LO QUE DEBES SABER SOBRE EL DIEZMO EN LA BIBLIA

Mario E. Fumero

El diezmo no es un impuesto ni una imposición arbitraria. Nace como una acción espontánea de gratitud y no tiene su origen en la ley mosaica, pues aparece en la época patriarcal.

Se menciona por primera vez en Génesis 14:18–20. Cuando Abraham regresaba victorioso tras derrotar a quienes habían robado los bienes de su sobrino Lot, le salió al encuentro Melquisedec, rey de Salem. El libro de Hebreos lo describe de la siguiente manera: “A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre” (Hebreos 7:2–3).

En el relato de Génesis se registra: “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y Abram le dio los diezmos de todo”.

Posteriormente, en el mismo libro de Génesis, se vuelve a registrar el diezmo cuando Jacob, tras tener un sueño y recibir una revelación divina, edifica un altar y establece un pacto con el Señor. En Génesis 28:20–22 leemos: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”.

Obsérvese que el motivo del diezmo es la gratitud que Jacob expresa a Dios como respuesta a la revelación recibida. Este principio fue retomado posteriormente en la ley dada por Dios a Moisés, como aparece en Levítico 27:30: “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová”.

¿PARA QUÉ SE USABA EL DIEZMO?

El diezmo se destinaba al sostenimiento de toda la tribu de Leví, la cual no solo estaba encargada del aspecto religioso y ceremonial, sino también de la salud, el bienestar del pueblo, la movilidad y el sostenimiento del tabernáculo, que más tarde se convertiría en el templo de Salomón. Esto se establece en Números 18:21–24.

A su vez, los levitas tenían la obligación de apartar el diezmo de los diezmos para los sacerdotes que ministraban en el tabernáculo (Números 18:26–28).

Sin embargo, los diezmos, al ser acumulados a través del tiempo y después de cubrir las necesidades de la tribu de Leví y del sacerdocio, tenían un destino adicional: cada tres años, lo sobrante era repartido entre los necesitados —pobres, extranjeros, huérfanos y viudas— estableciendo así un sistema de justicia social equitativa. De esta manera, los diezmos impactaban directamente las necesidades de la población (Deuteronomio 14:28–29; 26:12).

Si se va a predicar el diezmo como un mandato bíblico vigente, es necesario ser honestos con la totalidad de la ley y no solo con la parte de la recolección, manejándola de forma arbitraria para beneficiar únicamente a los pastores. En el Nuevo Testamento, el diezmo no se establece de manera imperativa, pues los nuevos conversos de la iglesia primitiva no diezmaban: lo daban todo (Hechos 4:34–35; 5:1–2). Y, al leer detenidamente el texto, vemos que no fue una exigencia apostólica, sino una actitud espontánea impulsada por el amor. Por lo tanto, el dar no es una imposición, sino una expresión de gratitud hacia Dios.

Es importante enfatizar que, según la cultura y la ley judía, en el tercer año Dios ordenaba no llevar el diezmo al templo central, sino que debía quedarse en la localidad para alimentar directamente al huérfano, la viuda y el extranjero. Por ello, al analizar Malaquías 3:10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa…”

La expresión “alimento en mi casa” no se refiere a un grupo selecto, sino a todos los necesitados de la comunidad, en cumplimiento de lo establecido en Deuteronomio 26 (“dadlo al extranjero, al huérfano y a la viuda”). Bíblicamente, cada tres años, el “alfolí” de Dios no era el templo, sino las mesas de los necesitados.

Si la iglesia retiene el 100% de los ingresos todos los años para gastos operativos y edificios, está ignorando el 33% de la ley del diezmo diseñada específicamente para la ayuda al necesitado. Es necesario analizar todos estos pasajes y comenzar a vivir una vida cristiana de mayordomía íntegra, donde demos no por obligación, sino por convicción y gratitud. Dios no puede ser sobornado ni comprado, y el dar es una de las expresiones más altas del amor y la gratitud hacia Él.

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