LOS PROBLEMAS DEL DESEQUILIBRIO

Mario E. Fumero

(Tomado del libro «Buscando el Equilibrio)

Hemos visto que todos los desequilibrios producen problemas, y no quiero dar por finalizado este tema sin reflexionar sobre las consecuencias que trae en la vida de los cristianos el ser víctimas de estos.

En la historia de la Iglesia hemos visto como los radicalismos han llevado al cristianismo a divisiones y desvirtuaciones, que han situado a la fe en grandes conflictos. Si analizamos fríamente las páginas del pasado, sacaremos lecciones que revelan el peligro existente cuando no sabemos buscar el equilibrio en cada doctrina, costumbre o norma.

EL PRIMER DILEMA DE LA IGLESIA CRISTIANA.

          En la época apostólica ya los discípulos tenían conflictos relacionados con ciertas «verdades» bíblicas. El más común surgió entre los gentiles y judíos convertidos a la fe cristiana. Entre ambas culturas había diferencias de criterios en lo concerniente a que a los cristianos gentiles se les exigía «judaizarse» para convivir en la iglesia. Este dilema creó un ambiente de discrepancia entre los seguidores de Pablo y Pedro, llegando a existir choques entre ambos apóstoles, a tal grado que Pablo, en cierta ocasión, resistió a Pedro cara a cara;

 «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, yo me opuse a él frente a frente, porque era reprensible. Pues antes que viniesen ciertas personas de parte de Jacobo, él comía con los gentiles; pero cuando llegaron, se retraía y apartaba, temiendo a los de la circuncisión. Y los otros judíos participaban con él en su simulación, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. En cambio, cuando vi que no andaban rectamente ante la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: -. Si tú que eres judío vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?.-«(Gál.2:11-16).

El dilema se zanjó en el concilio de Jerusalén (Hch. 15), donde después de discutir ambas posturas, se llegó a un acuerdo final, con relación al judaísmo dentro de las iglesias gentiles, y se buscó un equilibrio:

«Que os abstengáis de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. Si os guardáis de tales cosas, haréis bien. Que os vaya bien. Entonces, una vez despedidos, ellos descendieron a Antioquía; y cuando habían reunido a la asamblea, entregaron la carta. (Hechos. 15:29-3O),

Y llegándose a esta conclusión, se solucionó este primer conflicto en apariencia doctrinal. Este primer dilema, que parecía ser «doctrinal» pero que más bien fue de costumbres y normas, quedó resuelto. Sin embargo, quedaron otras secuelas que a través de los tiempos se irían radicalizando. Por ejemplo, la disputa entre si son más importantes «LAS OBRAS O LA FE»[1]. Lentamente la falta de equilibrio entre ambas verdades produjo, desde principios del siglo IV, una tendencia gradual de la iglesia hacia la «JUSTIFICACIÓN POR OBRAS».[2] El cristianismo se fue adulterando mediante un proceso progresivo de mezclas entre tradiciones y las influencias paganas. Nació el catolicismo romano, el cual, descartando la dependencia total de la Palabra de Dios, dio como resultado la oscuridad espiritual en la Edad Media.

EL PROCESO HISTÓRICO DE LA VERDAD.

Algunos conflictos enfrentaron a grupos de cristianos en el primer milenio de nuestra historia. El norte de África, que en un principio fue cristianizada, sucumbió como consecuencia de la disputa en torno a la Deidad de Cristo y la predestinación, de la cual fue gran exponente San Agustín. Así se desencadenó, por medio de posiciones extremistas, el caos del cual hoy todos somos partícipes. Después de la Reforma, se hace evidente, cómo el descubrimiento de una doctrina olvidada condujo a muchos a rechazar los enfoques que otros habían enseñado, para encerrarse en sus propios descubrimientos, no dando lugar a buscar entre todas las verdades en ebullición, el equilibrio que evitase la proliferación de tantas corrientes teológicas que posteriormente fueron convirtiéndose en denominaciones y sectas. Los que recibieron la luz del bautismo por inmersión, tomaron el principio de sus antecesores, los cuales enfatizaron la salvación por la fe. Otros tomando estas dos verdades, recibieron la luz del bautismo del Espíritu Santo, prosiguiendo así su marcha ascendente, en busca de todo el consejo de Dios. Pero ¿qué ocurrió con los que no quisieron asumir la nueva luz recibida? Se quedaron a un lado del camino, limitándose a forjar su fe en el pasado, y rechazando la nueva luz, cosa que dio origen a más denominaciones.

