LOS TIEMPOS PELIGROSOS (LIBROS)

Publicado en el 1996

Tegucigalpa, Honduras. Producciones Peniel.

Fue el primer libro de Mario E. Fumero

© Autorizada su reproducción siempre y cuando no sea para fines comerciales o lucrativos.

 Primera Edición 1996. Publicación educativa religiosa.

 Producciones Peniel. Apartado 15134, Suc. Kennedy, Tegucigalpa, Honduras C.A.

  IMPRESO EN HONDURAS

En este libro se abordan diversos temas que han cobrado actualidad en los últimos tiempos. Ha sido el mas vendido, junto con el de “Cuando la Iglesia perdio la Sencillez”. En vista de que esta agotado, y los costos de producción se han disparado, hemos decidido ponerlo gratis en esta página web.

INDICE

  •     -I-  En el centro del Camino
  • -II- Los peligros en  La  Iglesia
  • -III-  Una Iglesia  sin Profeta
  • -IV-    El Menú  a La Carta
  • -V-      El peligro de Ser Usado
  • -VI-    Un Liderato Ideal
  • -VII- Los Peligros del Poder Absoluto
  • -VIII-    Fenómenos Evangélicos
  • -IX-     ¿Estructura o Anarquismo?
  • -X-  Agotado por un Avivamiento
  • -XI-  ¿Es la Iglesia una Empresa Mercantil?         
  • -XII-  ¿La Iglesia”Ratón”?
  • -XIII-  Hacia una paternidad Espiritual Responsable
  • -XIV-   El Peligro de la Excelencia
  • -XV- ¿Qué es ser un Adorador?
  • -XVI-   Mas allá de lo Imposible
  • -XVII-  ilusión  igual     a  esperanza.
  • -XVIII-   La realidad del  Apostolado Hoy
  • -XIX-  La problemática del Joven en la Iglesia del Futuro                                
  • -XX-  Integridad    Ministerial
  • -XXI-  La realidad de la muerte
  • -XXII-   las relaciones personales
  • -XXIII-  ¿Miembro funcional o nominal
  • -XXIV- ¿Cuando el dinero corrompe?
  • -XXV-  La Simonía de los últimos tiempo              
  • -XXVI-  El “quinto” evangelio

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 -I-  En el centro del Camino

            Vivimos en un mundo lleno de sensacionalismo, amarillismo, espectáculos y manipulaciones generalizadas en todos los ámbitos de la sociedad. No podemos negar que el espíritu dominante en el mundo de hoy también se ha infiltrado dentro de la iglesias, llevando a ésta a salirse del camino recto trazado por la Palabra, para entrar en terrenos peligrosos en cuanto a la formación de la vida de los cristianos.

            Las experiencias espirituales, sin duda alguna, llevan a expresiones emotivas, pues somos seres vivos, libres y expresivos. No estamos exentos de emociones, pero ¿deben éstas ser causas de radicalismos enfáticos?. La historia de la evolución del cristianismo nos revela que siempre que una verdad ha florecido, se han producido cambios profundos en la vida de la iglesia, la cual enfatizó este mover de Dios muchas veces a dimensiones anormales, forjándose incluso movimientos, sectas y denominaciones que mutilaron el cuerpo de Cristo.

            En el siglo XVIII ciertos avivamientos en los Estados Unidos hicieron exaltar el hecho escatológico de la inminente segunda venida de Cristo. Ocurrió lo mismo que en los Hechos de Los Apóstoles; al considerar que Jesús venía pronto, muchos vendieron sus bienes, y los traían a los pies de los apóstoles. Algunos de estos “visionarios” se convirtieron en críticos con las iglesias existentes, que no aceptaron este énfasis. Otros se desviaron, y cayeron en doctrinas de error. Así nacieron  los Testigos de Jehová, Mormones y otros grupos más que no tuvieron peso histórico.

            A principio del siglo XIX en los Estados del Este de los Estados Unidos, comenzó un fuerte mover del Espíritu Santo, el cual dio origen al resurgimiento de un pentecostés.  Iglesias de la línea de Santidad experimentaron una visitación de Dios en la cual resurgió la experiencia del bautismo del Espíritu Santo relatado en Hechos 2. Desde ese momento aparecieron tres fenómenos constantes en las iglesias involucradas en este avivamiento, basados en Marco 16:15 al 18; Las lenguas, el énfasis a los milagros y el poder sobre “si tomáramos cosa mortífera no nos haría daño”. Surgieron ciertos grupos que traían serpientes venenosas a los cultos, las ponían en una caja, y para demostrar la fe en el poder del Evangelio, las tomaban en las manos, alegando que “tomarán serpientes en las manos,… y no les hará daño...” (Marcos 16:18). Esto produjo varios accidentes mortales en muchos creyentes. Por otro lado, ciertos grupos de iglesias enfatizaron las lenguas a un grado tal que las mismas formaban parte esencial del culto general. Todos hablaban en lenguas, a veces interrumpían al predicador,  enfatizando que :“.. había que hablar en nuevas lenguas,” (Marcos 16:17).Éstas dominaban sobre todo el quehacer de la congregación, ignorándose las regulaciones de 1 Corintios capítulo 14.

            A partir del 1940 el énfasis a los milagros tomó fuerza. Aparecieron famosos hombres de Dios que con señales y prodigios hicieron grandes milagros. Nació, de forma arrazante, el “ministerio” de sanidad divina, y grandes siervos de Dios comenzaron a ganar a miles a través de campañas evangelísticas. Es bueno destacar que anteriormente, con el avivamiento de pentecostés, este tipo de ministerio se proliferó, pero tomó fuerza a partir de la segunda guerra mundial. T. L Osbom, Oral Roberts, Catherin Kulman,  y otros evangelistas causaron sensación. El poder del Espíritu se hizo manifiesto a través de señales y prodigios. Junto a este énfasis, debemos destacar que alternativamente al hecho de sanidad, aparecieron aberraciones doctrinales que radicalizaron esta enseñanza. Una de ellas era la afirmación de que “toda enfermedad era causada por demonios” y que “donde hay enfermedad, hay pecado”.

            El ministerio de “SANIDAD DIVINA” dominó por cuatro décadas, apareciendo en los años 60 las “especialidades en sanidad”.  ¿Qué es esto de especialidad?. Que tal evangelista tenía el don de sanidad para empastar dientes,  el otro  en  sanar  tumores  y así. Se montó una dinámica en la cual se enfatizaba más al hombre que al Espíritu, apareciendo la tendencia del “Ungido”, el “super-evangelista” y la técnicas de un “marketing” en torno a la imagen de un hombre. Los dones de sanidades se convirtieron en un énfasis “generalizado” y explotado al máximo, desplazando a los demás dones a un segundo plano. Por esta misma época aparece la rebelión de los jóvenes norteamericanos contra la guerra de Vietnam, naciendo el movimiento de los “hippies”, con su culto a las drogas alucinógenas y su protesta a la hipocresía familiar, social y religiosa. De pronto surge un avivamiento entre algunas comunidades de hippies, las cuales se componían de jóvenes frustrados, que dejando sus hogares, formaban grupos promiscuos. Surge en estos hippies convertidos un énfasis a la expresión musical estilo protesta. Promueven una iglesia con visión social, y aparecen junto a pandillas callejeras, hombres dispuestos a rehabilitar a  jóvenes, muchos de ellos víctimas de las drogas. Dentro del movimiento de los hippies surgen visionarios con énfasis religiosos, apareciendo muchas sectas manipuladoras de estos jóvenes, entre ellas la de “los niños de Dios”. La tendencia de comunidades, que escapan del mundo para buscar “el amor y la paz”, domina la mente de muchos cristianos, que bajo el concepto de los ermitaños de la edad media, cree que la única forma de huir de la ira venidera y la corrupción social imperante, era escapar de las ciudades a comunidades cristianas en los campos. Nacen  movimientos que dieron origen a grupos radicales como el de Guayana y Beacon, Texas, que condujeron a sus adeptos al suicidio colectivo. Cabe destacar que dentro de los grupos cristianos de tendencia hippie, se comienza a desarrollar una forma de alabanza y cánticos que rompen el estilo clásico imperante hasta ese entonces en las iglesias.

            En esta misma década (60) la iglesia católica se lanza a celebrar su Concilio Vaticano II, para reformar y modernizar su decadente estructura. El Papa Juan XXIII produce cambios drásticos en la liturgia y el quehacer del catolicismo, dándose lugar a movimientos catecumenales que volvieron a la lectura de la Biblia. En la década del 70, y partiendo de los acuerdos del Concilio Vaticano II,  aparecen  en iglesias  católicas  de  los  Estados Unidos grupos carismáticos. El movimiento carismático, o la visitación del Espíritu Santo a grupos tradicionales, se generaliza a otras iglesias de corte litúrgica: Luteranos, Episcopales, Metodistas,  Pres-biterianos etc…

            Entre las décadas del 60 al 70 aparecen, de forma más fuerte, un énfasis de restauración espiritual en iglesias tradicionales que experimentaron una visitación del Espíritu Santo, dando lugar al cántico nuevo, acompañado de expresiones eufóricas, caídas, danzas, júbilo etc, pero todo entremezclado con el mover del Espíritu. Por otro lado surge la corriente sobre el “Discipulado Cristiano”, que toma fuerza en el Oeste de los Estados Unidos y se extiende de forma impactante a Argentina, a principio de la década del 70. Éste  trata de restaurar la sujeción en paternidad,  definiendo claramente el factor “formación” y “sujeción” en la vida de los nuevos convertidos. En un principio esta idea del discipulado floreció en movimientos tradicionales y carismáticos, trayendo una mayor apertura interdenominacional,  pero el énfasis extremo a la autoridad  vertical  radicalizó  la sujeción, la cual explotó más allá de lo normal, cayendo en  la “dictadura de los santos”, pues se pasó de una paternidad, a un paternalismo espiritual, manipulante y estático.

            Entrando a la década de los 80, los énfasis aparecidos en el mover del Espíritu de las iglesias tradicionales, comenzaron a matizarse de forma separada. Unas iglesias radicalizaron el mover de  la danza, otras perfeccionaron y desarrollaron una dinámica de adoración y alabanza tendiente a ofrecerle al Señor lo mejor, creándose una nueva metodología de ritmos y cánticos que revolucionó la adoración, sin embargo con el grave riesgo de anular, en muchos casos, la espontaneidad del pueblo, para dar lugar a un “show” que a su vez forja una élite de cantantes que muchas veces no se sujetan a iglesias, y  manipulan desde el púlpito, todo el quehacer de la adoración. Hay que añadir el radicalismo en que muchas veces caen  los que entran en este mover de adoración, condenando y rechazando las estructuras de los cánticos antiguos. Creo que un mover de Dios dentro de una nueva dimensión, no debe anular lo anterior, sino mejorarlo, ampliarlo y enriquecerlo. Muchas veces llevamos a los creyentes a una “revolución”[1] en vez de forjar en ellos una  renovación del entendimiento. También surgen grupos que se radicalizan en la liberación de demonios, llegándose a acciones tan ilógicas como el cazar demonios y meterlos en una caja para llevarlos fuera de la ciudad, o dialogar con ellos para investigar sus nombres o confirmar aspectos doctrinales referente a los demonios. Debemos notar que dentro de este énfasis aparecen enseñanzas que afirman que un cristiano puede tener demonios, y por lo tanto, deben ser liberados. Esta enseñanza se difundió  desde el principio del avivamiento del 1900, pero la misma cobró fuerza en la década del 60. El clímax del énfasis demoníaco se cristaliza en la década del 80 y en el 90 es cuando se desarrolla toda una teología demonológica[2] que da origen a los principios de la “guerra espiritual”.

            Actualmente vemos un auge tremendo a las caídas, borracheras, gritos, saltos, liberaciones etc, que  son  el fruto de un mover del Espíritu, pero que después se implanta, ya no como un mover de Dios, sino como una rutina en la vida de la iglesia, desvirtuándose  por el abuso que hacen los hombres. Creo que donde quiera que haya una manifestación espiritual, todo esto puede ocurrir, y mucho más, pero no debemos tomar “la parte, como un todo”, para formar doctrinas de acciones, que aunque obedecen a una visitación del Espíritu,  no deben ser explotadas de forma emotiva.

            Recientemente se habla del “avivamiento de Toronto”. Éste consiste en una mezcla de todo;  risas, gritos y chillidos con actitudes que a veces rozan con lo primitivo y animalesco, produciéndose sonidos y articulaciones incoherentes. Ondas vendrán y  pasarán, y detrás de todo esto hay una sincera manifestación del Espíritu Santo que no supimos canalizar hacia el propósito sublime del Señor. ¿Cuál creen ustedes que sea el deseo de Dios en estos tiempos finales de nuestra civilización?. Es que la iglesia crezca, sea fuerte y saludable en santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Nada que nos aparte de la visión misionera y de calidad espiritual, debe ocupar la supremacía dentro del mover de Dios. Las emociones, cuando se explotan, se convierten en un medio frustrante, y nos puede llevar a la apostasía de los últimos tiempos. Debemos dejar al Espíritu moverse, canalizando la naturaleza humana hacia el fin Divino. Esa es la gran misión de los ministros de hoy. Fortalecer el crecimiento  en la Palabra y capacitar a la iglesia para un futuro sobrio, donde la decadencia social será mayor, debe ser la prioridad número uno en la vida del cuerpo. No debemos impedir las emociones, pero si frenarlas cuando se quieran convertir en un estereotipo de conducta. Hay que estar expectante a todo  a las reacciones emotivas que aparezcan, y detener aquello que se salga de lo normal. Es necesario mantenernos en el camino, sin desviarnos. Cuando una manifestación se aparezca, debemos saber que  es parte de un todo, y que por lo tanto, no debe ser explotada más allá de lo lógico y necesario, evitando así crear un camino que nos aparten de las verdades y experiencias recibidas del Señor.

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   -II- Los peligros en  La  Iglesia 

   No podemos negar que la iglesia en estos últimos tiempos se enfrenta a una serie de peligros que nos pueden llevar hacia la apostasía. Este fenómeno esta anunciado por las profecías: “También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles.” (2 Timoteo 3:1).”Nadie os engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición.” (2 Tesalonicenses 2:3).

            El apóstol afirma que esta situación será el factor que creará las condiciones para que se manifieste el Anticristo, al cual le llama el “hombre de iniquidad e hijo de perdición”. Por lo tanto, debemos estar ávidos a reflexionar sobre esta realidad inminente en los tiempos finales.      Pero ¿ qué es apostatar?. Es negar aquello en lo que se había creído. Pervertir la verdad en la cual se ha sido formado. Esta condición se puede adueñar de cualquier creyente que no esté ávido y caiga en engaño religioso.En la Biblia se advierte este peligro como una realidad inminente en los tiempos postreros. El mismo Señor Jesús anuncia una  crisis de fe que dominará  la escena, y formula una pregunta que envuelve en sí misma una respuesta según Lucas 18:8:“… Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Esto ocurrirá como consecuencia de una tendencia muy marcada hacia la credulidad, la cual será mal encaminada por los falsos profetas que aparecerán con ideas y pensamientos absurdos, pervirtiendo la sana doctrina y el evangelio, como afirmó Jesús: “Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y maravillas para engañar, de ser posible, a los escogidos.” (Marcos 13:22).

            Nos enfrentamos a un mundo donde la tecnología de las comunicaciones ha permitido potenciar, no sólo la información, sino también la manipulación de los seres humanos por medio de la publicidad, enajenando las mentes hacia esas áreas en donde los intereses creados quieren llevar a la sociedad. Como resultado de ello,  el maligno  se aprovecha para confundir y hacer campañas que atentan contra la moral y la verdad del Evangelio. Actualmente estamos siendo sometidos a una presión diabólica para pervertir   los valores  cristianos, buscando arras-trarnos a fábulas necias, impuestas por las filosofías modernas, que exaltan el nuevo orden mundial proclamado por “LA NUEVA ERA”  y vemos el surgimiento de LA ASTROLOGÍA,  y el  ÉNFASIS EXTREMO A LOS FENÓMENOS PARA-NORMALES.   Estas influencias tienden a pervertir la verdad, por lo que han aparecido cuatro corrientes “aparentemente teológicas“, que se introducen  de forma sutil, como “LA NUEVA ERA” e influye en muchas áreas de la vida del creyente. La “NUEVA ERA” es un sincretismo[3] por lo que César Vidal Manzanares expone que “La Nueva Era pretende, al menos en teoría, estar abierta a todo tipo de tradiciones espirituales en un intento por captar lo mejor de cada una, no hace falta ser muy observador para darse cuenta de que esa pretensión es sólo una verdad a medias”[4], sin ser un movimiento netamente religioso, o una determinada iglesia o secta, se infiltra en todos los marcos del diario vivir; política, cine, televisión, música, teatro, ciencia, psicología, teológica, medicina, arte, ecología, economía etc, para socavar la verdad bíblica, mezclándola con ideas teosóficas y humanistas, en donde todo es aceptable. Lo mismo cree en la parasicología y la astrología, que en la realidad del cristianismo, mezclándola con la reencarnación, a la vez que apoya y proclama un “nuevo orden mundial” con la tendencia científica de las fuerzas negativas y positivas. Dan énfasis extremo al naturalismo y ecología. El poder de la mente para hacer viajes astrales, y la proclamación de que vivimos en la “era de Acuario”[5], son sus reglas más comunes, junto a los fenómenos ovni, etc. En esta corriente cabe todo,  incluso las prácticas del cristianismo tradicional, razón por lo cual aparentan ser creyentes devotos y practicantes, pero sutilmente introducen ideas erradas. Además experimentamos un tremendo auge del “ocultismo”. Se proliferan los adivinos, síquicos[6] curanderos, astrólogos, brujos etc. aumentando el culto a los demonios, como dice 1 Timoteo 4:1 “Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañosos y a doctrinas de demonios.” Debemos estar alertas, saber distinguir esas supuestas “corrientes teológicas”, que aunque parezcan  atractivas, no están fundamentadas en la Palabra de Dios. Si tuviera que resumir los peligros existentes en las iglesias de nuestros tiempos, los clasificaría de la siguiente forma:

            “MERCANTILIZACIÓN TEOLÓGICA”. Por medio de la cual le añadimos a la gente una dinámica evangelística envuelta de diplomacia, “marketing”, atracción y oferta barata. Un evangelio que no cuesta nada. “Tómalo, y haz lo que te dé la gana”. O explotamos la fe, manipulando a la gente hacia fines personales, para tener beneficios lucrativos, usando como incentivo sus dolores, sentimientos, temores y necesidades humanas. Se les ofrece la meta del bienestar, forjando la  mal llamada “teología de la prosperidad”. O se les hace creer que podemos  crear un reino perfecto aquí y ahora, sin necesidad de que Cristo venga, naciendo la “Teología del reino” o la “Teología de la liberación”[7]. Les ofrecemos un evangelio de ofertas, privado de la esencia del Señorío de Cristo. Acumulando gente como huérfanos, en una iglesia que no vela por las necesidades individualizadas de las personas, sino que tiende a una masificación despersonalizada, usando los medios de comunicación, no para evangelizar, sino para manipular y establecer una iglesia a control remoto. Todas estas metodologías terminan frustrando a las personas, que, a la larga, se apartarán de la fe, porque no recibieron el fundamento sólido de una Palabra que nos lleva a la convicción y al compromiso, por medio de un pacto con Jesús.

            “DESMISTIFICACIÓN[8] TEOLÓGICA”  Es  el culto a la  razón. Trata  de  explicar  los  milagros desde el punto de vista humano, quitándole a la Palabra el poder Divino, para naturalizarla y razonarla en todo, forjándose otras verdades que menoscaban la Biblia, o se convierten en superiores a ésta. Esta corriente, nacida en Europa, está influenciada por el HUMANISMO. Se apoya en la mal llamada “ciencia” y llega  a considerar como un mito los conceptos de: infierno, diablo, pecado etc, liberando al hombre de esas “inhibiciones traumáticas del sexo”, para defender la promiscuidad, homose-xualidad, nulidad del matrimonio etc. Actualmente la Iglesia Episcopal en Inglaterra ha llegado a proclamar que el vivir juntos, sin casarse,  no es pecado, sino un hecho correcto y recto. De igual forma se llega a aceptar a los ministros homosexuales. Todo surge por la influencia de corrientes que desmistifican la Palabra, las cuales invaden y anulan la teología tradicional y fundamental, trayendo un liberalismo religioso muy peligroso.

            MANIPULACIÓN TEOLÓGICA: Es común ver como predicadores usan la psicología para manipular a las personas, afirmando que “es del Espíritu”. Es uno de los riesgos más latentes en las iglesias carismáticas o pentecostales. Es aquí donde la “Nueva Era” encuentra el terreno fértil para introducir influencias que son parte de la liturgia ocultista. El relajamiento, la meditación, el uso de mantras, los viajes fuera del cuerpo, “viajes astrales”, apoyándolo en las experiencias de Pablo (2 Cor 12:1-4), la hipnosis, la desconexión sensorial, el uso y abuso de visiones y revelaciones etc, son fenómenos vigentes, no sólo en el mundo del ocultismo, sino aún dentro de nuestras iglesias evangélicas. Hay que añadir el abuso  a lo que se ha dado por definir, “EL ESPÍRITU DICE”, con el fin de manipular a las personas, que ciegamente obedecen todo, sin probar nada. Esto lleva al sensacionalismo, que convierte los milagros y fenómenos paranormales en métodos atractivos y seductivos, por medio de lo cuál algunos hombres se hacen superprofetas, iluminados, formándose una exaltación a las personas poseedoras de esos poderes que le roban el  culto a Dios.

            “ESOTERISMO TEOLÓGICO“: Lo esotérico[9] es lo oculto, todo aquello que entra en el campo de lo diabólico, demoníaco, maligno. Nuestra generación, inquieta por la inseguridad futura que vive la humanidad, tiende a buscar respuesta hacia el mañana en todo aquello que se le ofrece. La astrología ha tomado una fuerza tremenda, no sólo en los periódicos, sino en la televisión, radio y dibujos animados para niños. El énfasis a los fenómenos espirituales son un “boom” que atrae a millones de personas. Las películas de contenido diabólico, los objetos y símbolos satánicos, junto al culto a éste, se está proliferando. No podemos negar que hay un avivamiento en el mundo del ocultismo. El presidente Fuji Mori, de Perú, y otros mandatarios acuden a los curanderos, figurando éstos entre sus asesores. Muchos empresarios y actores tienen sus astrólogos. Aún dentro de la Iglesia Evangélica existe una tendencia a la exaltación  continua hacia la lucha contra el mundo satánico, achacándosele a éste más poder  del que en sí tiene,  pues  en  algunos  lugares se forma una “psicosis de guerra”[10], por lo que se ven demonios hasta en la sopa. Esto ha creado una teología de “caza demonios” que trae el peligro de ignorar la realidad del diablo obrando en la vida de la Iglesia. Debemos reconocer el aumento de las influencias satánicas en la sociedad moderna a través de una filosofía sutil, que imita todo lo religioso, introduciendo  lo profano, por lo que debemos luchar por proclamar la verdad de Dios.

            Debemos discernir ¿qué es producto de nuestros errores?, ¿qué es causado por nuestra desobediencia a las leyes naturales?, y ¿qué es obra de Satanás?. La Palabra nos ordena “probar los espíritus“. La generalización, el énfasis extremo a los demonios, o la ignorancia de como éste está operando en todas las esferas de la vida de la iglesia, es un grave riesgo que debemos evitar. Para ello debemos tener un conocimiento a fondo de las Sagradas Escrituras.Todas estas realidades las tenemos que afrontar de forma seria, con  Biblia en mano. Hoy, más que nunca, debemos probar los espíritus, afirmando lo que San Pablo declaró en Gálatas 1:8 “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado sea anatema

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    -III-  Una Iglesia  sin Profeta

El ministerio de profeta nació antes de que el mismo se definiera en el decálogo mosaico. Podemos afirmar que Abraham fue uno de los primeros profetas que se mencionan en la  Biblia. Cuando Abilemec tomó la mujer de Abraham creyendo que ésta era la hermana de Abraham, Dios le habló en sueños, impidiéndole cometer un acto grave. Fue entonces, al ver la integridad de Abimelec y el temor de Abraham,  que Jehová dijo:” –Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto. Yo también te detuve de pecar contra mí, y no te permití que la tocases. Ahora pues, devuelve la mujer a su marido, porque él es profeta y orará por ti, y tú vivirás. Y si no la devuelves, ten por cierto que morirás irremisiblemente, tú y todos los tuyos. (Génesis 20:6-7).Notemos que se refiere a Abraham como un profeta, pero ¿qué es ser un profeta? Es aquél que recibe de parte de Dios una visión respecto a su voluntad en relación al acontecer presente o futuro. Antes de usarse el término  “profeta”, se usaba el término de “vidente”, para referirse a la capacidad de vislumbrar el pasado, el presente y el futuro, dentro de la revelación de Dios. Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios decía: “Venid y vayamos al vidente”; porque al profeta de hoy, antiguamente se le llamaba vidente.” (1 Samuel 9:9).

            El profeta surgía en época de crisis. Era un atalaya, un vigía, uno que velaba para que los dirigentes del pueblo no se desviaran del camino, o cuando tomaban caminos errados, demandarles, de parte de Dios, que rectificaran y tornaran a las  “antiguas  sendas”. No debemos comparar la función del minis-terio de profeta,  separado por Dios  para dar  dirección a los líderes que gobiernan su pueblo, con el don de profecía, impartido por el Espíritu Santo a todos los creyentes.

            El profeta verdadero hablaba de parte de Dios. Debía denunciar, advertir y prevenir de los peligros existentes, y como consecuencia de ello, su ministerio muchas veces era rechazado, e incluso podía costarle la vida, pues traía una palabra que algunos líderes corruptos no querían escuchar, y como ellos tenían el poder, podían callar la voz del profeta, pero nunca el juicio de Dios. Fue por ello que Elías llegó a una crisis depresiva que lo llevó a confrontarse con una angustia que desencadenó una depresión, y  lo llevó al extremo de  desear la muerte( 1 Reyes 19:4), por lo que declaró delante de Jehová:

“–He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los Ejércitos, porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (1 Reyes 19:10).

            Los verdaderos profetas no decían palabras linsojeras, ni proclamaban mensajes de fantasías, alegrando a los que ejercían el poder, pues si hacían esto, corrían el riesgo de ser juzgados por Dios, el cual estipuló los peligros para los PROFETAS DE FANTASÍAS, que con sueños falsos podían llevar al pueblo a cultos idolátricos: “Si se levanta en medio de ti un profeta o un soñador de sueños, y te da una señal o un prodigio, si se cumple la señal o el prodigio que él te predijo al decirte: ‘Vayamos en pos de otros dioses’ –que tú no conociste– ‘y sirvámoslos’, no escuches las palabras de tal profeta ni de tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os estará probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis. Guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz. A él serviréis y a él seréis fieles. Pero tal profeta o tal soñador de sueños ha de ser muerto, porque predicó la rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de la tierra de Egipto y te rescató de la casa de esclavitud. El trató de desviarte del camino por el que Jehová tu Dios te mandó andar. Así eliminarás el mal de en medio de ti. (Deuteronomio 13:1-5)

            ¿Hemos penetrado en el sentido de esta advertencia? Hay muchos predicadores que con milagros y sensacionalismo se proclaman profetas de Dios, portadores de una nueva revelación, con la cual no llevan al pueblo de Dios a la santidad, ni a la entrega, sino a proclamar un culto al hombre, exaltándole a dimensiones casi divinas e impartiendo por si mismo dones y gracia. Algunos  se convierten en los videntes únicos (nietos de Dios) y por medio de sus “revelaciones” guían a las personas a hacer y dar lo que el mismo Dios no demanda de ellos, y en todo esto buscan el beneficio propio. Con falsas señales se hacen ricos y forman un culto en torno a su persona, cayendo en un tipo de idolatría más sofisticada y  solapada que la de la época de Elías.    Hay muchos profetas que traen palabras lisonjeras, revelaciones contrarias a la Palabra, y proclaman “verdades” que son mentiras, llevando a incautos líderes a caer en principios falsos que envuelven las corrientes de la “nueva era”. Un ejemplo está en la corriente de la teología de la prosperidad, la cual enfatiza la importancia de la riqueza como un objetivo final en la vida,, ignorando los tiempos difíciles de escasez, proclamados en muchos pasajes de la Biblia. “Jesús dijo…Oiréis de guerras y de rumores de guerras. Mirad que no os turbéis, porque es necesario que esto acontezca; pero todavía no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos por todas partes. Pues todas estas cosas son principio de dolores.” (Mateo 24:6-8).

