MODELOS DE LIDERAZGO (2)

Por FRANK A. VIOLA .

Traducido al Castellano por José Antonio Septién

lider 2     Si vamos a las raíces, la idea de la “cobertura” descansa sobre una noción jerárquica de autoridad altamente organizativa. Esta noción está tomada de las estructuras que pertenecen al sistema de este mundo. De ningún modo refleja el reino de Dios.

Expliquemos esto un poco más.

La estructura de liderazgo jerárquico que caracteriza a la iglesia Occidental, se deriva de una mentalidad posicional.  Esta manera de pensar otorga autoridad en términos de espacios para llenar, descripciones de trabajo objetivas que realizar, títulos para lucir, y rangos que hacen valer sus privilegios.   La manera de pensar posicional muestra un gran interés en las estructuras explícitas de liderazgo. Términos tales cono “pastor”, “anciano”, “profeta”, “obispo”, etcétera, son títulos que representan oficios eclesiásticos.

Entre paréntesis, un oficio es el espacio que un grupo define. Tiene realidad aparte de la persona que lo llena. También posee realidad aparte de las acciones que realiza la persona en ese oficio.

Por contraste, la noción de liderazgo del NT está arraigada en una mentalidad  funcional.  Describe a la autoridad en términos de cómo las cosas operan orgánicamente. Es decir, cómo funcionan por medio de la vida de Dios.

El liderazgo descrito en el NT asigna un alto valor a los dones especiales, la madurez espiritual y el servicio sacrificado de cada miembro.  Enfatiza las funciones en vez de los oficios, las  tareas en vez de los títulos.  Su interés principal está en actividades tales como pastorear, profetizar, supervisar, etcétera  Para decirlo de otro modo, el pensamiento posicional se apasiona por los sustantivos, mientras que el pensamiento funcional acentúa los verbos.

En el marco posicional, la iglesia debe modelarse según las estructuras de los corporativos empresariales y militares de nuestra cultura.  En el marco funcional, la iglesia opera por medio de la vida. El ministerio mutuo surge de manera natural. La estructura y los rangos están ausentes.

Es común que en las iglesias orientadas en un marco posicional/jerárquico existe una maquinaria política que funciona detrás del escenario, que promueve a gente diversa a posiciones de poder eclesiástico.  Es habitual que en las iglesias orientadas funcionalmente se manifiesta la responsabilidad mutua y la interacción colegiada de sus miembros. Escuchan juntos al Señor y se afirman unos a otros en los dones que han recibido del Espíritu.

En una palabra, la orientación que el NT imprime al liderazgo es orgánica y funcional. Por el contrario, la orientación del liderazgo posicional/oficial es fundamentalmente mundana. Existe una afinidad natural entre la orientación posicional/jerárquica y el concepto de “cobertura protectora”.

Jesús y la Idea de Liderazgo Gentil/Político

El ministerio de Jesús con respecto a la cuestión de la autoridad clarifica los temas fundamentales que están detrás de la moderna doctrina de la “cobertura”.  Consideremos cómo el Señor contrastaba el modelo jerárquico de liderazgo del mundo Gentil con el liderazgo en el reino de Dios. Después de que Jacobo y Juan le pidieron que les concediera los sitiales de poder y gloria más altos al lado de Su trono, Jesús contestó diciendo,

Sabéis que los gobernantes de las naciones SE ENSEÑOREAN de ellas, y los grandes EJERCEN su AUTORIDAD sobre ellas. NO SERÁ ASÍ ENTRE VOSOTROS; sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor. Y el que quiera ser primero entre vosotros, será vuestro esclavo, así como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir, y dar su vida en rescate por muchos.  (Mat. 20:25-28)

Y una vez más,  …Los reyes de las naciones SE ENSEÑOREAN de ellas, y los que TIENEN AUTORIDAD sobre ellas son llamados bienhechores; MAS NO ASÍ VOSOTROS; sino que el mayor entre vosotros hágase como el menor; y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que se reclina a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se reclina a la mesa?  Y yo estoy entre vosotros como el que sirve.  (Luc. 22:25-27)

La palabra Griega traducida “ejercen autoridad” en Mateo es  katexousiazo que es una combinación de dos palabras Griegas: katá, que significa  sobre, y  exousiazo, que significa ejercer autoridad.  El Señor también utiliza en este pasaje la palabra Griega katakurieuo que significa “enseñorearse” o “dominar” a los demás.  Lo que Jesús condena en estos pasajes no es a los líderes opresores como tales, sino la forma jerárquica de liderazgo que dominaba al mundo Gentil.