Si en este proceso hubiésemos sabido buscar el equilibrio entre una y otra verdad, nunca hubiéramos llegado a la triste condición de «intolerancia» que hoy nos ha dividido, ya que todos tenemos una misma verdad común, pero cada cual la matiza según su manera.

NUESTRA REALIDAD ACTUAL.

Hoy día, este «mal histórico», de crear conflictos a causa de énfasis y radicalismos, sigue haciendo estragos al cuerpo de Cristo, causando divisiones entre hermanos que tienen una misma experiencia. La mayor excusa que toman muchos para mutilar el cuerpo esta en los conflictos causados por los «énfasis secundarios» desproporcionados, los cuales, aunque tienen ciertas connotaciones bíblicas, carecen de peso teológico para justificar tales acciones, que muchas veces atentan contra el amor.

Uno de los fenómenos de moda en las modernas corrientes religiosas éstan en el “sensacionalismo» como factor de desequilibrios. Nuestro mundo evangélico se caracteriza por el «espectáculo y la oferta». Buscar en ciertas verdades parciales, argumentos que produzcan el protagonismo de hombres o grupos para su propia exaltación, y atraer así a las personas a los pies de Jesucristo. Los cristianos dan más importancia a «descubrir» nuevas verdades, que tratar de vivir las ya establecidas, forjándose así un mecanismo crítico, especulativo y manipulador de las escrituras, en lugar de buscar lo que es necesario hoy y ahora, para formar un carácter cristiano de santidad y rectitud. Esta tendencia muchas veces va acompañada de una actitud “demolicionista[3]” no respetando las bases doctrinales que traíamos como patrimonio del pasado.

Si observamos las causas de los supuestos problemas teológicos, descubriremos que la mayoría de estos «aparentes conflictos» son niñerías, que giran alrededor de énfasis manipulados, exagerados y a veces distorsionados, para «traer agua a nuestro molino».  Pongamos el ejemplo de la lucha entre los grupos de avivamiento frente a la mal llamada «teología de la prosperidad o super fe». Los que predican esta «teología» han tomado en este elemento un punto de énfasis radical, “LA PROSPERIDAD MATERIAL Y LA PROCLAMACIÓN DE VICTORIA” mientras que los que ven el peligro del extremo, adoptan una actitud opuesta, dando lugar a un choque entre dos corrientes dentro de la misma iglesia. Conocí el caso de un pastor que había prohibido en su iglesia dar palmas y levantar las manos, porque el grupo que dividió la misma, y que conectaba con la doctrina de la «super fe», lo hacía como énfasis constante dentro de sus enfoques de adoración. Es absurdo que rechacemos todo lo que este énfasis encierra. es mejor entresacar, como dice Jeremías 15:19, «lo precioso de lo vil”, y reconocer que un énfasis no debe extremarse, pero tampoco anular las posibles virtudes inherentes al mismo.

Si el grupo de la «SUPER FE» explota la adoración, para introducir su enseñanza de que «todo es prosperidad y lo contrario es pecado», busquemos el equilibrio, incorporando lo positivo, y rechazando lo que sea incorrecto. Creo que este grupo, como otros muchos, tienen una verdad mal enfocada, pero no por ello deja de tener un contenido positivo, sólo que los mismos tienen que ser equilibrados y coherentes con las otras doctrinas, para que sean funcionales, edificantes y saludables a la iglesia.

