INTEGRIDAD MINISTERIAL

Mario E. Fumero

Tomado del libro «TIEMPOS PELIBROSOS» EN 1987

Uno de los males que más adolecemos en el mundo que nos ha tocado vivir es la falta de integridad en todas las esferas de nuestra sociedad. La palabra de moda en nuestros tiempos es «corrupción». Está generalizada en lo político, moral, social y religioso.

          Para combatir la corrupción debemos proclamar y enseñar la INTEGRIDAD como el elemento imprescindible para poder vivir una vida recta delante de los ojos de Dios. Pero ¿qué significa el término INTEGRIDAD?: Es una palabra que tiene una gran connotación. Es más que honesto; envuelve rectitud, cabalidad, responsabilidad, fidelidad, mayordomía, justicia, entereza, verdad, etc., Si licuamos todos estos conceptos y producido un batido, el nombre de este sería INTEGRIDAD. Dios la demandó de Salomón, al igual que de su hijo David: «que anduvieras delante de mí…en integridad de corazón y en equidad…»(1 Reyes 9:4). La integridad es básica para conservar nuestro ministerio con credibilidad en medio de un mundo lleno de engaño, (Tito 2:7) e incluso para ser salvos (Prov 10:18). Esta cualidad produce confianza (Prov 10:9) y hace que Dios nos sustente en todo, y gocemos de su presencia y bendición (Salmo 42:12). Una tendencia muy propagada en las iglesias de hoy es la excelencia y la riqueza como meta, pero ¿de qué sirve alcanzar estas cosas, si perdemos la integridad? ¿Acaso no corremos el peligro de ser envueltos por la atmósfera de deshonestidad y mentira que nos rodea?

          El apóstol Pablo les habla a los Filipenses en el capítulo 3:2 y hace referencia a que nos guardaremos de los «MALOS OBREROS, los MUTILADORES DEL CUERPO, y los PERROS«: ¿A quién se refiere cuando hace estas afirmaciones? A aquellos que no guardan integridad en su forma de vivir. No hay nada más terrible para corromper el evangelio, que dejar que el engaño, la mentira y la deshonestidad se introduzcan, y los más vulnerables somos los ministros, pues sin darnos cuenta, las influencias de este siglo se pueden impregnar en nosotros, y arrastrarnos a la avaricia. En 35 años de ministerio he tenido que enfrentar esta plaga, que me ha producido carga y aflicción. He encontrado de todo, y como dice la epístola de Judas son «manchas en vuestros ágapes…estrellas errantes…» (Judas 12) que hacen afrenta a la Palabra. Debemos enfatizar, en estos tiempos corruptos, la imperiosa necesidad de la integridad, principalmente en aquellos que ejercen funciones ministeriales o de gobierno en la congregación.

          El ser ministros nos hace más vulnerables para tener ataques del enemigo, además somos modelos, ejemplos, personas con una vida pública, la cual muchos miran, para bien o para mal, a fin de buscar en nuestros hechos, lo que predicamos con nuestros dichos. Es por ello por lo que el apóstol Pablo recomienda a los ministros: «que tengan buen testimonio de los de afuera, para que no caigan en descrédito. “(1 Tim 3:7).

          Muchos enemigos del evangelio nos tienen en la mirilla, para buscar nuestros errores, y desacreditar el evangelio de Jesucristo. Debemos cuidarnos en nuestro diario vivir y definir tres áreas de integridad en la que debemos protegernos, para que no caigamos en “DESCRÉDITO y lazo del diablo. ”ÁREA MORAL”: ¡Cuántos escándalos trae el sexo a los hombres de Dios! ¡Cuántos hay que, sin darse cuenta, son seducidos por la carne, dándole lugar al maligno! Es importante pensar que nuestra vida debe ser ÍNTEGRA, cuidándonos, no sólo de la tentación, sino de la acción; esto es, actuar sin malicia[1], sintiéndonos rectos, olvidando la gran nube de testigos que tenemos alrededor. Recordemos que además del peligro de pecar, latente en esta naturaleza pecaminosa, está el de la trampa diabólica. Recuerdo el caso de un pastor que una vez fue a visitar a una viuda, que padecía aparentemente de depresión, para ministrarle, pero ella estaba poseída por un espíritu de engaño y mentira, por lo que le acusó, diciendo que él había tenido relaciones sexuales con ella, siendo la ruina de su ministerio y hogar. Cubrámonos la espalda, actuemos con sagacidad. Pensemos que cualquiera puede caer en una trampa diabólica, y para evitar esto recomiendo:

