COBERTURA DENOMINACIONAL  (5)

Por FRANK A. VIOLA . Traducido al Castellano por José Antonio Septién

sumision   El moderno sistema denominacional ha hecho que la división en el Cuerpo de Cristo sea algo aceptable. Muchos Cristianos creen que la denominaciones nos protegen del error. Pero esto es una ilusión.

“La “cobertura denominacional” está edificada sobre la idea supersticiosa de que si yo pertenezco a una denominación Cristiana, estoy de alguna manera “cubierto” o “protegido” mágicamente del error.  Sin embargo, el hecho de que la gente en el sistema denominacional rutinariamente se extravía, es prueba de que esta idea es una farsa. La noción de que “estoy cubierto” porque doy cuentas a un individuo o a alguna remota organización (como la iglesia Católica Romana da cuentas al Papa) es pura ficción.

La única protección del error está en someternos al Espíritu de la verdad en el Cuerpo de Cristo (1 Jn. 2:20,27). La idea de Dios con respecto a la responsabilidad de dar cuentas funciona de la persona al grupo de creyentes, ¡no de persona a persona!  La protección espiritual viene de nuestra relación con el Espíritu y la conexión con otros Cristianos.  Aquí radica el genio de la comunidad Cristiana.

Por contraste, el complicado y reglamentado sistema denominacional de dar cuentas al estilo arriba/abajo es un sustituto de la sujeción mutua.  Para decirlo sin rodeos, el denominacionalismo oscurece la sujeción mutua en la neblina del clericalismo moderno y al calor de los debates entre facciones.

La Tiranía del Status Quo

Si usted duda de que el sistema denominacional está construido sobre la base de un control de dirección jerárquico, trate de cuestionarlo. Si lo hace, prepárese, porque pondrá en marcha los motores de la retórica clerical. Verá volar chispas.

La espantosa verdad es que los que cuestionan la autoridad eclesiástica hacen estremecer al sistema religioso. El resultado es que a menudo se les denigra y difama.

Si usted es uno de ellos, prepárese para que se le tilde de “hereje”, “agitador”, “perturbador”, “entremetido no autorizado” y “rebelde insumiso”. Semejante invocación de la retórica religiosa está planeada para sofocar la reflexión. Su propósito es quitar del camino a los que discrepan honestamente con el status quo.

Por consiguiente, la casa de Dios todavía sufre por causa de los que alimentan un espíritu de censura. Padece a manos de los que expulsan de la sinagoga del Señor a los que son preciosos a Sus ojos. Es atribulada por los que cierran la puerta de la casa a los miembros de la familia (3 Jn. 9-10).

Los que usurpan la autoridad se deshacen en elogios elocuentes ponderando cómo ellos salvaguardan a las ovejas de Dios de los peligros del aislamiento. Es cierto que las sectas se multiplican interminablemente porque algunos se aíslan del Cuerpo de Cristo. Pero aquí está la ironía: ¡Las denominaciones hacen exactamente lo mismo!

La  “cobertura denominacional” se parece muchísimo a la noción torcida de liderazgo amo/esclavo que distingue a las sectas modernas.  En las denominaciones, los miembros siguen sin reservas a un solo líder u organización. Por el contrario, el principio Bíblico de la sujeción mutua enfatiza la sumisión de los unos a los otros de manera opuesta a la obediencia indisputable a un líder humano u organización jerárquica.

Para poner de relieve un punto aún más fino de este tema, la enseñanza de la “cobertura” se usa a menudo como un garrote para desechar a aquellos Cristianos que no se reúnen bajo una bandera denominacional.  La “cobertura” constituye una arma en manos de grupos religiosos partidistas para asegurar el terreno teológico.  Esta arma ha sido utilizada por la  intolerancia y el fanatismo sectarios y ha provocado la fractura de la comunión del pueblo de Dios -cortando en pedazos al Cuerpo de Cristo- y reduciendo a astillas a la iglesia.

En una palabra, el moderno pantano denominacional ha contaminado el paisaje Cristiano, convirtiendo al “un Cuerpo” en una entidad trágicamente dividida con una tradición que lo estrangula. Los defensores del denominacionalismo creen que este sistema es útil.  En su opinión, las diferentes denominaciones representan las distintas partes del Cuerpo de Cristo.

Pero el sistema denominacional es ajeno al NT e incompatible con la unidad Cristiana. Está basado en divisiones que son Bíblicamente injustificables (1 Cor. 1-3).  En efecto, el denominacionalismo se deriva de una visión fracturada del Cuerpo de Cristo. (Vea mi libro, Repensando los Odres, para mayores detalles).

El Gobierno de la “Iglesia Madre”

Cada iglesia nacida en los primeros diecisiete años a partir de Pentecostés fue engendrada de la iglesia de Jerusalén.  Pero estas nuevas iglesias no tenían una relación formal ni subordinada con Jerusalén.  En este respecto, el NT siempre describe iglesias autónomas (independientes) pero fraternalmente relacionadas.

