¿ORACIÓN DE GUERRA?

Del libro de Mario E. Fumero “EL ORAR” VERDADES O DESVIRTUACIONES

          En nuestro tiempo se ha fabricado una seudo teología que usando el término de oración de “GUERRA” enfatiza en toda una acción de combate contra las fuerzas del mal; cánticos de guerra, oración de guerra, guerra espiritual, escuadrón de guerra, etc., y es que a través de la historia de la iglesia se ha estado librando una continua guerra espiritual contra el mal, que opera en todas las esferas de la creación. ¿Pero que es el mal?

El término “mal” viene del sentido de hacer algo contrario a la voluntad de Dios, de cometer una acción que viola el orden moral, social o natural del diario vivir. Las reglas con las cuales medimos lo malo depende de los principios con los cuales fuimos educados, y de los valores existente en la sociedad en la cual nos toque vivir. El mal es una acción que produce “pecado”. El pecado es toda transgresión a la ley. La Biblia da una definición muy profunda del pecado como una acción consciente del ser humano, afirmando: “Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, eso le es pecado” (Santiago 4:17). Partiendo de esta premisa, el mal se puede clasificar en dos áreas:

1º El que nace como producto de una acción consciente del hombre contra el orden establecido en sus leyes, mandamientos y estatutos.

2º Como una fuerza espiritual que se opone a Dios, y lucha por destruir su designio divino, atacando al hombre, y oprimiéndole por medio del pecado.

Partiendo de estos puntos, la lucha contra el mal envuelve dos esfera de acción; una en relación al “pecado que mora en mí” (Rom 7:17), el cual obedece a la naturaleza pecaminosa que heredamos de Adán y Eva, y que de forma natural, nos induce o arrastra hacia acciones malas de forma inconsciente: “Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico” (Rom 7:19), y otra a los ataques del enemigo para inducirme a ser esclavo del pecado como una acción deliberada:

“Jesús les respondió: –De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado. El esclavo no permanece en la casa para siempre; el Hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:34-36). “Porque si pecamos voluntariamente, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado,” (Hebreos 10:26).

No es lo mismo el pecado producido por una acción inconsciente, impulsivamente y sin planificación del hecho, a aquel por el cual soy arrastrado conscientemente y con alevosía a su ejecución. Hay diferentes dimensiones de maldad, de igual forma debe de haber diferentes formas de luchar y orar. Cuando el problema del hombre es una “manera viciada de vivir”, y sus inclinaciones sean arrastrada por problemas de naturaleza, su mayor necesidad es ministrarle consejería, dirección y formación, para moldear el carácter y formarle “dominio propio”. No así con aquellos que además de esto, están atados al pecado más bajo, estos necesitan liberación.

 

Pero hablemos de orar. Orar es hablar con Dios (Nuestro Padre) por medio de su hijo Jesucristo: “Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13. Vea 15:16, 16:23). La dinámica de la oración depende de las necesidades que tengamos, aunque el hablar con Dios no debe de ser el producto de una necesidad determinada, sino de una relación personal con nuestro Padre, y el contenido es algo que depende de nosotros mismos. No existe un modelo semántico que pueda definir el contenido global de una oración, así que la coletilla; “guerra” “poder” “liberación” “victoria”, que añadimos al término oración no debe ser una forma de expresión, sino una acción concreta en el dialogo con Dios. ¿Podemos hacer de las coletillas una forma constante y única de comunicación con el Padre?  Me temo que no.

Dentro del contenido de una oración puede haber diferentes matices; peticiones, gratitud, confesión, proclamación, humillación, necesidades espirituales o materiales, recono-cimiento, dialogo etc. Se puede hacer una oración sobre una necesidad especifica; pedir fuerza, unción, poder, victoria en determinadas batallas etc. ¿Pero es todo batalla? ¿Es todo enfermedad o ataque diabólico? Aquí debemos matizar y discernir que según la Biblia, no existe un determinado estilo de oración, sino que ordena de forma imperativa que debemos “Orad sin cesar.” (1 Ts 5:17) “orando en todo tiempo en el Espíritu, con toda oración y ruego, vigilando con toda perseverancia y ruego por todos los santos” (Ef 6:18), “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos piadosas, sin ira ni discusión” (1 Tim 2:8). “gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración;” (Rm 12:12).

¿Cuantos modelos o motivos de oraciones hay en las enseñanzas bíblicas?  Muchos y muy variados. Veamos algunos:

1º= Se nos ordena a orar con sinceridad, expresando tu necesidad, sin hipocresía: “Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.” (Mateo 6:5) No usando las oraciones para evadir la responsabilidad, el amor y el servicio, o para hacer con ella juicios a otros.