Esto merece repetirse:  ¡Jesús no sólo condenó a los líderes tiranos, sino la forma  jerárquica misma de liderazgo!   ¿Cuál es la forma jerárquica de liderazgo?  Es el estilo de liderazgo fundado en la pobre idea de que el poder y la autoridad fluyen de arriba hacia abajo. Esencialmente, está construida en una estructura social de cadena de mando.

El liderazgo jerárquico está basado en un concepto mundano del poder.  Esto explica por qué es común a todas las burocracias tradicionales. Está presente en las formas corruptas del feudalismo señor/vasallo y amo/esclavo. También se ve en las esferas altamente estilizadas y reguladas de las sociedades militares y empresariales del primer mundo.

El estilo de liderazgo jerárquico, si bien a menudo no es cruel, es perjudicial para el pueblo de Dios, porque reduce las relaciones humanas a asociaciones estilo comando. Con esto quiero decir que las relaciones se ordenan de acuerdo a una estructura militar del tipo cadena de mando. Estas relaciones son ajenas a la práctica y el pensamiento del NT.

El liderazgo jerárquico está establecido en todas las esferas de la cultura pagana. Lamentablemente ha sido adoptado por la mayoría de las iglesias Cristianas hoy en día.

Al resumir la enseñanza de nuestro Señor acerca de este estilo de liderazgo, se hacen evidentes estos marcados contrastes. En el mundo Gentil, los líderes operan sobre la base de una estructura social política, al estilo cadena de mando –una jerarquía.  En el reino de Dios, el liderazgo fluye de la mansedumbre y el servicio sacrificado.

En el mundo Gentil, la autoridad está basada en la posición y el rango.  En el reino de Dios, la autoridad está cimentada en un carácter piadoso.  Note la descripción que Cristo hace de los líderes: “será vuestro esclavo” y “sea… como el menor”. A los ojos del Señor, ser precede al hacer, y el hacer surge de ser.  En otras palabras, la función sigue al carácter. Los que sirven, hacen así porque son siervos.

En el mundo Gentil, la grandeza se mide por la prominencia, el poder externo y la influencia política.  En el reino de Dios, la grandeza se mide por la humildad interna y  el servicio externo. En el mundo Gentil, los líderes se aprovechan de sus posiciones cuando gobiernan a los demás.  En el reino de Dios, los líderes rechazan toda clase de reverencia especial y se ven a sí mismos como “el menor”.

En suma, las estructuras jerárquicas de liderazgo caracterizan el espíritu de los Gentiles. Por lo tanto, la implantación de estas estructuras está en pugna con el Cristianismo del NT. Nuestro Señor no se anda con rodeos cuando declara Su implícito desprecio hacia la noción Gentil de liderazgo, porque claramente dice: “no será así entre vosotros”.

Considerándolo todo, no hay lugar en la enseñanza de Cristo para el modelo de liderazgo jerárquico que caracteriza a la iglesia moderna.

Jesús y el Modelo de Liderazgo Judío/Religioso

Jesús también contrastó el liderazgo en el reino con el modelo de liderazgo que caracteriza al mundo religioso.  En el texto que sigue, el Señor expresa vívidamente la perspectiva de Dios con respecto a la autoridad, en contraste con el concepto Judío:

Mas vosotros no seáis llamados Rabbí, porque uno solo es vuestro Maestro, Y TODOS VOSOTROS SOIS SON HERMANOS.  Y NO LLAMÉIS PADRE VUESTRO A NADIE EN LA TIERRA, porque uno solo es vuestro Padre: el celestial;  NI SEÁIS LLAMADOS CAUDILLOS, porque uno es vuestro Caudillo: el Mesías. Y el mayor de vosotros será vuestro servidos, porque el   que se enaltezca será humillado, y el que se humille, será enaltecido.  (Mat. 23:8-12)

La enseñanza de Cristo en este pasaje, es la siguiente:

En el clima religioso de los Judíos existía un sistema de clases formado por los religiosos, especialistas del tipo gurú, y los no especialistas.  En el reino, todos son hermanos de la misma familia. En el mundo Judío, a los líderes religiosos se les otorgan títulos honoríficos (p. ej. Maestro, Padre, Reverendo, Pastor, Sacerdote, Ministro, etcétera).  En el reino no hay distinciones de protocolo. Estos títulos oscurecen el incomparable sitio de honor que corresponde a Jesús y empañan la revelación del NT la cual contempla a todos los Cristianos como ministros y sacerdotes.