            ¿En qué se basan esos profetas modernos para anunciar  tiempos prósperos, en medio de una crisis galopante?. ¿Cómo es posible que hayan escritores y predicadores que proclamen tiempos maravillosos, e incluso traten de impulsar a la iglesia a un compromiso político para forjar el nuevo orden mundial, que no es otra cosa que el preparar el advenimiento del Anticristo? Debemos considerar que todas las armas del enemigo están puestas en hacerle creer al mundo que la unidad de creencias, el derrumbamiento del bloque comunista y el fortalecimiento de un sistema económico y político mundial, llevará a la huma-nidad a una era de esplendor, semejante al  paraíso,  donde existirá un nuevo orden  precursor de una nueva era, llamada por los seguidores de esta corriente como la “era de acuario”. El énfasis a lo sobrenatural, la búsqueda de lo fantástico, la comunicación directa con un mundo espiritual que revela cosas ocultas, estableciéndose personas “canales” en comunicación con las fuerzas o espíritus del universo, tomarán fuerza. Aparecerán  falsos profetas ilusionando a muchos con nuevas verdades que contradicen la realidad escrita. Notemos que hay una tendencia muy marcada a la exaltación de la demonología  y a los fenómenos sobrenaturales dentro de la misma iglesia. Si la Biblia habla de tiempos difíciles, época de angustia, y tiempos de apostasía ¿Porqué se está formando toda una teología y liturgia de conquista, poder, dominio y hegemonía de la iglesia sobre los reinos de la tierra?.

            Ser profeta de Dios en un mundo dominado por la ilusión,  donde el sueño fantástico del materialismo domina, y la mentira se ha hecho verdad, y esto envuelve muchos peligros. La ambición, la búsqueda del poder y la avaricia se han adueñado de algunos líderes y pastores. Las denominaciones han dejado de ser confraternidades, para convertirse en estructu-ras eclesiásticas, que sólo buscan poder y control. Bien dijo Nehemías: “Pero fueron desobedientes y se rebelaron contra ti; echaron tu ley a sus espaldas. Mataron a tus profetas que testificaban contra ellos para hacerlos volver a ti, y cometieron grandes abominaciones. (Nehemías 9:26)Jesús ratificó la suerte de los profetas a lo largo de la historia:“Así dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.” (Mateo 23:31). Y Santiago los pone como modelo de conducta: “Hermanos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.” (Santiago 5:10).Cuantos hoy día enseñan que hay que ofrecerle al pueblo lo que éste desee. Cuantos han torcido la justicia, llevando el mensaje del evangelio a una permisividad catastrófica. La gente toma el cristianismo como una “moda”. Los pastores predican más de dar dinero, que en demandar santidad a sus feligreses.

            Complacemos el deseo de la gente y no suplimos las demandas del reino. Le damos más importancia a los eventos emotivos, que al ayuno y oración. El culto es un espectáculo bien programado, con toda clase de equipo, y muchas veces la gente se emociona, y salta más por la influencia de los cientos de megavatios de potencia del sistema de sonido, que por el poder del Espíritu. La profesionalidad ha opacado la espon-taneidad. El bienestar y la comodidad han matado el espíritu de sacrificio. Los sermones, revestidos de retórica, chistes, concep-tos vagos y dramatismo han desplazado a las demandas divinas hacia una vida recta y de compromiso. El pecado, los demonios y la religiosidad reinan en nuestros templos, porque los profetas no quieren hablar la verdad, porque temen perder su bienestar, que es más  importante que el hacer la voluntad de Dios. Una vez un pastor me dijo que no le habla duro a su iglesia, porque si lo hacía, los hermanos se iban a la “iglesia de la competencia”, que les ofrece mucho más programas, que verda-des. Esto me trae a mente aquel pasaje de Jeremías:” Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados os han privado del bien. Porque en mi pueblo se encuentran impíos que vigilan como quien ha puesto una trampa. Ponen objetos de destrucción y atrapan hombres. Como jaulas llenas de pájaros, así están sus casas llenas de fraude. Así se han hecho grandes y ricos. Se han puesto gordos y lustrosos. Incluso, sobrepasan las obras del malo. En el juicio no defienden la causa del huérfano de modo que se le haga prosperar, y no juzgan la causa de los necesitados. “¿No habré de castigar por esto?, dice Jehová. ¿No tomará venganza mi alma de una nación como ésta? Cosas espantosas y horribles suceden en la tierra: Los profetas profetizan con mentira, y los sacerdotes dirigen por su propia cuenta. Y mi pueblo así lo quiere. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue su fin? (Jeremías 5:25-31).

            ¿Quienes son estos impíos que vigilan? Aquellos malos obreros que pervierten la verdad, a los cuales Pablo llamó “perros” (Fil 3:2). Y al referirse “a sus casas llenas de fraude” establece la búsqueda  del  bienestar  material, de  tomar el evangelio como un “modus vivendis,” por lo que “tienen aparie-ncia de piedad, pero niegan la eficacia de la misma” (2 Tim 3:5). Es por  ello que  se han vuelto “gordos” porque viven para comer, buscar posiciones sociales, y “lustrosos” porque visten ropas caras y elegantes en medio de un mundo lleno de miseria. ¿Cuántos ministros se han hecho grandes y ricos? Tenemos los escándalos en los periódicos. Vemos, con tristeza, que la iglesia se ha afanado en la búsqueda de un quehacer rentable, dejando de lado la visión misionera e ignorando la causa del huérfano y desposeído, que cada vez son más en la tierra. Grandes templos, buenos conciertos, tremendos congresos, muchos seminarios y el pueblo se muere de hambre espiritual y física. Los falsos maestros pululan, y la “NUEVA ERA”, con su música e ideas, se introduce en todas las áreas de la sociedad. Política, negocios, empresas, rentabilidad, show, conciertos, excelencia, conquista son las palabras claves en nuestros tiempos. Pecado, santidad, integridad, rectitud, justicia, humildad, pobreza y entrega son conceptos ignorados, olvidados y borrados de la moderna teología.

            ¿Y qué le ocurre al que denuncia lo falso, impuro e inmundo en la iglesia?. Se le proscribe, arrincona, ignora. Se le quita la ayuda, se le calumnia, se le margina. Ya no hay piedras, ni patíbulo, ni guillotinas, ahora es un ostracismo[11] lento, más cruel que la muerte violenta. Que duro es el tener que vivir viendo el error, la desvirtuación, el engaño, y no ser escuchado, ni comprendido. Al menos los profetas antiguos, al morir, no vieron el juicio de Dios, ni la corrupción final de su pueblo, y fueron puestos en lugares especiales, hallando reposo, cosa que no tendremos los que vivamos en estos últimos tiempos,  donde no podremos luchar contra esta terrible apostasía que invadirá toda la creación,  la cual nadie podrá detener, aunque sí impediremos su supremacía, pues somos la sal, que detiene temporalmente el desenlace final del mal.: “Ahora, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no seáis movidos fácilmente de vuestro modo de pensar ni seáis alarmados, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, como que ya hubiera llegado el día del Señor. Nadie os engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición (2 Tesalonicenses 2:1-3).           Debemos aprovechar bien el tiempos, y trabajar con entusiasmo, pese a los negros pronósticos evidenciados por las noticias y las profecías. No podemos detener el mal, pero sí podremos rescatar a muchos y evitar, a toda costa, que el mismo invada la iglesia y a los cristianos, por lo tanto, denunciemos lo malo, rectifiquemos lo torcido y alistémonos  para ir al encuentro de nuestro Señor.

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    -IV-       El Menú  a La Carta

            Existen muchos tipos de restaurantes. Unos ofrecen un “plato del día”, otros tienen una serie de alimentos pre- elaborados, que pudiéramos llamar “comida rápida”. Sin embar-go, existen otros donde se preparan los alimentos según un menú. El cliente escoge  y espera su plato preferido. De la misma forma se han puesto de moda los productos “light”[12], o aquellos bajos en calorías, los descafeinados, los productos sintéticos etc. Esto se debe a que estamos en un mundo que busca lo fácil, lo cómodo, lo placentero. Este espíritu, que satisface el capricho humano, se ha adueñado de nuestra sociedad, y se ha formado en su entorno todo un mercado con enfoques científicos, el tecnomercado, el “marketing”, como se le llama en los Estados Unidos. Las técnicas publicitarias nacidas de los estudios sociológicos de las encuestas que estimulan el apetito de consumir aún aquello que no es bueno, ni saludable. Las grandes empresas, que se valen de los especialistas en mercado, analizan el comportamiento humano, sus deseos, sus caprichos, sus comodidades, sus inclinaciones a través de encuestas hechas por empresas dedicadas al estudio de la demanda. Una vez obtenido el resultado, trabajan en la elaboración de un producto que reúna las condiciones pre determinadas por los deseos de los consumistas, y puedan satisfacer así a la mayoría para alcanzar el éxito en la venta. La dinámica dominante es producir lo que a la gente le gusta. Esto se aplica, no sólo a los alimentos, sino a los programas de televisión, el cine, la música y el deporte.

            Este espíritu ofertista y mercantilista del mundo también se ha infiltrado dentro de nuestras iglesias, a grado tal, que la iglesia ya no es un cuerpo funcional, sino un restaurante en donde la  gente  va a recibir el alimento que le gusta. En otras palabra, un menú ajustado a sus deseos y caprichos. Los pastores se preguntan: -¿Cuál  será  el método más efectivo para hacer crecer la iglesia?-. Porque lo cuantitativo ha anulado lo cualitativo. Al respecto afirma Charles Corson en su libro “El Cuerpo”: -Si la gente está buscando la religión como un producto, entonces la iglesia tiene que ofrecer uno competitivo. No es un proceso consciente.[13] Así las técnicas del mercado se aplican a la actividad de la iglesia, haciendo de ésta un club social y espiritual de gente religiosa que por medio de un culto, una ofrenda y un sermón diluido y aplicado “según el deseo popular”, acallan sus conciencias y encubren sus pecados. La técnica de ofrecer un evangelio que satisfaga el capricho de la gente nos ha llevado a elaborar toda una teología basada en la oferta e ignorando las demandas,  y así hemos derrumbado el muro que nos separaba del mundo, para introducirlo dentro de la iglesia. Ya no hay que ir a buscar afuera lo que hemos traído dentro. La iglesia es un gran mercado que le ofrece a cada cual aquello que más le complazca, satisfaciendo la presunción espiritual que la gente tiene. Esto nos ha llevado a desvirtuar el principio del CUERPO, para convertir la iglesia en una carnicería, un orfanatorio, un club, un centro activista, un restaurante, un negocio,  desposeída del espíritu bíblico del “ser iglesia”. Queremos un crecimiento de la iglesia,  pero ¿a qué nos referimos cuando decimos esto?. ¿Qué es la iglesia? No es un edificio, ni una reunión, ni un programa, ni un nombre. La iglesia es la comunidad de los redimidos con la sangre de Cristo, los que dejan el pecado y entran al reino de la luz, para vivir bajo los principios del Señorío del reino. Somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9). Nos constituimos en una comunidad de discípulos “que están llenos de gozo y del Espíritu Santo” (Hechos 13:52), para trabajar en la extensión del reino, no sólo los domingos, u otro día de la semana, sino “Todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y anunciar la buena nueva de que Jesús es el Cristo.” (Hechos 5:42).

            No pasaban el tiempo haciendo espectáculos en un edificio llamado “iglesia” para crecer, sino que esparcidos” por las casas y las calles, hacían la labor de crecimiento. Una iglesia es un grupo de gente comprometida a ENSEÑAR Y PREDICAR la verdad de Dios, sin leudarla, ni adaptarla al deseo popular. Si deseamos crecer como iglesia, tenemos que anular el “espíritu mercantil” de la cantidad de gente, y pensar en la calidad de vida de los que forman ese cuerpo. Es por ello que afirma Richard Neuhaus: “El crecimiento institucional es el último refugio de los que tienen un ministerio estéril[14].

No podemos aplicar al crecimiento de un cuerpo humano, métodos mutantes[15] de crecimiento, para que un bebé sea hombre en poco tiempo, o nazca ya con bigote y dientes. El crecimiento obedece leyes naturales, y no podemos usar técnicas artificiales que aceleren el mismo, porque lo que obtendríamos en tal caso sería un fenómeno. Una familia se forma mediante un proceso lento y costoso. De igual forma, una iglesia, en todo el sentido de la Palabra, sigue un proceso, lento pero costoso. Si  en el día de pentecostés se añadieron a la iglesia 3,000 personas, ¿No habían 120 preparados para tomar cada cual un grupo, llevarlos a sus casas, discipularlos y bautizarlos para después añadirlos a la iglesia? Se ha puesto a pensar: ¿Qué método usaron para hacer todo esto en un día? Si deseamos tener una iglesia al estilo bíblico, nos hemos preguntado alguna vez: ¿Cuál fue el propósito del quehacer de esta primera iglesia que nació en pentecostés?. Veamos lo que nos dice la Biblia al respecto: “Entonces caía temor sobre toda persona, pues se hacían muchos milagros y señales por medio de los apóstoles. Y todos los que creían se reunían y tenían todas las cosas en común. Vendían sus posesiones y bienes, y los repartían a todos, a cada uno según tenía necesidad. Ellos perseveraban unánimes en el templo día tras día, y partiendo el pan casa por casa, participaban de la comida con alegría y con sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo el favor de todo el pueblo. Y el Señor añadía diariamente a su número los que habían de ser salvos.” (Hechos 2:43-47)“La multitud de los que habían creído era de un solo corazón y una sola alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que todas las cosas les eran comunes. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que eran propietarios de terrenos o casas los vendían, traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles. Y era repartido a cada uno según tenía necesidad.” (Hechos 4:32-35). Debemos notar en estos pasajes las características de esta iglesia naciente:

     1ro-  “Caía temor“. Había una conciencia de pecado que producía temor de Dios, cosa de la cual carecemos hoy día, pues aún muchos líderes pecan y actuar sin la menor muestra de temor. Una vida cristiana sin temor, es una vida cristiana sin freno al pecado.

     2do- “Tenían las cosas en común”,  “ninguno decía ser suyo propio nada”. Esto revela una entrega total. No había egoísmo, ni espíritu consumista, ni búsqueda de bienestar personal. El uno vivía para el otro, compartían, se identificaban con las necesidades de los demás. Que diferencia a hoy día donde el buscar lo fácil, lo nuestro y lo cómodo reina en nuestro medio a grado tal que de ello se ha hecho una teología.

    3ro- “Perseveraban unánimes”. “De un solo corazón”. Refleja unidad de sentir, pensaban todos igual, e iban por el mismo camino. Había dirección, identificación, claridad en lo que hacían. Eran estables, no se cambiaban de lugar, como en nuestros tiempos, pues se ha desvirtuado tanto el concepto de cuerpo que podemos cambiar de una a otra congregación, ignorando que somos iglesia. Tenemos cristianos que hoy están arriba y mañana abajo, hoy son fieles y mañana infieles, no perseveran y no están unánimes con los demás, cada cual anda por su lado “buscando lo suyo propio”.

     4to- “Alegría y sencillez de corazón” Estar alegre no es estar cantando porque alguien me lo ordena, ni gritar porque alguien lo hace. Estar alegre no es una expresión de adoración, es una forma de ser. La alegría es gozo, el gozo es fruto del Espíritu, es tranquilidad, satisfacción, expresión de felicidad. Ser sencillos es ser natural, hacerlo todo de corazón, por amor, por sentimiento, no buscando ser

alguien, ni importante, ni superior. La sencillez es el vestido de la humildad, y la credencial de la negación.

    5to- “Teniendo favor con todo el pueblo“. Estaban dispuestos a servir a todos, no sólo a los de la casa de Dios. El mundo los miraba como un modelo. Ellos se granjeaban el aprecio de los pecadores por su ejemplo, como dijo Jesús:

 “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16)

            Tenían favor, eran serviciales, modelos en el trabajo, en las relaciones sociales con los incrédulos. ¿Y nosotros qué? Tenemos muchos creyentes, pero ¿Y con qué calidad de vida?”. Es por ello que alguien afirmó que vivimos “una religión por lo alto, pero una moralidad por los suelos”.

            ¿Deseamos una iglesia verdadera?. No diluyamos la verdad estableciendo una iglesia con naturaleza empresarial, ofreciéndole a la gente un menú a la carta, esto es; darles y ofrecerles lo que desean, para acallar sus conciencias, y satisfacer sus deseos narcisistas[16] o consumistas. Prediquémosles la verdad completa. Descartemos el evangelio de ofertas, y presentemos la demanda de Dios. Seamos iglesia en el “ser” y no en el “estar”. Prediquemos aquello que el pueblo necesita, aunque no le guste. Cuando alimentamos a nuestro bebé, no le vamos a dar sólo las compotas dulces que le gustan. Hay que darle, incluso, aquellas cosas que no le apetecen,  pero que son necesarias para crecer sanos. No adulteres la leche (la verdad de Dios) añadiéndole chocolate o azúcar, (para complacer sus deseos de bendiciones materiales), sino dale lo que requiere, en la dosis y proporción debida, de acuerdo a su edad, para que crezca sano, como dice San Pedro: “desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación;” (1 Pedro 2:2)

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  -V-  El peligro de Ser Usado

            Los cambios producidos en nuestra mentalidad nos conducen a acciones que revelan claramente en que estilo de vida vivimos, así como en los enfoques teológicos  y énfasis existentes. Una de las muchas influencias que predominan en las corrientes filosóficas y psicológicas del mundo de hoy, es que debemos alcanzar una meta, sin tomar en cuenta el “medio”. Lo importante es “realizarnos en aquello que deseamos”, sin considerar si nos conviene o no. De allí nació la idea de que “el fin, justifica los medios“, argumento que esgrimió el comunismo y hoy lo adopta el capitalismo despiadado que nos azota.

            Cuando  esta mentalidad nos embarga, comenzamos a desarrollar una dinámica  donde las personas son como piezas en un tablero de ajedrez.  Jugamos con ellas, las manipulamos y las usamos para obtener aquello que nos hemos propuesto. No evaluamos hasta qué punto puede o no ser de Dios el poseer, conquistar o adquirir lo que deseamos, y muchas veces nos encontramos que pedimos y actuamos mal, como dice Santiago 4:3-4,:

“Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastarlo en vuestros placeres. ¡Gente adúltera! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios.”       Convirtiéndonos en ese tipo de persona que se menciona en Filipenses 2:21: “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo”.

            ¿Hasta dónde nos ha dominado la importancia de “los bienes”, sobre las personas? Vemos,  tristemente, plasmadas muchas enseñanzas basadas en la importancia de alcanzar metas materiales en  el quehacer  de  la iglesia. Exaltamos la importancia de tener un buen edificio, un buen grupo musical, unas buenas instalaciones, un buen equipo de sonido, un buen automóvil etc, y para lograr esto,  sacrificamos principios, tole-ramos pecados, predicamos superficialmente, y les demandamos más de lo que realmente  puede dar o hacer. Hacemos  que  todo tenga un valor, no sólo vendemos objetos y símbolos, haciendo de la iglesia un gran mercado, sino que junto  a ello, desarro-llamos una actitud mental, evolucionando en nuestra concepción de las cosas.

            ¿Qué diferencia  hay entre la iglesia del libro de los Hechos y la nuestra actualmente?. Si estudiamos la Palabra, descubrimos como en el principio los cristianos “usaban las cosas para servir a la gente”. Para ellos la posesión de un bien tenían un sólo fin; ayudar, proveer, solucionar los problemas existentes entre los santos, y aún más allá de la congregación, pues dice en Hechos 2:47: “Alabando a Dios y teniendo el favor de todo el pueblo. Y el Señor añadía diariamente a su número los que habían de ser salvos. (Hechos 2:47). Tener el “favor del pueblo”, refleja el buen testimonio imperante en su forma de ser, porque vivían para servir, compartir y darse a los demás. Su mirada estaba en Jesús, su anhelo se manifestaba en el amor. Las “cosas” no tenían importancia, eran tan solo un medio para ayudar al necesitado. Todo su esfuerzo iba dirigido en dos direcciones:

   I LA AYUDA DE LOS NECESITADOS. Prioridad número uno. Es por ello que la Palabra nos dice que entre los hermanos de la Iglesia no había “ningún necesitado” ¿Por qué? Porque tenían las cosas en común. Algunos escritores han afirmado que este fue el primer modelo de comunismo[17], pero es bueno aclarar que el mismo ocurrió como un producto del amor de Dios en los discípulos, y no de la imposición humana.

  IILA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO. Prioridad número dos. Debemos llevar a cabo la gran comisión, y no dejar que otro interés, aparte del servicio al necesitado, aparte nuestra vista de ello.

            Era una iglesia “SOLIDARIA[18], pues cuando hubo hambre en algunas congregaciones de otra región, como ocurrió en Jerusalén, enviaban ofrendas para remediar las necesidades de los hermanos (Romano 15:26). Vemos como los ministros en la Biblia no buscaban su propio bienestar, sino el colectivo. Para ellos, el servir a los necesitados, era más importante el valerse de las cosas para su propio bienestar. En las corrientes modernas, este concepto ha evolucionado. Antes usábamos las “cosas” para servir al pueblo, ahora “usamos al pueblo para obtener las cosas”, por lo que la manipulación para fines mercantilistas se ha generalizado. Es más importante “el tener” que “el ser”  y todo tiene un precio. El fin ahora  no es servir, sino servirnos. La mercantilización de la iglesia es una de las peores realidades a la cual nos enfrentamos, dejando pequeños a los mercaderes y cambistas del templo judío en la época de Jesús.

            Esta mentalidad “materialista” hace que muchos ministros busquen escalar la fama, el prestigio y la conquista del poder, por lo que la  exaltación y la búsqueda de posición es una meta. Le damos tanta importancia al dinero, bienes, prosperidad y los títulos, que forjamos un negocio en torno a ello. Se venden títulos de doctores, credenciales de ministro, pastorados etc. Muchos ministros andan llenos de oro, con ropa fina, por lo que no  pueden decir como le dijo Pedro al paralítico de la puerta La Hermosa: “—No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!” (Hechos 3:6).

            Cuantas veces caemos víctima de un sistema en el cual  todo se compra, ya que el poder no está en una vida humilde, sino en el recurso económico. Se ha dicho que quien tiene el dinero, tiene el poder, y en el mundo actual esto es una gran verdad. Somos manipulados, usados, y enajenados[19] por esos poderes corruptos que todo lo arropan, principalmente a aquellos que se encuentran en lugares de eminencia.

            Existen situaciones en las que somos manipulados por las necesidades personales, o las ofertas tentadoras, y sin querer, perdemos de vista el sentido del llamamiento y del deber,  para ser usados por “intereses” que no concuerdan con el espíritu del Evangelio. Y en tal caso ¿Qué defendemos más, el deber o la verdad?.

            No  debemos  ser usados por el materialismo, ni por los intereses mezquinos que mueven el mundo. No tratemos de sobornar o manipular a las personas a cambio de prebendas. Seamos íntegros y rectos delante de Dios, aunque esto nos cueste sufrimiento. Sabemos que pronto, cuando comparezcamos delante del tribunal de Cristo,  recibiremos la recom-pensa a nuestras acciones, y seremos llamados, ¡BIENAVEN-TURADOS DEL PADRE!.

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  -VI-  Un Liderato Ideal

Hoy más que nunca necesitamos encontrar, forjar y fabricar siervos  que sean conformes al corazón de Dios. Sabemos que de la calidad humana del líder depende la salud global de la iglesia. Por desgracia vivimos tiempos en donde los líderes ver-daderos son escasos, y estamos viendo el surgimiento de otro tipo de líderes que ejercen una autoridad hegemónica[20] dentro de las vidas de muchas personas, tratando de anular su “yo”, para someterlo, como borrego, a sus ideas, que emanan más de su soberbia espiritual que de la revelación divina. ¿Cómo es posible que un líder religioso pueda conducir a cientos de incautos creyentes a un suicidio colectivo? ¿Y cómo es posible que ciertos líderes cristianos se consideren poseedores absolutos de la verdad, auto-proclamándose “papas evangé-licos”, y sometiendo a sus congregaciones a una servidumbre legalista, que anula la capacidad de razonar y decidir por sí mismo.? ¿Cómo debería ser el modelo del líder cristiano?. Es interesante el estudio que el pastor José L, Gómez Panete[21] elaboró sobre la realidad del líder cristiano y afirma que “cualquiera que quiera manipular con las personalidades de sus colaboradores, no es un líder; es un déspota, huyamos de él. El autentico líder debe agrupar no a su alrededor, sino alrededor de Cristo, que es el Líder”.     El valor más grande de la autoridad[22] espiritual está en la paternidad forjada con el ejemplo. Es necesario estar sujeto a nuestros pastores, pero esto, dentro de un pluralismo. Debemos comenzar a forjar un liderato compartido. Ver a la iglesia como lo que es, un cuerpo, y aceptar una ubicación dentro del cuerpo, reconociendo la necesidad de otros ministerios para que nos ayuden a perfeccionar a los santos. La potenciación del liderato radica en la capacidad de reconocer que “debemos ser uno con los demás, fusionándonos hasta formar un sólo cuerpo”. Aprender a trabajar en equipo, definiendo y capacitando a otros para que compartan el quehacer y la visión de la obra. El verdadero siervo se integra dentro del cuerpo, se funde con la masa, y no se ve como un ente aislado. El  verdadero  líder forja a otros  líderes, se reproduce, y se desplaza a otras posiciones, aceptando el reto del crecimiento.

            Otro elemento básico del buen líder es el reconocer que el éxito en nuestro ministerio está en la humildad. La mentira del diablo trata de hacernos creer que somos suficientes, importantes y necesarios, para así llenarnos de arrogancia, pero esto es completamente falso. El único necesario e imprescin-dible en la iglesia, es el Señor Jesús, por medio de su Espíritu Santo. Los hombres somos instrumentos en sus manos, y debe-mos aceptar nuestras limitaciones, y apoyarnos en la suficiencia del Todopoderoso. Debemos evitar el tener un concepto muy alto de nosotros mismos: “Digo, pues, a cada uno de vosotros, por la gracia que me ha sido dada, que nadie tenga más alto concepto de sí que el que deba tener; más bien, que piense con sensatez, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.” (Romanos 12:3) .

            Ni soy más, ni menos que los demás, pero el Señor me ha dado una mayor responsabilidad al elegirme, llamarme y ponerme como responsable de una congregación, de la cual tendré que dar cuenta a Dios como dice Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse, pues esto no os sería provechoso.” .            Notemos la referencia “como quienes han de dar cuenta”, esto es una gran responsabilidad, porque ser cabeza no significa ser un cabezón, o un mandamás, sino aquel que asume una “dirección pensante” sobre los destinos de aquello que le toca administrar o gobernar.

            Cuando caemos en un liderato ambicioso, cuando ocupamos un puesto para satisfacer nuestros deseos de poder o prestigio social, nos convertimos en malos obreros, déspotas. Entonces aparece uno de los peores males que aqueja a la iglesia,  “la tiranía de los santos“. Cuántas vidas son destruidas por este tipo de autoridad. Cuánto daño se causa a personas inocentes y sinceras que desean sujetarse en la Palabra a un siervo de Dios, el cual, abusando de la autoridad conferida, se excede, maltratando, explotando y manipulando a los individuos con fines pre determinados. Para  evitar estos errores dentro del liderato debemos enmarcar la autoridad dentro de los límites establecidos por la Palabra: “Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo” (Efesios 5:21). Y reconocer que la aceptación al ejercer la autoridad se gana mediante el ejemplo y la conquista de la voluntad del discípulo, con amor y entrega.            Debemos sujetarnos a nuestros pastores, pero esta sujeción, como toda, incluyendo la de la mujer a su esposo, debe ser enmarcada dentro de las normas y pautas establecidas por la misma Palabra. Si un líder no vive lo que predica, y si en él no hay ejemplo, no tengo porqué aceptar sus demandas, pues la base de la autoridad espiritual está en la vida, y no en las palabras del siervo de Dios:  “Por lo tanto, desechando toda suciedad y la maldad que sobreabunda, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque cuando alguno es oidor de la palabra y no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que mira su cara natural en un espejo.”(Santiago 1:21-23).

            Nadie está obligado a actuar contra su conciencia. Nadie está obligado a obedecer aquello que no sea una demanda bíblica de parte de Dios. Nadie debe ser anulado, coaccionado, manipulado. El que tal cosa haga, no es líder, es un enfermo. Dios respetó el libre albedrío del hombre, y nosotros debemos respetar este derecho en las personas, por lo que debemos actuar y pensar con conciencia de hecho, y no por influencias impositivas. No debemos mover o formar a nuestros discípulos a base del temor, sino del amor. La misión del líder, como la de los padres, es formar personas que sepan usar su propio criterio, que sepan discernir entre el bien y el mal, que siendo autónomos, estén sujetos a las demandas del reino, y a la pater-nidad espiritual[23] (Hebreos 5:14). El éxito del líder está en reproducir su vida con su ejemplo, haciendo que sus seguidores mantengan su propia identidad, impregnada del Espíritu de Cristo. A veces no producimos vidas, sino réplicas de nosotros, esto es; hermanos que  imitan nuestra  forma  de hablar,  andar  o  predicar, perdiendo ellos en sí su propia identidad. El plan de Dios es que “yo” siga siendo yo, pero  viviendo una  nueva  dimensión. Es  que  imites la conducta y ejemplo de tu maestro en sus cualidades, manteniendo tu propia gracia, carisma y carácter.