2º= Orando por nuestros enemigos: “Bendecid a los que os maldicen y orad por los que os maltratan.” (Lucas 6:28)

3º= Orando para no ser tentado: “Cuando llegó al lugar, les dijo: –Orad que no entréis en tentación.” (Lucas 22:40)

4º= Orando para estar apercibido sobre la venida del Señor, y estar alerta de las señales de los tiempos: “Mirad y velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.” (Marcos 13:33).

5º= Orando por el poder y la permanente llenura del Espíritu Santo: “Los cuales descendieron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Espíritu Santo.” (Hechos 8:15)

6º= Orando para imponer las manos según la necesidad, ya sea para bendecir, reconocer, animar u orar por los enfermos: “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.” (Hechos 13:3) “Aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo entró a donde él estaba, y después de orar, le impuso las manos y le sanó.” (Hechos 28:8) Pero a la hora de imponer las manos, debemos hacerlo por la dirección del Espíritu, consciente de la necesidad y no imponiendo las manos por ligereza o costumbre.

7º= Por las necesidades de los que sirven el Señor en el ministerio: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que luchéis conmigo en oración por mí delante de Dios; (Rom 15:30, ver también 2 Tes 3:1, Heb 13:18).

8º= Orando para no cometer errores y fallas en mi conducta, o sea por mis defectos: “Y oramos a Dios que no hagáis nada malo; no para que nosotros luzcamos como aprobados, sino para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros quedemos como reprobados.” (2 Cor 13:7).

9º= Orando por los enfermos, ya sea en intercesión o directamente de forma continua: “¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los ancianos de la iglesia y que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe dará salud al enfermo, y el Señor lo levantará. Y si ha cometido pecados, le serán perdonados.” (Sant 5:14-15).

10º= Orando los unos por los otros: “Por tanto, confesaos unos a otros vuestros pecados, y orad unos por otros de manera que seáis sanados. La ferviente oración del justo, obrando eficaz-mente, puede mucho” (Sant 5:16).

11º= Orando por los gobernantes y todos aquellos que ocupen un puesto importante en os gobiernos humanos: “Por esto exhorto, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que llevemos una vida tranquila y reposada en toda piedad y dignidad. Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador,” (1 Tim 2:1-3).

12= Orando para tener poder para liberar a los oprimidos del demonio: “Pero este género de demonio sale sólo con oración y ayuno” (Mateo 17:21).

Podemos también hacer oraciones que más bien son expresiones de alabanzas, cuando proclamamos las grandezas del Señor, y anunciamos sus misericordias.

El orar es una acción, la coletilla es en sí el propósito de la misma; “guerra” “perdón” “humillación” “intersección”. Aunque en la Biblia no existe en sí un término a “oración de guerra”, él mismo es admisible cuando se ora en un momento de lucha, con el propósito de pedirle a Dios la victoria en ese combate. Esta expresión no debe ser un término generalizado, pues no todas las oraciones están siempre en este mismo plano, pues las situaciones y los motivos de oración pueden ser muy diversos. No debemos dogmatizar el concepto de “ORACIÓN DE GUERRA” como un estereotipo para todo, aunque en un sentido estamos siempre en guerra continua. Este matiz puede distorsionar y menoscabar todas las demás causas o motivos bíblicos de oración, y crea un estilo único de expresión, sin base ni contenido doctrinal.

El otro elemento que se explota mucho, y a veces se desvirtúa, el de “INTERCEDER”[1]. Cuando intercedemos ejercemos nuestro sacerdocio: “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). Esta palabra nace del concepto del sacerdote levítico y el tabernáculo, frente al pecado del pueblo de Israel. Estos traían al sacerdote un sacrificio por la expiación de sus culpas y éste intercedía por ellos. El Sumo sacerdote hacia la función de intercesor delante de la presencia de Dios, por el pecado de todo el pueblo, una vez al año en el lugar santísimo. En el Nuevo Testamento se nos ordena “orar los unos por los otros”, y dentro de nuestras oraciones, debemos tomar carga por personas y lugares para llevarlos delante del trono del Señor, pero nuestra intercesión no tiene el poder de redimir, como la de los sacerdotes del A.T. ¿Entonces para que orar si no podemos redimir? Para mover a Dios a obrar en esa vida o situación, sabiendo que, a pesar de ello, existe la Soberanía de Dios. Esta acción de tomar la carga de otros, y hacerla mía, es a lo que llamamos interceder.