En el mundo Judío, se exalta a los líderes a posiciones de prominencia en un despliegue de poder.  En el reino, los líderes encuentran su trabajo en la toalla sencilla del  servicio y el modesto lebrillo de la humildad.

En el mundo Judío, el liderazgo se fundamenta en el status, los títulos y la posición.  En el reino, el liderazgo se arraiga en la vida interior y el carácter. (En el mismo tono, la manía tan común de otorgar “doctorados” honoris causa a un incontable número de clérigos es sólo un ejemplo de cómo la iglesia moderna refleja aquellos valores de liderazgo que van en contra del reino de Dios).

En resumen, hay un gran abismo entre el liderazgo según Jesús y lo que vemos en la mayoría de las iglesias modernas.  El Señor asestó un golpe de muerte a los modelos de liderazgo Gentil/jerárquico y Judío/posicional.

Estos modelos que hinchan el ego son incompatibles con la sencillez de la iglesia primitiva y el reino de Jesucristo. Ambos sistemas impiden el progreso del pueblo de Dios, eliminan la funcionalidad del sacerdocio de los creyentes, rompen la imagen de la iglesia como una familia, y ponen severas limitaciones al Gobierno de Cristo.  Por estas razones “no será así” entre los que llevan el nombre del Salvador.

Los Apóstoles y el Liderazgo Posicional/Jerárquico

Hemos visto que nuestro Señor condenó las estructuras de liderazgo posicionales/jerárquicas. Pero ¿qué hay de Pablo y los otros apóstoles?

Contrario a la idea popular, las cartas del NT nunca hablan de los líderes de la iglesia en términos de “oficios” y otros convencionalismos de la organización social humana. (Un poco más adelante trataremos con los varios pasajes que algunos han usado para respaldar los “oficios” eclesiásticos).

No hay duda de que nuestro Señor condenó las estructuras de liderazgo posicional/jerárquicas.  Pero, ¿qué hay de Pablo y los demás apóstoles?

Siempre que el NT describe a los que son principalmente responsables de la supervisión espiritual, se refiere al trabajo que desempeñan. Por esta razón, domina el lenguaje funcional. Los verbos son prominentes.

Los sobreveedores locales son llamados ancianos y supervisores (Tito 1: 5-7). Esto se debe a que cumplían con su labor como ancianos, actuando como modelos de madurez para los menos maduros (1 Ped. 5.3). También supervisaban -tenían cuidado del bienestar espiritual de la iglesia (1 Ped. 5:2).

La tarea de los ancianos también se describe por medio de la metáfora del “pastor” (Hech. 20:28; 1 Ped. 5:1-4). Esto se debe a que eran vigilantes, del mismo modo que los pastores literales cuidan de las ovejas literales.

Por consiguiente, si igualamos a los sobreveedores con un espacio sociológico (un oficio) corremos un riesgo considerable. Tenemos que vaciar el término “pastor” de su significado esencial (uno que se ocupa de las ovejas). También debemos vaciar el vocablo “anciano” de su significado básico (un hombre viejo). Sin dejar de mencionar que hay que hacer lo mismo con la palabra “sobreveedor”  (uno que tiene cuidado de los demás).

Es importante tomar en cuenta que todos los Cristianos participan del liderazgo corporativo. Cada miembro dirige cuando ejercita su don espiritual.  Como he demostrado en Repensando los Odres, la dirección y la toma de decisiones pertenece a toda la iglesia. La supervisión viene de los ancianos una vez que éstos emergen (y esto toma tiempo).

El rol de los Ancianos/Supervisores

En el idioma Griego, anciano (presbúteros) sencillamente significa un hombre de más edad. Por consiguiente, un anciano es un  santo maduro o un hermano mayor.

Los ancianos del NT, por consiguiente, eran simplemente hombres espiritualmente maduros –Cristianos ejemplares que supervisaban (no controlaban o dirigían) los asuntos de la iglesia local.

Los ancianos no  eran figuras decorativas de la organización, predicadores asalariados, clérigos profesionales o altos funcionarios eclesiásticos.  Simplemente eran hermanos más maduros (ancianos de hecho) llevando a cabo funciones reales (pastoreando, supervisando, etcétera).

