Mario E. Fumero
Se ha puesto de moda junto al hecho del llamado “Avivamiento de Toronto”, el fenómeno de la risa como expresión del Espíritu. Este se ha generalizado de tal modo, que hay iglesias que en cada culto tienen momentos en donde «la risa» dominan todo el ambiente. Quizás frente a este hecho algunos se pregunten: ¿Es este un parámetro lógico dentro de las experiencias espirituales o un fenómeno de los últimos tiempos? Creo que todos estos fenómenos expresivos en la iglesia merecen un análisis práctico y bíblico, para ver hasta qué punto puede o no se parte de un mover de Dios, y no ser muy radical, o injustos, a la hora de juzgar estos hechos.
RISA, GOZO Y ALEGRÍA
Lo primero que debemos hacer es definir estos tres conceptos: «RISA, GOZO Y ALEGRÍA» desde una perspectiva idiomática (el significado de la palabra), para partiendo de ahí, poder acudir a la Palabra y a la realidad nuestra que hoy se vive. ¿Qué es la risa, el gozo y la alegría? Según el diccionario es:
«RISA: Un fenómeno esencialmente humano que suele expresar bienestar y alegría y que consiste en una contracción de los músculos faciales acompañada de una espiración convulsiva, brusca y más o menos prolongada.
«GOZO: Sentimiento de alegría y placer.
ALEGRÍA: Reacción emocional caracterizada por un tono vivencial agradable y relacionada con sucesos vividos en un presente inmediato»[1]
Una vez analizados estos conceptos, debemos notar que la alegría es algo emocional, relacionado con un suceso inmediato, mientras que el gozo no se relaciona con emociones y experiencias, que, aunque en sí puede envolver alegría, no siempre lo es.
No es lo mismo estar siempre gozoso que estar siempre alegre, porque la alegría está vinculada a las experiencias externas, y el gozo a la paz y bienestar interior. En la Biblia el sentido; «gozoso» aparece como adverbio 23 veces en el Nuevo Testamento y más de 150 veces en el Nuevo. Su raíz hebrea y griega[2] indica un estado anímico de estar feliz, regocijarse, estar de buen ánimo, y envuelve más una forma de ser, que, de actuar, pues no siempre tiene que estar asociado con la risa, aunque sí con un buen ánimo, jovial, alegre y feliz. Mientras que la alegría es pasajera, y está sujeta a las circunstancias, el gozo es permanente, y no es producto de lo que externamente me ocurre, pues es un fruto del Espíritu: «porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.»(Romanos 14:17) «Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,» fe,»(Gálatas 5:22) Fue impartido por el Señor (Juan 15:11, 16:24, 17:13) e incluso se puede manifestar en nuestras tribulaciones (2 Corintios 7:4), por lo tanto, no lo podemos vincular, de forma total, a una expresión de risa.
La risa a su vez es una expresión emotiva, y aunque es saludable para los músculos de la cara y el estado anímico, no siempre obedece a un móvil correcto, pues por medio de chistes y payasearía nos podemos reír también. Sin embargo, no podemos negar que el gozo del Señor puede producir, en algunos temperamentos, una expresión de risa, pero también de lágrimas. Se puede llorar de alegría y por sentir una felicidad extrema que se experimenta en el gozo del Señor, al ser lleno del Espíritu Santo.
Recuerdo que una vez el Espíritu Santo se derramó en una fogata en las Brigadas de Amor que pastoreaba en Honduras (1974). Entre los jóvenes estaba Rafael, el cual comenzó a reírse de una forma incontrolada. De ahí en adelante, en los cultos, Rafael se reía al sentir la presencia del Señor. Una vez vino un predicador de Guatemala, y al ver que el hermano se reía en la euforia de la adoración, se le acerco, y poniéndole la mano, le dijo; «espíritu de risa, sal fuera«, y Rafael se sintió confundido y frustrado. A la verdad este hermano vivía cazando espíritu, y la moda de la risa todavía no había aparecido, por lo que cualquier risa en el culto podía ser un «espíritu maligno».
La risa es lícita, siempre y cuando sea sana y proceda un estado de euforia espiritual que nació del gozo del Señor. Lo peor al prohibir la risa es el inhibir al ser humano de sus emociones. Es bueno aclarar que las lágrimas forman parte de nuestras expresiones espirituales y sentimentales, y ambas cosas son intrínsecas en el ser humano, pero ¿hasta dónde debemos permitir que estas experiencias se hagan costumbres? El peligro está en radicalizar y dogmatizar una u otra cosa, cayendo en una rutina y un melodrama artístico o espectacular, para llamar la atención.