            Se ha dicho que el discipulado forma el carácter, y aunque  es cierto, la modificación del carácter no envuelve la pérdida de mis propias características como persona. Qué triste es ver réplicas de un líder en la forma de actuar, y no en la forma de pensar o vivir en el Señor. Hay casos tan aberrantes, que un discípulo absorbe de su líder aquello que no está dentro del esquema bíblico. El líder de Dios formará una vida sin imprimirle su forma, sino la del Señor. Transmite la visión y el vivir, pero no sus ideologías personales, política o de expresiones. No debemos ser réplicas, sino modelos. A veces, manipulamos las Escrituras para afianzar una autoridad que se sale de lo legal. Es frecuente que algunos se sientan dueños de las vidas que atienden, y mediante el mal uso de los dones espirituales, revelaciones o una supuesta superio-ridad teológica, asumen el papel del Espíritu para determinar lo que un discípulo debe o no debe hacer. Conocí el caso de un hermano que fue lanzado al ministerio, no por un trato de Dios con sus vidas, sino por una orden dada por su líder, el cual llegó a afirmar que así se lo indicó el Señor. Este hermano fracasó, se retiró, y para colmo, su líder le condenó porque “fue desobe-diente a la autoridad espiritual que Dios le había puesto”. Cuando un hermano, usando su criterio y conocimiento bíblico, no acepta una orden personal de su líder, o pone en tela de juicio determinada actuación personal incorrecta, se encuentra frente a una acusación de “rebeldía”. Para el líder “caudillo” cualquiera que discrepe con él, es un rebelde; entonces lo margina, aísla, desacredita y por último lo excomulga, levantando acusaciones que no tienen peso bíblico. Para evitar esto, debemos ser conscientes de que todos fallamos,  que no existe una autoridad infalible y que nuestra autoridad está limitada por tres factores:

 Primero: Por  el  derecho  a respetar el libre albedrío de mis semejantes.

 Segundo: Porque toda autoridad espiritual emana de  la  Pa labra de  Dios y apela a la obediencia por el       camino del amor y no de la imposición.

 Tercero:  Porque no debo exigirle a otro, lo que yo mismo

 Cuarto:   no esté dispuesto a dar.

Si estas tres reglas se aplican a la hora de usar la autoridad evitaríamos muchos males y nuestro liderazgo, así como el quehacer de toda la iglesia se haría más fuerte.

            Asumamos nuestro rol en la formación, siendo conscientes de que jamás podremos anular a nuestros discípulos, sino moldearlo de acuerdo al esquema bíblico dejado por Nuestro Señor Jesús. Cuidándonos de no caer en la “tiranía de los santos”, razón por lo cual algunos escritores cristianos han atacado el principio del discipulado, como Charles Colson el cual afirma que “En otro extremo está, con su buena intención, aunque desorientado el “movimiento del discipulado”, en donde un pastor impone su camisa de fuerza espiritual a un rebaño[24]. Aunque no comparto su enfoque, porque generaliza la desviación de algo que no es una verdad absoluta. Considero que cuando el discipulado, o gobierno local se ejecuta por medio de un hombre, y éste toma todo el poder en sus manos,  se ha salido de los principios bíblicos, que es el pluralismo en delegación, por lo que puede caer en un absolutismo individualizado que lo hace  un caudillo, y se adentra a terrenos muy peligrosos en el ejercicio de la autoridad. Es necesaria la autoridad, es necesaria la sujeción, es necesaria la dependencia dentro de un cuerpo en una relación de miembro con miembro, pero jamás debemos hacer de estas verdades bíblicas, fórmulas manipuladoras, o medios de HEGEMONÍA espiritual. Sería bueno considerar en serio el consejo de Pedro cuando nos dijo: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntatiamente; no por ganancias deshonestas, sino con ánimo pronto:”1 Pedro 5:2.

-VII- Los Peligros del Poder Absoluto

            Los hombres pueden ser buenos hasta que experimentan el poder para gobernar, y la corrupción es el riesgo que se corre cuando se obtiene el mismo. ¿Por qué cuando  alcanzamos una posición superior, tendemos a degra-darnos moralmente?. Es cuestión de nuestra naturaleza. Cuando nunca hemos tenido un par de zapatos, nuestros pies se adaptan a las piedras, y el calor del suelo, formándose callos que protegen las plantas de los pies de las dificultades del camino, razón por lo que tenemos unos pies curtidos. Pero ¿qué ocurre cuando comenzamos a usar zapatos?. Se pierde la dureza, desaparecen los callos, y los pies se vuelven más sensibles al calor. Después es difícil (por no decir imposible)  volver a andar sin zapatos. Esto explica una verdad más grande que las montañas. Somos seres que nos adaptamos al progreso, a la prosperidad y al bienestar. Cuando alcanzamos una cima, difícilmente queremos descender de ella. Esto obedece a  las siguientes  razones:

ü  1º Porque nos duele perder nuestro bienestar material. El ser humano se adapta tan fácilmente a lo bueno, que después le es difícil renunciar a ello.

ü  2º Porque nos sentimos descender de la posición social alcanzada. Forjándose toda una serie de conceptos que influyen en nuestra forma de vivir. La sociedad crea los parámetros dentro de los cuales somos moldeados, como “animales de costumbres,” adoptando un estilo de vida determinado.

ü  3º Porque nos acostumbramos a mandar, a vivir bien, ser alabado o considerarnos importantes. Esto exalta nuestro egoísmo, llevándonos al orgullo, el cual engendra la soberbia, defectos  enquistados en nuestra naturaleza pecaminosa.

Pero de estos tres puntos, el elemento más común es el “orgullo”, el cual desempeña un papel vital en este proceso de  adaptación al sistema. Cuando no soy “nada”, me siento tranquilo, cuando soy “algo”, no deseo volver a ser “nada”. Cuando vivo humildemente, y carezco de bienes, estoy conforme, cuando prospero y tengo bienes, me preocupo tanto por perderlos que sufro angustia. Cuando he estado caminando estoy tranquilo, cuando tengo un automóvil, no deseo andar a pie. Cuando soy peón, y obedezco al superior, hago lo que tengo que hacer, y me siento bien, pero cuando doy ordenes, y le tomo gusto a mandar, no deseo perder ese “poder”, y lucho por conservarlo. Algunas personas, al ejercer un puesto importante, exteriorizan traumas frustrativos de su infancia, los cuales estaban en su “yo” escondido, por lo que la hegemonía[25] se convierte en un problema traumático, mucho más delicado que la ambición.

            Cuando se está en un puesto de mando, dentro del mundo secular o religioso, se corre el riesgo de caer en el vicio del poder y el bienestar. Este gusanillo despierta en los seres humanos un espíritu de iluminados, redentores[26], semidioses, por lo que se sienten necesarios e importantes y, con el afán de servir, comienzan a manipular su entorno, asumiendo el papel de “salvador y protector”. A ellos se refiere Jesús cuando dice;” –Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que tienen autoridad sobre ellas son llamados bienhechores.” (Lucas 22:25) . Esta actitud produce una serie de acciones que arruinan a aquellos que caen en esta terrible trampa del poder. Pero ¿Cuáles son los frutos del poder absoluto? Veamos:          I-Todo aquél que manda puede sentirse “un caudillo“, sin importa bajo qué método fue elegido. El orgullo, innato en nuestra naturaleza, desencadenará en su espíritu la prepotencia y jactancia, que le llevará a no permitir que nadie le haga oposición. Es un deseo ambicioso que enferma al hombre, y le lleva a imponer su criterio, en vez de decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestra soberbia. Toda jactancia de esta clase es mala.” (Santiago 4:15-16). Si  el que tiene el poder goza de buena  salud  mental,  y  su “EGO” está sometido a Cristo, asumirá la oposición como un problema lógico, que nace del derecho de discrepar. Más cuando es dominado por el “YO JACTANCIOSO”, considerará al opositor como su enemigo, por lo que lo tachará de rebelde, y buscará fabricar falsos testimonios, exagerando las acciones, para purgarlo[27], arrastrándolo a la ruina y descrédito. Cualquier oposición a una autoridad “enferma de poder”, producirá una reacción violenta contra el causante de tal oposición, y por tener el poder, podrá manejar las circunstancias, aún de forma ilegal, y aplastará a su oponente, aunque éste tenga la razón. Cuando ciertos líderes no les caen bien algunas personas, movidos por sentimientos carnales, adoptan actitudes injustas. Ejemplos:

 1º Porque veo como Dios bendice a un hermano más que a mí. Esto desencadena una envidia destructiva.

  2° Porque un hermano tiene más capacidad, carisma o gracia que yo, y atrae gente sobre la cual he ejercido influencia. Esto me lleva a buscar la forma de marginar a esa persona, pues deseo mantener mi señorío.

  3º Porque siento que mi bienestar económico está en peligro, razón por lo que me vuelvo agresivo o desconfiado con los hermanos. Si buscamos a fondo el origen de estos sentimientos y reacciones, veremos que estos son los elementos que nutren el egoísmo, la envidia y la soberbia.

            II– Todo el que tiene poder puede sentirse el dueño de las cosas y no un mayordomo fiel. Puede caer en la tentación de usar los bienes para su propio servicio, buscando controlarlos, y no para el bien común. Crea élites (lacayos)[28] que manipula con dádivas (sobornos). Compra medios que afiancen su poder (chantaje),  aprovechándose de su posición para dar privilegios a sus más íntimos,(tráfico de influencia) que se le someten servilmente. Maneja la obra de Dios como una parcela de su propia casa. Ejemplo: Buscar mi bienestar material sin pensar en los otros. Aprovecharme de los recursos consignados para un fin determinado y usarlos según mi capricho. Ceder a presiones de comisiones para ofrecerles  beneficios a personas que no lo merecen. Alterar la verdad, manipular la información y controlar los medios de expresión, para no tener oposición en mis malas acciones. Somos conscientes que la fama y el poder enferma y carcomen, como el cáncer, los principios de la humildad, servicio, entrega, renunciación y justicia. ¿Cómo evitar ésto, si es indispensable para escalar la cúspide de una posición prominente?. ¿Por qué Judas, que tenía la bolsa, se tuvo que perder?. ¿Es que la fama, el dinero y el poder siempre corrom-pen?. No es bueno generalizar, pero Jesús  se refirió a los “ricos” de este mundo y en su expresión les puso a éstos la salvación muy difícil cuando exclamó: ” De cierto os digo, que difícilmente entrará el rico en el reino de los cielos”. (Mateo 19:23). La palabra difícil no es igual a imposible. Es difícil estar en el poder, o alcanzar fama sin corromperse, pero no es imposible. Lo que tenemos que hacer para que la fama y el poder no se nos suba a la cabeza, es aceptar algunas verdades fundamentales de la Palabra y ponerlas en práctica, princi-palmente cuando estemos en este “grupo de riesgo”. Hay tres verdades que nos pueden ayudar a evitar el peligro del PODER ABSOLUTO EN LA IGLESIA:

            1º.- Reconocer que las reglas del juego en el reino de Dios son al revés que en el mundo. El “poder” es un medio para servir. A más poder, más humillación y entrega a los demás. En otra palabra, deponer todo espíritu de orgullo. Jesús definió las reglas del juego de esta manera; “Pero entre vosotros no será así. Más bien, el que entre vosotros sea el importante, sea como el más nuevo; y el que es dirigente, como el que sirve. Porque, ¿cuál es el más importante: el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.” (Lucas 22:26.27) .

            Cuando un hermano, al  prosperar y hacerse importante, se sienta superior  y comienza a cambiar su sencillez, buscando protagonismo y alabanza, va por un mal camino. Es peligroso. Recuerdo el caso de un pastor humilde que vivía entre la gente, y vestía sencillamente, pero con el tiempo se convirtió en el presidente de una misión, y ¡cuán grande fue su cambio!. Comenzó a vestir de etiqueta, se escondía del pueblo y sólo por cita se le podía ver. A sus antiguos amigos los trataba guardando la distancia. Cuando iba a una actividad, mandaba a su escolta delante, buscándole los mejores puestos. ¿Es éste el espíritu de Cristo?.

            2º.- Aceptar que ningún puesto es eterno, ni nos concede poder, o nos hace más importante que los demás, y buscar la forma de que otros crezcan, como dijo  Juan el Bautista: “A él le es preciso crecer, pero a mí menguar.” (Juan 3:30) .    Reconocer que las posiciones privilegiadas, si duran mucho tiempo, despiertan la ambición, adulación y seducción diabólica. No es bueno, ni saludable, sentirse imprescindible o ejercer el poder por  período muy largo. Si observamos la salud de la democracia de los Estados Unidos, con todos sus errores, notaremos que ningún presidente, por más bueno que sea, puede gobernar más de dos períodos (8 años), y en aquellos países  donde el presidente o primer ministro, gobierna por mucho tiempo, terminan corrompiendo las instituciones democráticas (por ejemplo España con el “felipismo”[29]), y en las dictaduras esto es costumbre impositiva (como en Corea del Norte, Libia, Irán etc,). Sí sabemos que el poder enferma, no lo mantengamos mucho tiempo. Compartámoslo, y dejémoslo cuando estemos en honra, para salir por la puerta grande, pues se puede servir arriba y mucho más abajo. Para Dios son más importantes los indios que los caciques, porque éstos son en los que pelean la buena batalla de la fe.

            3º.- Evitar el ser alabado, exaltado y adulado por los que forman mi círculo de trabajo. Si doy lugar a la vanagloria y adulación, muy común en el mundo de hoy, llegaré a creerme que soy lo que en realidad no debo  ser, cayendo en el error de gloriarme en lo que hago,  olvidando la advertencia de Pablo: ” Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:9). El gloriar o exaltar a los hombres es un funesto error que destruye a muchos líderes, y pervierte a hermanos que están en niveles superiores. Dice la Palabra:“para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1:31). “Así que nadie se gloríe en los hombres; pues todo es vuestro” (1 Corintios 3:21). Es bueno recordar que después  que hayamos hecho todo lo que se nos mande, y escalemos la cima más grande en el servicio del reino, haciendo los milagros más prodigiosos en la iglesia, el Señor nos otorga un título que no da lugar a exaltación, pues dice que: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Siervos inútiles somos; porque sólo hicimos lo que debíamos hacer.” (Lucas 17:10). Mantengamos la humildad y la sencillez estando en eminencia, para que así Dios se glorifique en nuestras vidas.

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-VIII-    Fenómenos Evangélicos

Dios, es un Dios de milagros, pero no de fenómenos.[30] ¿Qué es un fenómeno? Algo que sin ser sobrenatural, rompe las leyes lógicas y naturales de la existencia. Es algo anormal, que sobrepasa los límites de lo concebible. Y de estos fenómenos estamos llenos, y si no, fíjese bien en lo que le relato: Julio, es cantante de música rock en un conjunto del barrio. Tiene sus espectáculos en las discotecas, y en sus actuaciones musicales se proliferan las drogas y el frenesí sexual de los jóvenes. Un día es invitado a una campaña, y de forma maravillosa es tocado por el poder de Jesús, y se entrega al Señor, experimentando el nuevo nacimiento. Hasta aquí todo es natural, aunque milagroso. Se integra a la iglesia, y a las dos semanas ya está al frente con su guitarra, ayudando en la alabanza. Al cabo de los tres meses viaja con el pastor para cantar, y éste lo presenta con pompa y platillo. A los cinco meses Julio comienza a dar conciertos en las iglesias, ya casi no asiste a sus cultos, y al ser muy cotizado, por su “gran testimonio”, comienza a ponerle precio a sus actuaciones, y hacer discos y cassettes. Le llueven las invitaciones y compro-misos, por lo que nunca puede estar en su congregación, y termina independiente, saltando de un lugar para otro. Comienza a hacer dinero, monta  negocio, especula, y como producto de la “fama” y la “fortuna”, tiene muchas admiradoras. De pronto se cuelan las “faldas”,  cometiendo pecados, pero como anda suelto. ¿Quién puede frenarlo y disciplinarlo? ¿Quién le pastorea y descubre sus debilidades para ministrarle ayuda?. Algunos compran credenciales a movimientos independientes que buscan más el diezmo, o la ofrenda, que el testimonio y la vida.             Sé que todo esto suena duro, pero es la realidad. No podemos impedir que la corrupción del sistema mundial se infiltre en algunas  iglesias evangélicas. Cuando  no  hay  sujeción y no existe el temor, difícilmente podremos encontrar integridad. Cuando una persona se convierte, necesita un período de formación, pues dice la Palabra: “Desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación;” (1 Pedro 2:2). Nadie lo debe recibir para que participe en público, si primero no ha pasado un buen tiempo de formación. Recordemos que cuando Pablo, aunque se convirtió por revelación, fue ministrado y atendido por Ananías y cuando  fue sólo a Jerusalén, no lo querían recibir: “Cuando fue a Jerusalén, intentaba juntarse con los discípulos; y todos le tenían miedo, porque no creían que fuera discípulo. Pero Bernabé tomándole, lo trajo a los apóstoles. Les contó cómo había visto al Señor en el camino, y que había hablado con él, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús.” (Hechos 9:26-27) . Según este texto, habían dos razones por lo cual no lo quería aceptar en la reunión de los discípulos:

  • Primera = Porque le tenían miedo, debido a su pasado como perseguidor de los cristianos.
  • Segundo = Porque andaba “suelto”, no sujeto a nadie que respondiera por él. Entonces Bernabé le  tomó, convirtiéndose  en su cobertura, e iniciándose de allí en adelante una estrecha y profunda relación que duró varios años.

Uno de los más serios problemas de la iglesia en estos tiempos, es la cantidad de “evangelistas y cantantes” que andan “sueltos”, y que de la noche a la mañana han alcanzado el podio de la fama, siendo bien cotizados e invitados por todo el mundo, sin que haya habido en su vida un período de formación espiritual, y viven en la actualidad insujetos a iglesias o minis-terios, por lo que muchos, que están mal, siguen ministrando con el beneplácito de los pastores. Se ha perdido el control, el orden y la formación de vidas. Por esa razón estamos llenos de fenómenos que causan escándalos. Lo triste es que muchos ministerios les aplauden y bendicen. ¿Qué puede ocurrir si no atajamos este fenómeno a tiempo, y de forma correcta?. Que la verdad se puede pervertir, la ambición hará del evangelio un negocio, y estaremos  al borde de caer en doctrinas de demonios y cultos idolátricos, sólo que ahora los ídolos no son de madera, yeso o metal, sino de carne y hueso.

            ¿Qué hacer para frenar esto?. Sencillo, exigirles a todos los que  vengan a Cristo con talentos, títulos o posición social eminente, que sigan el mismo proceso que los demás; “que crezcan”, se formen y se sujeten dentro de la iglesia. Que no se les use, por más capacidad o talento que tengan, hasta que hayan crecido espiritualmente, y demuestren humildad y sujeción a los ministerios. Que no recibamos a nadie, si primero no hemos comprobado que ha seguido este patrón cien por ciento bíblico, y verifiquemos que vive en santidad y honestidad delante del Señor. Pedir referencia a su iglesia, pastores o padres espiri-tuales. Si hacemos esto, evitaremos ser víctimas de muchos listos, que han encontrado en el evangelio una forma de vivir bien. Seamos entendidos en cuál sea la perfecta voluntad de Dios, y evitemos los FENÓMENOS EVANGÉLICOS EN LA IGLESIA. Detengamos el aumento de impostores, predicadores fraudulentos y misioneros “vividores” que hacen del evangelio un medio para hacer turismo. Otro problema que debemos evitar es la selección de trabajar en el reino, escogiendo lo fácil y cómodo. A muchos les gusta cantar, o ser evangelista, porque esas funciones son más rentables, pero si somos llamados, tenemos que estar dispuestos a hacer de todo. Debemos recordar que los ministerios, los dones y el servicio son funcionales, y operan según la necesidad, y no por el deseo de bienestar o gusto del siervo.

            Como ministro, y cristiano, debo asumir mi responsa-bilidad, no evadiendo lo duro o fácil del trabajo. Todo lo natural y funcional sigue un proceso físico pre-establecido, y es necesario crecer y asumir todo aquello que el Señor ponga delante de mi “según mis fuerzas”. Cuando era estudiante tuvimos un maestro muy especial, era el hermano Muñiz. Un día  me tocaba limpiar el baño junto con otro compañero, pero no lo hicimos, porque estaba tupido y lleno de materia fecal. Cuando el hermano Muñiz fue a ese servicio y descubrió su condición, se apareció al aula de clase y preguntó: “¿A quien le tocaba limpiar los servicios sanitarios?. Levantamos las manos, y entonces nos dijo: “¡Síganme!”. Nos llevó frente a los servicios, se remangó la camisa, y metió la mano en la taza para destupirla, después nos miró y nos dijo: “ El que no esté dispuesto a limpiar un servicio y  hacer lo más bajo, no puede ser un siervo de Jesucristo”. Esta fue la lección más grande que recibí sobre el servicio y la entrega. Comprendí que  como siervo, debemos de estar dispuestos a hacer de todo, comenzando por sujetarme, para ser sano en la fe.

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    -IX-     ¿Estructura o Anarquismo?

     Desde el momento que Dios inició su proceso creativo, siguió un plan muy bien estructurado para llevar a cabo su propósito divino. Él era consciente del  pro y contra de cada norma o estructura, por lo que fue proveyendo para cada situación una solución y un cambio de actuación, modificando con ello las estructuras de acuerdo  a la necesidad. Pero ¿qué es una estructura? Es una base mínima de organización que regula la relación entre dos o más personas, según la necesidad del lugar, tiempo o labor para la cual se crea. Pensar en una relación de grupo, sin ningún esquema de estructura funcional y de gobierno, es absurdo, a menos que hayamos alcanzado tal grado de perfección, que funcionemos “programadamente”, como ordenadores (computadora), esto es lo que en sí promueve la doctrina anarquista,[31] “una sociedad perfecta, sin gobierno,  donde cada uno sea su propio rey”.

            Al pensar en las estructuras, y en la vida de la Iglesia, se debate dentro de mí una lucha, ya que reconozco que como cuerpo de Cristo, hemos heredado unas estructuras bíblicas para el correcto funcionamiento de la obra de Dios en la tierra, pero existe otro peligro, que queriendo ayudar tanto a la obra de Dios, forjemos además de las estructuras bíblicas, otras extrabíblicas que con el tiempo se convierten en dogmas que opriman la libertad y el mover del Espíritu y la autonomía de la Iglesia local. ¿Cómo podemos enfocar el complejo dilema de las estructuras? No creo en la “independencia”, ya que este concepto, al igual que él de la “libertad”, son relativos.  No existe una libertad absoluta, pues ésta termina cuando el derecho de otro comienza. Además el ser libre no nos da el derecho a hacer “lo que me de la gana”, como dice la palabra:   “Actuad  como libres,  y   no como  los  que  hacen  de  la   libertad un pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”. (1 Pedro 2:16). De igual forma, la independencia, es un concepto utópico, pues en realidad dependemos de los padres, de la familia, del trabajo, del que nos provee los víveres, de los recursos tecnológicos, de las leyes físicas, morales y sociales  etc. Somos seres creados para vivir en “dependencia”, desde que estamos en el vientre de nuestras madres, (atado al cordón umbilical), hasta el momento en que dejamos de existir, (cuando somos sepultados). No podemos  ir por la vida de “libres”. En la iglesia esta dependencia esta imperativamente establecida por el principio del cuerpo; “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él.” (1 Corintios 12:26).

            En una función del cuerpo, lo menos que existe es independencia. Creo firmemente que los que proclaman la independencia, tratan de justificar una vida sin sujeción, en donde ellos desean ser cabeza de sí mismos y de los demás, y este principio aplicado a la vida de la iglesia puede dar origen a estructuras patriarcales o dictatoriales, que llegan a ser peores a las que se pueden formar en las estructuras asambleístas. Algunos proclaman la independencia para  manejar y esclavizar a los que en torno suyo son sus seguidores. Otros para no dar cuenta a nadie, y vivir desordenadamente, sin responder por nada; auto-ordenándose, auto-diezmandose y proclamando ese esquema erróneo, por lo que afirman: “yo soy el gobierno, la ley y la organización, fuera de mi no hay nada más”. Pero ahora viene el problema, que a veces, lo deja a uno desorientado: ¿Cuál y cómo debe ser la estructura ideal?. Todo depende de la necesidad. Las normas son creadas por los conflictos y situaciones históricas del momento. Así que formamos asambleas, comisiones, consejos de ancianos, o diáconos, para trazar pautas en tal o cual asunto que tienen que ver con el funcionamiento de la iglesia, y su trabajo terrenal. Todas estas estructuras obedecen (en muchos casos) a necesidades específicas. Buscan resolver, prever y solucionar problemas reales y latentes en ese momento. Se les confiere poderes a un grupo o personas, se regulan sus acciones, se trazan pautas que  nos  ayudan  a  crecer” en orden, autoridad y armonía”. De pronto estas estructuras extra-bíblicas se imponen, enquistan y se establecen como “un todo” en la vida de la iglesia. Aparecen hombres que las “legalizan”, y sin entender el espíritu de la estructura, la imponen como sistema rígido. Lentamente entran en choque con verdades bíblicas, y se establecen como un “derecho canónico”[32] en la vida del cuerpo. Sin darnos cuenta, nos hacemos esclavos de estructuras caducas, que oprimen y divorcian la conducta eclesiástica de la verdad Bíblica. ¿Cuál ha sido el mayor estorbo al mover del Espíritu en el inicio de los avivamientos del siglo XX? Las estructuras religiosas heredadas del pasado.

            Los poderes legislativos de una asamblea, la prosperidad de un movimiento, la falta de espiritualidad de los líderes, las ambiciones económicas y de poder, las influencias teológicas, y otras tantas cosas más pueden desvirtuar las estructuras deno-minacionales, y hacer de éstas más que un medio de unidad del cuerpo, un mecanismo opresivo para el mover del Espíritu, el quehacer de los ministerios y la edificación espiritual del cuerpo de Cristo. Es por esta razón que nacen muchos “grupos independientes”[33], que a su vez están en otro serio peligro. Estos mismos grupos se unen y comienzan a crear estructuras que llegan a ser peores que las existentes en las denominaciones.Debemos reflexionar y reconocer que no podemos andar “sueltos”, pero tampoco “oprimidos”. No debemos forjar reinitos individuales, ni  debemos crear hegemonías eclesiásticas. Nos necesitamos, porque “en la unidad hay fuerza”. Debemos buscar la unidad  y  estructurar la sujeción espiritual y humana dentro de un equilibrio que no anule la dirección de Dios en nosotros. Debemos someternos a toda autoridad (Rom 13:1-2), orar por ellas, pedir que el poder absoluto, que todo lo corrompe, no reine en nuestras iglesias. Confieso y reconozco que yo mismo,  a  veces, he creado estructuras, y sin quererlo, se han enquistado, y nos han causado problemas para crecer. Creo en las estructuras, pero sobre todo, creo en la libertad del Espíritu, que debe guiar a la iglesia para hacer los cambios que estime convenientes y llevarnos así a la voluntad perfecta de Dios. No podemos ignorar que hay peligro de las estructuras radicales, así como del poder obsoluto  que nos acecha en estos últimos tiempos y debemos tener cuidado con estos dos males que causan tanto daño a la Iglesia Universal del Señor.

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  -X-  Agotado por un Avivamiento

A lo largo de nuestro vivir vemos cosas que se salen de toda lógica, pero que no caemos en cuenta del daño que a largo plazo puede ocasionar, como por ejemplo lo que le ocurrió al pastor Enrique, un amigo mío. Cierto día decidió llevar a cabo un gran esfuerzo evangelístico para ganar almas en su barrio. Montó una campaña por todo lo alto, involucrando a su congregación en todos los esfuerzos físicos y económicos que ésta requería: Consejeros, ofrendas, permisos, una carpa y un prominente predicador procedente del extranjero. La campaña duró varias semanas, y durante la misma se tuvo que afrontar muchas preocupaciones, por ejemplo; personas que cuidaran la carpa y los equipos, el salir a anunciarla con un sistema de sonido móvil en un automóvil, y visitar a los muchos contactos personales.