Su labor principal era triple:  ser modelos de servicio en la asamblea, motivar a los santos para las obras del servicio y moldear el desarrollo espiritual de los creyentes más jóvenes (1 Pe. 5:1-3). Los ancianos eran también los que trataban con las situaciones difíciles en la iglesia (Hech. 15:6ss).

Pero los ancianos nunca tomaban decisiones por la iglesia. Como he demostrado en mi libro Repensando los Odres, el método del NT para la toma de decisiones no era dictatorial ni democrático, sino consensual, e involucraba a todos los hermanos y hermanas.

Como vigilantes, los ancianos supervisaban la obra de los demás (en vez de sustituirla). Oraban con los ojos abiertos y tenían sus antenas espirituales levantadas perpetuamente para descubrir y contener a los lobos. Como hombres de más edad, se buscaba su sabiduría en tiempos de crisis, y cuando hablaban, sus voces tenían el peso de la experiencia.

Ya que poseían el corazón de un pastor, los ancianos llevaban continuamente las cargas de la iglesia. Ayudaban a guiar, proteger y alimentar a los creyentes más jóvenes hasta que éstos pudieran estar sobre su propio pie.

Dicho de manera sencilla, los ancianos eran facilitadores espirituales que proporcionaban dirección, abastecían de alimento, y alentaban el compromiso entre los miembros de la iglesia.  Ser anciano, por lo tanto, es algo que uno hace en vez de un espacio que uno llena.

El NT confirma esto muy claramente; porque si Pablo y los otros apóstoles hubieran querido describir a los líderes de la iglesia como oficiales, tenían a la mano numerosos términos Griegos que pudieron haber utilizado para el caso.

Sin embargo, es muy significativo que los siguientes términos Griegos están ausentes del vocabulario eclesiástico de los apóstoles:

  • Arjé (jefe, gobernante, oficial de tropa)
  • time (un oficial o dignatario)
  • telos (el poder inherente de un gobernante)
  • arjisinágogos (oficial de la sinagoga)
  • hazzan (un líder de la adoración pública)
  • taxis (un puesto, posición o rango)
  • hieratéia (el oficio de un sacerdote)
  • arjón (un gobernante o principal)

El NT nunca emplea alguna de estas palabras para describir a los líderes en la iglesia.  Como sucede con Cristo, la palabra favorita de los apóstoles para describir a los líderes de la iglesia es diákonos  -que significa servidor o ayudante.

La tendencia a referirse a los líderes-siervos de la iglesia como oficiales y clérigos profesionales vacía de su verdadero significado el lenguaje Bíblico e imposibilita el sacerdocio de los creyentes.

El Problema del Rol Pastoral Moderno

Por la misma razón, la noción comúnmente aceptada de “sola pastora” (un sólo pastor) está en pugna con la noción del NT. No hay una palabra en la Biblia que describa a una persona que lleve el timón de una iglesia local, dirija sus asuntos, le predique cada domingo, conduzca sus bautismos, y oficie el servicio de la comunión (o Cena del Señor).

El “rol pastoral” profesional altamente especializado del Protestantismo moderno es una novedad post bíblica que evoca una tradición sacerdotal inventada por los hombres.  En su esencia,  es un lastre del Romanismo (el sacerdote) que refleja los pobres y débiles elementos  de la economía Levítica.

El rol pastoral es tan pernicioso que pervierte a los muchos que ocupan esta posición. Los que son seducidos por los símbolos del éxito que rodean al clericalismo profesional, siempre terminan siendo virtualmente corrompidos por él. Dios nunca ha llamado a nadie para que lleve  sobre sí mismo la pesada carga de ministrar a las necesidades de la iglesia.

Quizás la característica más  desalentadora del moderno rol pastoral es que mantiene en la infancia espiritual a la gente que afirma servir. Ya que el rol pastoral usurpa el derecho del creyente a ministrar de una manera espiritual, termina deformando al pueblo de Dios, haciéndolo débil e inseguro.

Es cierto que muchos que desempeñan este rol lo hacen por razones laudables, y no pocos de ellos desean sinceramente que sus hermanos asuman una  responsabilidad espiritual.  (Muchos pastores viven con esta frustración, pero pocos han relacionado el problema con su profesión).

