LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -1-

Mario E. Fumero

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Partimos del hecho de que Cristo es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo[1]. Todo cuerpo tiene miembros superiores e inferiores, relacionados entre sí por un orden de ubicación y no de jerarquía. Quiero comenzar este análisis enfocando la función de los ministerios superiores de la iglesia de acuerdo a la Palabra. Según Efesios 4:11-12

“…él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros pro-fetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

En la iglesia existen dos grupos específicos de ministerios (o servicio) de acuerdo a su función:        

  1. Los ministerios especialeso con llamado: Son los que gobiernan y dirigen el Cuerpo de Cristo para su perfección. (ver 11). Llamados y separados por Jesús para gobernar su iglesia, los definimos como dones ministeriales[2].
  2. Los discípulos o miembros del cuerpoque son los “ministerios generales; a los cuales se les llama también “laicos” o creyentes. Son las ovejas que forman el rebaño y deben trabajar en la multiplicación.

LOS MINISTERIOS ESPECIALES

Entre los ministerios especiales, puestos para gobernar y perfeccionar a los santos, la Biblia menciona cinco; maestros, pastores, profetas, evangelistas y apóstoles (1 Corintios 12:28).

Para alcanzar un ministerio especial se necesita algo más que una preparación teológica, o un deseo de servir a Dios[3]. Es imprescindible un llamamiento. Éste llamamiento debe ser directo y personal, confirmado por los frutos, que darán el reconocimiento y aceptación en la iglesia local. Y ¿cómo saber quién es llamado? Por sus hechos. Sin embargo existe dos clasificaciones para juzgar y distinguir el llama-miento genuino del falso, ya que hay dos tipos de “ministros“; unos que son los que viven para su vientre, buscando en el ministerio una posición social o un “modus vivendi“, y otros son los que aman la obra, sus ovejas y su labor, hasta el grado de morir y sufrir por ellas (2 Corintios 2:4). El apóstol Pablo dice en Filipenses 3:2,7,8 lo siguiente:

“¡Guardaos de los perros! ¡Guardaos de los malos obreros! ¡Guardaos de los que mutilan el cuerpo!… Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aún más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo”

Siguiendo estas pautas, clasificaremos a estos dos tipos de ministros en:

Primero: Los malos obreros, mutiladores del cuerpo, perros; que viven para causar división, explotar la fe y venderse a quien les pague más.

    Segundo: Los siervos del Señor, que aman y sirven a Cristo, por lo que están dispuestos, como Pablo, al sacrificio por la causa del reino, que es la iglesia del Señor,  y tienen todas las cosas como pérdida; “Sin embargo, de muy buena gana gastaré yo de lo mío, y me desgastaré a mí mismo por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos? (2 Corintios 12:15)

LOS MALOS OBREROS O FALSOS MINISTROS.

Al pensar en las características de los falsos ministros tenemos que analizar, en la definición dada por San Pablo, el término “PERROS. Esta expresión suena dura, pero, ¿sabes por qué les llama así? Porque buscan las migajas que caen de cualquier mesa, se venden al mejor postor, carecen de principios propios, y como hizo Esaú,[4] son capaces de vender su “primogenitura” por un plato de lentejas. Estos buscan sólo su sustento (un buen salario), por lo que se cambian de “misión” o “iglesia” como lo harían de ropa. Andan detrás de la denominación o concilio que les pague más dinero, y a veces, venden hasta la congregación a misiones extranjeras, como si fueran borregos en un corral. Esta actitud, que desacredita la seriedad del amor del pastor por sus OVEJAS, es una forma de apostasía que inunda nuestros círculos religiosos. Estos son aquellos malos obre-ros, amadores de sí mismos, que como maestros falsos, se introducen dentro de la iglesia para hacer mella en el fundamento de los Apóstoles y de la doctrina de Cristo.

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán la vida al rebaño; y que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para descarriar a los discípulos tras ellos.” (Hechos 20:29-30).

