LA EVOLUCIÓN HISTORIA  DE LA APOSTASÍA

Mario E. Fumero

El siglo anterior (XX) comenzó con un maravilloso derramamiento del Espíritu Santo, el cual dio origen al movimiento Pentecostal. Este análisis no menoscaba la realidad, ni la obra del Espíritu Santo en sus manifestaciones bíblicas, sino que expone los abusos que en nombre del Espíritu se han cometido y se cometen actualmente,  principalmente por los movimientos neo-pentecostales; así como la condición del libertinaje espiritual que viven muchas congregaciones, las cuales no se han fundamentado en la doctrina bíblica y de los apóstoles sobre el mover del Espíritu Santo, y son presas de todo tipo de ideas extravagantes, que no se ajustan al fundamento dejado en la Palabra la cual regula el mover del Espíritu.

UN EJEMPLO ANTIGUO,

Si Dios nos ha dejado un Antiguo Testamento con la historia del pueblo de Israel, incluyendo  sus errores, fracasos y virtudes, es porque tenemos en sus ejemplos valores que nos pueden ayudar a comprender el peligro que puede afrontar la iglesia si reincide en los mismos errores del pasado.

Dios ha formado en Cristo un pueblo de toda tribu y lengua (1 Pedro 2:9), el cual es actualmente el Reino de Dios en la tierra, y se denomina “la iglesia”, así pues examinaremos el primer pueblo de Dios (los judíos) y veremos cuáles fueron las causas de sus fracasos como pueblo escogido y como portadores del mensaje divino.

EL FRACASO DE ISRAEL

Toda la historia de Israel está envuelta de muchas similitudes con la de la iglesia en diversos aspectos. Dios formó su pueblo escogido (Israel), dentro de otro pueblo pagano e idólatra que era Egipto, de la misma forma, Jesús levantó y formó una iglesia poderosa dentro de un sistema corrupto y pagano que era el impero romano. Los israelitas no tenían libertad dentro del sistema egipcio para adorar a Dios y hacer sus templos, su fe residía en los hogares hasta donde llegó la persecución y el odio del Faraón, matando a los hijos varones y esclavizándoles cruelmente. La iglesia a su vez, no tuvo locales ni centros para la predicación, funcionó en los hogares, bajo las crueles persecuciones que duraron más de  años.

En la historia israelita, encontramos el hecho de que mientras carecían de todo y vivían oprimidos en un marco adverso, crecían en fe y confianza en Dios, pero una vez establecidos y prosperados, se olvidaban de Dios e imitaban a los otros reinos vecinos, cayendo en la idolatría y rebeldía, por lo cual Dios los castigaba entregándoles a otros pueblos en cautiverio. De igual forma la iglesia, mientras fue perseguida y oprimida, crecía en poder y pureza, haciéndose victoriosa en los campos del circo romano, en donde morían dando testimonio de su fe en Cristo como Señor; pero una vez que ésta se hizo legal y protegida por el emperador Constantino (Edicto de Tolerancia 313 d.C.) comenzó a pervertirse y degenerarse lentamente, envolviéndose de poder y doctrinas humanas que la condujeron al error del Catolicismo Romano durante la Edad Media.

La historia demuestra, con muchos ejemplos, que la prosperidad material conduce a los pueblos a la ruina y destrucción, de igual manera la Iglesia en su prosperidad se apartaba de la verdad espiritual cayendo en el materialismo y apostasía.

Los israelitas salieron con poder y señales de Egipto hacia una tierra prometida que no conocían, llevando consigo las normas, bajo las cuales debían vivir, que le fueron dadas por Dios a Moisés en el monte Sinaí, pero, ¿Cuál fue la actitud del pueblo cuando obtuvieron lo que nunca habían tenido? Empezaron a mirar lo que los otros pueblos paganos tenían, y quisieron imitarlos, al grado tal que le dijeron a Samuel que ya no querían Jueces, sino que deseaban reyes como los demás pueblos  tenían (1ª Samuel. 8:5). Fue así que pidieron y tuvieron reyes, pero ¿Qué ocurrió? Su postrer estado fue peor que el anterior.

