EXTRACTOS DEL PRÓLOGO DEL LIBRO “FRUCTIFICAD Y MULTIPLICAOS”

Del libro por Nancy Campbell Por Doug Phillips

“Sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.” (Génesis 24:60)

¿Puede imaginarse asistir a una boda donde las familias y los amigos le ofrecieran la bendición anterior a la nueva novia? No obstante, estas palabras de aliento, ofrecidas una vez a Rebeca ante la llegada de su matrimonio con Isaac (Génesis 24:58), comunican de una manera hermosa el corazón del mandamiento de Dios a los esposos y esposas cristianos de que sean extremadamente fructíferos y que críen hijos que influencien toda la cultura y la sociedad para la gloria de Dios.

No hay manera de escapar al hecho de que la Biblia es dogmáticamente pro-niños. La Escritura declara, sin pedir disculpas por ello, que el nacimiento de muchos hijos es una fuente de bendición, que una razón clave para el matrimonio es producir muchos hijos para la gloria de Dios, y que los padres debiesen buscar activamente tales bendiciones. La Biblia inicia con un mandato a la concepción. La primera gran comisión dada al hombre fue a ser “fructífero y a multiplicarse.” Esta comisión de producir muchos hijos para la gloria de Dios, y a través de ellos subyugar la tierra, fue dado primero a Adán, Eva y su progenie, y fue más tarde renovada a Noé en los días que siguieron al Gran Diluvio, y permanece como nuestro estándar el día de hoy – un hecho que está claro a partir de la afirmación del mandato matrimonial del Génesis hecha por el Señor Jesús sobre el cual descansa la comisión de fructificación y dominio (Mateo 19:4-6).

Pero hay más: La Biblia abunda con ejemplos de personas de diversos trasfondos económicos que fueron considerados bendecidos por tener muchos hijos. No parece haber ninguna relación entre el status económico de una familia y el mandato de traer hijos al mundo. Ricos y pobres por igual han de tener muchos hijos para la gloria de Dios y reconocer que el mismo Dios que da vida también es capaz de proveer para la vida que Él trae al mundo. De hecho, en el modelo bíblico, grandes cantidades de hijos no solamente incrementan la bendición espiritual de la familia, sino que también incrementa potencialmente la fortaleza financiera de la familia, a medida que padres e hijos se unen al unísono para contribuir a la economía del hogar.

En contraste con nuestra sociedad moderna que promueve la esterilidad, el control demográfico y el aborto, la Biblia asocia consistentemente la incapacidad de concebir con la pena, la disminución de la población de una nación con el juicio, y el trato descuidado y dañino de los bebés con el paganismo y la hechicería. La Biblia no se queda callada respecto al tema del control de la concepción. Al menos cuatro patrones y preceptos son relevantes. Primero, bajo la ley mosaica, la abstinencia completa era la consecuencia natural de la impureza ceremonial durante el período de menstruación de una mujer. Segundo, el apóstol Pablo instruyó a los esposos y esposas que pueden decidir ejercitar la abstinencia completa para un período de autoexamen. Tercero, la Escritura ofrece el pasaje controversial pero relevante en el que aprendemos que Onán, casado ahora con la viuda de su hermano, fue muerto por el Señor por practicar una forma de control de la concepción, con la meta de impedir la llegada de hijos que llevarían el nombre de su hermano.

Finalmente, en la Biblia no hay separación entre la vida y el amor. A veces es la soberana voluntad de Dios cerrar permanentemente la matriz de una mujer, y cuando hace esto, debemos aceptar en fe Su voluntad. (En última instancia, el Señor hace esto con todas las mujeres a través del proceso del envejecimiento.) Pero la Escritura no le da cabida a la idea de que el hombre pueda deliberadamente separar el componente de la “vida” del componente del “amor” de la santa unión entre un hombre y una mujer.