QUE DICE LA BIBLIA SOBRE LA RISA
En la Biblia no hay textos que apoyen una doctrina «de risa continua» como expresión del Espíritu, ni como estereotipo de conducta o culto, aunque hay promesas de ella para algunas personas, pero esto no tiene necesariamente que ocurrir en los cultos y a todas las personas. Tenemos el caso de Bildad, un amigo del sufrido Job, el cual le dice a éste que en su sufrimiento Dios restaurará la risa: «Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo». (Job 8:21). Y el salmista anuncia la manifestación de la misericordia de Dios al afirmar en Salmo 126:2:«Entonces nuestra boca se llenó de risa; y nuestra lengua, de cantos de alegría. Entonces decían entre las naciones: «Grandes cosas ha hecho Jehovah con éstos.» ¿Qué expresa este salmo? La promesa de lo que podíamos llamar el gozo de la salvación. Un estado final cuando el Señor manifestare su salvación a través de Jesús. Existen otras citas que hablan de la alegría, pero no siempre la alegría tiene que envolver risa, pues el que estés alegre, no significa que tienes que estar riéndote todo el tiempo. Son pocos los textos que pueden apoyar una actitud doctrinal de risa de forma continua en los cultos. lógicamente hablando tenemos poco apoyo a este hecho.
LA RISA SE PUEDE VOLVER DOLOR
También la Biblia menciona la risa como una expresión negativa, y como consecuencia a un dolor posterior: «Afligíos, lamentad y llorad. Vuestra risa se convierta en llanto, y vuestro gozo en tristeza.» (Santiago 4:9).»Aun en la risa tendrá dolor el corazón, y el final de la alegría es tristeza.» (Proverbios 14:13). De manera que como cristianos debemos aceptar estas dos realidades, risa y lágrimas, alegría y tristeza, placer y angustia, pero sobre todo esto el gozo del Señor debe permanecer.
No podemos radicalizar la risa como norma de conducta, ni como un todo en la vida. Hay veces que debemos sentir sensaciones de tristeza, pues aún el mismo Jesús[3] se entristeció y angustió. Además, él les dijo a sus discípulos que cuando fuese quitado de en medio, experimentarían tristeza (Juan 16:6). Al igual, el apóstol Pablo afirmo:” de que tengo una gran tristeza y continuo dolor en el corazón;» (Romanos 9:2). También nos enojamos, y a veces en el enojo se pierde la risa, e incluso la alegría, pero esto nos enseña a enfrentar errores y a buscar más a Dios: «Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazón.» (Eclesiastés 7:3)
¿Y acaso el arrepentimiento no obra por medio de la tristeza, de tal manera que, al sentirnos tristes, reconocemos que estamos mal? Si es buena la risa, más buena aun es la tristeza, pues por medio de ella experimentamos el trato del Espíritu Santo en nuestros errores. Es por ello por lo que Pablo expone en 2 Corintios 7:9-10: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristado para arrepentimiento; porque habéis sido contristado según Dios, para que ningún daño sufrierais de nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios genera arrepentimiento para salvación, de que no hay de que arrepentirse; pero la tristeza del mundo degenera en muerte.» Hay dos tristezas; la que viene de Dios, para arrepentimiento, y la que viene del mundo como remordimiento. De igual forma hay dos estados de alegría; la que viene de Dios, como expresión de gozo, y la que viene del mundo, como símbolo del placer, poder y ambición.
¿HASTA DONDE LA RISA?
Quizás la pregunta clave sea, ¿hasta dónde podemos dejar que la risa se adueñe de un culto? La respuesta es lógica; hasta donde sea parte de un mover de Dios, y no una manipulación humana. ¿Es lógico que todos rían en una iglesia? Creo que no todos son iguales. En la multitud de personas hay diversidad de temperamentos, carácter y necesidades. Unos podrán reír, otros llorar, otros quedar en silencio, sea lo que sea, el Señor opera de forma multifacética. Acaso no dice la Palabra: ¿Está afligido alguno entre vosotros? ¡Que ore! ¿Está alguno alegre? ¡Que cante Salmos! (Santiago 5:13) Podemos estar alegres o afligidos, podemos reír o llorar, sea lo que sea, y como sea, el Señor es el Señor.
No debemos prohibir que los hermanos se rían, pero tampoco debemos promover la risa como modalidad de conducta. Las experiencias no siempre tienen que ser repetitivas, y no podemos desvincular las reacciones humanas, frente a las experiencias espirituales, sin tomar en cuenta el temperamento emocional del individuo. No todos tienen que reír, ni que llorar, pero todos deben vivir una vida plena del Espíritu Santo. No hagamos de la risa un molde, ni impidamos al hermano que se siente feliz al reírse. Cada cosa tiene su lugar, busquemos la moderación, el equilibrio y la sabiduría para que no hagamos de las experiencias, dogmas y énfasis ridiculizados.
[1]– Tomado del Diccionario Enciclopédico OCÉANO 1996.
[2]– «gozoso» de la raíz «semeach». Tomado del Diccionario de Strong.
[3]– Mateo 28:8 y Lucas 18: 23 revelan la tristeza y angustia que Jesús experimento cuando tenía que aceptar el destino de morir en una cruz, estando en este momento sujeto a una condición de hombre.