            Llegó el momento de la clausura. Los resultados habían sido aparentemente alentadores; 200 personas aceptaron a Cristo. Ahora enfrentaban la problemática de atender a todos esos nuevos creyentes. Pero un conflicto aparecía de fondo, los hermanos de la iglesia estaban cansados, los fondos habían bajado, y ese mes no le podían pagar toda la bonificación al pastor. Además habían quedado deudas de la campaña, pues entre el pago al evangelista y la propaganda, se había ido todo lo presupuestado, teniendo que pedir prestado. De los convertidos, apenas comenzaron a llegar a los cultos un 30%, y estos eran completamente neófitas. El pastor trató por todos los medios de atender a este grupo, pero sus fuerzas se fueron diezmando, cayó en un estrés tan fuerte que comenzó a padecer de taquicardia.  Luego apareció la depresión y por último, el médico le recomendó un descanso largo, porque podía sufrir un colapso que lo dejaría inútil. Conclusión; la iglesia entró en

crisis, división, y a la larga, en vez de crecer, menguó.Lo aquí relatado parece un cuento fantástico, pero es la realidad de muchos pastores que aman al Señor y desean que sus iglesias crezcan, aunque para ello tengan que exceder sus fuerzas físicas y psíquicas. Quizás esto se deba a que tenemos un concepto errado de lo que es un avivamiento. Por muchas décadas hemos creído que a través del esfuerzo humano podemos “avivar” la iglesia, cometiendo el error de ir más allá de lo que el mismo Jesús ordenó. Él nos dijo que nuestro deber era “ir y predicar”, confrontando a las personas con la verdad del evangelio, el cual ofrece dos opciones:

 “El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18).  No somos llamados a salvar, ni a convertir, sino a predicar. Quien redarguye de pecado es el Espíritu Santo, el cual también hace la obra y edifica la iglesia. Debemos tener presente la importancia de dejarle a él tener dominio sobre las circunstancias, y que no seamos nosotros los que edifiquemos su iglesia:“Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si Jehová no guarda la ciudad, en vano vigila el guardia.” (Salmos 127:1).

            Es bueno cuestionarse:  ¿Hasta dónde podemos ayudar a Dios para que su iglesia crezca? ¿Quién es el que produce un avivamiento; la actitud de los discípulos, el esfuerzo humano o los métodos de evangelismo? ¿Hasta dónde podemos llegar en nuestra lucha por hacer crecer su obra?. Debemos tener claro que no podemos cambiar con esfuerzo humano lo que Dios ha determinado  a través de la misma naturaleza. Todo sigue un  proceso, es bueno mantener presente aquella afirmación de Pablo cuando dijo: ” Yo planté, Apolos regó; pero Dios dio el crecimiento.” (1 Corintios 3:6).  No debemos olvidar esto; la obra es del Señor. Nosotros somos sus siervos, tenemos limitaciones y debemos actuar no por emociones, ni por búsqueda de grandeza, sino con el ferviente deseo de hacer la obra del ministerio. Lo  que ocurre en nuestros tiempos es que se ha introducido dentro de la viña  del Señor  el  espíritu de competencia existente del mundo, por lo cual hemos creado parámetros humanos para medir el éxito o el fracaso ministerial. Un pastor con una iglesia grande, es más prominente y poderoso que uno con una iglesia pequeña. Esto obliga a muchos a hacer esfuerzos extremos para  no quedarse rezagado, ridiculizado y marginado. El deseo de grandeza cuantitativa y de excelencia, se ha introducido dentro de la iglesia, y arrastra a miles de siervos de Dios al afán y la ansiedad por lograr el “éxito” según los parámetros del mundo, pero esto a la larga destruye la vida física, y es una trampa diabólica para llevar a muchos ministros a la depresión, al estrés y al agotamiento físico y espiritual. Recordemos el modelo de Jesús; no buscó la cantidad, se limitó a doce, aunque aparecen setenta. Cuando terminó su ministerio en la cruz sólo le quedó uno a su lado, Juan el discípulo amado. Y el resto, ¿dónde estaban?. Aparentemente el Maestro de maestros fracasó, pues uno lo vendió, otro le negó y nueve se escondieron, sólo obtuvo uno fiel al pie de la cruz, a Juan, el discípulo amado, y a dos mujeres que no fueron sus discípulas constantes.       Cuando los parámetros  mercantiles para medir el éxito  se introducen, el enemigo logra su propósito; sacar del camino al ministro, para  conducir a muchos creyentes débiles a la contienda y división. !Cuidado!, los tiempos son peligrosos, la calidad y la humildad son más importantes que la excelencia y la cantidad.

            Cuidémonos de esta terrible trampa diabólica. Seamos fieles a la Palabra, y el resto es obra del Señor. No tratemos de hacer más de lo que Jesús hizo, ni usurpar el lugar del Espíritu Santo. No sobrepasemos nuestras limitaciones en esfuerzos estériles por realizar un trabajo que entra a la soberanía de Dios.           Los avivamientos humanos o provocados, fracasan. Los que vienen del cielo, como viento recio, siempre dan resultado. No tratemos de ayudar a Dios, dejemos que él nos ayude a nosotros. Cuando el deseo Humano trata de ayudar a Dios, por regla general terminamos creando moldes. Recordemos, Dios no necesita ayuda sino siervos obedientes a su llamado.

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   -XI-  ¿Es la Iglesia una Empresa Mercantil?         

            No existe mayor preocupación en los hijos de Dios que el lograr que la Iglesia lleve a cabo su misión evangelizadora, forjando para ello con hechos, un evangelio de amor y compromiso social. Muchas veces, en nuestro afán por lograr objetivos espirituales, imitamos los patrones imperantes en nuestro entorno. Esta tendencia se acentúa principalmente cuando el pueblo de Dios decae en su vida moral, y sus líderes se sienten frustrados, frente a una serie de situaciones que no pueden afrontar con las armas espirituales.         Israel experimentó algo parecido a lo que actualmente prevalece en las iglesias. En 1 Samuel capitulo 8:1-5 se relata el ocaso del último juez de Israel, Samuel:” Aconteció que habiendo envejecido Samuel, puso a sus hijos como jueces de Israel. Su hijo primogénito se llamaba Joel, y su segundo, Abías. Ellos fueron jueces en Beerseba. Pero sus hijos no andaban en los caminos de él. Más bien, se desviaron tras las ganancias deshonestas, aceptando soborno y pervirtiendo el derecho. Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y fueron a Samuel, en Ramá, y le dijeron: –He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos. Por eso, constitúyenos ahora un rey que nos gobierne, como tienen todas las naciones”.Notemos que había una crisis moral. Los líderes se dieron a la tarea de ganar dinero, “ganancias deshonestas”, y para obtener esto  “pervirtieron el derecho”, apareciendo el soborno y tráfico de influencia. Esta realidad llevó al pueblo a una reflexión, y en vez de afrontar su pecado, buscaron imitar las estructuras imperantes en las demás naciones paganas: “Por eso, constitúyenos ahora un rey que nos gobierne, como tienen todas las naciones.” El resultado fue evidente a lo largo de los capítulos posteriores, y fue peor el remedio que la enfermedad. También nosotros vivimos en un mundo de escándalos religiosos. Hombres, supuestamente “siervos de Dios”, se enriquecen mediante las ofrendas y diezmos de los hermanos, que cumpliendo el mandato bíblico, traen “sus diezmos al alfolí“, y se convierten en víctimas de éstos, que solo piensan en vivir del evangelio, y no para el evangelio: “Traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Que tendrán la apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita.” (2 Timoteo 3:4-5).

            Estas situaciones  producen un doble efecto en la vida de las iglesias; Por un lado, la necesidad de establecer mecanismo de control y gobierno que frenen, regulen o atenúen a la luz pública estos hechos vergonzosos. Es por ello que algunos gobiernos establecen leyes que controlan la labor y los ingresos de las iglesias y sus ministros[34]. Esto ha obligado a muchas congregaciones  a diseñar políticas administrativas que se asemejan a las de una empresa  mercantil, y en este sentido es lógico y correcto, pues en las áreas administrativas debemos ser transparentes. Pero algunos pastores se han involucrado en tareas que van más allá de su labor puramente espiritual y de servicio social al necesitado, y están entretejiendo imperios empresariales, con negocios, que aunque tratan de suplir “fondos”  para el sostén de la obra, muchas veces se convierten en estructuras mercantiles que hacen de la iglesia una empresa, y a los ministros ejecutivos. ¿Hasta dónde puede el pueblo de Dios enredarse en los negocios de esta vida?. Está clara la advertencia: “Ninguno en campaña militar se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo alistó como soldado.” (2 Timoteo 2:4). Cuando la iglesia, como institución divina, interviene en negocios mercantiles, o hace de su labor evangelizadora una  fuente de lucro, cae en el riesgo de “contaminarse y enredarse” en los negocios de este siglo.

            A través de la historia del catolicismo romano, hemos contemplado como ciertas obras benéficas, como la enseñanza, la ayuda a los enfermos, la asistencia a los ancianos etc., con el tiempo se han desvirtuado, dejando de ser una obra social, para convertirse en un negocio mercantil y de privilegiados. Recuerdo que en la década del 50, en Cuba, los Jesuitas comenzaron un colegio para pobres llamado, “el Colegio de Belén”. Con el tiempo llegó a ser un colegio privado para la clase rica, siendo el más caro, dejando a un lado unas 4 aulas para los pobres, separadas de la parte de los pudientes. Somos testigos de cómo muchas obras sociales y evangelísticas comenzaron bien, pero lentamente se desvirtuaron, llegando a ser una empresa más, y compitiendo  de forma desigual con las del mundo, pues trabajan con voluntarios, o empleados mal pagados. ¿Hasta dónde puede una obra social de la iglesia convertirse en un negocio y competir con las empresas seculares?

            Últimamente las iglesias se han lazando al campo de la comunicación. La radio y la televisión son medios poderosos para la evangelización, pero también lo son para la confusión y el proselitismo. Hemos visto la necesidad de tener medios de comunicación al servicio de la proclamación del evangelio, pero en algunos lugares, la mentalidad no es usar los medios para evangelizar, orientar o hacer obra mi sionera, sino para hacer dinero, ministrar a control remoto, atraer a los hermanos de otras super iglesias, al “show” de la mía, y competir unos contra otros, habiendo emisoras y canales de televisión evangélicos en pugna competitiva  entre si, para ver quién controla la mayor cantidad de oyentes. ¿Qué nos debe mover a la hora de entrar a un medio de comunicación? ¿Cómo evitar el no usar ese medio para manipular, explotar y confundir a la opinión pública? ¿Puede la ministración radial o televisiba sustituir la labor de la iglesia?. Los medios influyen, manipulan y a veces “engordan” a las iglesias. Por medio de la comunicación se forjan ídolos, se proclaman doctrinas, se atrae a los creyentes más que a los inconversos, y me pregunto: ¿Es esto correcto ante los ojos de Dios?. Tendríamos mucho que discutir sobre  la labor de la  iglesia  en  acciones  que  vayan  más allá de la evangelización. Creo en que debemos tener canales de televisión y emisoras de radio, pero éstos deben funcionar para apoyar la iglesia en su búsqueda del perdido, para alcanzar a los no alcanzados, para orientar y  hacer conciencia evangélica. Lo que no apruebo es el uso de los medios para manipular, doctrinar y sembrar el caos y la confusión en los radioyentes. He escuchado programas de radio y he visto programas de televisión que entran a lo interno, a la vida de la iglesia, y transmiten cosas que como dice la palabra, están fuera del alcance de los pecadores, porque:“El hombre natural no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no las puede comprender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14).La iglesia, como luz y sal de la tierra, tiene que asumir todas las necesidades existentes en su entorno, pero cuando éstas sean atendidas por el Estado u otro organismo creado para tal fin, la iglesia debe limitarse a hacer su labor evangelizadora. Si no hay quien ayude a los huérfanos, la iglesia debe asumir ese reto, pero una vez que este problema sea resuelto por otros organismos. La iglesia debe limitarse a su labor bíblica. No podemos dar la espalda a la necesidad, pero tampoco podemos hacer de la iglesia una empresa mercantil. Debemos  asumir el reto social, sin perder la visión espiritual. El mundo debe entender que nuestra obra revela el amor de Dios, y el obrar es una forma de expresar el amor, y no es un medio para hacer dinero o proselitismo, en tal caso el amor se pierde, y la ambición aparece.

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-XII-  ¿La Iglesia”Ratón”?

     Vivimos en la época de lo descafeinado, instantáneo,  super, mega y “light”. Lo grande, barato, fácil y rápido domina el mercado mundial, y las grandes empresas se apuran para competir con todos sus productos, en esta mentalidad de marketing existente. Se pronostica un mundo en que todo será “concentrado” e “instantáneo”, sin requerir el más mínimo esfuerzo de los seres humanos. Todo estará al alcance de nuestras manos, con tan solo apretar el botón de un comando a control remoto. De igual forma el dinero metálico, o en billete, será sustituido por el dinero plástico de las tarjetas de crédito. Desde nuestras casas, y por medio de un ordenador personal conectado a una red, podremos tener acceso al banco, restaurante, supermercado y a los sistemas de compra por catálogos. El teléfono estará en el cinturón y podremos hablar con cualquier parte del mundo, aunque estemos en el rincón más inhóspito de la selva. Los niños perdidos serán localizados por medio de un ship colocado en su cuerpo, y que se activará por la policía mediante una clave numérica, que permitirá su localización. Esto no es fantasía, es realidad.

            Y todos estos fenómenos tecnológicos ¿En qué forma puede afectar a la iglesia? En estos momentos YA LE ESTA AFECTANDO. ¿Acaso no es la televisión un medio de mani-pulación religiosa?. ¿No hay hermanos que prefieren quedarse viendo a un “tele-evangelista”, que les bendice a control remoto, y predica mejor que su pastor, en vez de ir a su congregación? ¿No reproducimos en nuestras iglesias los modelos de cultos que vemos por televisión, con influencias de los Estados Unidos? ¿Acaso la idea de una super-iglesia, influenciada por las campañas y cultos televisados, no se han hecho unos patrones decisivos en el quehacer de hoy? ¿Acaso muchos no buscan el mensaje fácil, ofrecido por los medios de comu-nicación, en vez de sujetarse a sus pastores, como ordena la Palabra? Estamos siendo absorbidos por los esquemas fáciles, rápidos de una iglesia que por tener lo cuantitativo no forma lo cualitativo, en las vidas. Hay cosas que parecen absurdas, pero son ciertas. Los promotores de la super-iglesia y la mega-iglesia[35], en su afán de imponer sus esquemas, que no son nacidos de un mover del Espíritu, sino como un esfuerzo humano, elaboran estudios, ridiculizando a las  iglesias  pequeñas y a sus ministros, igno-rando que la mayoría de esas super-iglesias se han nutrido de miles de cristianos procedentes del esfuerzo evangelístico de las mini-iglesias, que sí evangelizan, pero  no trabajan con una mentalidad cuantitativa. Las congregaciones grandes ofrecen programas más atractivos; “shows”, actividades y usan muchas veces los medios de comunicación para mostrar una superio-ridad ministerial, que gira en torno a la imagen formada de un super-pastor, proclamado “siervo de Dios”, con una unción y poder superior, pero desposeído de la humildad y virtudes cristianas que deben ser las características de un ministro. Quiero aclarar que existen super-iglesias que han nacido de una verdadera unción, de un avivamiento a través de un plan de trabajo fundamentado en grupos pequeños de crecimientos, pero que otros han tratado de imitar, sin tomar en cuenta los factores que originaron los mismos.

            El ridiculizar, humillar y menospreciar a otros grupos pequeños a través de una enseñanza egocéntrica, está de moda. Recientemente se ha realizado un “seminario de crecimiento” para presentar las diferentes realidades de las iglesias, ilustrándolas como el modelo de animales. Se habla de la iglesia-ratón (aquellas que tienen cincuenta miembros), o la iglesia-perro (la que crece a cien miembros), o la iglesia-elefante (que pasa de los cien y llega a mil ), y la iglesia-dinosaurio (la de miles). ¿Y es que acaso no puede haber una iglesia grande formada por muchos grupos pequeños en toda la ciudad, como en el libro de los Hechos.? No podemos dogmatizar las formas de crecimiento, ni los modelos de iglesias, menoscabando a otros. La realidad estadística revela que sólo el 3 % de las iglesias son Super o Mega iglesias, el 97 % en Estados Unidos son iglesias medianas y pequeñas. En estudios estadísticos se ha comprobado en U.S.A. y América Latina que el 80% de los que forman estas super iglesias son cristianos emigrándose de congregaciones pequeñas. Otro grupo son asiduos asistentes que no tienen un compromiso profundo con el Señorío de Cristo. Se ha analizado el por qué muchos tienden a buscar estas super iglesias, que se mueven con base a un programa llamativo (sin tener pequeños grupos de crecimiento), y la mayor causa que los motivan a ello es el evadir las demandas, o disimular su mala calidad de vida (por no decir pecados). Las iglesias más misioneras, más evangelizadoras y más comprometidas con la necesidad social de su entorno, son las medianas y pequeñas. Se ha estudiado que apenas un 18% de los asistentes son en realidad cristianos comprometidos con la evangelización. El usar calificativos comparando la iglesia con animales, es ridiculizar a otros ministerios que trabajan en peores condi-ciones físicas y económicas, además ¿cómo calificaríamos a la iglesia que fundó Jesús, con tan sólo 12 hombres?. Sería una iglesia lagartija, insecto, sin peso, pero transformó al mundo. No debemos emplear la dinámica comparativa del mundo, dentro de la realidad de la iglesia. Tampoco debemos estereotipar  pautas de crecimiento de forma humillante, estable-ciendo conceptos que no están acorde con el amor, y que nos hacen olvidar las virtudes que deben caracterizar las actuaciones de los cristianos, como las define San Pedro al escribir: “Y por esto mismo, poniendo todo empeño, añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, devoción; a la devoción, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque cuando estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pues el que no tiene estas cosas es ciego y tiene la vista corta, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Por eso, hermanos, procurad aun con mayor empeño hacer firme vuestro llamamiento y elección, porque haciendo estas cosas no tropezaréis jamás.” (2 Pedro 1:5-10.)

            Si tenemos amor, si consideramos al cuerpo de Cristo como un todo, no tendríamos a menos a los demás, pues al fin y al cabo, todos buscamos un objetivo común; engrandecer el reino de Dios en la tierra, y todos somos un mismo cuerpo, la iglesia universal de Jesús. Debemos hacer firme nuestro llamamiento, sin hacer tropezar a otros con juicios despectivos e hirientes. Cuidado con las expresiones que  menoscaban la UNIDAD y atenta contra el amor. Lo importante no es cuantos somos, sino como vivimos. Es bueno enfatizar el amor como la doctrina por excelencia, el principio de ser hijo de Dios, las credenciales de nuestra conversión y la evidencia de que Dios mora en nosotros, pues si no tengo amor “NO SOY NADA” 1 Corintios 13.   Si nuestra iglesia es grande, cuidemos la calidad y busquemos los mecanismos para que esta masificación vaya acompañada de formación y relación, de lo contrario, tendremos una iglesia estilo “potrero”, y cuando vengan los tiempos difíciles, se desbandarán, como  ovejas que no tienen pastor. Es necesario pastorear la multitud y cuidarla debidamente. Si la cantidad sobrepasa nuestra capacidad, pongamos ministerios paralelos que velen por los diez, por lo cincuenta, por los cien y por los mil, como le enseñó Jetro a Moisés[36].

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-XIII-  Hacia una paternidad Espiritual Responsable

     La vida cristiana es muy similar a la vida practica, natural. Si deseamos conocer a fondo el propósito de Dios para con su iglesia, debemos entender nuestros deberes naturales en los diferentes aspectos del diario vivir.

            Cuando se habla de la conversión, se usa el término “nuevo nacimiento”, para después identificar la enseñanza que recibimos, como leche, vianda y alimento sólido. También se habla de “ser niños en Cristo” (1 Cor 3:2, Hebreos 5:13) y San Pablo usa varias veces el término “engendrar” (1 Cor 4:15, Fil 10) para referirse a la acción de evangelizar y ganar una vida para Cristo. Entre las comparaciones que se hacen en torno a la iglesia está la del cuerpo fisiológico, que establece una relación de miembro con miembro, formando un equipo perfectamente unido a una cabeza. También se usa el termino “familia”, estableciéndose una relación íntima en el diario vivir de los cristianos. Todo esto nos lleva a reflexionar sobre el sentido de la evangelización. Si aplicamos ambos principios a esta acción, nos convertimos en “hacedores de discípulos”. No basta traer una vida a los pies de Cristo, sino que es necesario llevarlos al conocimiento del hijo de Dios a través de un discipulado que promueva la “paternidad espiritual”, asumiendo  la responsabilidad de atender, cuidar y  proteger a esa nueva criatura, para que crezca como dice san Pedro, con la leche espiritual no adulterada(1 Pd 2:2).

            Todo lo que nace, crece, y todo lo que crece se multiplica. Es la ley inexorable de la vida, y debemos asumir este principio dentro del quehacer de la iglesia para poder mover a ésta hacia la gran meta del discipulado cristiano. Debemos ser responsables en la evangelización, y reconocer que lo impor-tante no es ganar una vida para Cristo, sino cuidarlas y formarlas para que sean sanos en la fe. Después de evangelizar, la prioridad subsiguiente es la formación de los frutos obtenidos. En la vida natural lo más importante no es parir, sino criar, porque parir, cualquiera puede hacerlo, pero para criar, hay que saber ser padre. Esta es la desgracia de nuestra sociedad, el no asumir una paternidad responsable, y dejar abandonados a nuestros hijos. Buscamos lo fácil, para evitar lo complicado, ignorando que a la larga sufriremos, por nuestro descuido, la perdida de muchas cosas, que por ser fáciles, se esfumarán de la misma manera que surgieron.

            No podemos evangelizar evadiendo la conservación de los evangelizados. Ambas cosas van juntas, en un solo paquete. Algunos escogen lo cómodo; evangelizar, y esperan que otros tomen lo difícil, formar vidas. Pero !No!, el que quiera la pierna del jamón, también debe comprar el hueso. No existe, ni podrá existir una evangelización sin paternidad espiritual. Cuando no ejecutamos esta paternidad, la iglesia  se convierte en un gran orfanatorio, y los evangelizadores son “paridores”, que siguen adelante, ignorando qué es ser un padre responsable. Esto produce mala calidad de vida, gente frustrada, inmadura, sin cobertura y a la intemperie de toda clase de vientos de doctrina. ¿A caso Pablo cuando evangelizaba, no se detenía en la ciudad algún tiempo para dar seguimiento a aquellos que él había evangelizado? Ver Hechos 14:3,28, 18:11,23  19:8, 21:4,.     Seamos hijos, y convirtámonos en padres espirituales. Seamos discípulos y hagamos discípulos. Solo así podremos hacer de la iglesia un cuerpo normal, fuerte y poderoso, que crezca en proporción incalculable, máxime en estos tiempos de deshumanización, en donde las personas requieren  una relación más individualizada y profunda. La soledad y la falta de pro-tección son los males del mundo de hoy. No permitamos que los mismos se adueñen de nuestras iglesias. Si restauramos la relación, produciremos unión, y esto nos convertirá en hijos, y no en bastardos.

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     -XIV-   El Peligro de la Excelencia

            Los términos “excelencia”, “el mejor”, “lo profe-sional”, “lo máximo”, han dominado las técnicas de publicidad. No podemos negar que todos los seres  llevamos un condicionante que tiende a ser explotado por aquellos que aplican  la merca-dotecnia a la hora de ofrecer sus productos. Este condicionante es el “egoísmo”, el cual genera el deseo de tener, llegando muchas veces a conducirnos a actitudes carnales de deseos vanagloriosos o envidiosos.

            Con la influencia del existencialismo[37], el individualismo y el materialismo práctico, se han desencadenado parámetros egocéntricos para medir el éxito o el fracaso, el bienestar o la miseria, el valer o no valer. Muchos libros, con trasfondo bíbli-co, han sido los difusores de estos nuevos conceptos “del tener y el saber para ser”, ignorando el vivir y el amar, sobre el poseer o conocer. La matización de la excelencia nos ha llevado a una desesperación carnal por buscar el reconocimiento y el éxito a través del esfuerzo humano, dando lugar a una exaltación del “ego” que genera más orgullo, soberbia y jactancia humana.

            Pero veamos en qué elementos podemos fundamentar la excelencia humana. Algunos tratan de apoyarse en ese concepto tomando las palabra de San Pablo cuando dice:

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7). Pero no debemos confundir los términos “excelencia humana”[38] con “honra”, que equivale a respeto, dar honor a los que se comportan correctamente, con toda humildad, de acuerdo a los postulados de nuestro Señor: Los ancianos que dirigen bien sean tenidos por dignos de doble honor, especialmente los que trabajan arduamente en la palabra y en la enseñanza” (1 Timoteo 5:17).A la hora de analizar la excelencia, debemos aclarar que no es lo mismo proclamar la excelencia del quehacer, que la excelencia del ser[39].

            EXCELENCIA DEL QUEHACER: Este concepto envuelve la importancia de esforzarnos por hacer todo lo que el Señor demanda de nosotros lo mejor posible, y aquí sí debemos ser excelentes. La excelencia del trabajo en el Señor nos lleva a luchar por hacer las cosas lo mejor que podamos, pero debemos evitar el perfeccionismo, que algunas veces nos lleva a la desesperación, al sentirnos incapaces de hacer algo porque tememos no hacerlo perfecto. Cuando vamos a hacer algo, la demanda bíblica es que: “Todo lo que hagáis, hacedlo de buen ánimo como para el Señor y no para los hombres,” (Colosenses 3:23). Vale más hacer algo no perfecto, pero hacerlo, que no hacer nada por esperar la perfección y excelencia. Como hijos de Dios debemos ser responsables, constantes y esforzarnos en todo lo que se nos encomiende. La improvisación y la mediocridad no debe dominarnos, sino el esfuerzo,  que todo se haga lo mejor posible, pensando que lo hacemos para su gloria: “Por tanto, ya sea que comáis o bebáis, o que hagáis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

            La perfección de Dios debe manifestarse en nosotros. Es por ello que la capacitación para mejorar lo que hagamos debe estar presente, pero este esfuerzo no debe estar alentado por el deseo de competencia, por buscar una posición humana prominente, o el elogio de las personas,  en tal caso pasamos de la excelencia en el quehacer, a la excelencia en el ser.

            LA EXCELENCIA EN EL SER: ¿Cómo definiríamos ésta? El creerme importante, exaltarme, considerarme necesario e imprescindible en la obra. La búsqueda del reconocimiento mediante el esfuerzo y la vanagloria es un absurdo. ¿Qué es vanagloria? La misma palabra lo dice “Gloria vana”. Pablo lo expresa así:”Tampoco buscamos gloria de parte de los hombres, ni de vosotros, ni de otros; aunque podríamos haberos sido carga como apóstoles de Cristo” (1 Tesalonicenses 2:6).

“Así  que  nadie  se gloríe  en los hombres; pues todo es vuestro” (1 Corintios 3:21) ” para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:31, ver 2 Corintios 10:17).

            Algunos se apoyan en otros textos para defender la exaltación de los hombres, pues San Pablo dijo en una ocasión:“Porque si me glorío un poco más de nuestra autoridad, la cual el Señor nos ha dado para edificación y no para vuestra destrucción, no seré avergonzado;” (2 Corintios 10:8).

“Otra vez digo: que nadie me tome por loco. Pero si no, recibidme aunque sea como a loco, para que me gloríe siquiera un poquito” (2 Corintios 11:16).

            Sin embargo, los pocos textos en donde Pablo usa el término “gloriarse”, no pueden dar cabida a la exaltación del hombre como siervo, ni a ningún otro principio de grandeza, sino que la expresión en estos pasajes obedecen a una defensa de su ministerio frente a las acusaciones y calumnias hechas por algunos obreros fraudulentos y falsos apóstoles, que trataban de menoscabar su autoridad entre algunos de sus propios hijos en la iglesia de los corintios:

“¿Por qué? ¿Por qué no os amo? Dios lo sabe. Pero seguiré haciendo lo que hago, para quitarles la ocasión a aquellos que la desean, con el fin de que en lo que se jactan se encuentren en las mismas condiciones que nosotros. Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos disfrazados como apóstoles de Cristo.  Y no es de maravillarse, porque Satanás mismo se disfraza como ángel de luz.  Así que, no es gran cosa que también sus ministros se disfracen como ministros de justificación, cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:11-15).      Más tarde el apóstol reconoce su necedad al gloriarse y defenderse a si mismo, y lo confiesa cuando concluye su epístola: “¡Me he hecho necio! ¡Vosotros me obligasteis! Pues más bien, yo debería ser recomendado por vosotros; porque en nada he sido menos que los apóstoles eminentes, aunque nada soy” (2 Corintios 12:11). Notemos que exclama “NADA SOY”  y ¿Qué somos nosotros para creernos algo?: “Porque: Toda carne es como la hierba, y toda su gloria es como la flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae;  pero la palabra del Señor permanece para siempre. Esta es la palabra del evangelio que os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:24-25). En todo caso, si de algo nos debemos de gloriar, debería ser en nuestras tribulaciones y debilidades, (Romanos 5:3, Gálatas 6:14) pues toda exaltación y excelencia es vanidad. Eso sí, debemos buscar ser excelentes e íntegros delante de los ojos de Jehová, y no preocuparnos de la alabanza o excelencia que viene de los hombres, la cual nace de la adulación e hipocresía humana, porque hoy te alaban, y mañana te crucifican.

