¿LA IGLESIA»RATÓN»?

Mario E. Fumero

Tomado del libro «TIEMPOS PELIBROSOS» EN 1987

          Vivimos en la época de lo descafeinado, instantáneo, super, mega y «light». Lo grande, barato, fácil y rápido domina el mercado mundial, y las grandes empresas se apuran para competir con todos sus productos, en esta mentalidad de marketing existente. Se pronostica un mundo en que todo será «concentrado» e «instantáneo», sin requerir el más mínimo esfuerzo de los seres humanos. Todo estará al alcance de nuestras manos, con tan solo apretar el botón de un comando a control remoto. De igual forma el dinero metálico, o en billete, será sustituido por el dinero plástico de las tarjetas de crédito. Desde nuestras casas, y por medio de un ordenador personal conectado a una red, podremos tener acceso al banco, restaurante, supermercado y a los sistemas de compra por catálogos. El teléfono estará en el cinturón y podremos hablar con cualquier parte del mundo, aunque estemos en el rincón más inhóspito de la selva. Los niños perdidos serán localizados por medio de un ship colocado en su cuerpo, y que se activará por la policía mediante una clave numérica, que permitirá su localización. Esto no es fantasía, es realidad.

          Y todos estos fenómenos tecnológicos ¿En qué forma puede afectar a la iglesia? En estos momentosYA LE ESTA AFECTANDO. ¿Acaso no es la televisión un medio de manipulación religiosa? ¿No hay hermanos que prefieren quedarse viendo a un «tele-evangelista», que le bendice a control remoto, y predica mejor que su pastor, en vez de ir a su congregación? ¿No reproducimos en nuestras iglesias los modelos de cultos que vemos por televisión, con influencias de los Estados Unidos? ¿Acaso la idea de una super-iglesia, influenciada por las campañas y cultos televisados, no se han hecho unos patrones decisivos en el quehacer de hoy? ¿Acaso muchos no buscan el mensaje fácil, ofrecido por los medios de comunicación, en vez de sujetarse a sus pastores, como ordena la Palabra? Estamos siendo absorbidos por los esquemas fáciles, rápidos de una iglesia que por tener lo cuantitativo no forma lo cualitativo, en las vidas. Hay cosas que parecen absurdas, pero son ciertas.

Los promotores de la super-iglesia y la megaiglesia[1], en su afán de imponer sus esquemas, que no son nacidos de un mover del Espíritu, sino como un esfuerzo humano, elaboran estudios, ridiculizando a las iglesias pequeñas y a sus ministros, ignorando que la mayoría de esas super-iglesias se han nutrido de miles de cristianos procedentes del esfuerzo evangelístico de las mini-iglesias, que sí evangelizan, pero no trabajan con una mentalidad cuantitativa. Las congregaciones grandes ofrecen programas más atractivos; “espectáculos”, actividades y usan muchas veces los medios de comunicación para mostrar una superioridad ministerial, que gira en torno a la imagen formada de un super-pastor, proclamado «siervo de Dios», con una unción y poder superior, pero desposeído de la humildad y virtudes cristianas que deben ser las características de un ministro. Quiero aclarar que existen super-iglesias que han nacido de una verdadera unción, de un avivamiento a través de un plan de trabajo fundamentado en grupos pequeños de crecimientos, pero que otros han tratado de imitar, sin tomar en cuenta los factores que originaron los mismos.