Esto significa que en la mente de Dios, cada iglesia, es una en vida con todas las demás iglesias. Pero cada iglesia es independiente, se gobierna a sí misma, y es responsable solamente ante Dios con respecto a sus decisiones.  Por lo tanto, el concepto de una “iglesia madre” que gobierna o de una sede denominacional está basado en una interpretación acartonada de la Escritura. ¡Es burdamente partidista!

Nuestro Señor nunca quiso que las iglesias locales se agregaran a una sede denominacional, a una super federación o a una asociación diocesana.  El principio Escritural afirma que cada iglesia es independiente en su supervisión y cuando toma decisiones.  (Considere las palabras de nuestro Señor a las siete iglesias de Asia. Él trató a cada asamblea de acuerdo con sus problemas peculiares –Ap. 1-3).

Este principio también se subraya en las epístolas de Pablo. En ellas, el apóstol trata a cada iglesia como un organismo autónomo que se gobierna a sí mismo.  De acuerdo a Pablo, cada iglesia es directamente responsable para con Dios y rinde cuentas directamente a Él (Efe. 5:24; Col. 1:9-10).

Por lo tanto, es un craso error tejer iglesias locales con el hilo del federalismo religioso.  Lo cierto es que cada iglesia está bajo la misma Cabeza. Todas ellas son una en vida.  Por esta razón, cada iglesia debe cooperar con las demás, aprender de ellas y ayudarse una a otra (Hech. 11:28-30; Rom. 15:25-29; 2 Cor. 8:1-14; 1 Tes. 2:14).  Ésta era la práctica de las iglesias primitivas (Rom. 16:1; 1 Cor. 16:19; 2 Cor. 13:13; Fil. 4:22).

Al mismo tiempo, cada iglesia está obligada a abrazar la tradición que los apóstoles establecieron para “cada iglesia” (1 Cor. 4:16-17; 7:17; 11:16; 14:33; 16:1; 1 Tes. 2:14).  Si una iglesia trabaja por su propia cuenta en una línea meramente individualista en lo que respecta a sus prácticas eclesiásticas, esto significará que se ha apartado del principio Divino.

De acuerdo al principio Divino, cada iglesia  debe desarrollar su propia supervisión, ministerio y testimonio único. Por otra parte, debe haber relación espiritual y ayuda entre las iglesias.

Cada iglesia es responsable directamente a su Cabeza (Cristo) y está bajo Su control inmediato. Cada una mantiene una fuerte independencia local en sus asuntos.  Esto significa, entre otras cosas, que es antibíblico que una iglesia dirija o discipline a otra iglesia. Asimismo, cada iglesia debe recibir ayuda y estímulo de otras iglesias.

En la mente de Dios, una iglesia no tiene derecho a regular, controlar o entrometerse en los asuntos, enseñanzas o prácticas de otra asamblea. El sistema denominacional viola todos estos principios.

 

La unidad y relación de las iglesias preserva el testimonio de que el Cuerpo es uno. La independencia y autonomía de las iglesias preserva el testimonio de que la Cabeza es soberana.

La Cuestión de Hechos 15

Como contra argumento, algunos han tratado de sacar de Hechos 15 el precedente Bíblico de una “iglesia madre” que gobierna. Pero un análisis cuidadoso de este texto muestra decisivamente que ésta es una aplicación injustificada que notoriamente no encaja con el resto del NT.  En apariencia, podría parecer que Pablo y Bernabé fueron a la iglesia de Jerusalén porque ésta tenía una autoridad unilateral sobre cualquiera otra iglesia.  Sin embargo, esta noción se viene abajo cuando el capítulo se lee en su conjunto.

Ésta es la historia. Algunos de la iglesia de Jerusalén llevaron una enseñanza errónea a la iglesia de Antioquia. Pablo y Bernabé fueron impulsados a visitar Jerusalén para arreglar el asunto. ¿Por qué? Porque la enseñanza se había originado en Jerusalén (Hech. 15:1-2,24).

Si la falsa enseñanza hubiera salido de la iglesia de Antioquia, Pablo y Bernabé habrían tratado el asunto allí.  Pero, ya que la doctrina había salido de la iglesia de Jerusalén, los dos hombres fueron a Jerusalén a determinar quién había introducido la falsa  enseñanza.  También querían asegurarse de que los ancianos y los doce apóstoles no la avalaron.

A su llegada, aquellos miembros de la iglesia que habían enseñado la doctrina fueron identificados (15:4-5).  Esto llevó a la iglesia a un concilio. El resultado fue que los santos de Jerusalén repudiaron públicamente la doctrina (15:6ss.).

