JUDAS ISCARIOTE, EL CABALLO DE TROYA: 

Por el pastor Julio Cesar Palacios.

Nos dice el Apóstol Pablo en la carta a los Efesios en el capítulo 6:12,13: “Porque no tenemos lucha contra carne ni sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

Los difíciles últimos días de Jesús, estuvieron repletos de acontecimientos de una trascendencia tal, que quizás no hay hombre sobre esta tierra que pueda evaluarlos en su totalidad. Días en los que se desataba la gran batalla entre la luz y las tinieblas. El unigénito hijo de Dios hecho hombre bebería la copa a un costo imposible de ser pagado por nadie más.

Todo estaba escrito, anunciado por los profetas a lo largo de todo el Antiguo Testamento. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad iluminaba la maldad del mundo dejándola al descubierto, ¡que incómodo para los religiosos de la poca!, ¿cómo controlar a Jesús?, ¿cómo rechazar estas doctrinas irrefutables, que atentaban contra las estructuras donde anidaban los demonios? .El mismo Señor Jesús profetiza sobre su muerte en la parábola de los labradores malvados al decir que cuando vieron al hijo del dueño de la viña, “…tomándole le echaron fuera de la viña, y le mataron”. (Lc. 12:1-12).

A lo largo del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo, vemos rechinar los dientes de los hombres de poder social, político y religioso contra Jesús y también planeando eliminarle. La decisión se tomó con mucha antelación : ya en Marcos 3: 6 encontramos a los fariseos tomando consejo con los herodianos para destruirle. Y citas similares las encontramos en abundancia: en Mt. 26:4; Jn. 5:16-18; 7:1, 25; 8:37-40; 11:53, etc., por citar solo algunos. Desde afuera del círculo de discípulos y seguidores de Jesús, desde afuera de la Iglesia aún anterior a la venida del Espíritu Santo en pentecostés, el enemigo estaba al acecho. Pero también desde adentro, desde el entorno de los más íntimos, desde uno de los doce mismos, el enemigo contaba con alguien a quien podía manejar, alguien que por los dobleces de su corazón sería la herramienta perfecta en el momento oportuno.

El episodio de la traición de Judas es uno de los más tristes de la historia: el solo nombre suena a nuestros oídos como sinónimo de traición, y al leerlo en las Escrituras nos provoca enojo y rechazo: ¿por qué en la base misma de la Iglesia tenía que haber un traidor? Pensando en esto, al preguntar al Señor: ¿Para qué Judas?, ¿No podría haberse evitado su traición?, ¿Era realmente necesario poner este condimento tan lamentable a los sufrimientos de Cristo? Porque si la decisión de matarle estaba tomada, analizada y aprobada desde las altas esferas del poder, y si Jesús no se ocultaba, y aun visitaba el templo a plena luz del día, con lo que con un simple espía podían saber dónde se hallaba en todo momento…Entonces, ¿por qué habrían de pagarle a Judas, aunque mas no fuera esas tristes treinta monedas de plata?, ¿no podrían habérselas ahorrado?, ¿podría no haber existido Judas? Mientras meditaba sobre esto sentí una respuesta que me llenó de asombro: ” ERA NECESARIO QUE LA PUERTA SE ABRIERA DEL LADO DE ADENTRO”.

¿Era esta una respuesta de Dios? Quizás el mecanismo de mi propio pensamiento estaba funcionando…aunque, de ser así, debo confesar que no lo entendía… Volví a preguntar: ¿Señor, que es esto? Y la respuesta no se hizo esperar, esta vez vino a mí un conocido versículo bíblico: “…las puertas del Hades no prevalecerán sobre ella” (Mt. 16:18). Por eso era necesario que la puerta se abriera desde adentro, porque desde afuera el enemigo no puede abrirla. Judas fue el caballo de Troya de Satanás, el que estaba entre ellos pero no era de ellos, el que movido por sus pensamientos carnales y ambiciosos, haría el lamentable servicio de abrir la puerta de la Iglesia a Satanás

y a sus huestes espirituales de maldad.

Ninguno de los discípulos comprendía lo que estaba sucediendo, solamente Jesús conocía todo lo que estaba escrito y era necesario que ocurriese para cumplir el plan divino de la cruz. No obstante, esta predestinación no justificó a Judas. “A la verdad el Hijo del Hombre va a ser entregado, según lo que estába determinado; pero hay de aquel hombre por quien es entregado!” (Lc. 22:22).

Abrir la puerta al diablo implica un peligro muy grande: ni él ni sus demonios van a perdonar al que encuentren, y van a encontrar primero al que abría la puerta…
Judas fue arrasado por el diablo: la opresión lo destruyó tan desde su interior que ni siquiera buscó el perdón. El solo se juzgó, se condeno y se ejecutó… El diablo paga mal al que le sirve bien.
La puerta abierta dejó entrar a Satanás, a los principados, a las potestades, a los gobernadores de las tinieblas y a las huestes espirituales de maldad. Ya había dicho Jesús a sus discípulos “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en mí” (Jn. 14:30). También les dice a los que vienen a apresarle “Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí, mas esta es vuestra hora y la potestad de las tinieblas” (Lc. 22:53).
Un demonio llama a otro y este a otro: ninguno quería perderse la victoria contra el Cristo crucificado… victoria que sería la gran derrota del diablo en el Gólgota.
La traición abre la puerta al enemigo y trae mucho dolor sobre la Iglesia, pero “…a los que a Dios aman todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28).
La puerta no se puede abrir desde afuera, y por eso el enemigo intentará usar un caballo de Troya. Cuidemos de no ser nosotros seducidos para abrir la puerta, no prestemos oído a su voz, sigamos la paz con todos buscando que el sol no se ponga sobre nuestro enojo para no dar lugar al diablo (Ef. 4:26).
La puerta a la que me refiero no es una puerta física, no ocupa un lugar en el espacio, sino que es espiritual. No podríamos definir su ubicación, pero esto no la hace menos real.
Cuando Jesús subió a orar a Getsemaní la puerta ya estaba abierta, por lo que les pidió a los discípulos “Velad y orad, para que no entréis en tentación…” (Mt. 26:41).
El día en que la puerta está abierta, sin duda que es un día malo, por tanto, tomemos toda la armadura de Dios, para que podamos resistir, y habiendo acabado todo, estar firmes (Ef. 6:13).

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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