El otro término usado es el de “MALOS OBREROS“, y estriba en el hecho de que no aman al rebaño, solo lo entretienen, dándole pastos secos, en vez de llevarlo a pastos delicados y ríos de aguas vivas. Predican sermones superficiales, del tipo “duérmete mi niño”. No se preocupan por los problemas, ni las necesidades espirituales de su congregación. Se conforman con que rumien en el “valle de la indecisión”, y no los llevan a que vivan la vida cristiana en santidad. Toman la función como profesión, y no como un compromiso para formar la vida y carácter de sus ovejas.

Este tipo de obreros amamantan el pecado, alientan el proselitismo, y en vez de cuidar la grey, buscan el cumplido social dentro del sistema establecido, sin vivir una vida en sencillez, con temor y temblor. No se desvelan por sus ovejas, ni las conocen por su nombre. Estos, en vez de vivir para el Evangelio, viven tan sólo del Evangelio, y cuando encuentran una mejor oportunidad de pastorado, en una iglesia más grande, o con mejor sueldo, se van corriendo, aunque su congregación los necesite. O quizás, al aparecer problemas económicos en la congregación, y no poder darle su sustento, como lo hacían antes, se va buscando un trabajo donde “pueda ganar más”, y abandona el ministerio. A este tipo de obreros Jesús les llamó “asalariados” (Juan 10:10-14). Estos, cuando ven venir al lobo, escapan corriendo, dejando al rebaño indefenso. Carecen del sentido del compromiso y sacrificio por el bien del rebaño.

Podemos hacer referencia a estos dos tipos de ministros preguntándonos: ¿Por qué tienen que existir malos obreros, amadores de los deleites más que de Dios? El Pastor David Wilkerson[5] afirma que siempre han existido dos sacerdocios; uno que es conforme a los deseos de la carne, representado en el A.T. por el sacerdocio de Abiatar, y otro conforme a la unción y la voluntad de Dios, que es representado por el sacerdocio de Sadoc. ¿Pero qué significan estos dos nombres? Durante el reinado de Saúl hubieron dos sacerdotes; “¿No estarán allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Todo lo que oigas en la casa del rey se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar” (2 Samuel 15:35).

¿Qué significado tienen sus nombres?

SADOC: “Uno que es justo”.

ABIATAR: “Que tiene paz con Dios”

En la Biblia David es tipo de Cristo, un sacerdocio conforme al corazón de Dios, un ministerio ungido, mientras que Saúl es tipo del sistema corrupto, de una iglesia que ha perdido la unción de Dios al aliarse con los intereses creados del sistema dominante. Una iglesia que vive tan sólo de emociones y mercantilismo. Sadoc se mantiene siempre fiel al lado de David, pese a la adversidad y persecución (I Cronicas 12,28.). Él quería estar del lado correcto en donde estaba la bendición de Dios, por eso dejó a Saúl y se fue con David y sus 22 capitanes. Se fue con la unción, con la santidad, con la pureza, y nunca dejó a David, ni siquiera con la rebelión de Absalón. Hasta que apareció David como el rey “ungido”. Fue entonces cuando Abiatar y Sadoc fueron juntos. Parece que los dos iban en pureza y santidad. Pero ¡No! Abiatar tenía la semilla de Elí en su corazón, él buscaba posición, poder y bienestar. Esto es el éxito, la prosperidad, ser el número uno. Siempre lo que está en el corazón es lo que sale a la luz. La vejez de David fue un tanto difícil. Absalón (su hijo) estaba cometiendo adulterio con las concubinas de Israel, por ello la voz de Sadoc sonó, para condenar su pecado (1 Reyes 1:1-10).