Es cierto que prosperaron, que tuvieron reinados gloriosos, como el del Rey David y el de Salomón. Este último alcanzó tanta fama que se extendió por todo el mundo conocido en aquel entonces; sin embargo ¿Qué ocurrió cuando el pueblo prosperó y edificó templo o casa a Jehová, y lograron lo que deseaban? Tanto el rey Salomón como su pueblo se apartaron de la voluntad de Dios, y la misma prosperidad les tapó los ojos para que no entendieran por si mismos su condición. A cada paso encontramos el fracaso del pueblo, sea con el rey que fuera, el problema era el mismo; cuando prosperaban le daban la espalda a Dios, cuando sufrían o venían los juicios divinos, clamaban a Él por misericordia.

He aquí el origen del ministerio profético. El surgimiento de los PROFETAS estaba previsto para resolver una necesidad;  advertirles al pueblo y a los líderes de sus pecados y sus fallas a la luz de la Palabra dada por Dios. Ellos revelaban los errores, los peligros, los juicios y la mundanalidad introducida de otros pueblos que contaminaron al pueblo esco-gido.

¿QUÉ ERA SER PROFETA?

Todos los profetas eran odiados, tanto por los reyes como por los líderes religiosos de sus épocas, pues estos venían siempre a condenarles y sentenciarles a juicios (Mateo 23:37). Eran la voz de Dios en medio de una nación dura de cerviz (Deuteronomio 9:13), que pese a lo que vio y experimentó, eran persuadidos por los ardides del diablo a la idolatría y rebeldía.

Los profetas no hablaban por sí mismos, ni aprobaban el mal existente en sus líderes, eran atalayas, luces en las tinieblas espirituales, voceros del juicio divino para su pueblo extraviado, pero no desechado. El mensaje de ellos no complacían el deseo o  capricho de los dirigentes, no ocultaban lo malo llamándole bueno (Isaías 5:20), no podían ser sobornados, ellos tenían la dura y triste tarea de proclamar la verdad del Dios poderoso en medio de la mentira y persecución del diablo, tenían que conservar la Sana Doctrina dada por Dios a Moisés.

Los profetas sufrieron por decir la verdad, Jeremías experimentó en carne propia la ira de su pueblo, y de los dirigentes, cuando le anunció al rey el juicio de Dios por su pecado. Fueron perseguidos y encarcelados. El pueblo no podía entender su propia condición, estaban ciegos y aunque cargaban la ley de Moisés y las Crónicas de los Reyes, caían terriblemente en el juicio de Dios por apartarse de su Palabra (Jeremías 20:2,Cap.25). El mensaje profético no era del agrado de los líderes, porque los profetas no se comprometían con las estructuras, por eso sufrían persecución (Leer 1ª Reyes Cap. 22).

Decían una verdad que nadie quería oír, por eso Jesucristo habló de ellos expresando que “fueron enviados a su pueblo, pero los apedrearon y mataron” (Mateo 23:37) y ¿POR QUÉ? porque no predicaban lo que a la mayoría le gustaba oír cuando andaban mal. ¿Cómo terminaba siempre la desobediencia? En cautiverio, esclavitud, dolor, lagrimas, juicios, etc. Fue por esa razón que después de la muerte de Cristo, y por el rechazo a éste que los judíos fueron destruidos como nación, y Jerusalén fue asolada por Tito en el año 70 d.C. siendo esparcidos por 1,877 años entre las naciones, en las cuales sufrieron tremendas persecuciones, y todo por desobedecer la PALABRA DE DIOS.

LA REALIDAD DE LA IGLESIA HOY

Esta es la misma condición de la iglesia en estos tiempos. Dios levanta ministerios para que guíen a su pueblo a la verdad. Nosotros tenemos que formar un pueblo basado en la DOCTRINA DE LOS APÓSTOLES, y no podemos poner otro fundamento que el que ha sido puesto por estos (Hechos 28:42, 1ª Corintios 8:10 -13) pero una casta de falsos apóstoles  y profetas aparecen con una visión propia, y aparan a los ingenuos del fundamento Bíblico.

