EL ROBO IRREPARABLE

Mario E. Fumero

En la vida nos pueden robar muchas cosas, unas son recuperables, pero otras no. En realidad hay muchos ladrones que nos hacen pasar momentos difíciles, aunque gracias a Dios todo lo que nos roban es sustituible, pero hay algo que no se puede reponer jamás, y de eso quiero compartir.

Si me roban el dinero, aunque puede afectarme en algunas situaciones, siempre lo puedo reponer, porque es algo que siempre lo tenemos presente. Si nos roban algún objeto de valor, como una cámara, un ordenador, un automóvil etc., siempre podremos reponerlo, porque son objetos que se venden, aunque perdemos aspectos sentimental que puede haber en ellos. Siempre el objeto robado se recupera, aunque tengamos que empezar a ponerle toda la información. Lo que más podría afectarme emocionalmente, es el robo de un celular, porque perdería toda la información que tiene, la cual antes era irrecuperable, pues tenía que comenzar de nuevo a buscar la información, pero hoy, gracias al sistema llamado “la nube” (iCloud), lo recupero fácil.

¿Qué es la nube? Un sistema informático donde coloco toda la información en un archivo virtual que está en el aire, por eso, se acude a la nube, cuando te roban o pierdes el móvil, y con mi clave, puedo recuperar y bajar todos esos archivos y la información subida.

Todo lo que se nos robe se puede reponer, incluso, si Satanás nos robara la bendición y la salvación, acudiendo al Señor podemos recuperarla.  Un ejemplo de ello lo tenemos en la historia de Job. El enemigo le quitó todo, riqueza, salud, familia y para colmo enfermo su cuerpo (leer libro de Job) pero Dios después se lo devolvió aumentado.

Sin embargo, hay algo que cuando se pierde o te lo roban, jamás lo podrás recuperar de nuevo, y eso es el TIEMPO. Sí, amigos, el tiempo no se compra, nunca se recuperas y jamás regresa. Cada segundo y minuto que vives, jamás volverá, porque la vida se escapa a cada instante, y es por ello que el tiempo perdido, o que te roban, jamás podrás recuperarlo, porque cuando la vida se acaba, nada ni nadie puede comprarla, para alargarla, y las oportunidades que dejaste atrás, nunca volverán.

Es por eso que el apóstol Santiago nos expone la brevedad de la vida, y su valor en cada momento cuando dice “… no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece (Santiago 4:14). Así que la vida se escapa segundo a segundo, y debemos aprovechar bien el tiempo, y no perderlo, o dejar que alguien nos robe con necedades, porque esos segundos de vida que desperdiciamos, nunca regresaran Los mismos pueden ser productivos o destructivos, pero pasan, y de que vale lamentarnos, si no sabemos aprovechar las oportunidades para hacerlo que es oportuno.

La vida es tan corta, y el tiempo pasa tan rápido, que no podemos darnos el lujo de despilfarrar cada minuto de las existencias en cosas vanas. No debemos permitir que los afanes, distracciones y personas nos roben algo que jamás podremos recuperar, “el tiempo”.

Platón, el filosofo griego, escribió sobre la brevedad de la vida, y según la cultura griega, el día es de veinticuatro horas y se divide en los tres ochos, y ahí está la realidad del tiempo que vivimos. Dedicamos ocho horas para estudiar o trabajar, otras ocho horas para todas las demás necesidades personales o acción individual, como comer, ducharnos, pasear, hablar, distraernos o servir a alguien, y nos quedan otras ocho horas para dormir. Si llegáramos a vivimos sesenta años, perdemos veinte años durmiendo, y el dormir es una necesidad biológica que puede variar según la edad. Cuando niños dormimos más de las ocho horas, pero al envejecer dormimos menos, y así compensamos los veinte años de sueño. Después empleamos otros veinte años en trabajo, afanes y estudios, y nos quedan veinte años para comer, pasear, meditar, servir, distraernos, convivir con la familia etc.

Como verán, la vida pasa como una neblina que se desvanece y el tiempo perdido queda tan solo en el recuerdo, y al envejecer nos lamentamos de como perdimos la vida sin haberla aprovechado. Trabajamos desesperadamente para tener dinero, y después, cuando nos enfermamos, lo gastamos en hospitales y medicinas. Nos afanamos por tener y después ¿Qué? Nos lamentamos de las oportunidades que perdimos en poder amar, servir y disfrutar la vida con propósito.

Muchas cosas sin valor nos roban el tiempo ¿Cuántas horas perdemos frente a la televisión, o discutiendo necedades, o quejándonos de lo que no hicimos, de tratar de comprar la felicidad artificialmente, perdiendo tiempos y recursos? Vivimos para “TENER” y nos olvidamos de “SER”, y de pronto, descubrimos que la vida se nos fue, y nunca disfrutamos de la verdadera felicidad que nace del amor que da paz, porque los afanes de este siglo cegaron nuestro entendimiento espiritual. Olvidamos aquellas palabras de Jesús en Mateo 16:26 que dice ” ¿de qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?…”

El disfrutar del amor, la amistad, la familia, la naturaleza y los valores espirituales es lo único que podrá darnos una vida plena felicidad, y esto no se compra, sino se da, y nace de a dentro. Ahí reside la verdadera razón de vivir.

Conclusión: Cuando tenemos sesenta años, tristemente solo hemos vivido veinte años, con la oportunidad de amor, servir, disfrutar la vida según el plan de Dios, y dejar sembrado recuerdos inolvidables, que serán nuestra premio y recompensa en la vejez, pero a veces, otras cosas ajenas nos robaron ese tiempo, y descubrimos que existimos, pero en realidad no vivimos, porque no aprovechamos las oportunidades para amar y valorar la vida.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a EL ROBO IRREPARABLE

  1. ileana dijo:

    Muy acertado, debemos vivir redimiendo el tiempo.

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