Es justo decir que por seis mil años de historia terrenal, el sentimiento unánime de la cultura hebrea y cristiana era de oposición al control natal, el apoyo a la concepción en el matrimonio, y el reconocimiento de la bendición de los hijos. Claro, las formas de control natal han estado con el hombre desde la antigüedad, pero ha sido sólo en el siglo doce, con la influencia del evolucionismo y la eugénica, que los cristianos han abrazado públicamente la noción de la prevención de la concepción. El punto es éste: La Biblia apoya de manera entusiasta la concepción y el nacimiento de niños, y lo que dice de la relevancia del control natal es totalmente negativo. No se encuentran en la Biblia patrones, preceptos o principios que parezcan darle vía libre a la idea de que las parejas deban alterar sus cuerpos y cercenar su descendencia. Hasta muy recientemente, éste era el principio universalmente aceptado de la cultura cristiana. Esta es la razón por la cual los cristianos que respaldan el control de la concepción tienen una tarea muy grande: La carga de la prueba descansa en ellos (no en aquellos de nosotros que argumentamos a favor de la enseñanza normativa y sencilla de la Escritura) para probar, a partir de sólo la Escritura, que Dios se agrada con nosotros si alteramos nuestros cuerpos y les impedimos a los hijos venir al mundo. No es suficiente argumentar a partir de las “penumbras y emanaciones” de la Escritura, o esperar que haya un principio de mayordomía que respalde la práctica de cortar la descendencia. Uno debe probar activamente a partir de patrones, preceptos y principios claros de la Escritura que la prevención de hijos es parte de la jurisdicción sobre la cual el hombre puede legítimamente ejercer mayordomía. Este es un punto principal porque se pueden argumentar toda clase de errores sobre la base de la “mayordomía.” La pregunta relevante es ésta: “¿Tenemos la jurisdicción y la autoridad para impedir los hijos?”

La gran tragedia de nuestra época es que la Iglesia ha sido absorbida en la ética del control natal, con su búsqueda egoísta de conveniencia, comodidad y la visión auto-engañosa del control del individuo sobre su propio destino. El hecho es que hemos perdido nuestro amor por los niños y nuestra visión de ser fructíferos, multiplicarnos y tener dominio sobre la tierra. Los resultados han sido devastadores.

De hecho, muchos cristianos no son conscientes de que se están involucrando no solamente en una práctica antibíblica de impedir las “bendiciones,” sino que algunas de las mismas prácticas que abrazan tienen consecuencias que causan abortos. Cuán triste pensar que algún día iremos al Cielo y aprenderemos de los incontables millones de niños que fueron abortados por sus padres cristianos sin estar enterados – todo debido a la falta de fe y por la ignorancia. “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.” Tengo una simple tesis: Hollywood no es el problema principal en la batalla por nuestras familias. Tampoco Wall Street ni Madison Avenue tienen más poder sobre nuestros hogares que aquel que les concedamos. El problema no son los medios de comunicación. El problema no es la organización Paternidad Planeada. El problema no es la “élite liberal.” El problema somos nosotros.

Nosotros somos el problema. Y el juicio debe comenzar con nosotros. En tanto que sigamos abortando a nuestros bebés, o cercenando nuestra simiente, o abandonando a nuestros hijos en las manos del mundo, no podemos jamás esperar bendición y gozo en nuestros hogares, mucho menos en nuestra cultura. Mientras veamos a los hijos como una carga, no experimentaremos la victoria de la fidelidad multi-generacional. El juicio comienza primero en la Casa de Dios. Eso significa nosotros. Debemos buscar activamente producir legiones de hijos para la gloria de Dios. Debemos estar dispuestos a bendecir a las futuras madres con las mismas palabras que se le dieron a Rebeca: “Sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.”

Es por la perpetuación de esta gloriosa visión que los Ministerios Foro de Visión se complace en publicar esta importante guía de estudio escrita por Nancy Campbell. Por muchas décadas, la Sra. Campbell ha servido a su esposo en el hogar y por medio de su Ministerio Tito 2 a mujeres cristianas promoviendo la feminidad virtuosa. Ella y su esposo traen a esta discusión un cúmulo de riqueza de entendimiento a partir de la Palabra de Dios que esperamos le inspirará a escudriñar diligentemente la Escritura sobre el tema de confiar en nuestro Dios soberano con respecto al nacimiento de los hijos. Es mi oración que en los años por venir, tengamos el privilegio de encontrar a muchos cientos, si no es que miles de niños, quienes no hubieran nacido, excepto por la maravillosa nueva visión por la fructificación inspirada en esta estimulante guía de estudio.

Copyright © 2004 – Vision Forum Ministries

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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