NO DEBE DE EXTRAÑARNOS…

Ángel Bea
No debe de extrañarnos que hombres que niegan su propia sexualidad, muchos sin haber recibido el don del celibato, caigan en algunos tipos de perversiones sexuales. Sobre todo aprovechándose de niños indefensos y de su condición de “hombres de Dios”. Así, pretendiendo ser fieles a sus votos de castidad, caen en pecados más graves.

En relación a lo dicho anteriormente, mucho de esos comportamientos se podrían evitar con tan solo aceptar que, ejercer el ministerio pastoral no está reñido con el estado del, nunca mejor dicho “santo estado del matrimonio”. Al menos, eso es lo que vemos en las Sagradas Escrituras. Un Pedro (el supuesto primer “Papa”) casado, así como los demás apóstoles y la gran mayoría de los obispos/pastores/presbíteros, también eran hombres casados. Además, era recomendación apostólica, como norma, que fuesen casados dado que la primera “iglesia” que tenían que atender y gobernar era su propia casa: “Porque el que no sabe gobernar bien su casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?” (Ver, 1Ti.3.1-6; 1Co.9.4-5).

Es verdad que, incluso siguiendo las directrices divinas, no dejarían de darse algunos abusos, pero sin duda, bastante menos. Entonces, ¿porqué no hacer las cosas más acorde con las Sagradas Escrituras y lo que dicta el sentido común?. Pues, sencillamente porque además del gran peso que tiene una tradición arraigada en cualquier colectivo social o religioso, “pesa” mucho mas por haberle atribuido un carácter divino a la misma. Carácter divino que, en este caso no tiene y que, por tanto, entorpece el propósito divino en su Iglesia, hace compleja y dolorosa las vidas de muchos seres humanos “empujándoles” a desviarse por las sendas tortuosas de una sexualidad pervertida.

En el Señor las cosas suelen ser más sencillas y fáciles, pero los seres humanos solemos complicarlas mucho. Lo malo, además de establecer como divino algo que no lo es (lo cual es ya en sí mismo, grave) es cómo le complican la vida a los supuestamente llamados al ministerio pastoral, y las gravísimas consecuencias que ha tenido esa “tradición” en tantas y tantas víctimas.

Por tanto, podemos concluir que las enseñanzas de las Sagradas Escrituras son una cosa y las tradiciones y “doctrinas de hombres” son otra. Aquellas son para obedecerlas, pero las otras no deberían estar al mismo nivel, ni tener el mismo peso. Hacerlo y reconocerlo así es menospreciar a Dios mismo, de lo cual Él pedirá cuentas. (Mr.7) Bien quedaron establecidos en la Reforma Protestante algunos principios, entre los cuales, el primero era/es: “Sola Escritura”, en vista de que había tantas y tantas tradiciones ahogando las enseñanzas de la Palabra de Dios y apartándola así del pueblo.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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