Después Adonías se rebeló tratando de usurpar el trono de David y fue apoyado por el sacerdote Abiatar el cual estaba buscando más la posición, la voluntad de Dios. Aquí nos encontramos con una rebelión, la de Adonías, que representa lo que podríamos definir como la búsqueda de la prosperidad y el éxito. Ahora entendemos qué es lo que había en el corazón de Abiatar; él quería ser próspero. Ese es el evangelio que hoy muchos predican, y que por desgracia existe en muchos lugares. Proclamamos la llamada “teología de la prosperidad” para acomodarnos al sistema y explotar la fama, el éxito y el poder. Hay mucha gente que buscará este tipo de pastores, para que les enseñen cómo llegar a tener más. Las iglesias se hacen grandes, porque sus miembros buscan el bienestar y la prosperidad. Es el mismo espíritu que había en Abiatar. Al morir David, Abiatar busca el poder social más que la unción. Tiene un ministerio nuevo y diferente, y se acomoda al sistema dominante. Es por ello que después Salomón lo despacha del sacerdocio, por-que era corrupto, ya que siguió en los pecados de los hijos de Elí: “Así excluyó Salomón a Abiatar de ser sacerdote de Jehová, cumpliéndose la palabra que Jehová había hablado en Silo acerca de la casa de Elí.” (1 Reyes 2:27).

Y Dios levantó otro sacerdocio, el de Sadoc, del cual había dicho:

“Pero yo levantaré para mí un sacerdote fiel que actúe conforme a mi corazón y a mi alma. Le edificaré una casa firme, y él andará en presencia de mi ungido todos los días.” (1 Samuel 2:35).

Adonías va a la Peña de Zohelet, que significa la peña de la serpiente (el diablo). Dios no estaba en esto, era una actitud que producía una acción satánica, pero Abiatar le seguía la corriente. No había ni un hombre santo entre ellos. Esto es lo que ocurre en la iglesia cuando se envuelve del espíritu de este mundo, y es dominada por los poderes económicos. Abiatar está bajo la maldición de Elí, pues había orgullo y lujuria en su mente. El corazón de Adonías buscaba a Abisag (mujer que cuidó a David en su vejez). Fue entonces que Adonías pidió a Salomón, por medio de su madre, que le diese a esta mujer, pero Salomón se la negó, y además lo mató. Hay muchos que no se han enfrentado a su orgullo, a su lujuria sexual, y no saben cómo cuidar sus ojos, y van detrás de las mujeres bonitas, adulterando y escandalizando el evangelio de Jesucristo. Qué triste ver como ministros manchan la dignidad del evangelio cayendo en pe-cados carnales de forma infame, y después siguen predicando, como que nada ha pasado.

Cuando David proclama rey a Salomón, llama a Sadoc para que le unja como Rey (I Reyes 1,32), ya que Sadoc está en la unción, en el camino recto. Lo primero que hace Salomón en su reinado es decirle a Adonías que lo dejaría tranquilo, y que no lo mataría, si se portaba bien (I Re 1,52), pero a su vez le pide a Abiatar que venga a él, (I Reyes 2,26-27). Le recuerda la profecía dada a Elí, en donde se anunció que Dios retiraría su promesa de bendición sobre la casa de éste por tolerar la maldad de sus hijos[6]. Debería Salomón haber matado al sacerdote Abiatar, pero le estaba diciendo que este tipo de sacerdocio no podría ser cortado. No podía tocarle, aunque sabía que Dios no estaba con él, pues carecía de la unción, pero se tenía que cumplir la profecía dada a Elí. Así que los malos obreros y los perros han existido y existirán hasta la consumación final de los tiempos. Por eso debemos saber distinguir entre unos y otros. El mismo Jesús tuvo un obrero traidor, llamado Judas Iscariote, que buscaba el bienestar y la ambición material.

También se menciona a los “MUTILADORES DEL CUERPO“. Son obreros capaces de dividir la iglesia para satisfacer sus propios caprichos personales, tomando como excusa cualquier hecho rudimentario, alegando que actuaron así por cuestión de “doctrina y libertad de espíritu”. Pero en sí, fue obra de la carnalidad que existía en su ser. “Mutilar” es cortar, dividir, partir una cosa. Con tristeza vemos que por cualquier simple roce, choque o desavenencia, se dividen y dejan a la iglesia partida en dos grupos, para enfrascarse ambos grupos en una lucha terrenal teniendo las mismas creencias y fe, alegando cosas absurdas, que en relación a la unidad del Amor y del Espíritu son insignificantes. Los corintios, aunque discrepaban en opiniones y lideratos, no cometieron el error de dividirse en grupos apartes, y formar cada cual una congregación, como lo hacemos hoy día. Este tipo de obreros carecen de convicción, y le siguen el juego a cualquier teoría o doctrina rara que aparezca.