Sin embargo, el moderno oficio de “pastor” siempre sofoca y arrebata el poder al sacerdocio de los creyentes, sin tener en cuenta qué tan fuera de control puede llegar a ser la persona que llena esta posición.

Ya que el pastor lleva la carga del trabajo, la mayoría de los hermanos se vuelven pasivos, perezosos, egoístas y dejan de crecer espiritualmente.  De esta manera, es inevitable que pastores y congregaciones igualmente terminen convirtiéndose en inválidos espirituales, inutilizados por este oficio antibíblico.

Mientras que el NT llama “apóstol” a Pablo, “evangelista” a Felipe, “maestro” a Manaén y “profeta”  a Agabo, ¡nunca identifica  a alguien como pastor!  De hecho, la palabra “pastor” se utiliza solamente una vez en todo el NT (vea Efesios 4:11). “Pastor” se usa como metáfora descriptiva, nunca como  título u oficio eclesiástico.  Esto no se toma en cuenta en la práctica común. En nuestros días se tiene al “pastor” como la figura más valiosa de la iglesia, y su nombre se pone entre luminarias en las marquesinas de las iglesias en todas partes de la Unión Americana.  (Uno se pregunta por qué los nombres de otros ministerios no aparecen en estas marquesinas cuando el NT les otorga mucha mayor atención).

El rol pastoral moderno socava la Jefatura de Jesucristo y tiene un efecto espiritual paralizante en la iglesia. Despoja de su plena función al sacerdocio (de todos los creyentes) tan amado por Dios. Además, su sola presencia diluye y ahoga a los creyentes “ordinarios”  que están igualmente talentosos para pastorear y enseñar al rebaño. (No pone atención al hecho que la Biblia enseña que cada iglesia debe tener múltiples pastores y que todos los miembros tienen una responsabilidad pastoral).

Típicamente, si alguien, aparte del pastor, se atreve a pastorear o enseñar a las ovejas (aun si ese alguien es digno de confianza, maduro y está espiritualmente inteligentes), el pastor se sentirá amenazado y terminará con ello con el pretexto de “proteger” al rebaño.

Siendo más específico y directo, la idea que se tiene hoy en día del “pastor” está muy lejos del pensamiento de Dios. Impone a la dinámica de la comunidad del NT la camisa de fuerza del Antiguo Testamento.

No obstante, a pesar de las tragedias espirituales que esto engendra, las masas continúan dependiendo, defendiendo e insistiendo en la existencia de este rol tan antibíblico.  Por esta razón los así llamados “laicos” son tan responsables del problema del clericalismo como lo es el mismo “clero”. Como dice Jer. 5.3, “los sacerdotes bajo su dirección gobiernan; y mi pueblo en ello se complace; pero ¿qué haréis cuando toque a su fin?”

Hablando con toda franqueza, los Cristianos prefieren la comodidad de tener a alguien aparte de ellos que cargue con la responsabilidad del ministerio y el pastoreo.  Para ellos, es mejor pagar a un especialista religioso que atienda las necesidades de los hermanos, que molestarse con las demandas espirituales del servicio y el cuidado pastoral las cuales nos llevan a sacrificar aun la propia vida.

Las palabras del antiguo profeta captan el disgusto del Señor con esta manera de pensar:  “Establecen reyes que yo no apruebo, y escogen autoridades que no conozco…” (Ose 8:4a).

A la luz de estos hechos graves, uno puede preguntar inteligentemente cómo es que el moderno rol pastoral continúa siendo la forma generalmente aceptada de liderazgo en la iglesia de hoy.  La respuesta está profundamente arraigada en la historia de la Reforma, y continúa siendo reforzada por los imperativos culturales actuales.

Nuestra obsesión Occidental en el siglo XX por los oficios y títulos  nos ha llevado a anteponer nuestras propias ideas del orden eclesiástico por encima del NT. No obstante, el espíritu y los valores de las epístolas del NT militan contra la idea del sistema de un solo pastor, así como el del anciano, entendido éste como oficio.

La Escritura está en pugna igualmente contra el concepto del “pastor principal”, que consiste en la práctica común de elevar a uno de los pastores (ancianos) a una posición prominente de autoridad.  Pero el NT en ninguna parte aprueba la noción de primos inter pares – “primero entre iguales”.  Al menos no de una manera oficial o formal.

