TRES ELEMENTOS ESENCIALES DE TESTIMONIO QUE IMPACTAN AL MUNDO

Pastor Ángel Bea y esposa

Pastor Ángel Bea y esposa

Ángel Bea

Hay tres elementos esenciales de testimonio revelados por el mismo Señor Jesucristo, inmediatamente antes de ir a la muerte en la cruz, y por los cuales Dios desea iluminar y alcanzar a este mundo. Para ello, será a la Iglesia a la que, como “pueblo de Dios” y “nación santa” le ha sido dada la responsabilidad de anunciar al mundo –la sociedad que nos rodea- “las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ªP.2.9-10). Veamos:

1.- EL AMOR DE LOS DISCÍPULOS: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” ((J.13.34-35).
El primer elemento esencial es el amor entre los discípulos del Señor. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (J.13.34-35). El amor no sería posible sin la presencia del Espíritu Santo en los creyentes. A partir de la confesión de fe y la entrega al Señor Jesucristo, el creyente recibe al Espíritu Santo, por el cual “el amor de Dios se derrama” en él. (Ro.5.5). Sin el Espíritu el amor de Dios en la vida del creyente no se daría en nuestra vida.

Por tanto, el amor es lo primero que el mundo debería ver entre los que nos llamamos pueblo de Dios. Los discípulos no son familia de la misma “sangre y carne”. Sin embargo han conocido el amor de Dios y se aman por encima de sus propias diferencias familiares humanas, raciales, nacionales, sociales, sexuales, etc., sin hacer acepción de personas (Hch.10.34; Gál.3.27-28; St.2.1-4). El amor es su seña de identidad. Así lo expresó el Señor: “Como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (J.13.34)

Pero el amor será más evidente en la iglesia cuando ésta vuelca su atención preferencial para con los necesitados: pobres, viudas, marginados/excluidos, maltratados, presos, enfermos, extranjeros, etc. (Hch.4.32-27; 6.1-7; He.10.34; 13.3; Mt.25.31-46). Pero el amor no debe limitarse exclusivamente –aunque sí, primeramente- a los creyentes, sino yendo más allá del círculo de la comunidad cristiana. (Gál.6.10). Sin este amor el testimonio cristiano sería nulo e ineficaz.

Cuando el amor de Dios se da en la Iglesia en la medida que debe darse, podría llegar a incomodarnos, porque rompe los moldes religiosos que tienden a encubrir su falta, e incluso a justificarla. De esa manera impedimos que el amor sirva de eficaz terapia para el alma, sanando el corazón de muchas heridas y traumas.

El amor de Dios también pone de manifiesto las soberbias de aquellos que miran por encima del hombro a sus hermanos, creyendo que están en la verdadera ortodoxia cristiana o, lo que ellos llaman “la sana doctrina”. En ese sentido, el amor tiene efectos terapéuticos sanándonos de las heridas que el “cuchillo” de la soberbia ha producido en nuestro corazón, aún sin darnos cuenta.

El resultado del amor de Dios reflejado en los discípulos del Señor, será que tocará el corazón de los que “ven” en ellos al mismo Señor Jesucristo, dado que: “Conocerán todos que sois mis discípulos”.

2.- LA UNIDAD DE LOS DISCÍPULOS: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (J.17.21-23)

El segundo elemento esencial es la unidad de la Iglesia. Si hay amor entre los discípulos, la consecuencia lógica será la unidad entre ellos. De esa realidad esencial habló el Señor en su oración intercesora por los discípulos de todos los tiempos: “Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Las cursivas son nuestras. J.17.21-23).

Lógicamente, podemos caer en el error de creer que Jesús dice eso de nuestro grupo o denominación particular; no en teoría, pero sí en la práctica; pero eso, por no ajustarse a la verdad sería un pecado de soberbia.

La unidad se dará, efectivamente, en cada iglesia en particular; pero una visión del reino de Dios hará que mantengamos la misma actitud de unidad en relación con todos aquellos que, confesando la misma fe cristiana, no pertenezcan a “mi grupo” particular. No hacerlo así, sería pecado. Pero la unidad entre los creyentes, no sería a cualquier precio. No podemos olvidar que, en el contexto donde Jesús habló de esta unidad, se enfatiza por cinco veces la importancia de su Palabra: palabra recibida, creída y guardada por los discípulos (J.17.6,8,14,17,19). Palabra que seguiría siendo predicada y “santificando” a los creyentes de todos los tiempos (J.17.17, 20); y, por tanto, base de toda unidad cristiana.

Por tanto, en la medida que expresamos la unidad como la consecuencia del amor de Dios, estaremos contribuyendo a dar a conocer que el Señor Jesucristo fue enviado por el Padre (J.17.21, 23) y, por el contrario, cuando rompemos esa unidad contribuimos a estorbar dicho propósito al cual la Iglesia ha sido llamada. El asunto es más serio de lo que a menudo pensamos.

Una toma de conciencia de la unidad de la Iglesia, más allá de nuestro grupo particular y/o nuestra denominación, nos llevará a analizar nuestra actual situación en relación con el resto del pueblo de Dios en nuestra ciudad y en nuestro país. No podemos negar esa falta de unidad por doquier, hasta el punto de que, en vez de producir fe en el mundo que nos contempla -de acuerdo a la oración de nuestro Señor- más bien produce perplejidad y confusión; cuando no, risa, burla e incluso, vergüenza.

3.- EL TESTIMONIO DE LA PALABRA DE LOS DISCÍPULOS: “Más no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (J.17.20)

El tercer elemento esencial, es el testimonio de palabra de los discípulos. Entonces, hay un testimonio doble de parte de la Iglesia al mundo. Por una parte está lo que la Iglesia expresa ante el mundo a través del amor y de la unidad; pero por otra está también el testimonio por medio de “la palabra de ellos”, por la cual “habrán de creer” muchos más a lo largo de la historia. (J.17.20). Para esa misión (como para poder vivir de acuerdo a lo expuesto antes) el Señor había prometido que enviaría al Espíritu Santo, el cual daría testimonio acerca de él; pero también llevaría a los discípulos a testificar de Jesús. (J.16.26-27).

Así que, Jesús da por sentado que sus discípulos iban a tomar en serio el dar a conocer el evangelio de acuerdo con la Gran Comisión que él les encomendó. (Mt.28.19-20). Esa es una (junto con las otras dos) gran responsabilidad de la Iglesia de Cristo, si es que la gente ha de oír el evangelio de la salvación que es en Cristo Jesús.

La identidad de la Iglesia está ligada a su misión ya que es, “nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ªP.2.9-10); y, como “familia de Dios” (Ef.2.18-19) la iglesia es llamada a presentar a todos -especialmente a cuantos se sienten extranjeros y exiliados en este mundo- el llamado a ser integrados en ella a través de la fe en Jesucristo. Integrados a una familia de paz y de reconciliación, por cuanto sus miembros han sido reconciliados con Dios y han conocido la paz de Dios. (Ro.5.1-2)

Concluimos, pues, diciendo que sin estos “tres elementos esenciales” el testimonio ante el mundo no resultará eficaz en ningún sentido. Si no hay amor, no habrá unidad; y eso, por mucha uniformidad que consigamos tener. Y si faltan esos elementos vitales, el testimonio de palabra no será más que un ruido de “metal que resuena y címbalos que retiñen”. (1ªCo.13.1).
Que Dios nos ayude.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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