EL PASTOR, Y LAS OVEJAS INGRATAS

Mario E. Fumero

Esta historia que les voy a contar refleja una realidad común en muchos países de América latina en relación a los pastores evangélicos que lo dan todo, y terminan sin nada. Los nombres y lugares son ficticios, pero los hechos reflejan una realidad latente en muchas regiones de nuestro continente. Espero que este relato nos haga pensar y reflexionar.

Roberto se convirtió a los 18 años, y después de apoyar a su iglesia en Jutilapa, se fue a estudiar a un instituto bíblico, con el ardiente deseo de servir al Señor el resto de su vida. Se casó con una joven cristiana, y tomó la decisión de irse a predicar a la región de Yaguya, muy alejada de su residencia, siendo esta una zona muy pobre de su república.

Con todo entusiasmo y fervor, él y su esposa se entregaron a evangelizar y levantar una iglesia. Durante los primeros años tuvo que trabajar en una maquila para sostenerse. Lentamente el evangelio se extendió por esa zona y muchos al convertirse prosperaron, mejorando el estándar de vida de la comunidad. El pastor, de forma incansable, no cesaba de visita las aldeas, dejando el trabajo en la maquila, para recibir un humilde salario de su congregación y así, dedicarle todo el tiempo a predicar y enseñar, aunque hubo veces que pasó hambre y dificultades.

Los años pasaron y la Iglesia creció tanto en número como en economía, y le construyeron una casa pastoral a él y su familia. El pastor gozaba de mucho respeto, y tenía un buen testimonio en la comunidad, porque se había esforzado no solamente en evangelizar, sino también en mejorar las condiciones del barrio en donde vivía.

Pasaron los años, y los estragos del ministerio fueron haciendo mella en su salud. Al cumplir 40 años de pastorado y 60 de edad, Roberto se sintió un poco mal de salud y fue al hospital. Después de someterse a diversos exámenes, los médicos le diagnosticaron un problema cardiovascular complicado con hipertensión y diabetes. Lentamente la enfermedad le minó sus fuerzas, y fue decayendo físicamente. Ya no podía rendir como en el principio. Permanecía en cama la mayor parte del tiempo. Un día los líderes de la iglesia se reunieron para ver qué hacían frente a esta situación, y después de una larga discusión, llegando la conclusión de que el pastor ya no podía dar la talla, y lo mejor que podían hacer eran despedirlo, y buscar un nuevo pastor, con más energía y salud.

Uno de los diáconos fue a visitar a Roberto para comunicándole que los ancianos y diáconos de la iglesia habían tomado la decisión de sustituirlo, y poner un nuevo pastor, ya que él no tenía la fuerza para seguir llevando adelante la iglesia, por lo cual se le despidió como pastor. Días después, los líderes le dijeron que tenía que abandonar la casa pastoral para que la ocupara el nuevo pastor, y que le daban las gracias por su ministerio. Apesadumbrado por ello, Roberto se deprimió y los líderes de la iglesia le pagaron el pasaje para que regresara a su región.

Solo y abandonado, Roberto alisto todas sus cosas, y se marchó a su tierra de origen, en donde murió en la mayor miseria. Junto a su enfermedad, se le añadió una gran depresión, ya que después de haberlo dado todo por la iglesia, hoy le despachan con las manos vacías, enfermo y sin compasión, ignorando su esfuerzo y sacrificio.

En esta historia vemos como las ovejas desechan a su pastor, y no honran su ancianidad ni sacrificio, como dice la palabra, que los ancianos que gobierne bien “sea tenido en alta estima” (1 Timoteo 5:17). ¿Cuándo obreros lo dan todo por la iglesia, y después esta los abandona y desechan? Si es cierto que el pastor debe dar su vida por las ovejas, también es cierto que las ovejas tienen que oír la voz de su pastor y ayudarle en todo.

Los ministros son siervos, y merecen respeto, máxime cuando lo han dado todo a cambio de nada. Esto se llama gratitud. Tristemente conozco muchas iglesias, que después que exprimir a su pastor, lo desechan, sin considerar que es un siervo de Dios que lo dio todo, y merece honra y apoyo en los momentos difíciles. Pero tal actitud no me extraña porque también Jesús sufrió el abandono de sus discípulos en los momentos de agonía, y solo uno le acompaño uno al pie de la cruz ¿Y dónde estaban los otros once? ¿No fueron ellos ingratos con su maestro? La ingratitud y la traición están ligada a la naturaleza viciada del hombre, y esto es irremediable, pero lo que hacemos, lo hacemos para el Señor y no para los hombres.

Esta historia es común en los países latinos. Cuando una Iglesia no honra a los ancianos que lo dieron todo, no merecen llamarse iglesia, porque si el amor no comienza en casa, ¿Cómo podremos extenderlo al mundo?

Es bueno que las ovejas piensen, cuiden y hagan provisión para aquellos pastores que no se enriquecen explotando la fe, sino que lo dan todo y viven humildemente. Es un deber prepararles un futuro digno, que se jubilen y que se les tengan en estima, porque la ingratitud y el abandono a los que sirven al Señor se considera un pecado, porque refleja la falta de amor a los que fueron llamados a edificar tu vida.

 

mariofumero@hotmail.com

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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