Muchos líderes de esta naciente “IGLESIA APOSTATA“, se unirán a la gran ramera, al sistema religioso mundial en la etapa del anticristo, y están clasificados dentro de éste grupo los que Pablo llamó; “mutiladores del cuerpo“. Son aquellos que dejando la verdad, creen y enseñan doctrinas de demonios, basándose en la lógica extra- bíblica, (recordemos que el diablo sabe la Biblia, pero no la puede vivir). Dividen el cuerpo, negando la eficacia de la piedad[7] y justificando la homosexualidad, el libertinaje, el aborto y considerando al pecado como “una idea acomplejadora“, llegando a afirmar que es un tabú que inhibe al hombre en su plena realización. Otros hacen de ciertos énfasis una gran verdad, con la cual forjan actitudes sectarias, para dar inicio a una organización que se nutrirá de los creyentes de otras iglesias. También están los “liberales” que no solo niegan la inerrancia (veracidad) de las Escrituras como Palabra de Dios, sino que ponen en tela de juicio los milagros y el poder de Dios. Otros son “ministros” que se introducen dentro, para causar sensacionalismo y culto al “ego”, ambicionando puestos y buscando gloria. Siembran el desconcierto, ya que sus funciones no fueron dadas por Cristo, sino por su astucia o inteligencia humana. Otros, con prodigios y señales, hacen que la congregación deje a sus pastores, (que la formaron y criaron) para ir en pos de ellos. Con nota de “milagros”, menoscaban la unidad y la sujeción a los líderes. Hoy día, muchos hermanos andan detrás de cualquiera, que en un parque, plaza o auditorio, ostente títulos o señales milagrosas.

No estoy condenando estos hechos, los cuales pue-den ser obra del Espíritu a través de sus dones o carismas, pero considero que una iglesia normal debe tener en sí misma todos estos dones potenciales, operando como esencia de la vida en el Espíritu. Tenemos el ejemplo bíblico de Felipe, (que era un simple diácono. Hechos 6:5, 8:5) el cual al escapar de la persecución de Jerusalén, fue a Samaria produciendo un aviamiento con señales y prodigios, revelando sin buscarlo ni quererlo, el poder del Evangelio. Las señales no se usaron para atraer a los hermanos convertidos de otras congregaciones a las nuestras, dejando a sus pastores, sino más bien para ser partícipes de un acto de milagro por el cual muchos incrédulos confesaron el poder de Jesús, naciendo la iglesia.

También están los tele-evangelistas que por “control remoto”, tratan de forjar una iglesia, usando los medios de  comunicación para adoctrinar, dirigir, forjando las vidas a través de un pastorado invisible y critican a las congregaciones existentes, que tratan de dar, junto a la Palabra, el calor y la comunión que es en la esencia del cristianismo. Los medios han despersonificado la evangelización y han deshumanizado la relación eclesiástica, y en vez de hacer un bien, lo que hacen es sembrar más confusión y división en nuestro mundo ya despersonificado por las tecnologías.

¿Cómo es posible que hayan predicadores que hagan milagros y sean “obreros engañadores”? Recordemos que el mismo Jesús nos advirtió tales hechos (Mateo 24:4,5,11, 22-26), y en más de una ocasión se refirió a este asunto y dijo:

No es el que dice Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos Mateo 7:21.

Él enseñó que en el juicio final, muchos reclamarán haber hecho milagros, prodigios y echado demonios, y a los tales les dirá: “Apartaos de mí, al fuego eterno. No os conozco“. También refirió que vendrían muchos falsos profetas que engañarían aún a los escogidos.