La decisión alcanzada por el concilio, que incluyó la aprobación de los doce apóstoles, los ancianos y toda la iglesia, se hizo circular en las iglesias Gentiles. Esto se hizo por si algún día otras iglesias llegaran a enfrentar el mismo asunto perturbador.  Esta decisión tenía la autoridad de Dios porque el Espíritu Santo la inspiró (15:28), y porque la iglesia la avaló (15:23,28,31).

Tratar de ver algo más en este relato evidencia el error de no tomar en cuenta seriamente los aspectos históricos específicos que están detrás de la narración.  Es un ejemplo de cómo se pueden introducir los propios prejuicios en el texto en vez de adquirir sentido y dirección de él.  Por consiguiente, la idea de una “iglesia madre” autoritativa carece de fondo Escritural, y el relato del primer siglo no la sustenta.

Sin duda, la iglesia de Jerusalén fue amada, apreciada y ayudada por las demás iglesias (Rom. 15:26-27; 2 Cor. 9:11-13).  Pero no hay nada en el NT que nos lleve a creer que ésta poseía autoridad suprema, ni que todas las demás iglesias estaban subordinadas a ella.  Por el contrario, cada iglesia era autónoma y directamente responsable a Dios. Ninguna iglesia estaba subordinada a otra.

El sistema denominacional es una mala copia del ejemplo Escritural y viola el principio espiritual. El denominacionalismo ha fragmentado el Cuerpo de Cristo a causa de su partidismo religioso. Ha alienado a la familia de Dios. Ha desintegrado la estructura de nuestra hermandad espiritual convirtiéndola en un interminable embrollo de partidos religiosos. Y ha engendrado en la familia de Cristo miles de clanes enfrentados uno contra otro.

El Denominacionalismo es Contraproducente

Otro problema que presenta el sistema denominacional moderno es que destroza lo que afirma proteger y preservar.  ¡Derriba eficazmente lo que pretende edificar!   El denominacionalismo Protestante, al igual que el celo sectario mal orientado que impulsa al Catolicismo Romano, se han deteriorado hasta convertirse en una institución humana que chasquea el látigo del despotismo ante sus disidentes. Defiende solícitamente a sus adeptos, y condena a otros por supuestas violaciones doctrinales.

Es por esta razón que Pablo se enciende contra los Cristianos de Corinto cuando se asignaban a sí mismos algún nombre  y  se deslindaban unos de otros en campos separados (1 Cor. 1:11-13; 3:3-4).  Hoy en día no es menos escandaloso que violentamente se imponga a la familia de Dios la camisa de fuerza del partidismo denominacionalista.  Incidentalmente, muchas de las iglesias llamadas no-denominacionales, inter-denominacionales y post- denominacionales son tan jerárquicas y sectarias como las grandes y antiguas denominaciones.  Éstas también pertenecen al “sistema denominacional”.

Es en verdad sorprendente que el sistema denominacional realmente perpetúe la herejía –la misma cosa que afirma refrenar. Vale la pena pensar en esto.  Si se preservara la naturaleza autónoma de cada iglesia, la propagación del error sería casi siempre localizable.  Pero cuando una sede denominacional se infecta de una falsa enseñanza, cada iglesia conectada con ella abraza la misma falsedad. ¡Es así como la herejía se difunde!

Cuando cada iglesia es autónoma, es difícil que algún falso maestro ambicioso surja y tome el control de un grupo de iglesias.  También es virtualmente imposible que emerja la “figura de un Papa”. Pero no ocurre así en una denominación, donde todas las iglesias relacionadas están en pie o caen.

Puede demostrarse muy sólidamente que formar una denominación es cometer una herejía.  El pecado de herejía [Griego: haíresis] consiste en seguir los propios dogmas. De este modo, una persona puede ser un hereje con respecto a la verdad si la usa para fracturar el Cuerpo de Cristo. Las denominaciones se forman cuando algunos se separan del Cuerpo de Cristo para seguir sus doctrinas o prácticas favoritas.

Mientras que la iglesia institucional puede jactarse de estar “cubierta” por una denominación, en realidad en ella se permite menos “dar cuentas” cara a cara que en las modernas iglesias moldeadas según el patrón del primer siglo. En la típica iglesia evangélica, se dice que el pastor “cubre” a la congregación.  Pero en la mayoría de las iglesias de esta clase, ¡el grueso de la congregación apenas si conoce al pastor! (¡Y mucho menos se conocen unos a otros!).

No es raro que los “cristianos practicantes” apenas  se dirijan tres frases en un típico servicio de Domingo por la mañana.  Por el contrario, en una iglesia que sigue el modelo del NT, todos los hermanos se conocen íntimamente unos a otros, y esto incluye a los obreros extra locales que ayudan a la iglesia (1 Tes. 5:12a).