Esta ruptura entre “el pastor” y los demás ancianos es un accidente de la historia.  Sin embargo, ya que ésta encaja perfectamente bien con nuestra manera de pensar aculturada[1] [3] a la Americana, los creyentes modernos no tienen problema en creer que la Escritura enseña esta falsa dicotomía.

En resumen,  el moderno rol pastoral es poco más que una mezcla de liderazgo, administración, sicología y oratoria del tipo “una-talla-para-todos”; todo en un solo paquete para el consumo religioso.  Como tal, el rol sociológico del pastor, como se practica en el Occidente, tiene pocos puntos de contacto con algo o alguien del NT.

La Dramática Falta de Atención que seda al Liderazgo en el Nuevo Testamento

Las cartas de Pablo tienen mucho que decir con respecto a la importancia de una vida ejemplar, pero no muestran interés en la posición titular o formal.  Este hecho merece mucha más atención que la que hasta ahora se le ha dado.

Considere lo que sigue.  Cada vez que Pablo escribía a una iglesia en crisis siempre se dirigía a la iglesia misma en vez de a sus líderes. Esta práctica es constante desde la primera hasta la última de sus epístolas. (Note que las “Epístolas Pastorales” –1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito- fueron escritas a los colaboradores apostólicos de Pablo y no a las iglesias).

Permítame repetir esto. Cada vez que Pablo escribía una carta a una iglesia, la dirigía a toda la iglesia. ¡Pablo nunca escribió a un líder o a los líderes!

  • Gálatas 1: 1-2:  Pablo, un apóstol. . . a las iglesias de Galacia.
  • 1 Tesalonicenses 1:1: Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses…
  • 2 Tesalonicenses 1:1: Pablo y Silvano y Timoteo, a las iglesias de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo…
  • 1 Corintios 1:1-2: Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios. . .a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, de ellos y nuestro.
  • 2 Corintios 1:1: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, en compañía de todos los santos que están en toda Acaya.
  • Romanos 1:1,7: Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios. . .a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos.
  • Colosenses 1:1: Pablo, un apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo Jesús que están en Colosas.
  • Efesios 1:1  Pablo, un apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos, los que también son fieles en Cristo Jesús.
  • Filipenses 1:1: Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos que están en Cristo Jesús, con los obispos (episkópois = sobreveedores) y los diáconos (diakónois =  servidores).

Es notable observar que cada iglesia a la que Pablo escribió estaba en crisis (excepto la de Efeso). No obstante, ¡Pablo nunca recurre a los ancianos de ninguna de ellas!

Tomemos por ejemplo a Corinto, la iglesia con mayores problemas que se menciona en el NT.  En toda la correspondencia a los Corintios, Pablo no se dirige a los ancianos, ni les reprende, ni recomienda que se les obedezca.  De hecho, ¡ni siquiera los menciona!

En cambio, Pablo recurre a toda la iglesia.  Les muestra que su responsabilidad es tratar con las heridas que la iglesia se ha infligido a sí misma.  Pablo encarga e implora “a los hermanos” más de treinta veces en 1 Corintios, y les escribe como si no existieran oficiales.

Si existieran oficiales en Corinto, ciertamente Pablo se habría dirigido a ellos para solucionar sus males.  Pero nunca lo hace.  Al final del libro, llama a los Corintios a que se pusieran a disposición de Estéfanas, quien se había dedicado a servir a los creyentes. En seguida, amplía este grupo, incluyendo a otros más, diciéndoles: “ y a todos los que cooperan y trabajan”. (1 Cor. 16:15-16).

Note que Pablo enfatiza la función, y no la posición. Carga el acento en toda la iglesia. Toda la carta a los Corintios es una súplica a toda la asamblea para que se haga cargo de sus propios problemas.

Probablemente, el ejemplo más claro de la ausencia de ancianos-oficiales en Corinto se encuentra en 1 Corintios 5. Allí Pablo convoca a toda la iglesia para disciplinar a un miembro caído entregándolo a Satanás (1 Cor. 5:1ss.).  Su exhortación se opone a la idea muy en boga de que solamente los que poseen “poder eclesiástico” están calificados para estas delicadas tareas.

La diferencia en la manera en que Pablo considera a los ancianos y la forma en que las iglesias modernas los consideran es extraordinaria. ¡Pablo no menciona a los ancianos ni una sola vez en ninguna de sus nueve cartas a las iglesias!  Incluyendo su tratado ultra correctivo a los Gálatas. En cambio, Pablo persistentemente insta a “los hermanos” a la acción.

