Mario E. Fumero
Mateo 9:1-3 «ENTONCES entrando en el barco, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad. Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados. Y he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.
Los judíos acusaron a Jesús de blasfemo en dos ocasiones. Una en relación a perdonar los pecados del paralítico, y en otra en relación a su afirmación de que destruiría el templo y en tres días lo edificaría, no refiriéndose al templo de Salomón, (Juan 2:19) sino a su propio cuerpo.
Como verán ustedes, el sentido etimológico de blasfemia es la usurpación del hombre asumiendo el lugar de Dios. La blasfemia procede del griego βλασφημία: «blaptein», que significa «injuriar», y «pheme», que indica «reputación». Etimológicamente significa palabra ofensiva, injuriosa, contumeliosa, de escarnio, pero en el sentido teológico y judeo, la blasfemia se considera un delito público contra Dios, al tomar su nombre en vano, o usurpar su lugar. Tales acciones era castigadas en el A.T. con la pena de muerte —singularmente en las teocracias— principalmente cuando los profetas hablaban profecías falsas, diciendo que Dios dijo, lo que no dijo.
Muchos líderes modernos tienen la osadía de afirmar cosas que dicen que vienen de Dios para darle peso a sus palabras, y manipular a las personas, cayendo muchos en el engaño y herejías. En nuestro tiempo se han levantado una generación de profetas y apóstoles, que usando el nombre de Dios, afirman cosas falsas, o profecías engañosas de hechos que no ocurren, usurpando el papel de Dios, y cayendo en abierta blasfemia y herejías.
Nadie debe tomar en nombre de Dios para implementar ideas propias, o traer profecías falsas. Es mejor decir «yo siento del Señor» que afirmar «Dios dijo» porque esta última expresión nos lleva a blasfemar, y nos hace reos de juicio. Ni siquiera debemos jurar o comprometer a Dios con lo que sentimos o decimos, porque Jesús lo prohibió rotundamente (Mateo 5:34, Santiago 5:12).
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