DISCIPLINA ESPIRITUAL VERSUS DISCIPLINA CARNAL

Pedro Petter Hoyos Huaman

En algunas congregaciones cristianas es común escuchar que tal o cual hermano fue o ha sido “disciplinado” por haber incurrido en alguna falta.
Ya sea que haya quebrantado una regla de la iglesia, o bien, haya estado en desacuerdo con alguna disposición, dicho hermano recibe una “disciplina”.

Pero,
¿qué significa “disciplinar” a alguien?
¿Se aplica Bíblicamente o según el criterio de alguien más?

Yo siempre he dicho que si la Palabra de Dios es más cortante que espada de dos filos, debemos tener mucho cuidado al usarla, ya que podemos lastimarnos y lastimar a los demás.

Toda congregación debe tener principios y normas necesarios para el buen desarrollo de sus servicios y ministerios, para mantener el orden y armonía entre sus miembros, y para guardar la reverencia a Dios en cada culto que se celebre.
Ahora bien, en algunas ocasiones dichas normas o reglas se convierten en leyes que ocupan un lugar igual o más importante que la propia Palabra de Dios haciendo con esto un “fariseísmo colectivo” entre gran parte de los miembros.

Desafortunadamente muchas iglesias hoy en día presumen de una supuesta “espiritualidad” basada en el cumplimiento de esas reglas y principios que son leyes para ellas y creen que por cumplirlas están bien delante de Dios.
El problema comienza cuando uno de sus miembros quebranta una de estas “leyes”, ya que la “espiritualidad” de la iglesia (o del Pastor) queda en entredicho, y por supuesto es motivo de indignación.

El “pobre hermano” que no pasó al altar a orar cuando fue la invitación,
o que aplaude durante el período de la alabanza,
o que danza glorificando a Dios, o no se viste de tal manera,
o expresa su descontento u opinión sobre algo que no está bien,
o está en desacuerdo con disposiciones de los líderes de la iglesia que a veces (no siempre) son necedades,
o que tiene alguna relación de amistad con personas contrarias al Pastor, y etc., etc., recibirá un “juicio” de parte de la congregación
y tendrá una disciplina que por lo general consiste en lo siguiente:

1) Se le deja de hablar

2) Se le pide se vaya de la iglesia

3) Se suspenden sus ministerios

4) Se le tacha de rebelde

5) Se considera un “infiltrado de Satanás”, etc., etc.
Esto ocurre cuando una persona cae de la “gracia” de la congregación (o de alguien mas),
pero, ¿qué ocurre cuando verdaderamente algún hermano que no ha sido instruido correctamente, o bien, ya con algunos años de cristiano incurre en uno o más pecados poniendo realmente en peligro su propia vida espiritual y la de toda la iglesia?
¿Qué dice la Biblia?
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. (1ª Jn. 2:1)
En otro pasaje, el apóstol Pablo mencionaba que si se tenia problemas con algún miembro de la iglesia, el asunto se tratara en privado;
si el hermano no entendía, se hiciera con testigos la amonestación;
y si insistía en su mala conducta, se le tuviera como “gentil y publicano”, es decir, alguien que necesita de Cristo, ya que su conducta refleja la falta del amor y de la Palabra de Dios en su vida.
Pablo nunca dijo:
“Si no entiende, ridiculízalo;
o búrlate de él.
Ya no le prediques, ni ores, ni intercedas por él”.
Pablo menciona que no nos juntemos con aquél que “disfrazado de oveja siendo un lobo” quiera destruir la obra de Dios;
pero con aquél que es débil, que le falta ser discipulado, debemos restaurarle pronto.

Gálatas 6:1-2; 10 menciona: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.
Basado en este pasaje, las recomendaciones que me permito hacer para aplicar una disciplina son las siguientes:

1) Orar pidiendo sabiduría y discernimiento para enfrentar y resolver el problema

2) Orar por la persona en conflicto

3) Tratar el asunto discretamente

4) Mostrar amor y buena voluntad con la persona en conflicto

5) Hacerle ver el pecado y sus consecuencias a quien lo haya cometido

6) Mostrar una buena solución después de haber orado juntos

7) La persona debe arrepentirse y confesar su pecado a Dios

8) No consentir a la persona, pero tampoco rechazarla

9) Cuidar que no se convierta en chisme la situación de la persona afectada

Hermanos, restauremos a los caídos, porque usted puede ser “juez” ahora, pero mañana…quizás sea el acusado.

Dios les bendiga.
Su servidor Ministro de Dios: Predicador Pedro Petter Hoyos Huaman , celular 930971528, sugerencias u opiniones y si es posible a travez del WhatsApp. Lima – Perú.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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