En resumen, la “cobertura denominacional” es artificial, y está confinada a los límites seguros de su propia inherente superficialidad.  Por el contrario, el deseo de Dios es que Su pueblo encarne los valores de la vida y enseñanza de Su Hijo en una comunidad en la que pueden estar cara a cara íntimamente.  De hecho, este deseo constituye lo más preciado de Su propósito eterno (Efe. 2:18-3:11).

En una palabra, la sujeción mutua preserva a la iglesia como una comunidad estrechamente unida. ¡La “cobertura” denominacional la convierte en una sociedad jerárquica!

Una Palabra Acerca de la Ortodoxia Cristiana

Es muy claro que el mero empleo de estructuras eclesiásticas tradicionales como el sistema del pastor del Protestantismo,  el sistema sacerdotal del Catolicismo Romano y el sistema denominacional de la Cristiandad, jamás podrán salvaguardar al pueblo de Dios del error doctrinal.  Poniendo entre paréntesis el gran número de iglesias independientes que se han apartado de la ortodoxia Cristiana, muchas denominaciones guiadas por clérigos han seguido el mismo camino. Ejemplos de esto son la Sociedad de la Torre del Vigía [“Testigos de Jehová”], el Camino Internacional, La iglesia de la Unificación y los Santos de los Últimos Días [“Mormones”].

Además de la sujeción mutua, la enseñanza Cristiana histórica con respecto a las doctrinas esenciales de la fe juega un papel crucial guardando a la asamblea local en el sendero Escritural.  A través de los siglos, los Cristianos han preservado las creencias medulares de nuestra fe.  Estas creencias se han estructurado en forma de credos, en medio de una plétora de herejías doctrinales.

Credos como el de Nicea, el Credo de los Apóstoles y otros más, representan la voz unificada de la iglesia histórica con respecto a los elementos esenciales de nuestra fe. Dan testimonio de las verdades fundamentales del Cristianismo. Por ejemplo, que Jesucristo es Dios y hombre, que nació de una virgen, que fue crucificado por nuestros pecados, y que resucitó en forma corporal.

Estos credos no pertenecen a alguna denominación o tradición eclesiástica. Más bien, son la herencia de todos los creyentes genuinos. Reflejan adecuadamente la voz de la iglesia a lo largo de su historia. Sin duda, el lenguaje utilizado en estos credos es arcaico, pero su significado evidencia una sana enseñanza Bíblica.

Para decirlo de otro modo, los Credos Ecuménicos encarnan lo que C. S. Lewis llamaba Cristianismo y nada más, -“la creencia  que ha sido común a casi todos los Cristianos en todos los tiempos”.  (Una versión más antigua de la misma idea fue expresada por Vicent de Lérins con estas palabras: “El Cristianismo es lo que ha  sido conservado siempre, en todas partes y por todos”).

Mientras que los credos por sí mismos no son un disuasivo suficiente para no caer en el error doctrinal, sirven como signos que nos alertan si nos estamos desviando de la enseñanza Cristiana.

Aunque los credos no deben verse como declaraciones teológicas perfectas, funcionan como  directrices históricamente probadas que orientan nuestra fe común.  Los credos no sustituyen a la Escritura, ni están más allá de ser ampliados o mejorados.  Pero cuando se los maneja adecuadamente, ayudan a salvaguardar la ortodoxia.

Por consiguiente, los credos históricos son instrumentos útiles que nos legaron nuestros antepasados espirituales en su búsqueda por seguir fielmente a Cristo.  Es un grave error despreciar  indiscriminadamente su contribución simplemente porque algunos de ellos formaron parte de la “iglesia organizada” de sus días.

No olvidemos que el mismo canon de la Escritura que todos tenemos en tan alta estima fue defendido y formalmente compilado por aquellos que estaban dentro de las estructuras eclesiásticas institucionales.  Esto no les impidió unir sus voces a la voz de los apóstoles con respecto a los sagrados oráculos de Dios.  Recordemos que el Cuerpo de Cristo incluye a todos los Cristianos de cualquier época -sin importar las estructuras eclesiásticas a las que hayan pertenecido.

El llamado a recobrar la ecología de la iglesia del NT no incluye una convocatoria a reinventar la rueda religiosa en cada tema teológico.  Tampoco incluye un rechazo a todo lo que nos ha sido transmitido por nuestros antepasados espirituales.

Más bien, toma partido por toda voz del pasado que ha permanecido fiel a la revelación apostólica -no importa a qué segmento de la iglesia histórica pudo haber pertenecido. La iglesia primitiva estaba enraizada en el fértil suelo de la verdad Cristiana.  Permanecer en ese suelo requiere que estemos sobre los hombros de los que han estado antes de nosotros.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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2 respuestas a COBERTURA DENOMINACIONAL  (5)

  1. Jose luis torres dijo:

    Tal ves no entiendo bien, dices hay está el genio
    A qué genio te refieres

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