LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS SALMOS

salmoLA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS SALMOS

Hno. Daniel Schwing.

En las Sagradas Escrituras el libro de los Salmos es el libro poético por excelencia. Pero mas allá de esto, al leer estos cantos y poemas divinamente inspirados, podemos apreciar la densidad teológica y la profundidad espiritual que en cada uno de ellos se encuentra. Muchas de las principales doctrinas bíblicas se hallan claramente expresadas en este libro del Antiguo Testamento, entre ellas la de la misericordia y el perdón de Dios hacia el hombre pecador.

Una de las verdades enseñadas en los Salmos que debemos considerar de suma importancia, es acerca de la  pecaminosidad del hombre desde su misma concepción. El hombre es un ser caído que manifiesta su inclinación al mal desde la mas temprana infancia. En el Salmos 51:5 dice “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.”; en este breve versículo queda expuesta de manera categórica cual es la condición de todo ser humano en relación con el pecado. Esta condición pecaminosa no solamente se ve en lo pronto que se hace evidente aun en los niños mas pequeños, si no también en la universalidad de este fenómeno. En Salmos 130:3 leemos “JAH, si mirares a los pecados,
¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?”, dando a entender por medio de esta pregunta retorica el hecho que absolutamente todos son pecadores ante un Dios justo y santo. Otra evidencia que demuestra la doctrina de la caída y corrupción del conjunto de la raza humana, es la imposibilidad de toda persona de poder vencer con sus propios medios aquellos yerros, debilidades y contradicciones que imperan en sus propias vidas. En Salmos 65:3 el salmista declara ” Las iniquidades prevalecen contra mí…”, confesando de esta manera su incapacidad de poder superar esa inclinación al mal que es común absolutamente a todos.

Considerando lo dicho hasta aquí, podríamos suponer que solo estamos hablando de cuestiones teológicas que no hacen a la realidad de la vida cotidiana o que no incumben al común de las personas. Sin embargo esto no es así, ya que el poder destructivo y el nivel de sufrimiento que provoca el pecado en la vida del hombre son bien reales y concretos. En los salmos de la Biblia, especialmente aquellos escritos por el rey David, podemos percibir el grado de angustia y desolación al que se puede llegar por causa de la desobediencia a lo establecido por el Señor. En Salmos 38:3-14 leemos “Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, A causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, Ando enlutado todo el día. Porque mis lomos están llenos de ardor, Y nada hay sano en mi carne. Estoy debilitado y molido en gran manera; Gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, Y aun la luz de mis ojos me falta ya. Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, Y mis cercanos se han alejado. Los que buscan mi vida arman lazos, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día. Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, Y en cuya boca no hay reprensiones.” Aquí vemos como el pecado puede afectar tanto a nivel físico, emocional, espiritual, y aun en lo social. El pecado tiene el poder de destruir y de hundir al hombre en la mas lúgubre de las pesadillas.

Ahora bien, ante este oscuro panorama, también debemos ver que brilla de manera extraordinaria la eterna verdad acerca de la misericordia y el perdón divino. En Salmos 32:1,2 se nos dice “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.” Al hablar de “bienaventurados” se nos está hablando de felicidad, la cual solo es posible obtener luego de haber recibido el perdón de los pecados de parte de Aquel que puede perdonarlos, o sea el Señor. ¿Y cuál es la forma de adquirir este perdón divino? La respuesta está en la frase “en cuyo espíritu no hay engaño”, queriendo señalar así la sinceridad necesaria de parte del pecador, para consigo mismo y para con Dios, en reconocer sus faltas y su verdadera situación espiritual. Por otro lado, al considerar el hecho de que pertenecemos a una raza caída y que nos es imposible el no errar nunca (como ya señalamos mas arriba), debemos saber que Dios no es ajeno o insensible a esta realidad, en Salmos 103:14 leemos “Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.”, por eso El  “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen, Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.” (10-13) ¡Gloria a Dios por tan grande y maravillosa misericordia! Es oportuno aquí señalar el detalle no menor con respecto a la expresión “los que le temen”, ya que se nos está aclarando que este glorioso perdón está reservado para aquellos que realmente quieren obedecer la voluntad de Dios,  para los que son reverentes ante su majestad, y para los que se duelen de sus transgresiones cometidas. Que todos podamos comprender que nuestro Señor está deseoso y anhelante de recibirnos, cada vez que nos acerquemos a Él para recibir su restauración, renovación, limpieza y sanidad espiritual. Desechemos, pues, toda duda que podamos tener sobre el amor y la benignidad de Dios hacia nosotros, quienes mas allá de nuestras debilidades y errores queremos de todo corazón agradarle como verdaderos hijos.

Siguiendo con este sentir de querer encontrar evidencias de la misericordia de Dios a través del libro de los Salmos, no podemos olvidar de ninguna manera, la revelación profética y mesiánica que se hace de nuestro Señor Jesucristo y de sus sufrimientos padecidos durante la pasión y la obra redentora consumada en la cruz del Calvario, tal como lo hace Salmos 22. Este salmo describe, con mil años de anticipación, detalles extraordinarios sobre el Mesías sufriente que pagaría el precio de nuestros pecados en aquel madero, de pura gracia, y por su gran misericordia. El Salmo 22 constituye una prueba irrefutable de la inspiración divina o sobrenatural de las Sagradas Escrituras, así como también de los propósitos amorosos y benignos de un Dios Santo hacia un mundo pecador, y esto por medio de la obra de Cristo.

El libro de los Salmos, como sucede con todos los libros que conforman la Biblia, señala a Jesucristo. Por eso podemos ver en el, el carácter misericordioso de Dios aun en el contexto del Antiguo Pacto. Que podamos extraer de su lectura las enseñanzas acerca de su misericordia, para aplicarlas en nuestras vidas, mediante la fe en la obra expiatoria de Cristo Jesús.

Dios les bendiga.

 

 

 

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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