¿CREE DIOS EN NOSOTROS PARA LLEVAR A CABO SU OBRA?

Ángel Bea

El científico Kurt Gödel

Muchas veces he oído o leído la afirmación de que “Dios ha creído en nosotros” y ha puesto “toda la carne en el asador” (valga la expresión) y que su obra va a depender de nuestra fidelidad a él.

Con el debido respeto para los que no estén de acuerdo, sin duda, esta afirmación suena bastante bien a los oídos de los que han abrazado el humanismo como filosofía de vida de su cristianismo; pero en la Biblia no encontramos nada semejante a afirmaciones como esas. La afirmación de que “Dios confía en nosotros” es prima hermana de otras parecidas que, aunque tienen el objeto de levantar el ánimo y la moral a los creyentes, al final crean el efecto contrario, por pensar que si la obra de Dios va a adelante es por mi fidelidad, porque soy responsable y porque en definitiva “yo soy estupendo”, “un fenómeno” “un crack”.

Si leemos atentamente el mensaje bíblico, podemos hacer una de dos cosas, o poner a un lado lo que dice la Escritura (tan propio de este tiempo) y seguir la ideología moderna o atender al mensaje bíblico. Dicho mensaje nos enseña una y otra vez, que si no fuera por la obra de gracia divina, nada podríamos por nosotros mismos, ni en relación a la salvación, ni en relación al avance de su obra en el mundo. Al seguir al Maestro, él no nos dijo “Venid en pos de mí, y entre vosotros y yo vamos a hacer la obra”. No. Él comienza diciendo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame” (Mt.16.24).

O sea, nada que hubiera en nosotros servía a efectos de “colaborar” en el plan de salvación de Dios. Luego, una vez que decidimos seguirle, el Maestro dijo que sería por el Espíritu Santo que los discípulos podían ser enseñados, guiados y llenos de poder para vivir la vida cristiana y ser testigos eficaces en este mundo (J.14.16,26; 15.26-27; 16.13; Lc.24.47-49; Hch.1.8)

Lo anotado más arriba pone de manifiesto que nuestra dependencia de él debe ser total y absoluta a todos los efectos, y tira por tierra cualquier pretensión de que “Dios confía en nosotros”. Más bien a nosotros se nos demanda fe y obediencia en todo y por todo para hacer su voluntad. El apóstol Pablo entendió perfectamente cuál era el lugar del Señor en su vida y cuál era el suyo. En su lenguaje, jamás encontraremos declaraciones semejantes a las que afirman que “Dios confía en nosotros” o de que “somos estupendos”; más bien todo lo contrario. He aquí unos cuantos ejemplos:

1.- LA RENUNCIA COMO PUNTO DE PARTIDA y que debe mantenerse el resto de toda la vida del creyente: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gá. 2.20). Esto está en armonía con el llamado de Cristo de “negarse” a sí mismo y “tomar la cruz” para seguirle a él.

2.- EL PRINCIPIO DE LA GRACIA DIVINA que obra en el creyente a todos los efectos: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sin la gracia de Dios conmigo” (1ªCo.15.10)

  1. LA GRACIA DE DIOS LLAMANDO Y CAPACITANDO para el ministerio, cualquiera que sea éste, y otorgando los dones –capacidades- para el desempeño en la extensión de su reino y la edificación de la iglesia. (1ªCo.12.4-7; Ef.3.7-9; 4.11-12)
  2. LA GRACIA DE DIOS PRODUCIENDO él mismo “en vosotros así el querer (deseo de hacer la voluntad de Dios) como el hacer (el poder para hacerla) por su buena voluntad (no la nuestra)” (Flp.2.13). Lo cual es confirmado en Hebreos 13.21: “Y el Dios de paz… os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo…”

Es evidente que lo que hace posible que se cumpla la voluntad de Dios en nosotros los que creemos, no es que nosotros seamos “estupendos” ni porque el Señor “confíe en nosotros”. Lo que suele ocurrir con cierta frecuencia en muchos creyentes, buenos y sinceros, (cuando no, mal guiados) es que al experimentar la maravillosa gracia de Dios, a veces no distinguen lo que es de Dios y lo que es de sí mismos; se sienten tan bien y (digámoslo sin ironía) tan “a gusto” consigo mismos, que pueden llegar a pensar que hay una gran parte que depende ellos y que, por tanto son “dignos de confianza” por parte de Dios.

Sin embargo la realidad es muy otra, al considerar las citas anotadas más arriba y el conocimiento que vamos recibiendo de Dios, que “es luz”, y de nuestra propia naturaleza humana, tan desconocida para muchos creyentes (Heb. 4.12-13). Cuando dicho doble conocimiento se recibe y experimenta, a uno no le queda más gana de decir que “soy estupendo”, sino más bien: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? (Ro.7.24). Por tanto, es inapropiado decir: “Dios confía en mí”. Más bien descubrimos cuán poco de fiar somos nosotros (¡y Dios lo sabe muy bien!) y nuestra necesidad de vivir una vida de fe (confianza y obediencia) en Dios, desde el principio hasta el final de nuestra vida. ¡A eso somos llamados! (Ro.1.17; Heb.10.36-39). Porque, al final, nos damos cuenta de que nuestra “perseverancia” no depende de nosotros mismos, sino de la gracia de Dios, tal y cómo hemos anotado más arriba. Es decir eso que los teólogos reformados han llamado “la perseverancia de los santos” no es sino la perseverancia de Dios en cumplir su voluntad en nosotros.

Es Dios, por tanto, el digno de confianza, obediencia, adoración, alabanza, gratitud y toda la gloria; no nosotros. Saber quién es él y lo que ha hecho, y saber quiénes somos nosotros y lo imprevisibles que somos… nos humillará y nos hará más confiados en el Señor y más dependientes de su gracia.

No obstante, mi opinión puede estar sujeta a error, en parte y, por tanto, ser bastante mejorable.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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