Tenemos el modelo de David, no buscó ser rey, ni deseó ser grande, simplemente deseaba agradar a su Señor. Mientras Saúl estaba lleno de soberbia y presunción, fruto del espíritu de excelencia humana. La Biblia dice que Dios se agradó de David por su sencillez y humildad. Jamás se promovió a si mismo, ni aún cuando Samuel lo ungió como Rey. El no buscó eliminar a Saúl, ni siquiera se sintió poderoso o importante, más bien se rodeó de hombres procedentes de las clases sociales[40] más bajas y despreciables de la sociedad de aquel tiempo. Dice la Biblia que al hacer David pacto con Dios exclamó: “Y esto te ha parecido poco, oh Dios, pues has hablado del futuro de la casa de tu siervo, y me has mirado a mí como a uno de los hombres más excelentes, oh Jehová Dios. ¿Qué más puede añadir David ante ti, por haber honrado a tu siervo? Pues tú conoces a tu siervo, (1 Crónicas 17:17-18). Debemos combatir la excelencia en el ser por varias razones.

            Primero: Atenta contra los principios de humildad y sencillez proclamados por Jesús, y nos hacen tener un concepto errado de nosotros mismos, confiando mucho en nuestra suficiencia y no en el poder que emana del Señor. No somos nada, tan sólo instrumentos en las manos del Señor.

            Segundo: Porque la excelencia nos lleva a la jactancia y  ésta desencadena el espíritu de competencia y no de servicio. Esto despierta envidia y contienda en las relaciones personales que nos lleva a la aflicción: “Asimismo, yo he visto que todo trabajo y toda obra excelente son resultado de la rivalidad del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 4:4).

            Tercero: Nos lleva a un esfuerzo humano que nos obliga a dar muchas veces más de lo que podemos. Lleva al afán, la ansiedad y al cansancio, haciendo la vida del siervo de Dios una farsa en su forma de predicar y en su estilo de vida. No hay nada que menoscabe más el poder de la Palabra que aquellos que con su vida causen escándalos.

            Cuidado con los matices incorrectos. Tratemos de hacer lo mejor para el Señor, pero sin buscar en ello el reconocimiento humano. Hagámoslo todo; “no como sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino de corazón sincero, temiendo a Dios”

            Esforcémonos por hacer las cosas lo más excelente posible, pero sin caer en metas demasiado altas, y que nazcan del deseo de grandeza. Hagamos lo que podamos con lo que tengamos, el resto lo hará el Señor a su tiempo.

            No quiero terminar este capitulo sin antes hacer referencia a ese concepto errado, pero muy difundido de que: “Somos hijos de un rey”, y debemos vivir como reyes,  vistiendo y comiendo como tales. Esta idea es muy materialista e imperialista, y nos coloca en una órbita de acción que nos aleja diametralmente de la verdad del Evangelio. El ser hijo de un rey no debe anular el ser siervos de Dios. Es cierto que reinaremos, y aun juzgaremos a los ángeles (1 Corintios 6:3), pero esto será cuando se cumpla  la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Efesios 1:10). La mayoría de los textos bíblicos nos hacen ver que mientras ese día llegue, nosotros debemos vivir conforme, y sin ambiciones materiales, como siervos que tienen la piedad como la mayor ganancia (1 Timoteo 6:6-10) y dispuestos a imitar el ejemplo del Maestro y de los apóstoles, que aunque no tuvieron nada, lo poseyeron todo. Debemos comer y vestir para vivir, y no vivir para comer y vestir, y aceptar la sencillez como una virtud en nuestra existencia, la cual hoy más que nunca debemos predicar.

Que falta nos hace el poder tener un seminario practico de humildad, cómo el que tuvo Jesús con sus discípulos, cuando les enseñó a ser siervos, lavándoles los pies a los doce.(Juan 13:5).

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 -XV- ¿Qué es ser un Adorador?

            Los seres humanos podemos manipular los conceptos y las enseñanzas para obtener un beneficio determinado. Estamos viviendo en el tiempo de las desvirtuaciones, y si deseamos ser fieles a la verdad, debemos tratar de entender las cosas como son, y no distorsionar su correcto sentido. La hermenéutica establece la recta interpretación de los textos, y es en ello que vamos a definir el sentido exacto de lo que es adorar, y ser un adorador.En muchos textos de enseñanza se ha tratado de identificar la adoración con la música. Se ha dicho que adorar es cantar tal o cual coro o canción. De manera que al decir “vamos a adorar” es equivalente a decir “vamos a cantar coritos”, y hemos encerrado en este estilo de culto el ser adoradores. Como consecuencia asistimos a  un devocional donde el 90 % de todo lo que se hace para adorar a Dios es cantar, cantar y cantar. Los cánticos se clasifican en “cánticos de gozo” o de victoria, con una melodía más rítmica,  en la cual se estimula el animó de los participantes. Después vienen los “cánticos de adoración”, que son más lentos, suaves y menos rítmicos. Esta forma ha susti-tuido la tradicional, de cantar himnos, orar, leer la Palabra, cantar otro corito y después dar lugar a la Palabra. Quizás la nueva forma haya dado lugar a cánticos nuevos y a otras formas de expresión, pero a su vez ha caído en un error de interpretación, al considerar que el cantar es igual a adorar.

            ¿Qué es adorar? El diccionario de la lengua española lo define como “reverencia a un ser con sumo respeto, amar mucho”. La Biblia no establece que adorar es sólo una acción de cantar, ni una parte determinada del culto, ni una expresión, sino toda una actitud del corazón, que reverentemente viene delante de la presencia de Dios trayendo aquello que  agrada al Creador. Es toda una acción  física, psíquica y emocional delante del Rey de Reyes:“Entonces Moisés se apresuró a bajar la cabeza hacia el suelo, y adoró, (postrándose en tierra)” (Éxodo 34:8).Notemos cómo Moisés bajó su cabeza, después se postró y en esta acción es en donde se usa la palabra “ADORAR”. La adoración envuelve más una posición que una expresión. Veamos algunos ejemplos: Cuando Satanás tentó a Cristo le dijo: “–Todo esto te daré, si postrado me adoras.” (Mateo 4:9).

Cuando Pedro fue a visitar a Cornelio, éste le salió al encuentro, postrándose en tierra, entonces  el apóstol le reclamó que no le adorase. Fíjense, se asocia la acción de postrarse, con la adoración: “Cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió para recibirlo, se postró a sus pies y le adoró. Pero Pedro le levantó diciendo: –¡Levántate! Yo mismo también soy hombre.” (Hechos 10:25-26).     Aunque el postrarse evidencia una actitud de adoración, la misma debe proceder de un ferviente deseo de estar delante del Señor, en reverencia y exaltación, por lo que puede haber otros tipos de expresiones sentimentales como oración, alabanza y cánticos espirituales:”Venid, adoremos y postrémonos! Arrodillémonos delante de Jehová, nuestro Hacedor” (Sal 95:6). “¡Toda la tierra te adorará y cantará a ti! ¡Cantarán a tu nombre!”  (Sal 66:4).

            El cántico es una expresión del alma, forma parte del culto y es una de las muchas formas de adorar. También le adoramos con nuestras ofrendas y diezmos. Eso fue lo que hicieron los magos del oriente cuando encontraron a Jesús envuelto en pañales en Belén: “Cuando entraron en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron. Entonces abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.” (Mateo 2:11). La adoración envuelve todo un culto a Dios. Es un acto que proclama la soberanía de Aquel al cual le rindo respeto, aprecio, reverencia y alabanza. Cuando desvirtuamos la adora-ción, la profanamos, degradando al Creador a un nivel de objeto, o menoscabando su deidad. Algunos pueden convertirse en adoradores de ídolos, con los cuales sustituyen al Dios eterno, que es invisible y omnipresente, por un objeto.“Luego se sirve de ellos para hacer fuego. Toma uno y con él se calienta; prende fuego y cuece pan. Hace, además, un dios, y lo adora; hace un ídolo y se postra ante él.” (Isaías 44:15). Nuestra adoración no está relacionada con objetos, ni tampoco obedece a un lugar determinado, ni a un estilo de culto, ni a un gran coro de adoradores, sino a un reconocimiento constante de la presencia de Dios en nuestras vidas por medio del Espíritu Santo. Esto fue lo que Jesús proclamó frente a la creencia judío-samaritana, donde afirmaban que Dios vivía en lo alto del monte santo o en el gran templo de Salomón en Jerusalén, pero Jesús dijo:“Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: –Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren.” (Juan 4:20-23). Ya no hay que ir al templo, ni al monte, la adoración es posible en cualquier lugar, porque ahora nosotros somos el templo de Dios: “Este es el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él. Y como es Señor del cielo y de la tierra, él no habita en templos hechos de manos,” (Hechos 17:24).“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…” (1 Corintios 6:19).

            Cantar, orar, alabar, meditar, leer la palabra, escuchar la palabra, recibir palabras de profecía, ministrarnos unos a otros, estar de rodilla, postrar el rostro en tierra, alzar las manos, hablar en lengua, etc, todo es parte de la adoración. Ésta se puede originar en la casa, en el culto, en el diario vivir. Para que haya una adoración, solo necesitamos tener un encuentro con el Señor, y venir delante de su presencia con gratitud y temor en el corazón. Cantar o alabar  por medio de la música no es otra cosa que una forma más de rendir culto al Creador, pero no es el todo, como algunos afirman. Si se canta por cantar, o por exhibición, o simplemente por revelar nuestras dotes artísticas y de competencia entre unos y otros, no estaremos adorando. Lo más importante en la alabanza, expresada en cántico, es la sinceridad del corazón y no en la profesionalidad de la expresión. Claro que si ambas cosas se conjugan, sería ideal, pero frente a lo profesional irreverente, es mejor lo natural reverente. Dios se agrada de la sinceridad del corazón y no la magnitud de la “adoración”, principalmente cuando entendemos por esto los muchos instrumentos y megavatios de sonido. La profesionalización de los cánticos es buena, pero no impres-cindible, como algunos enseñan. Un ejemplo hermoso de adora-ción lo encontramos en 1 Samuel 1:12-15, cuando Ana derramó su espíritu delante de Jehová. Ella adoró, pero no dijo palabra, solo movía sus labios. Elí creía que estaba borracha y le re-clamó:“… Elí observaba la boca de ella. Ana hablaba en su corazón; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz. Elí creyó que ella estaba ebria. Y le preguntó Elí: –¿Hasta cuándo vas a estar ebria? ¡Aparta de ti el vino! Ana respondió y dijo: –No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. (1 Samuel 1:12-15).

            No quiero menoscabar el hacer de los cánticos un acto de lo mejor posible. Cuanto mejor lo hagamos, más glorifi-camos al Señor, pero no debemos enfatizar tanto la profesio-nalidad, que olvidemos la espontaneidad y sinceridad. Debemos ejercer cánticos en los cultos, y dejar que aparezcan otros tipos de expresiones de adoración. Es necesario potenciar el cántico,  alabanza,oración,  ministración personal y todo lo que envuelve esta adoración. No limitemos el acto de adorar, ni hagamos una liturgia, como en el pasado, de algo que debe ser una expresión viva del sentir del pueblo de Dios.   

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-XVI-   Mas allá de lo Imposible

            Nuestra vida se enfrenta a muchos “imposibles” y grandes interrogantes que no tienen respuestas. Estamos limitados por  circunstancias, que a veces nos desesperan y nos hacen perder el dominio de la situación, pero cuando esto ocurre, surge la promesa de Dios. Él nos ha prometido estar con nosotros para que hagamos “Cosas mayores que las que Él hizo” ,San Juan 14:12, y esto nos conduce a un andar dentro de un mundo de maravillas y prodigios, pues la fe mueve montañas. Es necesario fortalecer nuestra fe, para poder enfrentarnos a un mundo de incredulidad y materialismo.  ¿Qué es la fe? Es la mano de Dios que hace lo que el hombre no puede hacer. Son las ventanas del espíritu para salir de las limitaciones de esta morada materialista dentro del cual vivimos. Es la llave que abre el Reino de Dios para poder tener acceso a las riquezas gloriosas de Éste. A ella acudimos cuando la ciencia falla, cuando el dinero se acaba, cuando todo lo que es, deja de ser. Es lo que nos da esperanza, alimento y poder. Es, como lo define la epístola a los Hebreos en el capítulo 11: “La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”    Andar por fe es andar esperando aquello que no solo no podemos tener, sino que se sale de nuestras posibilidades. Es tener confianza frente a lo que es imposible, porque “Para el que cree, dijo Jesús, todas las cosas son posibles”.

            Se puede vivir sin agua, se puede vivir sin alimento, se puede vivir sin libertad, pero no se puede vivir sin fe, porque ésta es la que nos da esperanza cuando falta el agua, la comida,  la libertad. Cuando ésta no se tiene, viene el desanimo, la locura, el fracaso y la muerte. Hemos sido  creados  para  elevarnos sobre la adversidad; somos como aves que tienen dos grandes alas para remontar vuelo sobre las montañas de los problemas. Un ala es la Palabra de Dios que nos da promesas divinas, la otra es la fe que nos lleva a actuar más allá de lo posible y lógico. A veces vivimos arrastrándonos, porque no tenemos fe para remontar el vuelo más allá de nuestras limitaciones naturales.

            Es importante nutrir la fe que tenemos dentro de nuestro ser. Si esa fe natural se siembra en buena tierra, como es la Palabra de Dios, crecerá y basta que sea del tamaño de un grano de mostaza, para que veamos las maravillas del Todopoderoso en nosotros. Es triste ver a personas llamadas “cristianas” viviendo vidas derrotadas, llenos de lamentaciones y frustraciones, cuando a través del evangelio tenemos una fuerza y un poder para vencer obstáculos. Recuerdo una fábula que me envió un amigo de Honduras. Relataba una historia que se repite en nosotros como una paradoja: “Había una vez un hombre que encontró en el bosque un huevo de águila abandonado y se lo llevó a su casa. Una vez allí, lo colocó en su gallinero para que las gallinas lo empollaran y se criara con los pollos. Transcurrido un tiempo aquellos huevos se abrieron, y de ellos salieron los pollitos, y allí también estaba el del  águila. Ésta creció como un pollo, aprendió a comer y a caminar como ellos, solo podía volar a escasa altura, como los pollos. Un día, cuando el águila-pollo era ya adulto, estando en compañía de las gallinas, miró hacia el cielo, y vio como unas aves volaban alto, muy alto, y le preguntó a una gallina: -.”¿Qué aves son esas que vuelan tan alto? A mi me gustaría volar como ellas” -. y contestó la gallina  -.”Olvídalo, jamas podrás volar como ellas, porque son águilas.”-  Pasó el tiempo, hasta que el águila-pollo murió, sin haber sabido que hubiera podido haber volado como tal.”

            Esta fábula es una representación de lo que tenemos, y a veces ignoramos. Fuimos hechos para ser vencedores, poderosos y victoriosos. Se nos dio una naturaleza divina, la cual está dentro de nosotros, y además tenemos el Espíritu del Dios eterno, y contamos con la fe y el poder de nuestro creador para elevarnos sobre todas las circunstancias y adversidades, pero como el águila,  miramos  para arriba deseando  ser lo que  ya somos por designio divino, ya que en cada ser hay una eternidad, y un poder, para hacer que nuestra debilidad se convierta en perfección.

            Dejémonos de miserias y lamentaciones. No miremos para abajo, con una mirada de fracaso. Hay esperanza para  poder  conquistar las montañas más altas que jamás hemos podido soñar. Aprendamos de Abrahám, el gran patriarca bíblico que lo dejó todo; tierra y parentela, y emprendió un camino hacia un lugar desconocido, pero prometido por Dios. Él no dudó de la promesa divina, pese a que ignoraba muchas cosas. Para él, ya viejo y cansado, el poseer la tierra prometida, y ser padre de las naciones, era algo absurdo, pero le creyó a Dios y se elevó como las águilas a las alturas prometidas por el Todopoderoso, y así está en la historia, se le llama “EL PADRE DE LA FE”. Judíos, cristianos y musulmanes reconocen y aceptan a Abrahám como el padre de su nación, pues de él se formó la nación de Israel y la nación árabe. De la promesa dada por Dios a este hombre vino un salvador, y la promesa  se cumplió tal y como está registrada en las escrituras:”Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serán bendición….Y serán benditas todas las familias de la tierra”(Génesis 12:2-3). Salió sin rumbo y encontró la tierra prometida. Era viejo, estaba casado con una mujer estéril, pero tuvo un hijo. Sus años de vejez fueron revestidos de fuerza y poder. No dudó nada, le creyó a Dios y anduvo en todos sus designios, aún en las pruebas, como en el sacrificio de su hijo Isaac. Mostró confianza en el Señor, y fue prosperado, visitado, honrado y engrandecido. Pudo volar más allá de la lógica y la razón. El sabía que sobre su limitación estaba un poder superior, no sólo creía en Dios, sino que le creyó a Dios, como dicen las escrituras;”porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).

            En nuestros tiempos la fe ha decaído, cómo que ha perdido su brillo, pues se dice que “ando por fe”, pero nos pasamos la vida llorando miseria, haciendo cuentos para obtener ganancias, e incluso fabricamos metodología para obtener dividendos, y después queremos dar una cátedra de “fe”. Cuando nos apoyamos en lo que tenemos, perdemos la auto-ridad para hablar de la “fe” que mueve montañas. No solo está en decadencia los valores morales y espirituales, sino que también tenemos una crisis de fe. En donde  vemos más fe hoy día es en la gente humilde, que con un salario de miseria tiene que sostener a una familia, pero para algunos la fe es un cuento, una ilusión efímera, y les ocurre como a los que teniendo fe, se apoyan en el poder del dólar, el cual dice “En Dios confiamos”, siendo para muchos  un dios que ha matado la fe, y nos lleva desenfrenadamente a la ambición.

Elévate sobre tus problemas, y haz lo que tu puedas, pero déjale al Señor lo que tu no puedas resolver. Jesucristo es especialista en hacer cosas imposibles. Confía en Él, y verás los resultados. Restaura la fe, y verás la maravilla de Dios en tu vida en medio de un mundo en crisis. 

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-XVII-  ilusión  igual   a  esperanza.

Se ha dicho que la vida es un sueño, una ilusión, y en cierto sentido es así. Es la ilusión por alcanzar algo, lo que nos da fuerza y gozo para vivir. Es la ilusión la que proporciona satisfacción frente a las luchas y los avatares de la vida. Es la  ilusión la que produce la esperanza, la cual nace de la fe, y es la fe: “La constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven.” (Hebreos 11:1).   Como iglesia debemos tener ilusión por engrandecer el Reino de Dios  en la tierra. Esta ilusión debe transformarse en visión, y esta visión en acción. Cuando un cuerpo, como  la iglesia, pierde la ilusión, se convierte en una masa inerte, sin metas, sin objetivos, atrofiándose. Es necesario mirar al futuro sombrío de la humanidad con una esperanza salvadora, no del sistema, sino de los hombres que quieran volverse a Dios. Un reto es una visión, una meta, y esto da ilusión por luchar. Cuando en una comunidad cristiana se pierde la ilusión, ento-nces comienzan las criticas, los chismes, los conflictos egoístas, y empleamos el tiempo en pelearnos unos a otros, y lo que es peor, caemos en la rutina, en el formalismo, en el conformismo. Es por ello que el Señor nos ha dado varias motivaciones para mantener viva la ilusión de su pueblo para el  futuro. Unas metas están determinadas por la misma palabra, otras por el diario quehacer y el trato de Dios con nuestra iglesia.  La primera meta, y la esencial en nuestra vida, es la gran comisión :”Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,”(Mateo 28:19). Y no debemos detenernos en este esfuerzo.

            La segunda meta es el reto de tener un mayor compromiso social con los necesitados, y revelar con hechos el amor de nuestro Dios. Ensanchar la visión y las estacas del reino de Dios:”Ensancha el sitio de tu tienda, y sean extendidos los tapices de tus moradas. No te limites; alarga tus cuerdas y afirma tus estacas” (Isaías 54:2).

            En un mundo de miseria y dolor no podemos cruzarnos de brazos, sin luchar por rescatar a las víctimas del pecado. La iglesia, cuanto más grande es, más poder de impacto tienen en la comunidad,  pero esto dependerá de la visión que tenga por el necesitado y desposeído. Debemos ser un pueblo grande, y para ello debemos aspirar a poseer un lugar más amplio, donde demos cabida a los cientos de nuevos convertidos, que como meta, vamos a ganar para Cristo.

            No mires lo imposible, no dejes que tu ilusión se transforme en frustración, nútrela de la fe en aquel que dijo “¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?, (Juan 11:40) y únete para ensanchar el sitio de nuestras tiendas y extender sus moradas. No dejes que tu cuerda sea pequeña, amplíala y lánzate a la conquista con ilusión y esperanza en aquel que nos dijo: “Ya somos más que vencedores”, y verás como la ilusión se convierte en realidad, para dar paso a otra ilusión mayor, y  crezcamos en gloria, hacia la voluntad plena del Señor. 

            No apruebo las super-iglesias despersonificadas de una relación profunda, pero creo que debemos fomentar una iglesia grande y fuerte, con un control de calidad y un pluralismo ministerial en la homogeneidad[41]. Somos llamados a crecer, en número, gracia y santidad. Espero que al dejar esto bien plasmado, no piensen que estoy en contra de una iglesia grande y fuerte, siempre y cuando su grandeza y fortalezca esté en su visión social y misionera del evangelio.

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-XVIII-   La realidad del  Apostolado Hoy

Cuando comenzamos un apostolado, nos damos en alma y corazón, no esperando nada a cambio. A esto le decimos “llamamiento”, y envuelve una entrega absoluta a los demás. Mientras sentimos la carga, nos damos de forma tal que no miramos el reloj, ni funcionamos según los esquemas de las conquistas sociales (vacaciones, prestaciones, salario, horas diarias etc.), siendo la obra  un todo, y nosotros parte de la misma. No hay ambición, sino entrega, no hay mayor preocupación que los demás, no hay más derecho que aquel de llevar a cabo nuestra  comisión. Pero una de las características de la naturaleza humana es el adaptarse al medio, acomodarse, y perder de vista el objetivo idealista y místico que se tuvo en el principio.

            ¿Recuerdan a los estudiantes, cuando durante su período universitario, eran grandes revolucionarios, y estaban dispuestos a luchar por defender a la clases marginadas y explotadas de la sociedad? Y después que se graduaron, ¿qué hicieron?. Entraron en la maquinaria burócrata,  se convirtieron en los explotadores de esas nuevas clases marginadas que aparecen. El médico, que cuando estudiaba pensaba darse a los pobres, una vez graduado se vuelve negociante de la salud. Ese espíritu de adaptación al bienestar es el mismo espíritu que asedia a los que tomando a Cristo, se dedican al servicio de la obra. Se empieza bien, con deseos de sacrificio, sin salario, ni prestaciones, pero después, cuando prosperamos, porque Dios nos bendice, nos volvemos egoístas, asalariados, empleados, y perdemos el compromiso con el evangelio, para entrar al sistema dominante, reclamando derechos y privilegios.

            Esto produce decadencia en la entrega, un mal resultado en el trabajo, una baja calidad en el rendimiento y una crisis de relación en el liderato, enfermando a los nuevos que desean servir, pues al ver que actúan más por interés que por convicción, terminan contagiándose. He visto como la bendición y la prosperidad hacen que muchos aparten su vista de la entrega, para rendir una labor limitada a un salario, y después “desconectarse” con facilidad de aquello que en un principio era una carga, pero ahora es tan sólo una labor lucrativa, mercantil y social. Nos conceden vacaciones, y se vuelven “derecho”. Nos dan permisos, y de pronto se vuelven obligaciones, y al salir, no miramos atrás para ver qué queda por hacer, sino que sí me tengo que ir, me voy, que cada cual se la arregle como pueda. Y  como estamos en el Señor, cualquier reclamo se convierte en falta de amor, es más difícil exigirle a un cristiano que a un mundano, porque éste usa la Biblia para justificar su poca vergüenza.    El obrero secular, cuando se enferma, a no ser que le den baja médica, no puede faltar al trabajo. El cristiano sí lo hace, y si se le niega el permiso, alega que “no hay amor en la iglesia”. En el mundo, el que llega tarde se le descuenta del sueldo, o se le puede despedir. En la obra muchos acostumbran hacerlo, y no pasa nada, y si el que está en posición inferior le reclama al que ocupa un puesto superior, éste le reprende y le cataloga de falta de respeto a la autoridad, pero si el que está arriba le llama la atención al que esta abajo, éste expresará que no hay amor. En el mundo los empleados ejecutivos no pueden salir de vacaciones hasta que dejen todo en orden. En la obra de Dios nos vamos, dejando a veces el desorden. En fin, cuando caemos en el sistema dominante,  nos pervertimos, perdemos la sensibilidad, y nos convertimos en un empleado donde no tenemos jefe terrenal, por lo que “cada cual hace lo que le da la gana”, como en la época caótica de Israel: “En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos.” (Jueces 21:25).

            No quiero que consideren que estoy en contra de que el ministro y obrero del Reino gocen de sus derechos sociales. Es triste ver como pastores gastan sus vidas en el ministerio, y jamás la iglesia le pagó una seguridad social digna, o un seguro de vida, y terminan en la miseria, después de haber dado toda su vida a la obra.

            Creo que el ministro, aunque la iglesia le de una casa pastoral, debe tener la suya propia, como dice la Palabra “teniendo sustento y abrigo, estemos contento“. Lo que repudio, y considero peligroso, es cuando esas prestaciones se convierten en condicionante para realizar nuestros trabajos, cuando nos convertimos en “asalariados” por derecho, y le damos a este hecho la mayor importancia, perdiendo la sensibilidad por la obra.

            Existen congregaciones que contratan al pastor como un empleado. A la hora de la elección, lo que priva es la ley de la demanda y la oferta. El “pastor empleado” pone sus condiciones, y los síndicos de la iglesia piden recomendaciones y títulos, y después lo prueban en su sermón, y analizan sus planes de trabajo antes de tomar la decisión. Tiene que ser un hombre conforme al capricho de los hermanos que controlan la iglesia, y no conforme al corazón de Dios. Este pastor tiene que predicar de acuerdo a los deseos de la asamblea, de lo contrario, se queda sin empleo y prestaciones sociales.

            Una vez leí en una revista cristiana de los Estados Unidos una oferta de trabajo para pastores que desearan optar por un puesto en “tal Iglesia”.  En el anuncio se ponían las condiciones; De 30 a 40 años, casado, con un doctorado en divinidades, y buenas recomendaciones. Recuerdo la ilustración que referente a esto escuché; una vez,  una iglesia en Washington iba a buscar un pastor mediante un análisis a las ofertas recibidas por medio de un comité nombrado para su elección. Era una gran congregación que gozaba de gran prestigio, por lo que muchos enviaron su “curriculum” para optar a ese pastorado. El día que iban a tomar la decisión, comenzaron a estudiar las ofertas y propuestas enviada, y entre toda había una que decía así:

“Deseo  ser vuestro pastor. Tengo 43 años, he sido doctorado en ley Hebrea, domino varios idiomas, pero debido a mi predicación he sido apedreado, perseguido y llevado varias veces a los tribunales. He estado preso en algunas ocasiones. En donde he pastoreado algunos hermanos me han calumniado, y a veces se ha formado un gran alboroto. He sufrido malos tratos, y físicamente tengo limitaciones de salud. Soy pobre y  he tenido que trabajar como tejedor de tiendas de campañas para poder vivir, pues hasta los hermanos me han negado ayuda. No me convertí en una iglesia, sino en un camino, y las iglesias tenían miedo de recibirme por lo malo que fui con los cristianos antes de mi conversión. Deseo pastorear y guiar al pueblo a la perfección, espero su respuesta”  Y firma con el seudónimo de Enrique. Uno de los presentes se puso de pie y dijo, con voz firme “este hombre no puede ser pastor, es un delincuente y crea  muchos problemas”. Entonces un anciano del grupo  miró al comité con una mirada penetrante, y exclamó: -”Esa solicitud la escribí yo, y ese Enrique es el curriculum del Apóstol San Pablo sacado de sus epístolas, como podrán ver, nos hemos profecionalizado, y adaptado al sistema, que para ese tipo de siervo no hay lugar en nuestra iglesia. Lo que buscamos no es un siervo de Dios, sino un títere para que satisfaga nuestros oídos”.

