Esta es la historia De un maestro honesto y de un alumno deshonesto.
Viene el alumno que ya era abogado y le dice a su maestro: — Le vendí el pozo, maestro… pero el agua que está dentro todavía es mía. Si quiere usarla tendrá que pagar un poco más — dijo el joven abogado con una sonrisa astuta.
El maestro lo miró con serenidad, como quien ya ha visto pasar muchas cosas semejante en vidas… y respondió con calma:
— Qué curioso. Justo iba a buscarlo para decirle que debe retirar su agua de MI pozo. Porque si mañana sigue ahí… tendré que cobrarle un pequeño alquiler.
El abogado se quedó en silencio. Le tembló la sonrisa.Y de pronto soltó una risa nerviosa, Como queriendo evadir el problema: — Jajaja… tranquilo, maestro… era solo una broma.
El maestro también sonrió… pero con esa sonrisa que enseña más que mil libros lec dijo: — Lo sé. Por eso personas como usted terminan siendo abogados, después de estudiar con nosotros.
Hay lecciones que no se dan en un salón de clases. Se dan en la vida. Y solo quienes mantienen intacta su dignidad pueden enseñarlas. Hoy más que nunca: ¡debemos dar honor a los maestros que nos forman con el ejemplo!