  1- Qué evitemos visitar, o estar a solas con el sexo opuesto. En    caso de tener que visitar a una hermana, ir acompañado con tu esposa o de algún hermano de la iglesia, y hacerlo de tal forma que no dé lugar a la calumnia.

 2- Entrenemos a nuestras esposas para que atiendan ciertas áreas peligrosas del sexo opuesto. En caso de que nuestras esposas no   puedan, buscar ancianas, con madurez espiritual, que sepan atender esta problemática.

 3- Usemos la astucia para bien, y pensemos en los peligros que

 muchas acciones sanas pueden encerrar ante un mundo, que nos mira con un microscopio. Por ejemplo, evitar llevar a una hermana en el automóvil a su casa, e ir solo con ella.

          ÁREA ECONÓMICA: Pablo da una advertencia al joven ministro Timoteo, le previene del peligro que hay en la ambición material, aconsejándole que esté contento en lo mucho y en lo poco, afirmando:  «Raíz de todos los males es el amor al dinero» (1 Tim. 6:6-10). Tanto San Pablo, como San Pedro, advierten del peligro que general la codicia al dinero en aquellos que son los siervos de Dios. (1 Tim. 3:3; Ti. 1:7; 1 Pd. 5:2). Hay muchas cosas deshonestas en esta área, en las que, sin darnos cuenta, podemos caer, a menos que tengamos un claro concepto de la INTEGRIDAD ECONÓMICA, y para ello debemos considerar los siguientes errores de conducta que pueden afectarnos:

 1- Pedir a la gente que diezme, y no hacerlo nosotros. Esto nos coloca como hipócritas. Los ministerios deben ir delante, dando el ejemplo en dar.

 2- Pedir fondos para un fin, y después determinarlo para otro.      Esto es engaño, y lleva a que la gente no nos tenga confianza.

 3- Pedir una ofrenda para tal persona o proyecto, y después menguarla. Esto es robo, aunque las intenciones sean buenas.

 4- Presentar un proyecto para el Señor, y valerme de él para mi

 propio bienestar. Esto es abuso de poder.

 5- Abusar de los bienes de la comunidad para beneficio propio.

 6- Vivir económicamente muy por encima de las realidades de      

 la iglesia a la cual pastoreo. Esto es injusticia. El nivel de vida del ministro está determinado por el marco y la condición de la congregación del país y ciudad en donde viva.

 7- Alterar números, informes, facturas, etc. para tener “ganancias o crédito ministerial». Esto es corrupción y engaño.

8- Aceptar o mantener a un líder o hermano que anda mal, por     interés económico. Se puede convertir en soborno.

9- Condicionar el mensaje a los beneficios materiales, por lo que trato de agradar a la gente, más que a Dios, convirtiéndonos en asalariados, interesados y vividores del evangelio.

ÁREA MINISTERIAL: Debemos ser íntegros en todas nuestras acciones ministeriales, actuar para engrandecer el reino de Dios y no nuestro nombre, posición o capacidad. La jactancia, vanagloria y presunción son males que atentan contra la integridad del siervo del Señor. Vivimos la época de los «hombres grandes», en donde los «títulos» se hacen importantes, y la ética y respeto ministerial se pasa por alto. Nos debemos envolvernos de la diplomacia, y dejar de ser sinceros a la hora de enfrentar realidades. A veces queremos quedar bien con todo el mundo, y a la larga, quedamos mal con algunos. Nuestro hablar debe ser «sí, sí, o no, no” (Mt. 5:37; Stg. 5:12). Debemos ser claros, francos y firmes, sin dobleces.