En la última carta que dirige a una iglesia, Pablo finalmente menciona a los sobreveedores en el saludo inicial, y de una manera muy breve. Saluda a los sobreveedores solamente después de saludar a toda la iglesia (Fil. 1.1).

Esta tendencia es notable en el libro de los Hebreos. A lo largo de toda la epístola el escritor se dirige a la iglesia entera. Solamente hacia el final de la carta y de manera informal pide a los santos que saluden a sus sobreveedores (Heb. 13:24).

En suma, la evidente falta de atención que Pablo da a los líderes de la iglesia demuestra que rechazaba la idea de que ciertas personas en la iglesia poseían derechos formales sobre otros. También subraya el hecho de que Pablo no creía en oficiales eclesiásticos.

Las cartas de Pedro enseñan lo mismo.  Como Pablo, Pedro escribe sus cartas a las iglesias, y nunca a sus líderes. Concede un espacio limitado a los ancianos, y cuando lo hace, les advierte que no adopten el espíritu de los Gentiles.  Señala específicamente que los ancianos están entre el rebaño y no sobre él (1 Pedro 5:1-2).

Los ancianos, dice, no deben enseñorearse (katakuriéuo) sobre los que están a su cuidado (1 Ped. 5.3).  De modo significativo, Pedro usa la misma palabra que Jesús empleó en su discusión acerca de la autoridad. Estas fueron Sus palabras precisas: “. . .los gobernantes de las naciones se enseñorean (katakuriéuo) de ellas. . . no será así entre vosotros” (Mat. 20:25).

Encontramos este mismo énfasis en el libro de los Hechos. Allí Lucas cuenta la historia de cómo Pablo exhortaba a los ancianos de Efeso: “tened cuidado de vosotros mismos y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho sobreveedores…” (Hech. 20:28 NASB).  Note que los ancianos están “en medio”, y no “sobre” el rebaño.

Santiago, Juan y Judas escriben en el mismo tono.  Dirigen sus cartas a las iglesias y no a los líderes. Tienen muy poco qué decir acerca del liderazgo y nada qué decir acerca de los ancianos como oficiales.

Por consiguiente, es muy claro que el NT rechaza sistemáticamente la noción de oficiales eclesiásticos en la iglesia. Asimismo, minimiza grandemente el rol de los ancianos.

Los Ancianos vs. la Hermandad

Haríamos bien en preguntar por qué el NT concede tan poco espacio  a los ancianos de las iglesias.  La razón, a menudo ignorada, sonará sorprendente a los oídos institucionales  es simplemente ésta: ¡la mayor parte de la responsabilidad del cuidado pastoral, la enseñanza y el ministerio en la ekklesía descansa directamente sobre los hombros de todos los hermanos y hermanas!

Las riquezas de la visión del Cuerpo de Cristo que emanan de la visión de Pablo se derivan de su énfasis constante en que cada miembro posee un don del Espíritu (1 Cor. 12:7,11), tiene un ministerio y es un “creyente responsable” en el Cuerpo (Rom. 12:6; 1 Cor. 12:1ss.; Efe. 4:7; 1 Ped. 4:10). Como consecuencia, la responsabilidad ministerial nunca debe estar restringida a unos cuantos.

Esto explica por qué la palabra adelfoí traducida “hermanos” aparece 346 veces en el NT y 134 veces en las epístolas de Pablo solamente.  La mayoría de las veces, esta palabra es la forma abreviada que Pablo usa para referirse a todos los creyentes de la iglesia, hombres y mujeres.  En contraste, la palabra “ancianos” aparece solamente cinco veces en las epístolas de Pablo. El vocablo “sobreveedores” nada más cuatro veces y “pastores” ¡sólo aparece una vez!