            No puedo negar que vivimos en la época de la profecionalización, de la calidad, del bienestar y sobre todo del afán, pero nosotros, los hijos de Dios, debemos acoplar nuestra labor a los postulados del evangelio, y Jesús fue muy claro:“Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.” (Mateo 6:33-34).Pobrecita la empresa de Dios, que es la iglesia, cuando caemos en este espíritu que domina el sistema terrenal.

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-XIX-  La problemática del Joven en la Iglesia del Futuro                                

            La sociedad del tercer mundo está compuesta por una gran mayoría de jóvenes, razón por la cual se plantea la necesidad de realizar una estrategia de evangelismo y formación que se proyecte a la juventud, y sobre todo, a desarrollar una teología que piense en la  problemática de éstos.  Enseñamos que la doctrina[42] y la Palabra son inmutables. Sus principios deben permanecer hasta el final de los tiempos, pero la forma de comunicarse, y la dinámica que la envuelve se debe ajustar a las realidades específicas de cada momento. Esto implica la necesidad de elaborar una estrategia que actualice el quehacer de la iglesia, para que no quede anquilosada[43] en un pasado que dista mucho de ajustarse a nuestra realidad.

            Cuando la iglesia no se renueva, y nos aferramos a las estructuras y formas del pasado, para forjar nuestro presente, caemos en una inercia, en una falta de visión profética, y las experiencias se convierten en costumbres, y los principios en liturgias, desvirtuándose el propósito de Dios para estos tiempos. Para poder predicar una verdad actualizada a nuestra realidad, debemos de entender los factores sociológicos que nos envuelven, y afectan a nuestra juventud, para así dar en el blanco en cuanto a nuestro objetivo.  ¿Por qué hay que hacer esto, y cómo? Debemos salvar el hombre, para comenzar a vivir en la tierra el principio del reino de Dios, y dar una respuesta a las inquietudes que demanden las nuevas generaciones, de acuerdo a sus necesidades vigentes. Hoy se nos plantea problemas éticos, sociales y morales, además del serio peligro de las sectas, lo cual tenemos que enfocar de forma clara y profunda. Hay muchas nuevas realidades que demandan respuestas: manipu-lación genética, cibernética[44], informática, niños probetas, bancos de semen para donantes, drogas, realidad virtual, violencia, eutanasia, distanasia[45], contaminación, esoterismo etc.

            Para lograr la capacitación del joven hacia los peligros futuros, debemos establecer tres principios básicos que deben gobernar la gran comisión:

            La salvación integral del hombre: En su cuerpo, alma y espíritu, ya que el hombre es una trinidad. La obra de Cristo es completa, como también lo es su evangelio. No podemos ignorar lo natural en nuestra búsqueda de lo espiritual. Lo trascendental parte de lo práctico.

            2º La salvación nos lleva a la formación del carácter: Es forjar el hombre nuevo. Por eso  Jesús tomó a 12 hombres y los tuvo con él por tres años, ¿Para qué? Para forjarles un carácter cristiano donde pudieran, no solamente conocer la  verdad de Dios, sino transformar su mente y corazón. No debemos conformarnos con una salvación “no más”. Debemos perfeccionar a los creyentes para formar en ellos la imagen de Jesús, hasta que todos lleguen a ser “Un varón perfecto“, como dice la palabra en Efesio 4:13. La meta de la vida espiritual es saber ser fiel en las cosas naturales, porque no se puede ser un buen cristiano si primero no se ha aprendido a ser un buen hijo, padre, esposo, amigo y hermano.

            3º Dar una respuesta y una dirección del Espíritu a los problemas de nuestro mundo actual y buscar en el Señor un apoyo a nuestras necesidades, debilidades, inquietudes y ansie-dades. Creemos que la Palabra tiene respuesta a toda la problemática de la sociedad moderna. Al elaborar una estrategia para alcanzar a los jóvenes en esta década de tecnología, velo-cidad, contaminación, comunicación, etc, debemos considerar las necesidades en estas  áreas y capacitarnos para ello mediante una actualización.

            El mensaje de redención mediante el nuevo nacimiento en Cristo Jesús, es básico e insustituible, pero las formas han sido modificadas. En la actualidad se han desarrollado diferentes metodologías que se pueden denominar como “MÉTODOS MASIVOS DE EVANGELÍSMO”. Estos se basan en:

a) Método de masas: Grandes campañas al aire libre.

b) Métodos de radio-televisión:

c) Métodos de super-iglesias: La creación de grandes templos en  

  donde los cultos giran en su gran mayoría en atracciones y  no-  

  vedades “milagrosas” y “arte”.

Estos nacen como producto de una sociedad donde las influencias del “marketing” se han introducido, y establecen un sistema de trabajo esquematizado, pero todo tiene sus pro y sus contras, principalmente en la juventud. Hemos visto cómo el uso de medios imitativos o liberales del mundo ha dado lugar a una tolerancia que lleva al joven a sustituir la antigua manera cristiana de vivir, por otras costumbres mundanas, no liberándose de las consecuencias de estas tendencias que pro-ducen  un estilo de vida falso. Por eso la gran mayoría de estos jóvenes son inestables emocionalmente y llevan un vacío espiritual que los frustra, ya que muchas veces lo único que encuentran son emociones, pero no hayan una respuesta a sus inquietudes o problemas de carácter. Los jóvenes necesitan algo más que un mensaje subjetivo o llamativo, que apele a las emociones, necesitan convicción, confianza en el futuro, segu-ridad de sí mismos, y esto solo lo puede proporcionar una vida llena del Espíritu Santo.

            Dentro de este esquema se fabrican  seudo-teologías, que con métodos llamados “de la prosperidad” o de “liberación”  inducen a la  ambición material o política, que a su vez condu-cen a los problemas que afronta la sociedad de su entorno. Cuando un crecimiento numérico no conlleva una atención individualizada de las personas, se producirá una calidad  baja en la vida cristiana, y los jóvenes terminarán viviendo en pecado, sin sentir la menor convicción por sus faltas o errores.

            El peligro en la “masificación” radica en que se pierden los factores de comunicación, formación y comunión entre las personas, tan necesarios para constituir un carácter y una relación que fortalezcan las vidas en comunidad. Si buscamos la problemática familiar de nuestros tiempos, descubriremos que lo que más falla, y causa problemas de relación, es la poca o ninguna comunicación que existe entre los matrimonios con sus hijos. Esta actitud promueve la deshumanización y el indi-vidualismo, dos tendencias filosóficas que atentan contra el espíritu del cristianismo. La mayor y más importante necesidad que debemos suplir en la iglesia del futuro, es aquel elemento que menos haya en la sociedad actual; “EL AMOR Y LA COMUNICACIÓN “,  pues por medio de ellos, se pueden vivir ciertas verdades fundamentales, que en la actualidad están siendo socavadas por las nuevas estructuras que se han implantado.

            El evangelio no es una oferta barata, ni un producto que se compra hoy y se tira mañana. El evangelio es una demanda total al Señorío de Cristo. El trabajo con los jóvenes debe fortalecer todas las áreas del ser, por lo que debemos contar con los elementos necesarios para nutrirles tanto en cuerpo, como en mente y espíritu. El uso de los métodos despersonificados, masivos y de espectáculos no son suficientes para forjar al joven. Debemos expresar que todo método evangelístico que no conlleve un discipulado y una formación personal por medio de la relación, está sentenciado a producir una mala formación y con el tiempo se perderá en el vacío. Todo método masivo, si no va acompañado de grupos pequeños de crecimiento, reforzado por un discipulado, ofrece el riesgo de traernos ciertas consecuencias que podrían ser:

   a) Al trabajó con el factor cantidad (Cuantitativo), será difícil producir calidad. La cantidad  no es tan importante como la calidad. Si no conjugamos ambas cosas, estamos tomando un mal camino.

    b) Se reduce el factor de cualidad (Cualitativo). No formamos el carácter y las virtudes que revelan la realidad de Jesús en nosotros para vivir una vida victoriosa.

  c) Se produce una relación superficial. No se tiene la opor-tunidad de compartir problemas, confesión o consejería. La mayoría de personas, principalmente jóvenes, llevan dentro conflictos y frustraciones que necesitan ser confrontadas con la Palabra,  a través de una relación personal fuerte.

 d) Se nutre el aspecto emotivo más que el formativo. Potenciamos lo superficial en la vida cristiana, olvidando  que la convicción  es la que da firmeza en la adversidad. Cuando no hay fundamento, y pasan las emociones, somos presa fácil de la apostasía y herejías.

            Debemos prepararnos para guiar por el camino recto a las nuevas generaciónes, frustrados por una sociedad hipócrita, materialista, deshumanizada y consumista, que no encuentra en la  iglesia una verdadera  opción que forje un carácter firme, en un mundo débil y cambiante. Por eso debemos entender dos cosas:

   1º Que dentro del trabajo masivo, debemos desarrollar una relación personal como fundamento. Debemos potenciar el discipulado y la paternidad espiritual, como eslabón básico en la solidez de estos jóvenes. Se necesita más tiempo de relación y menos programas de entretenimiento, ya que cada cosa tiene su lugar. Actualmente existe la tendencia de atraer a los jóvenes a base de “show”, ofreciéndoles muchas cosas mundanas, vestidas de religiosidad,  pero sin contenido fundamental para sus vidas.

   2º Debemos llevar al joven a una vida equilibrada, en donde desarrollemos programas para fortalecer, no solo el área espi-ritual, sino también la emocional o psíquica, junto a la vida física. Si peligrosa es la carnalidad de aquellos que viven imitando al mundo, jugando con las armas del diablo, también es peligrosa la super-espiritualidad, que encierra a los jóvenes en una rutina de cultos y actividades que los enclaustra dentro de un edificio llamado templo, y en donde lo que hay fuera, en el mundo, es pecado, forjándose un misticismo[46] destructivo.

            Para equilibrar a nuestros jóvenes, debemos forjar actividades que fortalezcan la amistad, el compañerismo, la ayuda mutua, el compartir los problemas y las bendiciones del comer juntos, salir, tener acampadas, fogatas, paseos, hacer deportes que ayuden a descargar el estrés y salir de la vida sedentaria[47] en la cual han caído. Jesús, al tomar discípulos, practicó este tipo de relación de forma continua. En ello radicó la formación del carácter de sus discípulos. En la relación se manifiesta el amor, la humildad, la comprensión, el compañerismo, el servicio, y otras  cualidades  que aislados o encerrados en un templo no se pueden vivir. Debemos tener dentro y fuera de la iglesia, (recordemos que “iglesia” somos nosotros, no el edificio) campamentos juveniles, retiros, comidas, paseos, actividades deportivas, y un sin número de acciones que pueden neutralizar otras actividades mundanas que tratan de atraer al joven hacia un mundo con falsas distracciones.

            Otro de los problemas de hoy día es la soledad y el ocio. La tecnología lleva al hombre a vivir en relación con las cosas, más que con las personas. Al tener mucho tiempo de ocio, el joven se lanza a buscar fatuas diversiones, que degradan su percepción de la belleza, la amistad y la verdad. Nosotros, como pueblo de Dios, debemos llevar a la nueva generación de cristianos a buscar estas cosas hermosas que el mundo está perdiendo, a través del fortalecimiento de los valores morales, espirituales y cívicos de las relaciones humanas, hasta alcanzar la comunión.

            Otra área que debemos fortalecer es la de los problemas psíquicos y emocionales. Nunca antes en la historia los jóvenes se han sentido tan solos, frustrados y llenos de contradicciones sociales, políticas y familiares como hoy. La crudeza de una sociedad materialista y hedonista ha matado la inocencia infantil, ha destruido la pureza sexual, y a tomado los instintos como un “modus vivendis”, arrastrando al ser humano a una filosofía liberalista, que hace del sexo un medio de placer promiscuo, que se explota mercantilmente. Es por eso que millones de jóvenes son infectados por el SIDA[48].

            Las falsas puertas para la felicidad que ofrecen las drogas, y llevan a los gobiernos a una corrupción política, causadas por el desmoronamiento de todas las filosofías existentes,  desencadena en muchos la ambición. Se ponen como meta el poseer ésto o aquello, estableciéndose una felicidad que nace del tener, más que el ser. Esto ha hecho que millones padezcan de depresiones, soledad, amargura, resentimientos etc. Cada vez aumenta en los adolescentes los índices de suicidio, drogadicción, desviaciones sexuales, fracasos, pandillas, violencia y fracasos matrimoniales,[49] etc. Todas estas realidades se deben afrontar desde la iglesia, con una visión clara de nuestra realidad profética.       Lo expuesto nos debe llevar a plantearnos  la forma en que debemos  establecer un plan que abarque los siguientes aspectos para el trabajo con las futuras generaciones:

   a: Programas de consejería y sanidad emocional. Potenciar el trabajo personal con aquellos jóvenes que tengan problemas de conducta, y desarrollar una consejería que desa-rrolle una sicología cristiana, en donde la Palabra de Dios sea el punto de partida.

   b: Educación sexual a fondo, que ayude a disminuir las tensiones de las edades criticas, como en la adolescencia, para ayudarles a afrontar los conflictos de carácter y sexo. Promover deportes, experiencias de viajes con carácter misionero, campa-mentos y todo tipo de acción que lleve a la unidad de grupos en acción.

  c: La potenciación de todo tipo de talento y creatividad en el servicio del evangelísmo, dando también una orientación vocacional y emocional a muchos jóvenes desorientados, y forta-leciendo las relaciones en equipo.

            Debemos tener presente que los jóvenes de hoy confrontan problemas diferentes a los que nosotros tuvímos cuando fuimos jóvenes. Los tiempos cambian, y las necesidades aumentan en la medida en que el sistema se deteriora. Debemos actualizar nuestra dinámica de trabajo, sin modificar la doctrina. Actualicémonos o quedaremos desfasados, fuera de la realidad presente.

            Sería bueno que esos jóvenes viajaran a hacer algún trabajo misionero de servicio social, y dedicar unos meses de su vida a una aventura de esa índole. En Noruega, por ejemplo, muchos jóvenes dedican un año para servir al Señor. Interrumpen sus estudios o trabajo, y como si se alistaran en un ejército, se entrenan en un instituto bíblico por tres meses, para después dedicar los otros nueve a trabajar en un campo misionero, y colaborar, ya sea en lo evangelístico o en lo social, según su vocación, capacidad  y deseo de servir. Esta experie-ncia se convierte en un recuerdo positivo que después los compromete  con la obra de Dios, y  aprenden a valorar lo que tienen en sus casas, iglesias y países. ¿No podríamos nosotros hacer lo mismo, partiendo de nuestras necesidades existentes en los países pobres del tercer mundo, en donde hay un alto índice de insalubridad y analfabetismo?

            Hay tanto por hacer, y tenemos tantos jóvenes llenos de energía que no saben como descargarla, que debemos aprovecharlos para el bien común, y el engrandecimiento del reino de Dios en la tierra. Hay que crear un voluntariado juvenil, en donde demos oportunidad a la nueva generación de salir de la inercia, el ocio y la sociedad del bienestar, que arruina los sentimientos altruísta y de sacrificio de los seres humanos.

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  -XX-  Integridad  Ministerial

Uno de los males que más adolecemos en el mundo que nos ha tocado vivir es la falta de integridad en todas las esferas de nuestra sociedad. La palabra de moda en nuestros tiempos es “corrupción”. Está generalizada en lo político, moral, social y religioso.

            Para combatir la corrupción debemos proclamar y enseñar la INTEGRIDAD como el elemento imprescindible para poder vivir una vida recta delante de los ojos de Dios. Pero ¿qué significa el término INTEGRIDAD?: Es una palabra que tiene una gran connotación. Es más que honesto; envuelve rectitud, cabalidad, responsabilidad, fidelidad, mayordomía, justicia, entereza, verdad, etc., Si licuamos todos estos conceptos y pro-ducimos un batido, el nombre del mismo sería INTEGRIDAD. Dios la demandó de Salomón, al igual que de su hijo David,: “que anduvieras delante de mí…en integridad de corazón y en equidad…”(1 Reyes 9:4). La integridad es básica para conservar nuestro ministerio con credibilidad en medio de un mundo lleno de engaño, (Tito 2:7) e incluso para ser salvos (Prov 10:18). Esta cualidad produce confianza (Prov 10:9) y hace que Dios nos sustente en todo, y gocemos de su presencia y bendición (Salmo 42:12). Una tendencia muy propagada en las iglesias de hoy es la excelencia y la riqueza como meta, pero ¿de qué sirve alcanzar estas cosas, si perdemos la integridad? ¿Acaso no corremos el peligro de ser envueltos por la atmósfera de deshonestidad y mentira que nos rodea?.

            El apóstol Pablo les habla a los Filipenses en el capitulo 3:2 y hace referencia a que nos guardaremos de los “MALOS OBREROS, los MUTILADORES DEL CUERPO, y los PERROS“: ¿A quién se refiere cuando hace estas afirmaciones?. A aquellos que no guardan integridad en su forma de vivir. No hay nada más terrible para corromper el evangelio, que dejar que el engaño, la mentira y la deshonestidad se introduzcan, y los más vulnerables somos los ministros, pues sin darnos cuenta, las influencias de este siglo se pueden impregnar en nosotros, y arrastrarnos a la avaricia. En 35 años de ministerio he tenido que enfrentar esta plaga, que me ha producido carga y aflicción. He encontrado de todo, y como dice la epístola de Judas son “manchas en vuestros ágapes…estrellas errantes…” (Judas 12) que hacen afrenta a la Palabra. Debemos enfatizar, en estos tiempos corruptos, la imperiosa necesidad de la integridad, principalmente en aquellos que ejercen funciones ministeriales o de gobierno en la congregación.

            El ser ministros nos hace más vulnerables para tener ataques del enemigo, además somos modelos, ejemplos, perso-nas con una vida pública, la cual muchos miran, para bien o para mal, a fin de buscar en nuestros hechos, lo que predicamos con nuestros dichos. Es por ello que el apóstol Pablo reco-mienda a los ministros: “que tengan buen testimonio de los de afuera, para que no caigan en descrédito. “(1 Tim 3:7).

            Muchos enemigos del evangelio nos tienen en la mirilla, para  buscar nuestros errores, y desacreditar el evangelio de Jesucristo. Debemos cuidarnos en nuestro diario vivir y definir tres áreas de integridad en la que debemos protegernos, para que no caigamos en  “DESCRÉDITO y lazo del diablo.”   

        ÁREA MORAL: ¡Cuántos escándalos trae el sexo a los hombres de Dios! ¡Cuántos hay que, sin darse cuenta, son seducidos por la carne, dándole lugar al maligno!. Es importante pensar que nuestra vida debe ser ÍNTEGRA, cuidándonos, no sólo de la tentación, sino de la acción; esto es, actuar sin malicia[50], sintiéndonos rectos, olvidando la gran nube de testigos que tenemos alrededor. Recordemos que además del peligro de pecar, latente en esta naturaleza pecaminosa, está el de la trampa diabólica. Recuerdo el caso de un pastor que una vez fue a visitar a una viuda, que padecía aparentemente de depresión, para ministrarle, pero ella estaba poseída por un espíritu de engaño  y  mentira, por  lo que  le acusó,  diciendo  que  él  había tenido relaciones sexuales con ella, siendo la ruina de su ministerio y  hogar. Cubrámonos la espalda, actuemos con sagacidad. Pensemos que cualquiera puede caer en una trampa diabólica, y para evitar esto recomiendo:

  1- Qué evitemos visitar, o estar a solas con el sexo opuesto. En    caso de tener que visitar a una hermana, ir acompañado con  tu esposa o de algún hermano de la iglesia, y hacerlo de tal forma que no de lugar a la calumnia.

 2- Entrenemos a  nuestras esposas para que atiendan ciertas áreas peligrosas del  sexo opuesto. En caso de que nuestras esposas no   puedan, buscar  ancianas,  con  madurez  espiritual,  que sepan atender esta problemática.

 3- Usemos la astucia para bien, y pensemos en los peligros que

 muchas acciones sanas pueden encerrar ante un mundo, que nos mira con un microscopio. Por ejemplo evitar llevar a una hermana en  el automóvil a su casa, e ir solo con ella.

            ÁREA ECONÓMICA: Pablo da una advertencia al joven ministro Timoteo, le previene del peligro que hay en la ambición material, aconsejándole que esté contento en lo mucho y en lo poco, afirmando:  “Raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim. 6:6-10).

            Tanto San Pablo, como San Pedro, advierten del peligro que general la codicia al dinero en aquellos que son los siervos de Dios. (1 Tim. 3:3; Ti. 1:7; 1 Pd. 5:2). Hay muchas cosas deshonestas en esta área, en las que, sin darnos cuenta, podemos caer, a menos que tengamos un claro concepto de la INTEGRIDAD ECONÓMICA, y para ello debemos considerar los siguientes errores de conducta que pueden afectarnos:

 1- Pedir a la gente que diezme, y no hacerlo nosotros. Esto nos coloca como hipócritas. Los ministerios deben ir delante,   dando  el ejemplo en dar.

 2- Pedir fondos para un fin, y después determinarlo para otro.      Esto es engaño, y lleva a que  la gente no nos tenga confianza.

 3- Pedir una ofrenda para tal persona o proyecto, y después menguarla. Esto es robo, aunque las intenciones sean buenas.

 4- Presentar un proyecto para el Señor, y valerme de él para mi  propio bienestar. Esto es abuso de poder.

 5- Abusar de los bienes de la comunidad para beneficio propio.

 6- Vivir económicamente muy por encima de las realidades  de    la iglesia a la cual pastoreo. Esto es injusticia. El  nivel  de  vida del ministro está determinado por el marco y la condición de la congregación del país y ciudad en donde viva.

 7- Alterar números, informes, facturas, etc. para tener “ganancias o crédito ministerial”. Esto es corrupción y engaño.

8- Aceptar o mantener  a un líder o hermano que anda mal, por     interés económico. Se puede convertir en soborno.

9- Condicionar el mensaje a los beneficios materiales, por lo que trato de agradar a la gente, más que a Dios, convirtiéndonos en asalariados, interesados y vividores del evangelio.

ÁREA MINISTERIAL: Debemos ser íntegros en todas nuestras acciones ministeriales, actuar para engrandecer el reino de Dios y no nuestro nombre, posición o capacidad. La jactancia, vanagloria y presunción son males que atentan contra la integridad del siervo del Señor. Vivimos la época de los “hombres grandes”, en donde los “títulos” se hacen importantes, y la ética y respeto ministerial se pasa por alto. Nos debemos envolvernos  de la diplomacia, y dejar de ser sinceros a la hora de enfrentar realidades. A veces queremos quedar bien con todo el mundo, y a la larga, quedamos mal con algunos. Nuestro hablar debe ser “sí, sí, o no, no”  (Mt. 5:37; Stg. 5:12). Debemos ser claros, francos y firmes, sin dobleces.

            Cualquier ministro que ocupe un puesto de gobierno es vulnerable al soborno, chantaje, malversación de fondos[51] y manipulación. El tráfico de influencia[52] y la búsqueda de privilegios hacen que algunos, de forma corrupta, usen métodos contrarios a la honestidad. Una vez trabajé en un organismo internacional supuestamente cristiano, y ví como se diezmaba la ayuda que en los países  ricos se pedía para ayudar a los niños de los países pobre. De esta ayuda el 60% iba a parar al sostén de una burocracia de ejecutivos que vivían con sueldos idénticos a los de las grandes empresas mercantiles norteamericanas, y al viajar se hospedaban en hoteles de cinco estrellas. ¿Sería esto íntegro delante de los ojos de Dios?

            No debemos buscar protagonismo, alterando ciertas “medias” verdades. Cada vez que leo revistas de evangelistas, y veo sus “informes”, me llevo las manos a la cabeza, y pregunto, ¿dónde está la verdad?. Una vez me dijo un pastor en España: “Cuando des el informe de los miembros de tu iglesia, infla la cifra, pues debemos tener un buen número ante el gobierno”. Conocí cierto pastor bautista que, aunque asistían a los cultos 40 personas, en los informes anuales aparecían 160 miembros. Una vez le pregunté  porqué tanta diferencia entre la realidad y la estadística, y me respondió: “Es que nosotros contamos a los muertos y retirados como parte de la iglesia, porque “salvo, siempre salvo”.-  ¿Es esto integridad?. Si queremos ser rectos en nuestra labor ministerial; cuidémonos, y consideremos los siguientes elementos de conducta:

1- No dar informes falsos para buscar prestigio u obtener   beneficios.

2- No ser tan diplomáticos que terminemos encubriendo la      verdad. La diplomacia termina cuando el pecado aparece.

3- Decir “sí” cuando sabemos que no podremos cumplir, y vamos  a quedar mal. Esto nos lleva a la falta de sinceridad y se puede  catalogar como engaño.

4- Buscar hacer las cosas para tener protagonismo, y no para servir  a Dios.

5- No  saber ser confidentes, y no saber  guardar confesiones. Hay personas que no confían en sus  pastores  porque éstos no saben guardar  confesiones, y terminan usando lo confesado para atacar  al  hermano cuando por algún motivo se rebela.

6- Callar por delante y hablar por detrás. Esto nos lleva al chisme, y  nos hace propensos a caer en calumnias.

7- Demandar a otro lo que no estoy dispuesto a hacer. El mi-nistro es el modelo de Jesús. La gente será como sus ministros sean en la iglesia, no importa lo bien que prediquen. Lo que       más impacta son los hechos. A veces hacemos tanto escándalo  con nuestras acciones, que la gente no puede escuchar nuestras palabras.

            Es triste ver tanta deshonestidad en muchos que, tomando el evangelio y proclamándose “ministros”, usan el fraude, engaño y mentiras para exaltar y obtener recono-cimientos y posiciones humanas dentro de las instituciones eclesiásticas. ¡Cuidado! seamos rectos en todo lo que decimos y hacemos. No busquemos el respeto humano alcanzando el rechazo de Dios. Analicemos  nuestra conducta, y andemos en integridad delante de Dios, y de los hombres.

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-XXI-  La realidad de la muerte

 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Romanos 7:24)

            En el año 1968 visité un poblado de Honduras llamado Guascorán, para celebrar una campaña evangelistica. El pastor vivía contiguo a la capilla y un pasillo unía su casa con ésta. Al caminar por el mismo, noté un gran objeto cubierto con un lienzo. Era una inmensa caja. Intrigándome su contenido. A la hora de la cena le pregunté al pastor qué era esa caja que estaba cubierta, y me respondió con toda la tranquilidad que puede tener una persona consciente de la realidad de la vida; -. Es un ataúd. Lo compré en Tegucigalpa, pues aquí es difícil encontrar mi tamaño, además debo tener presente todos los días que algún día tendré que morir, y deseo tener todo arreglado para que mi familia no pase apuro. Creo que uno debe saber vivir y morir con esperanza.-

            No podemos negar que la muerte es un tema tabú para muchos cristianos, pues a todos nos impone respeto, y a muchos, temor. Es que además de amar la vida, durante nuestra existencia como cristianos nos nutren de un rechazo inconsciente hacia la muerte, principalmente cuando exaltamos la salud y el bienestar como metas básicas de la felicidad y seguridad de nuestra fe. Somos doctrinados para aferrarnos a las cosas, a las propiedades, y ese temor se agiganta en la medida que amamos más las cosas que al creador y a sus promesas divinas. Cuando se forja el principio de “tener para ser”, y no aceptamos el ser como esencia espiritual, sino que nos aferramos al tener como objetivo básico de la existencia. Se forja una vida en donde todo lo concreto es más importante que lo abstracto. Si analizamos fríamente el porqué le tememos a la muerte, descubriremos que existen dos razones por las cuales desarrollamos esta actitud:

            Primera: Porque amamos la vida y deseamos vivir, de lo contrario desearíamos la muerte y no disfrutaríamos de la vida. Es por esta razón que el apóstol Pablo exclama en Filipenses 1:21-24 “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.Pero si el vivir en la carne me sirve para una obra fructífera, ¿cuál escogeré? No lo sé. Me siento presionado por ambas partes. Tengo el deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedarme en la carne es más necesario por causa de vosotros.” Sí,  amar la vida nos lleva rechazar la muerte, porque a través de la vida deseamos servir y obtener una meta para el Señor. Este sentimiento es saludable, pero jamas nos deberá llevar a una actitud de temor. Pablo reconocía que la muerte le daba una ganancia, pero el quedar, vivir, era de una obra fructífera, prefería la vida, no como una posesión, sino como un medio para alcanzar un fin.

            Segunda: Porque cuanto más codiciamos, más nos aferramos a la vida. El deseo “posesivo” de las cosas nos hace considerarlas nuestras, y nos apegamos tanto a ellas que nos cuesta trabajo desprendernos. Cuanto más potente sea nuestro amor al tener y poseer, más fuerte será el rechazo a la muerte, y el temor a ésta. Si por el contrario, nuestro amor crece hacia Dios y su palabra, la esperanza nos aumentará el deseo de vivir para ser, y no pondremos el corazón en las posesiones, ni en las cosas de este mundo, por lo que nos haría ver la vida como un peregrinar, sabiendo que “–Desnudo salí del vientre de mi madre (la tierra), y desnudo volveré allá.” (Job 1:21). Sobre este punto se dice que “Cuanto más nos liberamos del afán de poseer en todas sus formas, en especial de nuestro egocentrismo, menos poderoso será el temor a la muerte, ya que no tendremos nada que perder”[53].