          Cualquier ministro que ocupe un puesto de gobierno es vulnerable al soborno, chantaje, malversación de fondos[2] y manipulación. El tráfico de influencia[3] y la búsqueda de privilegios hacen que algunos, de forma corrupta, usen métodos contrarios a la honestidad. Una vez trabajé en un organismo internacional supuestamente cristiano, y ví como se diezmaba la ayuda que en los países ricos se pedía para ayudar a los niños de los países pobre. De esta ayuda el 60% iba a parar al sostén de una burocracia de ejecutivos que vivían con sueldos idénticos a los de las grandes empresas mercantiles norteamericanas, y al viajar se hospedaban en hoteles de cinco estrellas. ¿Sería esto íntegro delante de los ojos de Dios?

          No debemos buscar protagonismo, alterando ciertas «medias» verdades. Cada vez que leo revistas de evangelistas, y veo sus «informes», me llevo las manos a la cabeza, y pregunto, ¿dónde está la verdad? Una vez me dijo un pastor en España: “Cuando des el informe de los miembros de tu iglesia, infla la cifra, pues debemos tener un buen número ante el gobierno”. Conocí cierto pastor bautista que, aunque asistían a los cultos 40 personas, en los informes anuales aparecían 160 miembros. Una vez le pregunté por qué tanta diferencia entre la realidad y la estadística, y me respondió: “Es que nosotros contamos a los muertos y retirados como parte de la iglesia, porque “salvo, siempre salvo”. – ¿Es esto integridad? Si queremos ser rectos en nuestra labor ministerial; cuidémonos, y consideremos los siguientes elementos de conducta:

1- No dar informes falsos para buscar prestigio u obtener   beneficios.

2- No ser tan diplomáticos que terminemos encubriendo la      verdad. La diplomacia termina cuando el pecado aparece.

3- Decir «sí» cuando sabemos que no podremos cumplir, y vamos a quedar mal. Esto nos lleva a la falta de sinceridad y se puede catalogar como engaño.

4- Buscar hacer las cosas para tener protagonismo, y no para servir a Dios.

5- No saber ser confidentes, y no saber guardar confesiones. Hay personas que no confían en sus pastores porque éstos no saben guardar confesiones, y terminan usando lo confesado para atacar al hermano cuando por algún motivo se rebela.

6- Callar por delante y hablar por detrás. Esto nos lleva al chisme, y nos hace propensos a caer en calumnias.

7- Demandar a otro lo que no estoy dispuesto a hacer. El ministro es el modelo de Jesús. La gente será como sus ministros sean en la iglesia, no importa lo bien que prediquen. Lo que más impacta son los hechos. A veces hacemos tanto escándalo con nuestras acciones, que la gente no puede escuchar nuestras palabras.

          Es triste ver tanta deshonestidad en muchos que, tomando el evangelio y proclamándose «ministros», usan el fraude, engaño y mentiras para exaltar y obtener reconocimientos y posiciones humanas dentro de las instituciones eclesiásticas. ¡Cuidado! seamos rectos en todo lo que decimos y hacemos. No busquemos el respeto humano alcanzando el rechazo de Dios. Analicemos nuestra conducta, y andemos en integridad delante de Dios, y de los hombres.


[1] – A veces actuamos partiendo de nuestro criterio lógico; “si no tengo he hecho lo malo, no tengo nada que temer, así que no me importa lo que la gente piense” y hacemos cosas que aquellos que nos ven lo analizan dentro de otra perspectiva. Nuestra sinceridad interior debe ser mostrada en hechos.

[2] – Es bueno hacer notar que por un engaño económico vinculado con el robo se registra un juicio de Dios en la iglesia primitiva, cuando mató a Ananías y Safira en Hechos capítulo 5.

[3] TRAFICO DE INFLUENCIA: Aquel que usa su poder para dar privilegios a otros que no están comprendidos en el derecho, alterando un orden. Un Ejemplo bíblico de ello está en Mateo 20:20-28, cuando la madre de Santiago y de Juan le pidió a Jesús privilegios para sus hijos sobre los demás.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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