Encontramos que entre los ministerios de la iglesia, Dios también ha puesto PROFETAS, (Efesios 4:11.) no al estilo del Antiguo Testamento, pero si bajo la misma perspectiva que aquellos. Estos profetas en la iglesia son los que tomando la Palabra ya trazada, reciben de Dios luz para advertirle al pueblo de Dios los peligros de su época y conservar la sana doctrina apostólica. Este ministerio, que tanto necesitamos actualmente, es el atalaya que mantiene a la iglesia sana, en medio de tanto influjo de fuerzas mundanas que quieren entrar y dominar a los creyentes en nuestros tiempos.

¿Cuál es la condición de la iglesia? Estamos en la época de más prosperidad en la historia del cristianismo. Donde quiera que vaya escucho hablar de temas tan actuales como la misma ciencia. Estamos viviendo la misma experiencia que Israel en su época de mayor prosperidad. El mundo con sus ofertas nos envuelve, hasta el punto en que la vida se hace artificial, aun dentro de la misma iglesia, dejando poco a poco la sencillez del ESPÍRITU para vivir en la ostentosidad de la carne.

No estoy contra el progreso, pues el mismo nos abre caminos para el cumplimiento de nuestra misión evangelizadora. No condeno la tecnología, ni la electrónica en la proclama del Evangelio, pero sí creo que debemos abrirnos ante el hecho de que el diablo nos puede absorber con tantas cosas externas para hacernos depender más de ellas que del Espíritu Santo, descuidando lo interno y esencial, para hacernos esclavos de lo material y artificial, cayendo en un cristianismo mediocre, y sin vida.

He visto el panorama actual de las iglesias pentecostales en los Estados Unidos, ¡estoy asustado! Yo pensaba que la apostasía de la cual habla la Biblia (2 Tesalonicenses 2:1-3, 1ª Timoteo 4:1-3) sería la característica de las Iglesias ecuménicas o modernistas, las cuales formarían junto a la gran ramera, la alianza mundial de la super-iglesia apostata que establecería una doctrina contraria a la verdad bíblica. Jamás pensé que la Iglesia Pentecostal, y mi denominación, llena del Espíritu Santo y de sana doctrina cayesen en la apostasía, dejándose seducir por espíritus mentirosos que en los postreros tiempos vendrían a engañar aun a los escogidos. Jamás imaginé que la pureza de una iglesia, que pecaba de extremista, muchas veces, llegara a perderse cayendo en formas extremas de error y doctrina alejada de la verdad Bíblica.

Es por esa razón que DOY MI GRITO DE ALERTA, para que aquellos que todavía tengan oídos para oír, oigan lo que el Espíritu dice a su Iglesia en los últimos tiempos. (Apocalipsis 2:3-7) No les hablo por revelación, ni por sueños; no es necesario esto, pues por la Palabra de Dios se puede entender muchas cosas, y ella me hace comprender que muchos cristianos y líderes viven confundidos y ciegos, aunque están llenos de conocimientos y diplomas teológicos. Lo que les voy a presentar es nada más y nada menos que la verdad bíblica de la doctrina de los Apóstoles a la luz de la realidad existente.

El diablo sabe obrar muy bien, con razón dice la Biblia que se vuelve “ángel de luz” (2 Corintios 11:14) y él conoce la sensibilidad de los pentecostales y sus lados débiles. El sabe que atacarlos de afuera o unirlos al ecumenismo es casi imposible, y como él tiene la cualidad de la astucia, en la actualidad, ha buscado otras tácticas más efectivas y sutiles para que sin que lo descubran, logre su fin de confusión y apostasía en la iglesia.

La primera arma esgrimida contra los pentecostales fue la “división”. El diablo dio origen a la doctrina comunista que reza así: “divide y triunfaras”. El enemigo del Evangelio no solo dividió y sub-dividió a los grupos de avivamientos del Espíritu en Iglesias, concilios, misiones, etc. sino que ha iniciado la otra parte de su plan diabólico, infiltrar sutilmente dentro de estas Iglesias divididas, doctrinas idolátricas y humanas, con una falsa bendición artificial y carnal pero ¿Cómo lo hace para no confundir?. Estamos tan lejos de entender y poseer los demás dones espirituales, que podemos tener a un demonio sentado al lado nuestro creyendo que es un “santo hermano”. Así que, no se asuste cuando descubra como, sin darnos cuenta, el diablo ha colocado dentro de nuestras iglesias evangélicas esos apóstoles que promueven la llamada red apostólica dando origen al neo-pentecostalismo.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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