SOBRE LA PALABRA DE DIOS (II)

lecturabibliaGÁngel Bea

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”(He.4.12-13)

Comenzábamos nuestro anterior escrito con la pregunta, ¿a qué “palabra de Dios” se refiere el texto leído mencionado más arriba? Y concluimos, que además de referirse a la palabra que Dios el Padre dio a través “del Hijo” (He.1.2) el texto se refiere a las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento. Nuestra argumentación, estuvo basada y  sostenida en el testimonio del mismo Señor Jesucristo (J.5.39; Mt.4.4-6) así como en el de los apóstoles Pablo y Pedro (2ªTi.3.15-17; 2ªP.1.21).

En esta segunda consideración (y las siguientes) vamos a abundar y enfatizar más la idea de que cuando el autor de esta epístola a los Hebreos habla de “la Palabra de Dios” en 4.12-13, se refiere a las Escrituras del Antiguo Testamento, ya que el contexto no permite pensar otra cosa.

Es interesante notar que cuando leemos estos capítulos, generalmente no solemos reparar en la importancia que tienen las citas que el autor usa. Leemos lo que dicen pero no reparamos en la importancia de quién lo dice y a quién lo dice.

Nos referimos, evidentemente a que las citas que el autor de la epístola a los Hebreos usa del Antiguo Testamento, son parte de un diálogo entre Dios el Padre y su Hijo, o el Padre hablando del Hijo o, en alguna otra el Hijo hablando al Padre.

Por ejemplo, sólo en el capítulo 1, tenemos cuatro referencias a declaraciones que hace el Padre al Hijo, y otra en el capítulo 7. Veamos:

  1. “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy…” (He.1.5)
  2. “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo…” (v.8)
  3. “Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.” (v.10)
  4. “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: ‘Siéntate a  mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (v.13)
  5. “Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.
  6. Sin embargo, mientras que las cita aludidas se refieren a las palabras dirigidas por el Padre al Hijo, hay otras citas que nos hablan de palabras que el Hijo dirige al Padre: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: ‘Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocausto y expiaciones por el pecado no te gradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito  de mí’.” (He.10.5-9)
  7. Luego, en 1.6, leemos de una orden divina, dada a los ángeles, respecto de la adoración que deben tributarle al Hijo, puesto que es superior a ellos: “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: ´’Adórenle todos los ángeles de Dios’.”

Ahora, lo sorprendente de estas citas recogidas de las Escrituras del Antiguo Testamento, y cuyas palabras son atribuidas al Padre y al Hijo, es que los que hablaron y/o escribieron en el pasado fueron hombres. Efectivamente. Esto nos habla de lo que siempre se ha dicho acerca de la doble autoría de la Biblia: que por una parte, tiene por autor a Dios y, por otra, a hombres de carne y hueso. Dicho de otra manera: Dios irrumpió en la historia del pueblo escogido revelándose a hombres, respecto de sí mismo y  de su obra salvífica por medio de su Hijo Jesucristo.

En este sentido si vemos las referencias citadas en relación con el lugar donde aparecen, veremos que el que habla/escribe, mayormente es el rey David. Pero ni siquiera él –o los otros escritores- sabían bien acerca de la revelación que estaban recibiendo de parte de Dios cuando profetizaban. Bien dijo el apóstol Pedro, que aunque ellos “profetizaron de esta gracia destinada a vosotros –e- inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación…”  no alcanzaron a saber  acerca de la persona de Jesucristo y del tiempoen el cual había de manifestarse. Por eso el apóstol Pedro añade:

“A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas  por los que  os han predicado  el evangelio por el Espíritu Santo envidado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1ªP.1.10-12)

Hay demasiado implicado aquí. Pero deben cobrar especial importancia para nosotros dos cosas.

1.- La primera la naturaleza espiritual  de aquellos profetas antiguos que, en el decir del apóstol Pedro “administraban esta gracia”. Ellos no pudieron entender gran parte de la revelación que recibieron de parte de Dios; pero ellos sí eran conscientes de que Dios les hablaba y les revelaba sus propósitos. Los “así dice Yahwé” que continuamente aparecen en las páginas del Antiguo Testamento una y otra vez, deberían convencernos de la realidad de lo que dice el autor de la carta a los Hebreos en 1.1: Que, “Dios habló muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas…”

Esa consciencia que ellos tenían de ser usados por Dios, no era el resultado de sus especulaciones (que tanto abundan hoy) ni de los sueños de los  los falsos profetas (que también abundan hoy) cuando decían: “Soñé, soñé…” (Jer.23.25), sino de un trato directo de parte de Dios; a veces muy dramático en la experiencia de sus siervos (Is.6.1-8; Jer.1; Ezq.2-3); y en no pocas  ocasiones tenían que decir y hacer cosas harto desagradables para ellos, poniendo en riesgo sus propias vidas, cuando tenían que denunciar las injusticias y perversiones del pueblo de Dios.

Dicha consciencia de la realidad de la presencia del Espíritu de Dios hablando a través de ellos, la expresó bien el rey David al final de sus días, cuando de forma  clarísima dijo qué era lo que había pasado cuando el Señor lo usó para decir o escribir cosas que,anticipadamente, hablaban “de esta gracia destinada a vosotros…” (1ªP.1.12). El rey David dijo:

“Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto; el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: El Espíritu de Yahwé ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi boca.El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel…” (2ªSm.23.1.6)

El apóstol Pedro, como buen judío instruido en la ley y los profetas, y mucho más por medio del Mesías, sabía esta realidad y definió a David como “profeta” cuando éste tuvo una visión anticipada de la resurrección de Jesucristo:

“Pero –David- siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo…”(Hech.2.25-28 con Salmo 16)

Es así como se confirma que aquellos profetas, no hablaron por su propia cuenta,“sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo impulsados/llevados por el Espíritu Santo” (2ªP.1.20.21)

2.- La segunda cuestión que tenemos que tener en cuenta, es la referencia a que dichos profetas “administraban esta gracia destinada a vosotros”. Pedro con estas palabras está reconociendo que los encargados de la administración de las Revelaciones que Dios iba dando (las comprendieran o no) eran los autorizados para recopilarlas y registrarlas en lo que  conocemos como las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento.