            Es lógico pensar que si amáramos más la muerte que la vida, buscaríamos ésta, descuidando la existencia, y deseando incluso el suicidio, o viviendo sin sentido de ser, cosa que Dios no desea de nosotros. Amamos la vida porque vivimos, pero esto no debe llevarnos a una actitud fatalista y funesta sobre la realidad de la muerte, pues ambas cosas, vivir y morir, están ligadas a la existencia humana. Lo que sí debemos hacer, es evitar por todos los medios el nutrir el temor a la muerte y pintarla como un derrotero funesto que nos lleve a un temor irracional hacia lo que debe constituir nuestra esperanza de gloria. No debemos fabricar una teología de inmoralidad terrenal, forjando la existencia física como el objetivo básico de nuestra predicación. Nutrimos tanto la importancia de la salud física y de la sanidad, que a veces descuidamos el prepararle para la partida, alentandole casi una idea de inmortalidad terrenal,  haciendo de la enfermedad y la muerte una calamidad que nos deprime y sumerge en una vida sin esperanza.Esto lleva a muchos al temor a la muerte, y buscan desesperadamente, por todos los medios, luchar contra la misma habiendo casos en que se resisten a morir, teniendo una agonía que no les permite liberar su espíritu para comparecer delante de la presencia de Dios. Hay casos de cristianos que hasta el último momento rechazan esta realidad, y luchan con ella aferrandose a la vida más allá de la voluntad de Dios, haciendo de su partida una terrible lucha entre la esperanza de la eternidad y el desasosiego del existir aquí.

            Nos preparan para vivir y nos forjan la creencia de que el morir es “perdida”, y a veces existen sentimientos incogruentes entre la esperanza de una muerte que es vida y una posesión absurda que es efímera. Prediquemos de la dicha de la eternidad y de la ganancia que es morir. Anunciemos y proclamemos la esperanza de salud y sanidad sin negar ni ocultar la realidad de la muerte y la partida con el Señor. Debemos reconocer de que “ estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 8: 38-39) ero no nos preparamos para ello, aferrandonos cada vez más a la existencia.

            Es natural que cuanto más jóvenes seamos, menos pensamos en la muerte, pero debemos, en la medida que pasa el tiempo, reflexionar fríamente en esta realidad que tanto esquivamos enfocar desde un púlpito.  Siempre que hablamos de la muerte, lo hacemos en el momento que ésta ocurre, en los funerales o en los momentos en que el hermano esta a punto de fallecer, en su etapa terminal. ¿Porque tenemos que esperar a que la desgracia llegue para enfocarla desde una perspectiva consolativa? ¿No sería mejor y más sabio presentarla desde antes que aparezca, para que tengamos en nosotros esa esperanza de la cual habla la palabra?. No estoy diciendo que debemos predicar de la muerte como prioridad, sino como elemento secundario que esta ligado al hecho de ser y vivir. No debemos alimentar el egocentrismo de un amor terrenal que nos lleve a un miedo a la muerte que contradiga la gran verdad del cristianismo, proclamada como fundamento de nuestra fe;”Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y que esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: ¡Sorbida es la muerte en victoria! ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Corintios 15:53-54).

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-XXII-   las relaciones personales

Hemos sido creados para vivir en comunión unos con otros. Dice la biblia: ” Y dijo Dios no es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.” (Génesis 2:18).No somos una isla, por lo que nos necesitamos los unos a los otros, pero para vivir en relación, debemos estar de acuerdo, como lo dice la Palabra: “Mejor dos que uno solo, pues tienen mejor recompensa por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero. Pero, ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante! También si dos duermen juntos, se abrigarán mutuamente. Pero, ¿cómo se abrigará uno solo?. Y si uno es atacado por alguien, si son dos, prevalecerán contra él. Y un cordel triple no se rompe tan pronto.” (Eclesiastés 4:9-12).

            Sin embargo las relaciones personales se hacen difícil por dos factores importante que están latente en cada ser humano:

    A) Porque traemos dentro de nuestra naturaleza la herencia pecaminosa de Adán y Evan, la cual nos lleva a una actitud de rebeldía, que acentúa en nosotros el factor del EGOÍSMO.

    B) Porque traemos la herencia que recibimos de nuestros padres físicos, lo cual se manifiesta en nuestro TEMPERAMENTO.

Estos dos elementos, combinado con la educación en la infancia, que denominaremos INSTRUCCIÓN forman la personalidad humana. Considerando lo anterior se hace necesario conocernos a fondo para comprendernos mejor, pues somos dados a juzgar según la apariencia, ignorando las enseñanzas de Jesús: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24).

            Es por ello que no debemos juzgar por una simple apreciación (JUICIO OBJETIVO), sino hacerlo con un conocimiento del fondo de las personas, (JUICIO SUBJETIVO) y para ello debemos tratarles y comunicarnos más allá del simple “estar juntos”.¿Pero, como podemos conocernos a fondo? Todo en la vida sigue un proceso natural, puede ser ascendente o descendente. Las relaciones personales dependen de varios factores para que alcancen solides y fuerza en nuestras relaciones, y no es algo que se logra fácilmente. Debemos iniciar un proceso de trato que nos lleve a hacer de las relaciones personales no una relación de forma, sino de fondo, para que alcanzamos la comunión, que es el clima de una verdadera relación humana. Pero ¿Cómo podemos alcanzar esto considerando los conflictos de personalidad que actualmente padecemos?. Existen forma para lograrlo:

            TRES PASOS PARA CONOCERNOS A FONDO: Para llegar a conocernos a fondo debemos considerar los siguientes aspectos:

   1º= BUSCAR LA RELACIÓN: Esta consiste en un trato personal, andar juntos, conocernos etc, y esto se obtiene con la más elemental regla de relación humana. Me presente, un saludo, una pregunta etc.

   2º= ENTRAR EN COMUNICACIÓN: Hablar, expresar ideas, sentimientos, pensamientos. Es escuchar, opinar. Cuando hay comunicación mutua se inicia la identificación en una relación, y lentamente esta se va fortaleciendo.

   3º= ALCANZAR LA COMUNIÓN: Es la identificación de dos personas unidad por un mismo sentir, con ideas y sentimientos que se hacen afines. Es el clímax de la perfección en cualquier tipo de relaciones personales:

 “Así que, todos los que hemos alcanzado la madurez pensemos de este modo; y si pensáis otra cosa, también eso os lo revelará Dios.” (Filipenses 3:15).

            Es imposible alcanzar una relación saludable si no seguimos este proceso natural. La comunión es la máxima expresión de las relaciones, pero para lograrlo debemos fundamentarlas en principios que produzcan mutua confianza, y para ello necesitamos:

  1-TRASPARENCIA{ No esconder nada, revelar lo que hay dentro.

  2-SINCERIDAD  { Expresar con sabiduría lo que siento.

  3-RECTITUD    { Actuar siempre correctamente, lo lógico en cada momento.

  4-PACIENCIA   { Para afrontar los momentos difíciles de relación, manteniendo siempre el dominio propio.

            Estos cuatro pilares de conducta harán que nuestras relaciones sean positivas y nuestras actitudes correctas. Si estos elementos no se dan en una relación, la misma esta fundamentada sobre arena movediza, terminara en  caos, contiendas y división. San Juan afirma que debemos “ANDAR EN LUZ”, lo que equivale a que todo tiene que ser hecho en claridad, nada debe ser oculto. Si somos hijos de luz, debemos andar en luz, y en esto se basa la salud de las relaciones personales. La trasparencia crea confianza, revela integridad y general credibilidad.

            Cuando los principios anteriores no funcionan bien, entonces surgen conflictos de relaciones, que terminan consumiendonos emocionalmente, y afecta nuestra vida espiritual. Una de las áreas más conflictivas en las relaciones con nuestros semejantes es la contienda y los desacuerdos originado por los problemas de carácter y el desconocimiento mutuo. Cuando las relaciones se dañan, los problemas que surgen son innumerables, entonces aparecen los resentimientos y rencores. Esto genera:

  1- LA DESCONFIANZA: Esta es concebida por la falta de sinceridad. Se engendra por el engaño que afecta nuestros sentimientos, matando la confianza en las personas.

  2- EL CELO: Una expresión egoísta de nuestro amor a las personas. Puede proceder por un sentimiento posesivo de las cosas, o del engaño acumulado dentro de nosotros por alguien que amamos.

            Hay celos lógicos o naturales los cuales nacen cuando damos motivos para ello, y celos ilógicos o fantasma, que brotan de nuestra imaginación o fantasía. Ambos se nutren del mismo elemento, el engaño, la mentira, la falsedad, y se expresan según el grado de “EGOÍSMO” que haya en nosotros, así como por los problemas emocionales existentes en las personas que lo padecen. La gran mayoría de los problemas existente se  nutren de estos elementos, y todo por “falta de transparencia”. El no hablar claro y con sinceridad afecta seriamente nuestras relaciones. Hacer las cosas con malicia o engaño, y vivir con una mente enferma genera todos estos males existente en nuestra sociedad.

            Debemos evitar sufrir un desgaste por vivir una vida en relaciones difíciles, y para lograr esto es bueno entender un poco de la problemática emocional de las personas. ¿Cuales son los sentimientos o actitudes que pueden llevar a una vida al fracaso en las relaciones humanas?

    A) LOS RESENTIMIENTOS: Son el efectos de recibir e imprimir en nuestra mente las acciones negativas que otros hicieron s debido a que con las malas acciones se  hieren  sentimientos.

    B) AMARGURA: La acumulación de resentimientos que no se resuelven. Producen una sensación de amargura hacia las personas que nos causaron las malas acciones, y nos “molesta” el ver, tratar o soportar a tal persona.

    C) RENCOR: Es la forma en que despreciamos a otro, exteriorizando nuestra amargura hacia los demás.

    D) ODIO: Es la forma de desear y buscar el mal para el prójimo que me hizo algún mal.

Esto origina otra serie de sentimientos carnales que son contrarío al espíritu y arrastran a las personas que lo padecen a una serie de actitudes psíquicas y emocionales que van, desde la preocupación, ansiedad, angustia, soledad hasta la depresiones y estados obsesivos que les conducirán a serias enfermedades mentales y otros pecados peores. Fue por ello que Pablo escribió:

Pero me temo que quizás, cuando llegue, no os halle tales como quiero, y que yo sea hallado por vosotros tal como no queréis. Temo que haya entre vosotros contiendas, celos, iras, enojos, disensiones, calumnias, murmuraciones, insolencias y desórdenes. Temo que, cuando vuelva, Dios me humille entre vosotros y yo tenga que llorar por muchos que antes han pecado y no se han arrepentido de los actos de impureza, inmoralidad sexual y libertinaje que han cometido.” (2 Corintios 12). Es inevitable los problemas personales, y todos estos sentimientos se vuelven incoherentes. Pero debemos de actuar para que los mismos no sean como un cáncer, que nos consuman, y para lograr esto debemos:

   1- No permitir que el malestar hacia otros nos lleve a la murmuración, la contienda o el pleito. “Sin leña se apaga el fuego; y donde no hay chismoso, cesa la contienda” (Proverbios 26:20). Debemos mostrar y buscar la mansedumbre para aprender a callar cuando no podemos afrontar el problema, y así no complicar las cosas. Es necesario refrenar nuestra lengua.

   2- Afrontar los problemas personales lo más rápido posible y de cara a cara. No hacerlo por detrás y evitar los “mediadores”. Dice la biblia “Enojaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,” (Efesios 4:26) o sea que no dure más de 24 hora.

   3- No actuar en el momento en que la tensión y la ira es mayor. Calmate y con “dominio propio” actúa, afrontando la situación con calma “porque la ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios” (Santiago 1:20), y nos hace cometer graves errores de juicio y acciones. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y la instrucción del Señor.” (Efesios 6:4).

   4- No tratar de arreglar los problemas sin llegar al fondo, en tal caso es mejor no hacer nada. Los problemas mal tratado serán como bomba de tiempo que tarde o temprano explotaran. Si al llegar al fondo de un problema nos quedamos heridos o molestos, no importa, esto revela otro problema de orgullo. Vale más el malestar causados por ser claro y honesto, que el dar lugar a anidar con mentiras y engaño una actitud hipócrita y falsa. Una confrontación siempre desata los problemas interiores, pero mata la semilla del resentimiento escondido, que produce amargura. Una vez que nos conocemos, y descubrimos nuestras diferencias, si no estamos de acuerdo, nos separamos, pero en paz, y no en contienda “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres.” (Romanos 12:18).

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-XXIII-  ¿Miembro funcional o nominal

 “Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros suyos individualmente.” (1 Corintios 12:27)

En el castellano tenemos muchos términos que debido a un mal uso del lenguaje se han desvirtuado. Nuestra lengua es rica en sinónimos, expresiones y variantes verbales, pero algunas expresiones bíblicas se vuelven  pobre   carente de sentido, eso ocurre por ejemplo en el vocablo Señor, el cual sólo se diferencia de un señor cualquiera en que se escribe con minúscula o mayúscula, veamos; Señor con mayúscula envuelve un título de nobleza, de señorío, de posesión y autoridad, pero cuando  se escribe con minúscula se refiere a una persona común y sencilla, cualquiera puede ser “señor” pero para ser “Señor” en el sentido titular de la palabra se refiere a quién posé un título de nobleza, o posé un reino sobre el cual  domine. En inglés es más específica la palabra pues existe para referirse a un señor común el término “mister”, si queremos dignificarlo por su edad o  madurez podemos usar el término “sir”, pero si es una persona con un dominio, un título de nobleza o un reino entonces se usa el término “Lord”. Para entender mejor la limitaciones expresivas de algunas palabras, cuando oro o  expreso por ejemplo; !Oh Señor­! él que está delante mía me podría decir  -. qué desea.- ya que al expresar dicho término no puedo definir si es al que reina o a un señor cualquiera, a menos que lo escriba, pués las mayúsculas no se pueden expresar vervalmente,las diferenciamos por escrito.

            Lo mismo ocurre con el término “miembro”, el cúal ha sido desvirtuado al aplicarsele muchos sentidos contrarios al que encierra en si el mismo. Por ejemplo, se dice que miembro es aquel que pertenece a un partido, club, organización o asociación, en tal caso es una persona que posé un número de registro, un carnet y cumple ciertos requisitos para pertenecer a esa organización. En tal caso, el término miembro se usa con mayúscula, o sea “Miembro”, para referirse a los que tienen una relación determinada con una organización.?Pero a qué se refiere la bíblia cúando usa éste concepto?; Veamos un ejemplo: “Por lo tanto, habiendo dejado la mentira, hablad la verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. (Efesios 4:25). El apóstol Pablo siempre que habla del término miembro lo hace en alusión al cuerpo físico (ver 1 Cor 12:14-27) y con ello está revelando una forma de ser de la iglésia, así que debemos plantearnos lo que somos en la iglésia de acuerdo con el sentido estipulado en  el concepto bíblico, pues en ello se revela:

            a) Nuestra acción. Esto es la forma de trabajar en relación a los hermanos y a la visión de los ministerios.

            b) nuestra mentalidad. La forma de pensar y creer como cristianos en los diferentes aspecto de la verdad bíblica. Según seamos, así asumiremos el “REMA” de la palabra, la cúal se puede encarnar en nosotros formando un estilo de vida, o acumularse como un simple conocimiento intelectual que no puede salvar.

            c) Nuestro estilo vida. La forma de actuar y comportarnos en áreas natural de la vida. Si tenemos claro lo que somos, funcionaremos de acuerdo a ello, transmitiendo la vida de Cristo en nuestros miembros, por medio de la comunión los unos con los otros.

            Un miembro (con minúscula) es una parte del cuerpo que tiene vida y trasmite vida. Es algo que esta funcionando dentro de una relación íntima entre una parte y otra, es por ello que se dice que “De parte de él todo el cuerpo, bien concertado y entrelazado por la cohesión que aportan todas las coyunturas, recibe su crecimiento de acuerdo con la actividad proporcionada a cada uno de los miembros, para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:16) Notemos los términos “cuerpo” que hace alusión al aspecto fisiológico del ser, y “concertados”, que se unen para un fin determinado, este fin ésta expresado en el termino “coyuntura”, y por ese medio cada miembro recibe una actividad y un crecimiento para edificarnos en el amor.

            Por lo tanto debemos afirmar que la iglésia es un CUERPO que crece y se multiplica como todo ser que tiene vida propia. Este principio establece  una serie de realidades relacionada con el ser y quehacer de sus miembros, razón por lo cual podemos afirmar que los que la forman no son miembros nominales, sino funcionales, esto es, que desempeña una función dentro de la comunidad. En la medida que entendamos esto, seremos lo que Jesús desea para su pueblo, ya que la calidad de vida dependerá de la clase de evangelio que recibimos.

            Existe el concepto erróneo de que un miembro es aquel que figura en un libro de “membresia”[54], que posé unas credenciales o tarjeta y cumple ciertos deberes institucionales con la iglésia u organización, pero a la verdad, el compromiso cristiano va más allá. Un miembro es una parte de cuerpo ligada a otra a través de una relación completa, por lo que “Cuando un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él. (1 Corintios 12:26). Esto establece una relación profunda, que va más allá del culto dominical, del saludo cordial y del quehacer a medias tintas. En la unidad del cuerpo hay un mismo sentir, hay un mismo fluir, hay una ayuda mutua, hay una estrecha relación entre necesidad y compartir, hay una misma sangre que fluye y sobre todo hay una perfecta  unidad de acción. Quizás sea por esta razón por lo que muchas iglesias funcionan tan mal, y se dividen tanto, porque son más un cuerpo esparcido (carnicería), que una unidad compacta; razón por lo cual exísten tantas contiendas, desavenencia y celos, porque al ser miembros nominales buscamos más la posición y figurar, que el servir y funcionar en equipo. Hermanos, si todos fuésemos parte de un cuerpo funcional, muchas situaciones conflictivas e ilógicas desaparecerían de las iglesias y alcanzaríamos la unidad de la fe en el vínculo perfecto del amor ocurriendo así lo que paso en la iglesia primitiva “Ellos perseveraban unánimes en el templo día tras día, y partiendo el pan casa por casa; Participaban de la comida con alegría y con sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo el favor de todo el pueblo. Y el Señor añadía diariamente a su número los que habían de ser salvos. (Hechos 2:46-47).

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-XXIV- ¿Cuando el dinero corrompe?

No hay mayor peligro para la iglesia de hoy día que el desencadenamiento de la “avaricia, la cual es idolatría” (Colosenses 3:5). Cuando este mal se adueña de los lideres que gobiernan la iglesia, la conducirán a un desastre espiritual y social. No podemos negar que “el poder del dinero” mueve gobiernos, manipula la política, tuerce la verdad y la jusiticia, y extermina la pureza del evangelio. El Apóstol Pablo al describir la condición dominante en los últimos tiempos afirma en 2 de Timoteo 3:1-5:

            “También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita.”Notemos que los hombres serán “Amantes de sí mismo y del dinero”, ratificando una condición moral predominante, y enfatizando en otros pasajes el peligro que hay en el amor al dinero:         “Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición. Porque el amor al dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores.” (1 Timoteo 6).

            ¿Y cuantos lideres religiosos estan causando escándalos por su ambición desesperada en desear enriquecerse?. El convertir el templo de Dios en un mercado que proporciona ganancias deshonestas a individuos no es algo nuevo, ni una condición imperante en nuestro tiempo. También los judíos en la época de Jesús hicieron lo mismo, pues habían instalado. ventas de ovejas, palomas y otros animales, para facilitar a los peregrinos que venian al templo sus sacrificios y ofrendas. Colocaron los puestos de venta en los mismos atrios del Santo Templo. Jesús, al ver su casa de oración convertida en un mercado, se indignó y en una acción poco común en él, los desalojó con un látigo mientras exclamaba su rechazo a la profanación del templo de su Padre:

“Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les dijo: –Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Mateo 21:12-13). Él les enseño a sus discípulos a depender más en la confianza de Dios que en la posesión de los bienes materiales. Fue por eso que en varias ocasiones los envío a predicar ordenándole que fuesen sin nada:”Y les dijo: –No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas.” (Lucas 9:3).”No llevéis bolsa, ni alforjas, ni calzado; ni saludéis a nadie por el camino. (Lucas 10:4), Pero cuando fue necesario, no solo lo envió con todo, sino que hasta les mandó que se compraran una espada:”Y les dijo a ellos: –Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: –Nada. Entonces les dijo: –Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela; y también la alforja. Y el que no tiene espada, venda su manto y compre una. (Lucas 22:35-36). También por dinero los soldados que cuidaban la tumba fueron sobornados, para que dijeran una mentira que negara la verdad sobre la resurrección de Jesús:”Ellos se reunieron en consejo con los ancianos, y tomando mucho dinero se lo dieron a los soldados, diciendo: “Decid: ´Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos.” (Mateo 28:12-13).A través de la Palabra vemos como la pobreza era una cualidad dominante en aquellos que servían a Dios. Pedro no tenía oro ni plata, pero podía ofrecerle al enfermo “poder de Dios” para sanidad. Simón, el mago, quiso comprar el don de Dios ofreciéndole un soborno a los apóstoles, pero este fue fuertemente reprendido por su intención de tratar de comprar la bendición de Dios:”Cuando Simón vio que por medio de la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,  diciendo: –Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: –¡Tu dinero perezca contigo, porque has pensado obtener por dinero el don de Dios! (Hechos 8:18-20).

Y Judas, por interés vendió a su maestro por 30 monedas porque se sentía frustrado en sus ambiciones humanas, pues vio como Jesús en vez de entrar a Jerusalén a reinar, lo hizo para sanar a los enfermos e identificarse con los marginados sociales. El espíritu de materialismo, imperante hoy día, era también un mal en la misma época de Jesús, pero en una dimensión menos generalizada. Hoy hasta hemos hecho una teología que justifica la riqueza y la ambición, y para colmo, afirmamos que el tener es una forma de medir la espiritualidad, ya que se vale por lo que se tiene, más que por lo que se vive. No podemos negar el peligro existente en torno al “poder del dinero” dentro de la vida de la iglesia en estos tiempos en que domina un materialismo practico generalizado.

            Nuestra realidad es peor que aquella que enfrentó la iglesia primitiva. Quizás las formas de exteriorizar la ambición han cambiado, pero el espíritu y el fondo siguen siendo los mismos, por lo cual el mercantilismo religiosoen torno al amor del dinero sigue imperando y en una proporción más generalizada. Vemos como desde un púlpito se enfatiza el dar sin practicarse una transparencia en el fin para el cual consignamos esos fondos. Vemos como ciertos “siervos” en poco tiempo hacen una fortuna de forma fantástica, por no decir dudosa. Nos asombra el gran negocio que se monta en torno a la música, conciertos, objetos, etc, de los cuales muchos incluso montan una industria para su propio beneficio, sin pagar impuestos, ni empleados, ni prestaciones sociales. Esto ha ido más allá de lo lógico, y hace que algunos le pongan precio a su ministerio o servicio religioso, ofreciéndose a cantar, predicar o enseñar si le dan cierta cantidad de dinero, y lo hospedan en hoteles de cinco estrellas etc… cosa muy común dentro de nuestro circulo evangélico actualmente.

            Estos famosos cantantes o evangelistas que se cotizan a altos precios, llegan a obtener entradas que sobrepasan los limites normales de ingresos, y sin pagar impuestos, ni diezmo, pues muchos de ellos no se sujetan a una iglesia y se constituyen en organizaciones de las cuales son cabeza y dueño. Vemos con asombro como se imponen en estudios, música, escritos y videos evangelisticos los “derechos de autor”, y por ello se llevan a juicios a otros hermanos que hicieron plagio, y esto antes jueces del mundo, violentando las ordenanzas de la Biblia que dice:

            “¿Cómo se atreve alguno de vosotros, teniendo un asunto contra otro, a ir a juicio delante de los injustos y no, más bien, delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar pleitos tan pequeños? ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más las cosas de esta vida! Por tanto, en caso de haber pleitos con respecto a las cosas de esta vida, a los que para la iglesia son de poca estima, ¿a éstos ponéis para juzgar? Para avergonzaros lo digo. Pues, ¿qué? ¿No hay entre vosotros ni un solo sabio que pueda juzgar entre sus hermanos? (1 Corintios 6:1-5)

            El plagio y la imitación para hacer dinero es común dentro de los círculos evangélicos, creándose una competencia mercantil descarada. Esto forja un culto en torno a las personas, por lo cual se convierten en seres espectaculares, y muchos los llegan incluso a adorar. Se hace una replica tan exacta del estilo materialista del sistema dominante del mundo, que muchos conciertos cristianos siguen los mismos parámetros de estos, salvo por la letra de las canciones. Luces, gritos, humo, ropas extravagantes, alto costo de las entradas, representantes de venta, restricciones para entrar a estos con grabadora o cámaras de video etc, y después del mismo ¿Qué? Se venden camisetas, postes, cassettes, insignias exaltando más al grupo que a Jesús. Estos invierten $5,000 dólares para obtener $25,000 y si por casualidad no obtienen estas ganancias, no vuelven más, pero si les va bien, se corre la voz, y allá van los otros cantantes “a buscar como ordeñar la vaca hasta hacerle sangrar la ubre.”

            Este principio de “INVERTIR PARA GANAR” domina como patrón de referencia en muchas misiones e iglesias. El afán por alcanzar poder numérico y económico ha desencadenado una forma de predicar en donde el tener opaca al ser, y adaptando la Biblia a nuestros intereses materialistas. Tenemos el ejemplo de la música, es un medio por el cual algunos se han hecho ricos en poco tiempo, y esto les ha llevado a formar una enseñanza sobre la misma por lo que se afirma que es la parte más importante en el culto a Dios, ignorándose la Palabra de Dios como esencia de la vida Cristiana. Al respecto David Wilkerson escribe: [55] “Una vez escuché a un ministro profetizar que pronto vendrá el día en que los cultos de las iglesias serán de alabanza en un noventa por ciento. Pero si eso llega a ocurrir, e incluso si esa alabanza es de corazón, eso deja solamente un diez por ciento para lo demás, donde supongo, estaría incluida la predicación de la Palabra de Dios. Pero ¿acaso no nos debilitaremos espiritualmente si aclamamos y alabamos, pero no comemos el pan de Dios?.”     Lentamente vamos poniéndole un precio a todo. El ministerio se vuelve burocrático, empresarial, mercantilista. La iglesia se transforma en un mercado de bienes e intereses, resurgiendo el espíritu medieval del catolicismo romano, y terminamos diciéndole a la gente “¿Qué trae, hermano?”. Pensamos en buenos edificios, buenos equipos, un gran coro, un buen salario, hoteles de lujo etc, y olvidamos un buen servicio, un compartir con el necesitado, una profunda visión misionera, una búsqueda del marginado y necesitado social de nuestro alrededor etc. ¿Que es lo que más domina en nosotros el ser o el tener? Qué enfatizamos más, el gozo o el servicio, la riqueza o la pobreza, la posesión o la entrega, la convicción y la emoción?. Reflexionemos ¿Qué hacemos por los ancianos, drogadictos, enfermos del SIDA y niños abandonados?.  No podemos concluir el presente articulo sin aclarar que la corrupción imperante entre muchos evangelistas y músicos se debe al incorrecto proceder de algunos pastores o lideres de iglesia, pues estos algunas veces han invitado ministerios a compartir y no les ha provisto del sustento, enviándolos con las manos vacías. Otros han pedido ofrendas para estos que las han cortado, dándole tan solo una parte de la misma. También algunos pastores han aceptado los precios fijados por estos “famosos” y no se han preocupado por investigar si han madurado en la fe, si estan sujetos a una iglesias de acuerdo a las demandas bíblicas para que no sean neófitos. Si hay corrupción en el evangelio, si el mercantilismo ha dominado en nuestros tiempos y si hay crisis de valores en el reino de Dios, los únicos culpables seremos nosotros, y nadie más, pues el tolerar estos fenómenos nos lleva lentamente a “leudar la masa”.

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-XXV-  La Simonía de los últimos tiempo                 

No debemos ignorar que todo lo puro, honesto y recto, se puede desvirtuar con el tiempo, si no hay una voz profética que denuncie los abusos. La historia vuelve a repetirse, ocurrió en la vida del pueblo Hebreo, y se repitió en el cristianismo, cuando en el siglo tercero los cristianos fueron leudado con las influencias del paganismo romano.