El NT hace hincapié en la responsabilidad corporativa.  Es la comunidad creyente que está llamada a llevar a cabo las funciones pastorales. Los hermanos y las hermanas (= toda la iglesia) son llamados a:

  • organizar sus propios asuntos (1 Cor. 11:33-34; 14: 39-40; 16:2-3)
  • disciplinar a los miembros caídos (1 Cor. 5:3-5; 6:1-6)
  • amonestar a los desordenados (1 Tes. 5:14)
  • animar a los desanimados (1 Tes. 5:14)
  • apoyar a los débiles (1 Tes. 5:14)
  • abundar en la obra del Señor (1 Cor. 15:58)
  • amonestarse unos a otros (Rom. 15:14)
  • enseñar los unos a otros (Col. 3:16)
  • profetizar todos (1 Cor. 14:31)
  • servirse los unos a los otros (Gál. 5:13)
  • sobrellevar los unos las cargas de los otros (Gál. 6:2)
  • preocuparse los unos por los otros (1 Cor. 12:25)
  • amarse unos a otros (Rom. 13:8; 1 Tes. 4:9)
  • honrarse y preferirse los unos a los otros (Rom. 12:10)
  • mostrarse bondadosos y compasivos los unos a los otros (Efe. 4:32)
  • edificar los unos a los otros (Rom. 14:19; 1 Tes. 5:11b)
  • ser tolerantes y pacientes unos con otros (Efe. 4:2; Col. 3:13)
  • exhortarse unos a otros (Heb. 3:13; 10:25)
  • estimularse  unos a otros al amor y a las buenas obras (Heb. 10:24)
  • animarse los unos a los otros (1 Tes. 5:11a)
  • orar unos por otros (Stg. 5:16)
  • practicar la hospitalidad entre unos y otros (1 Ped. 4:9)
  • tener comunión unos con otros (1 Jn 1:7)
  • confesar los pecados unos a otros (Stg. 5:16)

Con dramática claridad, todas estas exhortaciones “uno a otro” encarnan la indiscutible realidad de que cada miembro de la comunidad creyente debe llevar la responsabilidad del cuidado pastoral. El liderazgo es un asunto corporativo y no algo que realiza uno solo. Todo el Cuerpo debe llevar a cuestas esta responsabilidad.

Por consiguiente, la idea de que los ancianos dirigen los asuntos de la iglesia, toman decisiones por la asamblea, tratan con todos sus problemas, y proveen toda su enseñanza es ajena al pensamiento de Pablo. Semejante idea es una fantasía y carece de respaldo Bíblico.  No es de extrañar que en las iglesias guiadas por ancianos se atrofie la madurez espiritual y la mayoría de los miembros se conviertan en espectadores pasivos e indolentes.

En pocas palabras, ¡el NT no contiene una sola palabra acerca de una iglesia gobernada o dirigida por ancianos.  ¡Y menos aún de una iglesia conducida por un pastor! La iglesia del primer siglo estaba en las manos de una hermandad compuesta de hermanos y hermanas. Simple y sencillamente.

El ejemplo de la iglesia primitiva nos muestra cómo el ministerio de todo el Cuerpo debe sobrepujar el rol de supervisión de los ancianos. Debido a su madurez espiritual, los ancianos presentan a los demás un modelo de cuidado pastoral (Hech. 20:28-29; Gál 6:1; Heb. 13:17b). Su meta, junto con los obreros extra locales, es la de habilitar a los santos para que asuman su responsabilidad a favor del rebaño (Efe. 4:11-12; 1 Tes. 5:12-13).  Los ancianos pueden ser simultáneamente profetas, maestros y evangelistas; pero no todos los profetas, evangelistas y maestros son ancianos. (Una vez más, los ancianos son los hombres más confiables y maduros de la iglesia).

El NT enfatiza la responsabilidad de toda la iglesia.  El liderazgo y la responsabilidad pastoral reposan sobre los hombros de cada miembro de la iglesia, y no sobre la espalda de una persona o un grupo selecto.

En la eclesiología de Dios, la hermandad aventaja y suplanta al grupo de ancianos.  Esto explica por qué la cartas de Pablo se leen pesadamente cuando tratamos de forzar en ellas la idea de títulos y oficios.  Pablo enseña un liderazgo corporativo, y condena el caciquismo espiritual de una jefatura suprema. Por esta razón, habla mucho más acerca de la hermandad que de los ancianos.

El testimonio del NT denunciando la autoridad posicional/jerárquica es evidentemente claro, y está en perfecta armonía con la enseñanza de nuestro Señor Jesús.  Como tal, la palabra final al Cristiano con respecto a las estructuras de liderazgo Gentiles y Judías está encarnada en la penetrante frase de nuestro Señor:  “No será así entre vosotros” (Mat. 20:26).  Éste es el eje de todo el asunto.

[1][3] Aculturacion: Adaptación forzada o voluntaria, a una nueva cultura, creencia o comportamiento. [N. del T.]

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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