(XLVIII): EL REGRESO A LA MECA (I): EL SUEÑO DE LA MECA

Dr. César Vidal Manzanares

Llegaba sawwal a su fin, cuando, según la tradición, Mahoma comunicó a sus seguidores que había tenido un sueño.  Según les dijo, en el mismo se había visto peregrinando ese año a la Meca y recibiendo las llaves de la Kaaba.  El relato provocó en algunos de sus seguidores un claro entusiasmo que se manifestó en la adquisición de los animales para el sacrificio, pero también algunos resquemores.  Así, al ponerse en marcha el 1 de du-l-qaada (13 de marzo) cuando aún faltaba un mes para el du-l-hishsha en que se celebraban los ritos de la peregrinación, algunos seguidores de Mahoma decidieron no acompañarlo y otros le aconsejaron que fuera bien armado.  Sin embargo, Mahoma se mantuvo en la idea de dirigirse a la Meca llevando únicamente las armas del peregrino, es decir, la espada en su vaina.  Fue así como, según la tradición, tanto él como sus acompañantes llegaron a al-Shuhfa, un lugar en que los más de mil peregrinos se vistieron el hábito blanco.  Los hombres de Mahoma intentaron en las jornadas siguientes que se les sumaran más acompañantes, pero no lo consiguieron.  Era de esperar un choque con los coraishíes y nadie que no estuviera convencido de la veracidad de las pretensiones de Mahoma deseaba verse envuelto en el mismo. 

Los coraishíes no tardaron en tener noticia de la comitiva que se dirigía a la Meca y, al no saber que sólo llevaban las armas de los peregrinos, temieron un ataque y cursaron peticiones de ayuda a sus aliados.  Por añadidura, colocaron vigías en las cimas de los montes para que, mediante el uso del fuego, les fueran informando de los avances de aquella fuerza y enviaron un contingente de doscientos jinetes al mando de al-Jalid b. al-Walid para contenerlos. 

Ante esta situación, según la tradición, Mahoma se sintió tentado de desbordar la caballería de al-Jalid b. al-Walid y entrar en la Meca gracias a un audaz golpe de mano.  Es posible que, de haberlo intentado, lo hubiera conseguido, pero Abu Bakr le disuadió de dar ese paso alegando que no podía pretender llegar hasta la Meca siendo a la vez peregrino y guerrero.  Finalmente, según la tradición, ambas partes optaron por negociar en el campo de Hudaybiyya, cuyos pozos controlaban los hombres de Mahoma y que se hallaban a una jornada de la Meca y nueve de Yatrib.  Las conversaciones fueron muy tensas y se rompieron en más de una ocasión bien porque los coraishíes se permitieron acariciar la barba a Mahoma bien porque los seguidores de éste no dudaron en caer en la grosería como cuando Abu Bakr mandó a Urwa b. Masud al-Taqafi a chupar el clítoris de Lat.  Se trata en ambos casos de datos que dificultan considerar el relato como totalmente falso.  Del punto muerto se salió cuando Mahoma optó por enviar a la Meca para las negociaciones a Utman b. Affan, que tenía numerosos e influyentes parientes en la ciudad.  Esta circunstancia constituía una garantía de que no se atreverían a atacarlo siquiera por temor a la venganza de la sangre.     Utman tardó en regresar al campamento lo que llevó a pensar que le habían dado muerte e impulsó a Mahoma a reunir a sus hombres y a juramentarse para vengarlo.  Aquel gesto, observado de lejos por los coraishíes, los empujó a negociar y con tal finalidad envíaron a Suhayl b. Amr.  Algunos de los seguidores de Mahoma lo consideraron una derrota e incluso, como fue el caso de Umar b. al-Jattab, manifestaron su desacuerdo en público.  Sin embargo, todo parece indicar que Mahoma se había comportado con inteligencia ya que se estaban acabando los víveres y se encontraba lejos de su base de avituallamiento.  Por añadidura, de aquel acuerdo surgiría la oportunidad para que, siquiera indirectamente, se le abrieran las puertas de la Meca.

CONTINUARA

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