Pablo señala que puede haber muchos que con muestras de piedad y dones se presenten como “supuestos cristianos”, pero carecen del amor. No es raro que tales cosas ocurran en nuestros tiempos como en la época bíblica. ¿Cómo saber quién es quién? Pablo lo enseña poniendo el fundamento del amor como distintivo, ya que el diablo pue-de hacer e imitarlo todo, pero nunca podrá amar, porque ésta es la única y virtual característica de Dios en su relación con el hombre. No hay forma de distinguir entre el obrero malo y bueno, a no ser por la vida, la enseñanza y el amor que muestre a sus ovejas.

En mi ministerio me he encontrado con ambos, y no se me haría difícil distinguirlos. El mal obrero le da importancia a los títulos, se exalta, y trata de controlar ciertas posiciones claves en su estructura. Si examinamos su actitud egocéntrica, descubriremos que es fanático en aquello que explota, (sea idea, iglesia, o sistema), y a la vez es flojo en la doctrina, juega con el pecado, buscando las riquezas, y muchas veces se vuelve dogmático y legalista o se va al extremo liberal.

También encontramos aquellos que se enriquecen, obteniendo por medio de la explotación de la fe, bienes materiales. Todo líder religioso que se enriquece rápidamente, sin una causa lógica, es un mal obrero.

La otra característica es su posición voluble en problemas sociales, dentro de los cuales se introduce como un líder, identificándose con tal o cual ideología o mentalidad política. Por lo general, el mal obrero no habla claro, es diplomático y trata de agradar a todo el mundo. No participa en reuniones de oración, ni comparte con otros ministerios espirituales, pero sí, busca la unidad con los ecumenistas. Son “Doctores” de la palabra, que forjan esta falsa unidad, creando estructuras que dan orígenes a títulos y posiciones humanas de protagonismo, aunque debemos tener cuidado no generalizar, porque hay excepciones.

No podremos juzgar a un ministro u obrero del Señor como malo sólo porque haga algo ilógico, o se involucre en alguna determinada acción social, o tenga un título de doctor. Tenemos que evaluar sus frutos y su vida a la luz de la Escritura, la cual nos dice como debe ser siervo[8] (con “s”), ya que puede haber algunos que inconscientemente, o por ignorancia, hagan cosas que puedan catalogarse como “malas”, pero en el fondo, lo que les mueve es el deseo de dar testimonio y proclamar el evangelio dentro de sus esquemas teológicas, ya que no todas estas reglas son aplicables a todos los casos.

Pondré un ejemplo propio de lo mencionado. Cuando fui evangelista hice cosas que, aunque hoy no las apruebo como correctas, tampoco las hice como incorrectas, pues actué de acuerdo a la conciencia que en ese momento tenía. ¿Cómo es eso posible? Veamos: La costumbre general de los evangelistas es exaltar siempre su nombre, foto y trabajo, como medio de propaganda, para alcanzar prestigio y reconocimiento en las iglesias, y poder subsistir, obteniendo apoyo. Esto en sí no es malo, pero poco a poco uno se va exaltando hasta que, sin darse cuenta, nuestro nombre aparece en grande, y el de Jesús en pequeño. “Yo” era el artista principal de la película, y Jesús el ayudante. Ponía mi foto en todas partes, y relataba mis hazañas para obtener protagonismo. Hoy día miro esto desde otra perspectiva, debido a que he madurado y evolucionado en muchos conceptos, pero en aquella época actué de buena fe, según costumbres y enseñanzas recibidas. Ahora reconozco que no debería ser así, porque en nuestro ministerio, al que debemos exaltar es a Jesús, y lo que hacemos, no lo hacemos nosotros, sino Cristo, al cual le debemos dar la honra y gloria, que a veces sin querer le robamos, y si en algo nos gloriamos, que sea en nuestras debilidades, porque en ella el poder de Dios se perfecciona (2 Cor 12:9).

Actualmente rechazo y evito exaltarme en lo que a mí se refiere. No me gusta poner mi foto, ni siquiera usar los títulos que tengo, porque he aprendido a ser un SIERVO INÚTIL y proclamar a JESÚS como Señor de mi vida.