Lo dicho es confirmado por el apóstol Pablo cuando escribió en su carta a los Romanos, sobre el privilegio que podían tener los judíos respecto de otros pueblos.  Porque si bien “Dios no hace acepción de personas” en relación con la salvación (Ro.2.11), sí eligió al pueblo de Israel -entre otras cosas- para que fuese depositario de la palabra de Dios(Ro.3.1-2). Verdad ésta que fue confirmada por el Señor Jesús cuando, en su conversación con la mujer samaritana, le dijo que “la salvación viene de los judíos”, con todo cuanto eso suponía y supone. (J.4.22)

Esa es  la razón por la cual vemos al Señor Jesús haciendo uso de las Escrituras del Antiguo Testamento continuamente. De igual manera, sus discípulos también siguieron su ejemplo reconociéndolas como palabra de Dios. Ya señalamos que el Señor Jesús no solamente afirmó que el tema principal/central de las Sagradas Escrituras era él mismo (J.5.39); pero además, su apelación a ellas le sirvió en su lucha contra el diablo cuando fue tentado por él en el desierto. Él apeló a las Escrituras como palabra de Dios, diciendo por tres veces: “Escrito está Satanás…” (Mt. 4.1-11).

Jesús no era un hombre cualquiera; él era el Verbo encarnado; y si siguiéramos el argumento de muchos hoy día de que el Verbo, como la Palabra de Dios está por encima de la Biblia (lo cual en un sentido es cierto) como tal no hubiera necesitado usar las Sagradas Escrituras en aquel combate espiritual contra el diablo. Al hacerlo, él estaba identificándose con ellas como esa “palabra que sale de la boca de Dios”, confirmando, tanto su origen como su naturaleza. Dios  no puede desdecirse de lo que él ha dicho a lo largo de los siglos. Esa palabra fue reconocida, respetada y obedecida por Jesús, dándonos ejemplo a nosotros, para que hagamos los mismo. Otra cosa es cómo lo hagamos. Pero Jesús no lo hubiera hecho así si las Escrituras no hubieran tenido el valor que él mismo les dio. Al hacerlo, él no estaba cayendo en la “bibliolatría” ni estaba “limitando a Dios” ni “encerrando a Dios” en el “libro” del Antiguo Testamento.

Por otra parte, en las controversias de Jesús con los líderes religiosos, su apelación a las Escrituras daba por concluido todo debate levantado por aquellos con la finalidad de coger en alguna falta al Señor.  Todo eso, además  de señalarles a ellos su  ignorancia fatal, en relación con las Sagradas Escrituras. (Mt.22.23-33).

Terminamos esta segunda parte, con una referencia de Jesús a las Sagradas Escrituras que también fue usada por el autor de la epístola a los Hebreos:

“Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién era hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle nada”  (Mt.22.41-46)

Notemos que en el pasaje citado por el Señor, él…

Reconoce que David habló “en el Espíritu”, lo cual nos habla del carácter inspirado del rey David, tal y cómo hemos visto ya.

También reconoce la doble autoría de la Escritura: Por una parte, humana: David fue el escritor del salmo 110; pero por otra, es Dios el Padre el que habla con el Hijo. Talconversación la conocemos por la intervención de Dios en la historia humana dentro del marco de la historia del pueblo de Israel. Eso en el lenguaje teológico, lo definimos como “revelación”. Pero a la vez, decimos que dicha revelación no nos hubiera llegado, si no hubiera sido registrada en las Sagradas Escrituras. (Aunque tenemos que reconocer, que no todo cuanto está en las Escrituras necesitó de una revelación divina)

Por otra parte, Jesús nos da ejemplo como en tantas otras ocasiones, al citar las Sagradas Escrituras del A. Testamento como la revelación de Dios, en términos generales (Lc.24.27,44-45) y por tanto, como su Palabra. Dicho ejemplo también lo siguieron los apóstoles y el autor de la epístola a los Hebreos, dado que éste también hizo uso de las mismas Escrituras que Jesús. (He.1.13).

Si decimos, pues, que Jesús es nuestro punto de referencia máximo a la hora deinterpretar las Escrituras, sean del Antiguo Testamento como del Nuevo, no deberíamos desestimar su testimonio tan ligeramente, como hoy se suele hacer. Estamos convencidos de que sufriríamos una gran pérdida por adoptar semejante actitud.

Ponemos fin a esta segunda exposición, sin pretensiones de haber abordado todo lo que está implicado en las declaraciones que por nuestra parte hacemos; pero al margen de los problemas textuales y otras consideraciones sobre pasajes difíciles de entender que dejamos para otra ocasión, preferimos abordar el tema que está en debate, de una forma directa tal y cual nos aparece en las mismas Escrituras, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento, atendiendo especialmente al testimonio de nuestro Señor Jesucristo y también de sus apóstoles.

Un saludo

 

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Ángel Bea, Biblia. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a SOBRE LA PALABRA DE DIOS (II)

  1. Pamc Pamc dijo:

    Muchas gracias, DIOS los bendiga hermanos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s