          Me atrevo a afirmar que entre los móviles que motivan las divisiones que hoy afrontamos en su mayor parte, nace del «abuso de los énfasis» que como «caballito de batalla» son usados para disimular el orgullo y la soberbia humana.  En el fondo, encontramos el «chivo expiatorio» de nuestros caprichos.

MÓVILES QUE TRATAN DE JUSTIFICAR LA DIVISIÓN.

Analicemos LOS MÓVILES que aparentemente se esgrimen para tratar de justificar las acciones de divisiones, y busquemos en el fondo la verdad que los origina. Cuando se quiere manipular una situación para fines predeterminados, se alegan los siguientes argumentos:

   1.- Cuando los líderes no están dispuestos a vivir en el Espíritu. Para ello hacen alusión a que no aprueban la línea que lleva la iglesia, o algún hermano en su quehacer dentro del reino de Dios, y buscan citas, que descontextuálizandolas, usan para apoyar su carnalidad. Aproximadamente un 80% de tales móviles carecen de peso escriturar para justificar la división.

     2.- El no aceptar la verdad de Dios como algo vigente en este tiempo. Por lo cual algunos rechazan toda manifestación del Espíritu, aduciendo que muchos de estos hechos fueron sólo para aquel tiempo, ejemplo.: caídas, palmas, lenguas, profecías, etc. Esto jamás puede justificar una división.

    3.- El tener «complejo de iluminado», y por medio de revelaciones y profecías afianzar un liderato que nace de pretensiones carnales, y no de una humildad ministerial, pues me impongo como un «profeta o enviado de Dios», para guiar al pueblo a una verdad «con derechos de autor». Esto ha creado muchas sectas extravagantes. Es el mayor peligro de la iglesia en los últimos tiempos. Sin embargo, existen otros móviles de fondo que sí pueden dar orígenes a acciones que justifican una división, o separación, y es hacia donde debemos dirigir nuestro análisis. Veamos algunas realidades:

 1-El orgullo humano: Que arrastra siempre a las personas a buscar el protagonismo, o posiciones personales, en vez de dar lugar al bien común dentro del reino de Dios. Cuando estamos en un lugar en donde el orgullo priva, se desencadena la “tiranía de los santos”, que muchas veces frustra a sinceros cristianos. El orgullo va acompañado de ambiciones, y los “supuestos líderes” buscan más el dinero de los creyentes que su bienestar espiritual, haciendo del evangelio un negocio.

2- El carácter y temperamento: Que a veces suscita problemas, por las inclinaciones impulsivas del hombre, lo cual le hace más propenso a cometer errores. Es aquí en donde el orgullo toma control de nuestro temperamento fuerte, para llevarnos a acciones carnales, y cuesta trabajo después retractarse de los errores cometido, y por esa soberbia que nace de ambos elementos (temperamento y orgullo) se engendran confrontaciones que producen entre ovejas y pastores serios conflictos.

3- Por falta de una visión clara del plan de Dios: Esto ocurre en donde uno ha sido formado con principios evangélicos legalistas, y le inculcan que es más importante la letra que el espíritu. Los esquemas bíblicos dentro de los cuales somos formados son determinantes en nuestra conducta final. Podremos ser espirituales, legalistas o carnales, en base a la escuela de discipulado que tengamos. Muchos son educados para juzgar y criticar. Algunos son especialistas en buscarle las cinco patas al gato. Un espíritu crítico, negativista y literalista de la Palabra, nos puede conducir fácilmente a posiciones desequilibradas y extremistas.

4- Los errores doctrinales.  Cuando nuestros líderes se apartan de la verdad en su esencia y nos llevan por caminos de errores graves en el fundamento doctrinal.

COMO HACER UN ANÁLISIS EQUILIBRADODE LA REALIDAD.

En conclusión, para mantener un equilibrio bíblico en tiempos difíciles debemos buscar el punto medio en todas las acciones y análisis que hagamos, tomando en cuenta los siguientes principios.

  PRIMERO: Establecer un criterio justo de todo el conjunto de verdades expuestas, sin aislar una de otra. Buscar los diferentes puntos de vista, y llegar a un análisis comedido, e imparcial, sobre un énfasis, sin perder de vista los demás complementos que dan vida al mismo.