Uno no debe dar testimonio de sí mismo, ni demostrar con expresiones de exaltación que tenemos poder, sino dejar que otros lo hagan por nosotros. Cuidado con juzgar, y si juzgamos, hagámoslo como espirituales (1Corintios 2:15), para no caer en murmuración, calumnia y falso testimonio.

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[1]– El principio de Jesús como cabeza de la Iglesia es claramente aceptado por todos, por lo tanto la iglesia no debe tener cabeza humana sobre la cabeza divina, aunque si hay ministerios que sujetos a la cabeza gobiernan el cuerpo de acuerdo a los pensamientos de Jesús estipulados en su Palabra y en la intervención del Espíritu Santo, de acuerdo a las circunstancias, pero la autoridad debe des-cansar en el pluralismo y no en el “complejo de cabezón. Efesios 1:22,  5:23, Col 1:18, 2:10,  2:19.

[2]– Existen los Dones Naturales: Aquellos que todos traemos por naturaleza. Son los talentos naturales que poseemos seamos o no cristianos. Los Dones Espirituales: Dados por el Espíritu para la edificación de su Iglesia según 1 Corintios 12. Los Dones de Cristo para su iglesia, que son los cinco ministerios aquí analizados.

[3] – La preparación en teología es necesaria para el conocimiento, pero no forma el carácter. No niego la importancia de la preparación académica (a lo que llamo información) siempre y cuando se catalogue como vital la formación emocional (trato del carácter).

[4]-En Génesis 25:24-26 podemos ver como por un plato de comida Esaú vendió a su hermano la bendición de Dios.

[5]– Tomado de un cassette en donde David Wilkerson enseñó a los pastores de Costa Rica en el año 1993¿?.

[6]– 1 Samuel 2:27-36. Aquí vemos que Dios descarta el sacerdocio de la descendencia de Elí, y promete levantar un nuevo sacerdocio. Lo importante es que no destruiría el suyo. Así que habrían dos sacerdocios paralelo; el de Eli y el nuevo sacerdocio, “conforme al corazón de Dios” Verso 35.

 [7]-Es interesante observar los comentarios del Apóstol Pablo sobre la situación de los últimos tiempos en relación a los falsos ministros. 1 Timoteo 4:1-3, 2 Timoteo 3:5-8.

 [8]-Recomiendo el estudio “Los principios de ser siervo”. De Mario E. Fumero y publicado por Producciones Peniel S. de R.L. 1997.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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3 respuestas a LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -1-

  1. Pablo Meneces A. dijo:

    Gracias hermano. Muy buena su explicación acerca de los ministerios. Quedo muy agradecido a Dios por su vida.

  2. E.R. dijo:

    Dios constituyó cinco Ministerios, a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

    El problema y la confusión es que muchos hermanos que rinden algún tipo de servicio al Cuerpo de Cristo, se denominan cómo parte de estos ministerios, cuando en realidad son complementos al funcionamiento de éstos.

    Es decir, salir a la calle y rendir algún tipo de labor social no te hace Evangelista.

    El tú dar una escuela bíblica el domingo, no te hace Maestro.

    El qué uno discipule a un grupo de personas no te hace Pastor.

    El que tú levantes una obra, no te hace Apóstol.

    Si en un momento dado Dios te da una palabra profética, eso no te hace Profeta.

    Para ejercer uno de los cinco ministerios hay que ser llamado por Dios y ser confirmado por el Espíritu Santo. De no ser así, tus dones y servicios son complementos para la edificación del Cuerpo de Cristo. No necesariamente te hace participe de los cinco ministerios mencionados en Efesios.

    Dios les bendiga.

    • Frank Latimer dijo:

      exacto…..y parece que nadie quiere entenderlo , o no les conviene entenderlo …o yo no se que pasa pero que solo hay ministerios ….y no hay ni una oveja ,
      excepto yo que soy oveja …….pero de 3ª….
      ….y no se si valgo para oveja porque son tantos fracasos que he perdido la cuenta ….y no me dan el carnet de oveja ….pero sigo esforzándome por dar leche y lana

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