TE DESEO ESTA REBELDÍA

Juan Carlos Oyuela

rebeldiaEstamos en la primera clase del año. Uno de mis alumnos levanta la mano cada dos por tres. Tal vez para poner a prueba la paciencia del maestro, en este caso yo, contradiciendo lo que intentaba decir. Sin darse cuenta, esta actitud me brindó material para abordar el tema del día; el relativismo moral y ético. Este crece en la pereza o conformismo que renuncia a ahondar en lo que sea. Lo importante es mi opinión, buena o mala, ¿qué más da? La verdad de las cosas cede el paso a la apariencia o al capricho. La pereza no permite hacer algo más difícil que criticar. La comodidad y el relativismo también van de la mano. Construir, proponer, hacer, implican esfuerzo y esta es una palabra prohibida para una persona instalada en la pasividad.

Hoy que concluimos el año académico sonrío interiormente. Este mismo grupo de estudiantes me piden unas palabras finales para dejarles alguna lección que valga la pena. Gozo al ver a todos más maduros después de un año de esfuerzo por ser mejores. También el alumno mencionado al inicio no deja de sorprenderme. Después de muchas clases aprendimos a dialogar en lugar de debatir. Con este diálogo nos enriquecimos todos.

Hoy les hablé de la importancia de tener “donde volver”. El hogar precisamente es el lugar donde volvemos a recuperar las fuerzas. También a curar los golpes de las caídas que la vida nos deja. Cuando estamos creciendo, tener un camino  nos permite volver a él cuando lo abandonamos. Ahora quiero completar mis palabras finales con una reflexión sobre la rebeldía.

En el plano intelectual, no existe mayor enemigo que la ignorancia. Frase escuchada de forma repetida. Pero no sabría decir si es más peligrosa todavía la ignorancia activa. El que desconoce su ignorancia y se atreve a emitir juicios y opiniones. “La ignorancia es atrevida”, dicen algunos. En cambio, el estudio hace prudentes a los hombres porque coloca ante los propios ojos lo que falta por aprender. Pareciera una contradicción pero dudar del propio criterio es la mejor forma de adquirir peso y altura intelectual. El estudio produce una sana desconfianza, necesaria para llegar a la sabida conclusión atribuida a los sabios: “Sólo sé que no se nada”.

El relativismo y el estudio son enemigos mortales. La primera batalla para alzar la voz y hacer un aporte que valga la pena es convencerse de nuestra propia ignorancia. Luego, adquirir el hábito intelectual arraigado del estudio. Llenarse de la sabiduría de Dios y de los demás. Luego sigue el trabajo de pensar, reflexionar, ordenar las ideas para hacerlas propias. Solamente después aportar a los demás. Identificada la primera barrera de la ignorancia y hecho el compromiso de superarla con el hábito del estudio podemos pasar a la siguiente etapa.

La mediocridad casi siempre es compañera inseparable del miedo. No atreverse a nada por temor a complicarse la vida. Todos necesitamos fe para arriesgar. Si es una fe en nosotros mismos, pronto comprobaremos que es una base deficiente. Si se trata de una fe profunda en Dios, nada será capaz de detenernos.

Casi todos tenemos buenas ideas y deseos de hacer el bien. Pero los chispazos de buena voluntad muchas veces se ahogan en la falta de fortaleza. Los fantasmas interiores, los espectros de posibles dificultades inventados en nuestra imaginación, sofocan las más brillantes iniciativas. La falta de audacia, el conformismo, el temor a llevar la contraria, limitan tremendamente. Es la vieja tentación de la pasividad. Es más cómodo no hacer, no decir tampoco. Vemos cosas que mejorar, no somos ciegos, pero a veces rehuimos el esfuerzo que comporta implicarnos. Nos dejamos llevar con facilidad por el sueño cómodo del acostumbramiento que paraliza y hace ver excesivamente difíciles todos los retos. La rutina que acepta una y otra vez los mismos errores sin ponerles remedio.

Para despertar esta voluntad dormida, enderezar la voluntad torcida o introducir brillo a esta voluntad languidecida; hacer un esfuerzo de sinceridad con uno mismo. Se reacciona hasta que se llega a reconocer el estado calamitoso, hasta ver la cara espantosa de la propia mediocridad. Esta sinceridad de reconocer las propias fallas lleva de la mano al arrepentimiento y a la enmienda.

La pasividad tiene además otro compañero. El consumismo. El exceso de todo y al mismo tiempo el vacío interior. La carga excesiva de preocupaciones, de intereses y de cosas materiales que no valen la pena. Que desvían la atención hacia lo menos importante. Tener tanto de todo que añadimos la preocupación innecesaria de perder alguna cosa. El estar eternamente distraídos en lo que no aporta nada y que no vale la pena. Es el cansancio de desviar la atención a tantas cosas sin importancia para luego no contar con las energías para lo que sí la tiene. Recibimos tantas notificaciones en nuestro teléfono, por ejemplo, que perdemos la capacidad de concentrarnos en hacer el deber de cada momento.

Rebeldes. No para provocar injusticias. Precisamente para exigirnos dar un aporte que valga la pena y de esta manera demos a los demás lo que en justicia les corresponde. Solamente después atrevernos a exigir nuestros derechos. Si nos planteamos servir pensaremos poco en las exigencias y más en resolver las necesidades ajenas.

Cultivar una buena rebeldía. Expresar nuestra opinión con valentía. Pero con contenido. Tener el atrevimiento de aspirar a la verdad venciendo poco a poco la propia ignorancia con el estudio. Dedicar tiempo a pensar y cuestionar nuestro propio estilo de vida. Vencer el miedo y la pasividad con actos diarios de audacia. Atrevimiento para hacer el bien complicándonos la vida. Rebeldía para servir a los demás. Desprendernos de lo que estorba y llegar a la perfección vaciándonos de lo innecesario.

Solamente de esta manera creeré en tu deseo de levantar la voz y denunciar las injusticias. Nos daremos cuenta que tú y yo tenemos parte de culpa. Al no esforzarnos por vencer las batallas interiores somos cómplices. Al contrario, los grandes avances de nuestra sociedad, a lo largo de los tiempos, comenzaron con victorias imperceptibles en el interior de un grupo pequeño de rebeldes. Estos son algunos de mis deseos para ti en este fin de curso.

Zambrano, 16 de octubre de 2015

@jcoyuela

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Familia, Rebeldía. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a TE DESEO ESTA REBELDÍA

  1. Frank Latimer dijo:

    Ser obediente ,VALIENTE y noble no es ser rebelde , por ejemplo estas mujeres obedecen la norma moral nº1 sin la cual se cae toda ética ….DECIR LA VERDAD cuando todos creen la mentira sin querer creerla pero , tienen miedito de saber la verdad porque implica responsabilidad , estas mujeres son un modelo para cualquiera que se suba a un púlpito o enseñe en una escuela .ya que la mayoría de las veces no es ignorancia sino cara dura y egoísmo y también que generalmente el que se sube a gritar o “explicar”por muy hombre que sea ….tiene miedito ..

    ..TOMEN NOTA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s