LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -2-

Mario E. Fumero

EL OBRERO FIEL Y VERDADERO.

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Hablaremos ahora del obrero fiel, que ama su obra, y se considera, más que un “Reverendo“, UN SIERVO, al cual el Señor llamó para darse a su pueblo. La Biblia es explícita en cuanto a la conducta que debe tener un verdadero ministro de Dios.

Lo primero que enseñó Jesús es que somos llamados a servir y cuidar del rebaño mediante la paternidad espiritual[1], expresada en el principio de “ID Y HACED DISCÍPULOS”. Como fruto natural de esta paternidad, nos hacemos padres espirituales, por lo que nos convertimos en maestros, y sin buscarlo ni quererlo, se forma el rebaño, y nosotros llegamos a ser pastores. Esto no ocurre como producto de una estructura, sino por las circunstancias que nos forjan en el amor y sacrificio, ya que “El Buen Pastor, su vida da por las ovejas.” Esto nos lleva a cuidar y alimentar a las ovejas, para que se desarrollen, y puedan dar leche. Así nacen los ministerios, como producto de un cuerpo funcional, evolucionan en la medida que el cuerpo crece. Si la iglesia es un cuerpo, todo es funcional, nada es estático, así que los ministerios ni son permanentes, ni son titulares, sino funcionales. Para entender esto hagamos una comparación lógica: Soy hijo y después de casarme, tengo hijos, por lo que me convierto en padre. Después mis hijos tienen hijos, y me convierto en abuelo. ¿No fue este un proceso natural de crecimiento? ¿Se puede ser abuelo sin ser primero padre? ¿Se puede ser padre por recibir un cursillo de paternidad? ¿Se puede ser pastor sin ovejas? ¿Se puede ser apóstol (abuelo) sin haber formado pastores (ser padre)? Pensemos en esta similitud y entenderemos qué es ser “funcional”.

El pastor fiel sirve al rebaño “no por la paga o el salario que recibe”, aunque es acreedor del mismo. Las ovejas le dan la lana, con lo cual premian su sacrificio, al protegerlas y guiarlas a buenos pastos y fresca agua. No busca en sus ovejas más de lo que éstas pueden dar, o él mismo necesita. Evita las “ganancias deshonestas“(1 Pedro 5:2). Si alguna vez tiene que trabajar con sus manos para ayudar a la obra, lo hace con gozo y placer, sabiendo que su ministerio se honra, cuando por amor, tiene que trabajar secularmente para ayudar la obra[2]. No deja al rebaño por los problemas, aunque venga la tormenta. Ahí está, firme, cuidando sus ovejas. Ama la obra, y no la vendería, ni se vendería siguiera al mejor comprador. Se goza en su rebaño y actúa, no como teniendo señorío sobre él, sino con ánimo presto, como que tendrá que dar cuenta a Dios por él mismo (1 Pedro 5:2-4).

Sufre por sus ovejas. Si alguna se enferma o se aparta, su corazón siente y padece. Vive para ellas, y no hace preferencia. Las ama a todas con ese amor divino que se agranda con el llamamiento al ministerio. Tiene que haber entre pastor y oveja una relación profunda, una unidad genuina del Espíritu, por lo que él las llama a ellas “mis hijas” y ellas a él “nuestro padre“. En otras palabras, esto es tener un corazón de pastor, de padre. Es tierno y siente tanto por su rebaño que se identifica con él aunque esté lejos:

“Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo2 Corintios 2:4 RV.

Esta unidad produce respeto, autoridad y sumisión de unos con otros. Buscan la meta, que es alcanzar la imagen de Jesús. El buen ministro no cambia de idea ni de doctrina, no busca prestigio, comparte lo que posee con otros, tiene celo por su trabajo, hasta se sobrepasa, y deja que el celo a veces lo consuma. Ora, ayuna y trabaja con su iglesia. Muchas veces va más allá de lo normal, tomando él sólo toda la carga de la obra, hasta que se enferma. Se da sin medida. Delega, con amor, responsabilidades para la multiplicación del rebaño.

El pastor, y los demás ministerios de la iglesia, son según la Palabra, dirigidos por el Espíritu para la edificación del cuerpo. Cada ministerio tiene su función, aunque hoy día muchas circunstancias han cambiado este sentido, distorsionando los mismos, y eliminando algunos ministerios para crear otros que no son bíblicos, limitándose la autoridad de los mismos.

El Señor quiere que demos un énfasis bíblico a los ministerios, y los distingamos, no sólo por sus frutos y llamamiento, sino también por su fin y función.

 

CONCLUSIÓN

            Dejamos por asentado en este capítulo que existen en la iglesia ministerios generales y ministerios especiales. Establecimos que los ministerios con funcionales y que crecen juntos a todo el cuerpo. Nos falta por definir las funciones ministeriales y su surgimiento como “llamados por Dios” dentro del crecer de una iglesia normal, pero esto se analiza en los posteriores capítulos, así que paciencia y asimilemos esto para entender después lo que sigue.

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 [1]- Es interesante ver el libro de Mario E. Fumero publicado por UNILIT  en el 1996, llamado “PATERNIDAD ESPIRITUAL”.

[2] -El pastor debe dedicarse a la obra de Dios si ésta le puede respaldar. No hay base bíblica para prohibirle a un ministro el trabajar secularmente cuando la congregación no le puede dar el sustento. Al contrario, es bíblico y los que tal cosa hacen son merecedores de alta estima. (Hechos 18:3, 2 Tes 3:7-8)

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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2 respuestas a LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -2-

  1. Edgardo Arita dijo:

    “Padres Espirituales”, el mesías dijo que a nadie hay q llamarlo Padre, ni Maestro, ni Rabi, entonces?

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