos a la época media. Piense; ¿Qué sería de nosotros si todas las señales de teléfono, internet y comunicación se cayeran, y la energía eléctrica desapareciera? ¿Piense si una falla viral destruyera toda la información de los bancos, y de pronto tus cuentas quedaran borradas? o ¿Que ocurriría si una computadora inteligente o un hacker ordenara una acción destructiva con las armas poderosas hechas por el hombre?
En la vida cristiana hemos visto como las Biblias electrónicas, que nos ayudan a buscar pasajes o palabra difíciles de forma rápida, anulan la de papel, por lo que al leer, no podemos analizar a fondos el texto dentro de su contexto. ¿Y qué tal si fallara el sistema? ¿Cómo quedaríamos? Desarmados. No me cabe la menor duda, estamos más comunicados que nunca, pero las lejos el uno del otro como jamás en la historia de la humanidad. Hemos perdido el calor humano, por dar paso al avance científico. Somos, como dijo cierto pensador, imbéciles gobernados por nuestra propia tecnología, y conducimos a nuestra civilización a su destrucción inminente. Siempre he pensado que «El día que las maquinas usurpen nuestras inteligencia, nos convertiremos en sus esclavos» Mario Fumero
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