            Pero entre los peligros existente para la fe cristina, tenemos uno que se extendido en nuestro tiempos como mala yerba y es “la simonía”.¿ Qué quiere decir esto de simonía? En Hechos 8:18-23 se nos relata una historia muy llamativa;

            “Cuando Simón vio que por medio de la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: –Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: –¡Tu dinero perezca contigo, porque has pensado obtener por dinero el don de          Dios! Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado    el pensamiento de tu corazón; porque veo que estás destinado a hiel de amargura y a cadenas de maldad.”

Este mago llamado Simón quería comprar el “don del Espíritu Santo”,impartido por los apóstoles con la imposición de manos. Hoy día hay otras muchas cosas similares que se tratan de vender, para así llevar a la iglesia, según dicen a una “llenura del Espíritu” y el mercantilismo espiritual ésta a la orden de día, sin que nadie haga algo por detenerlo, denunciarlo o frenarlo. He visto mercaderes de bendiciones por doquier. Personas que llamándose “cristianos” desean llevar a la iglesia hacia el fetichismo, ofreciéndole objetos con poderes milagrosos, a cambio de una ofrenda. Incluso vemos como pastores y evangelista anuncian pastillas, pulseras, panes, terapias, seminarios y objetos con lo cual podemos recibir sanidad, salud y bienestar.¿Hasta donde podemos permitir este mercadeo descarado de dones y bendiciones de Dios? No deberíamos más bien expresar como San Pedro “Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.” (Hechos 8:21).  Nadie denuncia hechos, como aquel en el cual un famoso evangelista fue invitado a una campaña en una ciudad con pocos Cristianos y en donde su libro y testimonio había impactado, pues el mismo se había sido llevado al cine. Se le invito y se le ofreció cubrir todos los gastos del viaje, más una ofrenda, pero el contesto que además de ello, “demandaba mil dólares por cada culto o día de campaña”. También esta el de un cantante cristiano famoso que una vez vino a dar un concierto a un país de Centro América el cual fue un fracaso, no recibiéndose las ganancias esperadas, por lo que el organizador no podía suplirle la ofrenda acordada para su participación, pero el cantante, lleno de ira y enojo, reclamo a toda costa su dinero, sin importarle los resultados del concierto. Este hermano promotor tuvo que pedir prestado para darle al cantante su dinero, pues se había puesto peor que un mundano al reclamar su parte. Y es que los conciertos y cantantes ha pasado a ser un negocio más, que produce grave casos de “simonía” en todas las áreas.

            Cuando comenzó el mover de Dios en el énfasis a la alabanza y adoración yo me sentí impactado, abierto y comprendí que la iglesia debía romper su liturgia tradicional de cántico, para dejarse guiar por un mover espontaneo de cánticos nuevos, con más expresiones propias, por medios de coros inspirados por los hermanos. De pronto vino el “boom” de la alabanza, y aquellos cantantes clásicos, que daban conciertos musicales, comenzaron a montar con “la alabanza y adoración” un espectáculo entretejido de adoración y exhibición.  Junto a los conciertos “de alabanza” se comenzó a desarrollar una dinámica de seminarios de alabanzas, introduciéndose en la misma una influencia teológica Antiguo Testamentaria, que hacia de la alabanza un todo, y del profecionalismo una meta. Comenzaron a afirmar cosas que se salían del contexto, y se menoscabaron la música cristiana clásica para introducir un estilo de música clasificado en “adoración y alabanza”. Se abolió la liturgia anterior, y se forjo una nueva, que aunque al principio era renovada, ya esta cayendo en otra liturgia más, a veces peor, pues todo se encierra en dos estilos definidos de expresión musical dentro del culto. Hay que añadir a esto, desvirtuciones teológicas y de expresión, como por ejemplo, la sustitución del “amen” por los aplausos, el cual no se usa tan solo al cantar, sino también en todas las demás acciones del culto. Se ha introducido el “grito de guerra” que a veces es más un alarido incoherente, que una expresión de gozo y victoria. Se esta enseñando en algunos marcos a aullar como lobo, rugir como león, articular ruidos de animales o gemidos y chiflidos. Las alabanza expresiva, como Aleluya, te amo, que lindo eres etc… son anuladas por los gritos de guerra continuo.

Hay que añadir a estas exageraciones y desvirtuaciones, la explotación mercantil que se hace en torno a la ADORACIÓN, y es ahí en donde me siento muy afligido y frustrado con este mover. Los que promueven ésta, han hecho de la alabanza y adoración un negocio millonario, un acto de simonía por medio de la expresión de adoración a Dios y ¿Y cómo puedo sentir bendiciones en una adoración, cuando se que detrás de ella hay unas reglas económicas condicionantes y lucrativas pre elaboradas en los que la ejecutan? Si no me pagan el seminario, y el concierto, no se hace. Antes todo era espontaneo, porque no era una moda, hoy es un negocio con agentes y representantes que controlan el marketing. ¿Saben cuanto cobra los grupos de alabanza por montar un concierto en torno a este nuevo estilo?  Por un concierto, con seminario incluido, aproximadamente $20,000 dólares. Además durante el mismo se venden camisetas, logos, cintas,  compack, vídeos etc, y se prohíbe a personas particulares filmar con cámaras de video, vendiéndose los derechos a empresas, y no se puede llevar grabadoras portátil, pues todo es un negocio. Allí suben los cantantes que llevan al pueblo a la adoración, y después se llevan también su dinero. ¿Saben uds cuanto ganan estos cantantes en utilidades con tan solo la ventas de sus cintas cassette?, Pues uno de los más famosos ha tenido una ganancia que en un año, casi llega al medio millón de dólares limpio. Cada cinta cassette de música que venden le ganan, después de las primeras dos mil, un promedio de 500 a 700 por ciento. ¿Y  a donde va a parar todas estas utilidades? Lo triste que pese a tanta ganancias, los conciertos son cobrados y bien pagados. Y es que en estos tiempos de simonía, hasta para adorar a Dios tenemos que pagarle a los hombres.

            Recuerdo cuando un amigo cantante, consagrado al Señor, me dijo que: “ahora tenía que grabar una cinta en vivo y de alabanza para poder vender, porque esa era la moda que se imponía”. ¿Como podemos combatir este espíritu mercantil en la Iglesia?  ¿Hasta donde podrá llegar la simonía si no ponemos frenos a estas realidades? ¿Que hacer para quedarnos con los bueno y puro, y evitar lo contaminado y lucrativo?. Estoy asustado, alarmado y preocupado, porque no se como puedo detener la ola de simonía que hoy nos inunda, tan solo pido al Señor que venga pronto, porque de lo contrario, ni aun los escogidos serán salvo.

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    -XXVI-  El “quinto” evangelio

            Todos sabemos que el Nuevo Testamento se divide en; los cuatro primeros evangelios, el libro de los hechos y las epístolas, terminando con el libro profético de Apocalipsis. Pero ¿Sabía Ud. que existe para muchos creyentes un “quinto evangelio”? Si lo duda, creo que debemos analizarlo.

            A través de diferentes escuelas de formación cristiana, se han ido formando “corrientes teológicas” que tienden a fabricar una hermenéutica muy peculiar, con la cual obtienen de la Palabra de Dios todo aquello que desean afirmar. En la actualidad, una de las tendencias más predominantes es la llamada “corriente de la prosperidad”, junto a la que proclaman muchas iglesias pentecostales y carismáticas; sobre la sanidad y el gozo absoluto, afirmando que la enfermedad y la tristeza es una evidencia del pecado y el juicio de Dios. Algunos llegan más lejos todavía, afirman que todo dolor y toda enfermedad son causadas directamente por los demonios. Recuerdo una vez mientras estaba estudiando teología, que en mi clase, un profesor que enseñaba evangelismo personal, afirmó que “toda enfermedad es causada por demonios”. Yo, inocentemente, pero usando mi razonamiento juvenil, le pregunte: -“Profesor, los dolores de muelas, ¿Son causados por demonios?”- A lo que me respondió que sí. Entonces reflexioné en voz alta: -“Si los dolores de muela son causados por demonios, las aspirinas tienen el poder de echar demonios fuera”-. El profesor, indignado, me sacó de la clase. Esta anécdota refleja que somos moldeados de acuerdo a la enseñanza que se nos de, a menos que razonemos y busquemos en la misma Palabra la verdad profunda de la misma.

            La realidad evangélica evidencia que hemos fabricado un quinto evangelio llamado “El evangelio según San Conveniencia”. ¿Y comó se forma éste? Sencillo; enfatizamos las ofertas y promesas de Dios, ocultando sus demandas. Sacamos un versículo de aquí y lo empalmamos con otro de allá. Le damos la vuelta, lo descontextualizamos y fabricamos una doctrina, como hacen los Testigos de Jehová y otras sectas, para apoyar de esa forma lo que queremos decir o enseñar. Como consecuencia de ello hemos sacado de la Biblia todo aquello que nos muestra el aspecto positivo y beneficioso del evangelio, exaltando la prosperidad, la salud, el gozo, la excelencia, la fe, el poder,  etc, para llevar a muchos creyentes a la frustración. No podemos negar que la Palabra esta llena de promesas, pero ¿será correcto tomar las promesas como punto de partida para atraer la gente al evangelio? Uno de los elementos que han hecho que esta corriente se haga fuerte, es la implementación de las influencias de la mercadotecnia y la “Nueva Era” dentro de muchos sectores evangélicos. Hemos visto como el poder mental, la mente positiva, pide y recibe, el positivismo absoluto, etc, se ha adueñado de muchos predicadores, y a la hora de presentar el evangelio, parecen más vendedores de un producto barato, lleno de ofertas atrayentes, que proclamadores de la justicia de Dios en la tierra.

            Para poder entender mejor como se fabrica este “QUINTO EVANGELIO DE SAN CONVENIENCIA” vamos a tomar un ejemplo. La Palabra de Dios se parece una moneda tiene dos lados. Existen las demandas y las ofertas de Dios, solo que por desgracia enfatizamos y ponemos en primer lugar lo que es segundo. En toda la Biblia el Señor pone primero una demanda, antes de darnos su oferta. El quiere ser nuestro amigo, pero su amistad esta condicionada a la obediencia:”Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando“. (Juan 15:14).

            La acción de creer envuelve una entrega absoluta a aquel en quien creo, para hacer lo que él dice. No es lo mismo creer en Dios, que creerle a Dios. Lo esencial en el llamamiento Divino es obedecer, y no tan solo venir para recibir aquello que me conviene:“No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21).            La entrega a Jesús debe ser incondicional, y el evangelio es condicional. Cuando venimos a él, vamos a cumplir sus deseos, y sobre sus deseos edificaremos nuestras vidas:“¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras, y las hace. Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo mover, porque había sido bien construida.” (Lucas 6:26-48).

            Cuando la multitud participó de la  maravillosa multiplicación de los panes y los peces (Juan cap 6), no se quiso ir. Ellos querían, no solo el almuerzo, sino la cena. Jesús le dio de comer como una respuesta a una necesidad inmediata, pero demandaba algo más que buscar una comida. Fue entonces que al ver que no se iban, aunque había sobrado doce cestas del primer milagro que fue de cinco panes y dos peces, les dijo:“–Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35). Y no repartió lo que había sobrado. ¿Porqué Jesús no hizo otra vez el milagro si ya lo tenía más fácil? ¿Porqué hoy día explotamos tanto los milagros y hacemos de ellos hasta un espectáculo?. Porque él no quería un pueblo que le buscara por lo que daba, sino por lo que era y hacia. Fue entonces: ” que al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: –Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (Juan 6:60).

            Tenemos nuestras Biblias marcadas con promesas. Predicamos de ellas, hacemos tratados de las mismas, y las publicamos en los periódicos. Ofrecemos un evangelio de fantasía, en donde todo es bendición, sanidad, riquezas, poder y gloria. Leí en una publicación un anuncio que decía: “¿No tiene trabajo?, ¿necesita dinero?, ¿quiere ser rico?, ¿desea ser sanado de toda enfermedad y vivir sin problemas?. Venga a nuestra campaña con el gran siervo de Dios el Rev Perico, y Jesús le va a dar todo lo que desee su corazón. Solo tiene que pedir, y lo recibirá”. ¿Hasta dónde es cierta esta oferta barata?. En esta metodología de propaganda hay una trampa. Tratamos de esconder la gran demanda del Señor, ofreciéndolo todo a cambio de nada. Debemos presentar primero lo que Jesús desea ser para nosotros, y no sacar textos aislados para afirmar las ofertas y promesas que no son valedera para aquellos que no están dispuesto a aceptar la negación, el sufrimiento y la obediencia a sus mandatos:“Y cualquiera que no toma su propia cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.”  (Lucas 14:27).“y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20).

            Otro ejemplo del “Quinto Evangelio” esta en la forma en como marcamos y aprendemos la Biblia. Sabemos más textos de promesas que de demandas, pero es bueno aclarar que detrás de toda promesa existe una demanda. ¿Qué va primero, la carreta o los bueyes?. ¿Qué debemos enseñarles primero, el lado fácil y hermoso del vivir con Cristo, o las dificultades y penalidades que es ser soldado de Jesús?. En muchas iglesias que he predicado, he preguntado a los presentes: ¿Cuántos saben ese texto de Mateo 11:28? Dice así:

 “Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar.” Y casi todo el mundo levanta la mano. Es una promesa, pero sacada del contexto, y es un pretexto para los vagos. Y al hacer otra pregunta: ¿Y cuántos saben qué sigue después? es cuando descubro que apenas un dos por ciento levantan la mano. Buscamos el descanso, y usamos el evangelio para descansar “de todo”, ignorando que ese descanso es un descanso del pecado, pero que después el Señor nos da “un yugo” y nos pone “una carga” llamándonos a la humildad:“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:29-30)

El análisis de un texto conlleva la reflexión del contexto. El obrero para poder gozar de su cosecha tiene que trabajar primero. El Evangelio es duro. Ser cristiano no es fácil. Llevar la palabra no es una panacea, mas bien dice la Palabra que:”Irá andando y llorando, llevando la bolsa de semilla, pero volverá con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126:6).Si tenemos una cajita con textos de promesas en nuestra casa, coloquemos al lado otra que contenga demandas. Cuando busquemos palabras agradables al oído, averiguemos aquellas otras palabras que no nos gustan. Desmantelemos esa mentalidad de ofertas y bendiciones absolutas, y aprendamos a vivir las demandas y el sufrimiento que envuelve muchas veces el ser cristiano. La moneda tiene dos lados y la Palabra también, así que busquemos “todo el consejo de Dios” y aceptemos el gozo y el dolor, la abundancia y la pobreza, el gozar y el sufrir, el andar en un día claro, como el andar por el valle de sombra. Entrenemosnos para ser un fiel soldado de Jesús en cualquier situación que nos toque vivir, y tomemos aquel consejo que dice:

“Tú, pues, sé partícipe de los sufrimientos como buen soldado de Cristo Jesús. Ninguno en campaña militar se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo alistó como soldado.  Además, si algún atleta compite, no es coronado a menos que compita según las reglas. El labrador que trabaja esforzadamente es quien debe recibir primero su parte de los frutos. Considera bien lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo.” (2 Timoteo 2:3-7).

            Equilibremos nuestra enseñanza dando esperanzas dentro de la realidad total del evangelio completo. Si hoy enseño la victoria sobre la enfermedad como una realidad del evangelio que promete sanar, enseñemos que también en el dolor y la aflicción podemos glorificar a Dios y tener victoria. Que “sea que vivamos o que muramos, somos del Señor” (Romanos 14:8).


BIBLIOGRAFIA

  • [1] -REVOLUCION: Se entiende como un cambio violento. Ésta destruye lo que hay, para forjar todo nuevo. Mientras que “renovación” es un proceso de cambio lento, que respeta lo que hay.
  • [2] – Ver el libro “DEMONOLOGIA” Mario e. Fumero, editorial Unlit, 1996.
  • [3] -Sistema que trata de conciliar doctrinas de diferentes religiones o culto para crear de la fusión una nueva visión religiosa.
  • [4] – Del libro “LO QUE USTED DEBE SABER SOBRE LA NUEVA ERA” de Cesar Vidal Manzanares, editorial Unilit, página 59.
  • [5]– Marily Ferguson proclamó en su libro  “La conspiración de Acuarios” (1980) una de las ideas más difundidas por esta corriente.Este libro es uno de los manuales más usados por los que caen cautivos en la Nueva Era.
  • [6] – Nombre elegante que han adoptado recientemente muchos ocultistas para   encubrir sus poderes diabólicos.
  • [7] – La  “Teología de la liberación” no cabe en la mercantilización, sino que deberíamos más bien hablar de la “politización de la teología”, pero no obstante es un medio de manipular la situación económica y la analizamos aquí.
  • [8] MISTIFICACIÓN: Es según diccionario sinónimo de trampa, entonces desmistificación sería a desentrampar y se relaciona al culto de la razón. En su aplicación teológica envuelve el razonar los milagros y quitarle el aspecto sobrenatural.
  • [9]ESOTERISMO: era “conocimiento a lo oculto” porque debía ser propiedad de muy pocas personas, no precisamente por ser diabólico. Si todo lo oculto pasa a ser demoniaco, entonces qué diremos de Jeremías 33:3 donde se nos promete enseñarnos “cosas grandes y ocultas”. Hay que diferenciar lo oculto que pertenece a Dios o a la ciencia, y lo oculto que obedece a ceremonias, pactos y relaciones con “espíritus” procedente de los demonios.
  • [10]– En mi libro “DEMONOLOGÍA” analizo la realidad de la lucha contra  el reino de las tinieblas y los peligros cuando nos radicalizamos en el  mismo.
  • [11]OSTRACISMO: Destierro a aquellos ciudadanos que por su poder,importancia o ambición se les imponía, o se aplicaba a cualquiera que fuese un peligro. Aquí se aplica a marginación.
  • [12] LIGHT: Anglicismo que se usa para referirse a aquellos productos bajos en calorías, grasas o alimentos que tienden a producir obesidad.
  • [13]– Libro “El Cuerpo” Charles Colson, Editorial Caribe, 1994 Pag 46.
  • [14]– Del libro “Freedom for Ministry, página 89
  • [15] MUTANTE: De mutación. Es el efecto por el cual se cambia una estructura. En el sentido del escrito, se refiere a un cambio en el trabajo normal del quehacer en la iglesia.
  • [16] – NARCISISTA: Es la acción excesiva de verse a si mismo, o una acción de autoidolatrarse, por lo cual cae en una atención exagerada del cuidado del cuerpo. El término procede de Narciso, personaje de la mitología Griega que se consideraba muy hermoso y se enamoró de si mismo. Murió ahogado en las mismas aguas en las cuales se miraba. Freud, padre de la psicología moderna, la define como el libido del “yo” y ésta presente en la etapa de la adolescencia con mucha fuerza.  Sobre ella escribe el pastor José Luis Gómez Panete cuando dice “: Hay personas que se aman tanto que tienen la casa llena de espejos y dicen -.Espejito, espejito: ¿quién es el líder más grande del mundo, !TU MI AMO!.”
  • [17] – La acción de dar de lo que tengo, y compartir, era una norma de conducta en la vida de la iglesia primitiva. Según 2 Corintios 8:14-15 la enseñanza  apostólica era que “la abundancia de unos supliera la escasez de los otros, para que hubiera igualdad entre los hermanos”
  • [18] – SOLIDARIO:  Se dice de las obligaciones contraídas en común y de las personas que las contraen. Es un compromiso de servicio a los demás.
  • [19] -ENAJENAR: Es la acción de desposeer a una persona de sus propio criterio, o tomar el dominio de alguien para que actúe de acuerdo al deseo de otro.
  • [20] -HEGEMONÍA: Supremacía de un estado o persona sobre otra (o). Esta hegemonía también puede implantarse en otras áreas de la vida, como ocurre en muchas iglesias con estructuras muy jerárquicas.
  • [21]-José Luis Gómez Panete es pastor de la Iglesia Evangélica  Reformada situada en la Calle Murillo, 8, Palma de Mallorca, Baleares, España. Es un prominente expositor y maestro en la Palabra, que ha elaborado varios estudios sobre el discipulado. La referencia expuesta la obtuve de un folleto llamado “El  antilíder”.
  • [22] – Existen varios tipos de autoridad, podríamos definir algunas. como por ejemplo: La autoridad delegada; aquella que se me encomienda mediante una elección o nombramiento. La autoridad impuesta; La que se ejerce por medio de una imposición. La autoridad paternal; La que se origina por el hecho de tener un hijo.
  • [23] – Ver el libro de  Mario E. Fumero; “Paternidad Espiritual” Editorial Unilit, 1996.
  • [24]– Charles Colson, EL CUERPO, Editorial Caribe 1994, Pagina 129
  • [25]HEGEMONÍA: Supremacía de un estado, pueblo, partido o persona sobre otros. En sí es una actitud de superioridad de uno sobre otro, por lo cual le impone sus caprichos.
  • [26] – El complejo de redentor, muy común en los fanáticos religiosos, produce lo que podríamos definir como el síndrome del mesianismo.
  • [27]PURGAR: Expulsión o eliminación de una persona  por considerarlo, peligroso o perjudicial. Pagar un delito o una pena.
  • [28]ELITE: Grupo selectos de personas de las cuales nos rodeamos.
  • LACAYO: Se dice de una persona servil o rastrera. Se origina del nombre de aquel que se le daba al criado que acompañaba a su amo en sus viajes para lavarle los pies.
  • [29] -El partido socialista Español (PSOE) ha gobernado por más de 15 años  a través de su líder Felipe González, el cual ha dominado dentro del partido como la figura más carismática del mismo. En su última etapa (1994-95) han aparecido muchos actos de corrupción, entre ellos la malversación de fondos, trafico de influencia y  grupos para exterminar a los miembros de ETA, que ha debilitado y dividido el partido. Todos estos factores les ha llevado a un desgaste político. En Estados Unidos los escándalos mancharon a los presidentes Nixon, Reagan y Busch.
  • [30]FENÓMENO: Según el diccionario de la lengua española se define como cosa extraordinaria y sorprendente. Modificación o cambio que no altera la esencia de la sustancia.
  • [31]ANARQUÍA: Viene del griego “A” que significa sin y  “ARKE”  autoridad, entendiéndose  “sin autoridad” por lo que es la falta de un gobierno dentro de un estado. Es sinónimo de confusión, flaqueza, desconcierto en el orden público. Como doctrina política propone la existencia de una sociedad sin gobierno, en donde la relación es el medio de armonía y convenios de convivencia, y se hizo muy popular antes de la guerra civil española.
  • [32]-Es el conjunto de reglas que gobierna la iglesia Católica Apostólica y Romana con su orden jerárquico y sus relaciones con los feligreses, así como con los fueros externos.
  • [33] – Cuando hablamos de independencia o dependencia enfocamos dos conceptos opuestos y peligrosos en su aplicación. Frente al peligro de ambos extremos algunos formulan la interdependencia como la mejor opción en las relaciones ministeriales y eclesiásticas.
  • [34]– El gobierno federal de los Estados Unidos ha ordenado a través del Dpto. del Tesoro o I.R.T. ,el control por parte de las iglesias de todas las ofrendas o donativos que  éstas den a los predicadores cuando excede  la suma de $800.00 dólares, mediante un formulario en donde se deberá poner el número del Seguro Social.
  • [35]MEGA: Termino que indica grande.
  • [36] – Éxodo 18:17-24. Este principio de gobierno para juzgar es el modelo ideal para poder manejar una multitud, y es aplicable a cualquier crecimiento masivo. Los principios del pastor y su rebaño parecen determinar que la capacidad máxima de este debe de ser de 100 ovejas por pastor
  • [37] -EXISTENCIALISMO: Es una corriente filosófica cuyo último gran precursor fue Sartre, y la cual tiene como objetivo analizar y describir la existencia concreta considerando el acto de una libertad que se afirma a si misma, definiendo la personalidad como ser. Toda la analítica se forja en la realidad de existir. Tiende al secularismo y  al sincretismo.
  • [38] -EXCELENCIA: Se dice de una persona que  ha desarrollado una calidad o bondad superior a los demás o que se distingue por su esfuerzo y alto rendimiento. Sobresaliente.
  • HONRAR:  Dar honor, distinguir, favorecer ennoblecer.
  • HONOR: Cualidad moral que nos lleva a cumplir el deber.
  • (Diccionario Enciclopédico Universo de la lengua española)
  • [39] -Cuando hablamos aquí de la excelencia en el ser no me refiero a esa excelencia que nos lleva a tratar de ser mejor cada día para la gloria de Dios, y la cual es positiva, sino a la excelencia del ser en el sentido posesivo y vanaglorioso, como veremos posteriormente.
  • [40] -1 Samuel 22:1-2 Aparece a David formando un ejército de gente afligidas, endeudadas, con amargura y había algunos de mala reputación, 1 Samuel 30:32-23.
  • [41]HOMOGENEIDAD: De una misma naturaleza. En el sentido espiritual se refiere a la unidad en el sentir y el obrar como cuerpo.
  • [42] -Últimamente se está desarrollando una tendencia que margina la doctrina, para proclamar la supremacía de las experiencias. Si es cierto que una y otra son diferentes (pues doctrina es principios teológicos y experiencias  es acciones practicas e interiores) no podemos divorciarlas, porque la doctrina es el freno a la experiencia, para evitar las herejías producidas por el engaño diabólico, o las emociones carnales.
  • [43]ANQUILOSADA: Quedarse rígido, sin movimiento, endurecida, sin acción. Se usa para expresar la idea de que la iglesia vive del pasado por falta de una acción presente. El pastor hondureño Rev. Mariano González dice que “el que no se moviliza, se fosiliza”.
  • [44]CIBERNÉTICA: Ciencia que estudia la construcción de aparatos y mecanismos que sustituyen órganos del cuerpo humano.
  • [45]DISTANASIA: Es no alargar la vida por medios artificiales. Es el derecho del enfermo a una muerte digna. Proclama que un enfermo  terminal se le debe dejar morir, sin acudir a esfuerzos mecánicos o clínicos para extenderle la vida. Mientras que Eutanasia es la acción de provocar la muerte al enfermo para evitarle el sufrimiento.
  • [46] MISTICISMO: Estado de la persona que se dedica a la comtemplación de Dios alejándose de la sociedad.
  • [47] -SEDENTARIO: Que permanece sentado mucho tiempo. La falta de una vida física activa. Esto origina estrés, obesidad y problemas de salud. Los médicos recomiendan una vida física activa; correr, caminar, hacer deportes etc, como única medida preventiva para evitar los problemas cardio-vasculares.
  • [48]El SIDA; se define como el “Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida y su mayor transmisión es por vía sexual. Se pronostica que de seguir las cifras subiendo para el año 2,000  uno de cada tres habitantes del planeta será portador de esta enfermedad.
  • [49] -Según informes de la juez de Menores de Honduras la delincuencia juvenil se ha duplicado de forma alarmante en los últimos dos años. En Estados Unidos la violencia en jóvenes han llevado a algunas ciudades a decretar el toque de queda a los menores de edad después de las 11 de la noche.
  • [50] – A veces actuamos partiendo de nuestro criterio lógico; “si no tengo he hecho lo malo, no tengo nada que temer, así que no me importa lo que la gente piense” y hacemos cosas que aquellos que nos ven lo analizan dentro de otra perspectiva. Nuestra sinceridad interior debe ser mostrada en hechos.
  • [51] – Es bueno hacer notar que por un engaño económico vinculado con el robo se registra un juicio de Dios en la iglesia primitiva, cuando mató a Ananías y Safira en Hechos capítulo 5.
  • [52] TRAFICO DE INFLUENCIA: Aquel que usa su poder para dar privilegios a otros que no están comprendidos en el derecho,  alterando un orden. Un Ejemplo bíblico de ello está en Mateo 20:20-28,  cuando la madre de Santiago y de Juan le pidió a Jesús privilegios para sus hijos sobre los demás.
  •     [53]-Del libro  “tener o ser” de Erich Fronmm. Editorial Fondo de cultura. 
  •     [54]-Este termino es una forma errónea de interpretar la palabra miembro, y su origen se ajusta mas al concepto de membrete que de parte del cuerpo que funciona. Esta vinculada a un libro de registro de aquellos que forman una asociación o corporación y aunque la iglesia jurídicamente es una institución, a nivel de la biblia es mucho mas
  •     [55] Del libro “TENEMOS HAMBRE DE CRISTO” Editorial Vida, 1992, página 14.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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3 respuestas a LOS TIEMPOS PELIGROSOS (LIBROS)

  1. brian gray dijo:

    Para entender mejor como la iglesia primitiva identificaba el anticristo en los primeros siglos visita… http://www.laiglesiaprimitiva.com/anticristo.html

  2. suahel figueroa dijo:

    uno de los mejores libros que he leido en mi vida, muy realista y concreto. Dios le bendiga hermano mario

  3. Aroldo Figueroa dijo:

    Me parece excelente. Me gustaría tenerlo físicamente.

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