  SEGUNDO: Cuidarme de que las experiencias agradables no se conviertan en normas permanentes de conducta, llevándome, sin darme cuenta, al fanatismo. Es fácil que esto ocurra, pues a veces las emociones se imponen, traicionándonos. Un ejemplo es el hecho de que, en un momento dado, al ser llenos del Espíritu Santo, experimentemos una actitud de gozo y alegría externa que nos mueva a saltar, y otra muy distinta es llegar a hacer de esta experiencia una forma de conducta diaria en el culto, a grado tal que, cuando se me dice que me controle, me siento frenado y frustrado en mi vida espiritual, dando lugar a una actitud que va desde el desánimo, hasta la confrontación.

..TERCERO: Poder establecer en mi carácter ciertas cualidades cristianas que son más importantes que ciertos «énfasis emotivos», para que así mi conducta no sea impuesta a otros, ni cometa errores de juicio precipitados. Entre las cualidades importantes para lograr un buen equilibrio están:

     EL AMOR: Que sobrepasa todo entendimiento, que me ayuda a soportarlo todo, que no busca lo suyo, y nos enseña a compartir la verdad con amor, etc.

    LA HUMILDAD: Que neutraliza el orgullo y egoísmo, evitando que nuestras experiencias nos lleven al protagonismo, y traten de acaparar las atenciones del contorno, dando lugar a una mayor jactancia.

    LA PACIENCIA: Que nos lleva a esperar en Dios, no forzándome ni desesperándome por nada, sabiendo que el Señor obra a su tiempo como Él quiere.

ELEMENTOS PARA UN EQUILIBRIO:  Si resumiéramos todo lo expuesto, veríamos que para lograr un correcto equilibrio, necesitaríamos potenciar tres elementos en nuestras vidas, que son:

CRITERIO JUSTO- EXPERIENCIAS AGRADEBLES– FORMACIÓN DEL CARÁCTER

          Si añadimos a estas cualidades los dones del Espíritu, que nos capacitan para escudriñar la voluntad de Dios a través de la ciencia, el discernimiento, y la sabiduría, tendremos armas suficientes para establecer un correcto equilibrio que evite todo peligro que pueda dañar la iglesia, y nuestra propia vida cristiana.

EL SEÑOR NOS AYUDE A SER EQUILIBRADOS EN TODO Y EVITAR LOS EXTREMOS.


    [1]-En realidad los primitivos cristianos jamás negaron la importancia de la obre como fruto de la fe, pero si expresaron que la fe salvadora era producida por la muerte de Cristo en la cruz del calvario, pero una vez salvo, las obras evidenciaban esa salvación. Hipólito, un obispo cristiano que existió en la época de Orígenes (170-236 d.c.) expreso «los gentiles, por la fe en Cristo, preparan para sí la vida eterna mediante las buenas obras».

[2] -La lucha por imponer las obras sobre la fe obedeció a una alteración de los valores. Es cierto que somos salvo por fe “salvo por gracia por medio de la fe…no por obras para que nadie se glorié” Efesios 2:8, pero si ponemos la fe delante y la salvación por gracia, descubrimos que inmediatamente, y como evidencia de esa salvación aparece las obra “el hombre es justificado (evidencia externa de salvación) por las obras, y no solamente por la fe” Santiago 2:24. No podemos divorciar una de la otra con relación a la vida cristiana, aunque sí funciona en la vida natural. Puede haber obras sin fe, pero es imposible tener fe sin obras.

[3] “DEMOLICIONISMO”. Termino que procede de demoler, esto es destruir todo lo que hay para hacer algo nuevo.  El Dr. Charles Colson lo define como el desmantelamiento del lenguaje, los textos y el discurso. Es socavar y despreciar lo existente para introducir ideas nuevas que ataquen las existentes, sin respetar la herencia doctrinal o cultural de las iglesias. Consultar a John Ellis en “Again Deconstruction” (Contra el demolicionismo).

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