Mario E. Fumero
Uno de los términos más populares en el presente siglo es la palabra “DERECHOS HUMANOS”, convirtiéndose los mismos en una imposición en todos los ámbitos de la vida. Se habla de los derechos del niño, de los derechos de las personas, de los derechos de aquellos que delinquen, de los derechos humanos respecto a la justicia, y de los derechos a que una mujer para decidir destruir una vida que lleve dentro de su vientre. Pero la imposición de los derechos no solamente abarcan aquellas áreas que tiene que ver con la convivencia y el respeto a la vida, sino que penetra en lo ideológico, imponiendo conceptos y actitudes que rompen toda lógica, lo cual tristemente ha desarmado a los padres para poder corregir a sus hijos, y y han desarmado al estado para no inducir el temor en los delincuentes, pero ¿que decimos en torno a los deberes?
Indudablemente que los derechos se obtienen cuando cumplimos ciertos deberes, y ajustamos nuestras vidas a ciertas normas morales, sociales y espirituales, de manera que, mis derechos se adquieren cuando cumplo mis deberes. Nadie se atrevería llegar a buscar un empleo, y cuando le van a contratar reclama, primero reclama sus derechos antes de haber laborado. Lógicamente un alumno no puede exigir que lo gradúen, si primero no ha cumplido su currículo de estudio, y ha aprobado sus exámenes. Así que los deberes producen como efecto los derechos, y ellos los que determinan los mismos.
Tristemente las filosofías pragmáticas y relativistas, prevaleciente en la sociedad moderna, ha convertido los derechos en una norma de conducta social para ser tolerante, creándose muchos organismos internacionales que promueven un proteccionismo excesivo, que ha desarmado a los padres, maestros y autoridades para hacer cumplir la ley.
¿A quién se le ocurre poner la carreta delante y los bueyes atrás? ¿Qué es lo más importante en la convivencia social, violentar las reglas del juego, o imponerla para mantener un orden? ¿Pueden existir derechos si primero no cumplimos los deberes? ¿Cuál es el propósito de la ley? ¿Acaso la misma no se ha hecho para infundir temor, a sabiendas de que toda violación trae consecuencias? Recordemos que toda acción produce una reacción, y toda desobediencia acarrea consecuencia. Es por ello que teológicamente se establece en la Biblia que “la paga del pecado es muerte”,[1] y que la ley ha sido puesta para infundir un temor, que nos detenga frente al mal porque indudablemente cosechamos lo que sembramos[2].
Para que entiendan mejor hare una comparación. Cuando vamos a sacar una licencia de conducir, se nos examina respecto para ver si somos conscientes de las señales de tráfico y luces de los semáforos, así como la regulación de la velocidad según el área en que andemos. Lógicamente no podemos andar conduciendo un automóvil llevándonos la luz roja de los semáforos, o tomando las curvas a exceso de velocidad, o no respetando las diversas señales que encontramos a lo largo del camino. ¿Qué ocurriría si no obedezco estas señales? Podría sufrir un accidente, ocasionar la muerte de un peatón, o ser multado por infractor, en tal caso, al violar las leyes de tráfico, automáticamente pierdo mis derechos y puedo ser suspendido para conducir. ¿Cabe en esta situación alegar los derechos humanos para no aplicar las sanciones establecida en la ley? ¿Podría un ciego reclamar su derecho para conducir, y se le podría respaldar para que se le otorgue el permiso ha sabiendas que no está apto?
[1]– Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte: más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
[2]-Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare eso también segará”.