          El ridiculizar, humillar y menospreciar a otros grupos pequeños a través de una enseñanza egocéntrica, está de moda. Recientemente se ha realizado un «seminario de crecimiento» para presentar las diferentes realidades de las iglesias, ilustrándolas como el modelo de animales. Se habla de la iglesia-ratón (aquellas que tienen cincuenta miembros), o la iglesia-perro (la que crece a cien miembros), o la iglesia-elefante (que pasa de los cien y llega a mil), y la iglesia-dinosaurio (la de miles). ¿Y es que acaso no puede haber una iglesia grande formada por muchos grupos pequeños en toda la ciudad, como en el libro de los Hechos?? No podemos dogmatizar las formas de crecimiento, ni los modelos de iglesias, menoscabando a otros. La realidad estadística revela que sólo el 3 % de las iglesias son Super o Mega iglesias, el 97 % en Estados Unidos son iglesias medianas y pequeñas. En estudios estadísticos se ha comprobado en U.S.A. y América Latina que el 80% de los que forman estas super iglesias son cristianos emigrándose de congregaciones pequeñas. Otro grupo son asiduos asistentes que no tienen un compromiso profundo con el Señorío de Cristo. Se ha analizado el por qué muchos tienden a buscar estas super iglesias, que se mueven con base a un programa llamativo (sin tener pequeños grupos de crecimiento), y la mayor causa que los motivan a ello es el evadir las demandas, o disimular su mala calidad de vida (por no decir pecados).

Las iglesias más misioneras, más evangelizadoras y comprometidas con la necesidad social de su entorno, son las medianas y pequeñas. Se ha estudiado que apenas un 18% de los asistentes son en realidad cristianos comprometidos con la evangelización. El usar calificativos comparando la iglesia con animales, es ridiculizar a otros ministerios que trabajan en peores condiciones físicas y económicas, además ¿cómo calificaríamos a la iglesia que fundó Jesús, con tan sólo 12 hombres? Sería una iglesia lagartija, insecto, sin peso, pero transformó al mundo. No debemos emplear la dinámica comparativa del mundo, dentro de la realidad de la iglesia.

Tampoco debemos estereotipar pautas de crecimiento de forma humillante, estableciendo conceptos que no están acorde con el amor, y que nos hacen olvidar las virtudes que deben caracterizar las actuaciones de los cristianos, como las define San Pedro al escribir: «Y por esto mismo, poniendo todo empeño, añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, devoción; a la devoción, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque cuando estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pues el que no tiene estas cosas es ciego y tiene la vista corta, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Por eso, hermanos, procurad aun con mayor empeño hacer firme vuestro llamamiento y elección, porque haciendo estas cosas no tropezaréis jamás.» (2 Pedro 1:5-10.)

          Si tenemos amor, si consideramos al cuerpo de Cristo como un todo, no tendríamos a menos a los demás, pues, al fin y al cabo, todos buscamos un objetivo común; engrandecer el reino de Dios en la tierra, y todos somos un mismo cuerpo, la iglesia universal de Jesús. Debemos hacer firme nuestro llamamiento, sin hacer tropezar a otros con juicios despectivos e hirientes. Cuidado con las expresiones que menoscaban la UNIDAD y atenta contra el amor. Lo importante no es cuantos somos, sino como vivimos. Es bueno enfatizar el amor como la doctrina por excelencia, el principio de ser hijo de Dios, las credenciales de nuestra conversión y la evidencia de que Dios mora en nosotros, pues si no tengo amor “NO SOY NADA” 1 Corintios 13.         Si nuestra iglesia es grande, cuidemos la calidad y busquemos los mecanismos para que esta masificación vaya acompañada de formación y relación, de lo contrario, tendremos una iglesia estilo “potrero”, y cuando vengan los tiempos difíciles, se desbandarán, como ovejas que no tienen pastor. Es necesario pastorear la multitud y cuidarla debidamente. Si la cantidad sobrepasa nuestra capacidad, pongamos ministerios paralelos que velen por los diez, por lo cincuenta, por los cien y por los mil, como le enseñó Jetro a Moisés[2].


[1]MEGA: Termino que indica grande.

[2] – Éxodo 18:17-24. Este principio de gobierno para juzgar es el modelo ideal para poder manejar una multitud, y es aplicable a cualquier crecimiento masivo. Los principios del pastor y su rebaño parecen determinar que la capacidad máxima de este debe de ser de 100 ovejas por pastor

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