La intersección es una parte importante del quehacer en la oración. Es imperativa, todos debemos de orar por todos. La oración de intersección debe de ser específica, hacer referencia a la persona, ciudad, situación o motivo que nos mueve a orar. No existe una oración sincera que no envuelva en alguna parte de su contenido algún motivo de intercesión. Cuando no oramos por otros, es posible que estemos haciendo oraciones egoístas, las cuales son muy comunes en nuestros tiempos. La oración egoísta es aquella que gira en torno a mis deseos, necesidades e intereses, y la misma no agrada a Dios: “Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastarlo en vuestros placeres” (Stg 4:3).

Cuando oramos apoyando a un ministerio; campaña, país, o una determinada persona o necesidad, y sentimos carga por ello, estamos ejerciendo la intersección. Algunos llaman a esto “ministerio”, pero los ministerios bíblicos son cinco, y están puestos para perfeccionar a los santos, y entre ellos no figura el de “interceder”, porque esto es una acción, no una posición. También se debe tener cuidado al decir que sólo hay un grupo selecto a ejercer esta función. Es verdad que son pocos lo que ejercen hoy día una función intercesora constante, pero la misma debería ser una demanda global para toda la iglesia, y no para una élite. Hay hermanos que ejerciendo la función de orar desempeñan un papel importantísimo en el crecimiento de la Iglesia. He visto que cuando alguien toma la carga, y se convierte en un ferviente INTERCESOR, la iglesia experimenta bendiciones, y debemos estudiar a los tres más grandes intercesores del A.T. que son Abraham, Moisés y Nehemías y que analizaremos en los próximos capítulos. Muchos hombres de Dios, muy usados, ejercen su poder en la Palabra por un abanico de hermanos que detrás de él le apoyan en oración constante[2].

Cuéntase una historia de un famoso evangelista que al morir y llegar al cielo le pregunto al Señor por su sitio en la mesa del cordero a lo que el Señor le contesto

-.A Usted le toca el asiento número 120,000 de la fila última de la derecha.-.El evangelista asombrado replico

-.¡Pero cómo! es posible que me siente tan lejos.-. De pronto observo a su mujer que se acercó al Maestro y éste le dijo

-.Mi sierva se sentara en el número 50 de la primera fila.-

El evangelista, molesto porque su esposa había obtenido un mejor puesto en la mesa, le reclamo al Maestro

-.Señor, está tu sierva nunca predico, jamás dio una campaña, y cuando yo salía a buscar almas para tu reino, ella se quedaba en la casa. Jamás pudo hacer los milagros que yo hice, ni ganar los miles de almas que yo gané. Creo que te has equivocado… no será al revés. – Entonces el Maestro le miro penetrantemente y exclamo;

-.Hijo mío, quiero que sepas que sí tu predicabas y las almas se convertían, sí tu obrabas en mí nombre milagros y sí fuiste un gran orador en la tierra, el éxito de tu ministerio se debió a las oraciones de tu mujer. Mientras tú te exaltabas, ella se humillaba, mientras tu recibía honores, ella educaba tus hijos, mientras tu nombre era exaltado, ella exaltaba el mío, mientras tú me robabas la gloria para hacerte propaganda, esta sierva sufría y lloraba para que bendijera tu ministerio. Si no hubiera sido por ella, no hubiera apoyado muchas cosas que tu emprendiste. Esta vivía el amor, tú tan sólo lo predicabas. Detrás de tu unción estaban sus lágrimas, que me movían a compasión. Así que tu recibiste en tierra la gloria de tu ministerio, ahora le toca a ella recibir la exaltación en mi reino. –

Detrás de un gran siervo hay una gran mujer, detrás de un avivamiento, hay un remanente que ora e intercede, estos son los que no se ven, pero mueven las potestades de los cielos.

 

[1] -”The Path of Prayer” Samuel Chadwinck. New York: Abingdon Press, 1931.

[2] – “The Ministry of Intercession” Andrew Murray, New York; Fleming H. Revell Co. 1898.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a ¿ORACIÓN DE GUERRA?

  1. Edgardo Arita dijo:

    Todas esas falsas doctrinas son germen del cristianismo y sus sectas (Babilonia y sus hijas las rameras) y tanta doctrina de hombres, como ejemplo las dispensaciones de la iglesia, ya dejen de la teologia de reemplazo por un lado y arrepientase vuelvan al pacto

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