EL «QUINTO» EVANGELIO

Mario E. Fumero

Tomado del libro «TIEMPOS PELIBROSOS» EN 1987

          Todos sabemos que el Nuevo Testamento se divide en; los cuatro primeros evangelios, el libro de los hechos y las epístolas, terminando con el libro profético de Apocalipsis. Pero ¿Sabía Ud. que existe para muchos creyentes un «quinto evangelio»? Si lo duda, creo que debemos analizarlo.

          A través de diferentes escuelas de formación cristiana, se han ido formando «corrientes teológicas» que tienden a fabricar una hermenéutica muy peculiar, con la cual obtienen de la Palabra de Dios todo aquello que desean afirmar. En la actualidad, una de las tendencias más predominantes es la llamada «corriente de la prosperidad», junto a la que proclaman muchas iglesias pentecostales y carismáticas; sobre la sanidad y el gozo absoluto, afirmando que la enfermedad y la tristeza es una evidencia del pecado y el juicio de Dios. Algunos llegan más lejos todavía, afirman que todo dolor y toda enfermedad son causadas directamente por los demonios. Recuerdo una vez mientras estaba estudiando teología, que, en mi clase, un profesor que enseñaba evangelismo personal afirmó que «toda enfermedad es causada por demonios». Yo, inocentemente, pero usando mi razonamiento juvenil, le pregunte: -«Profesor, los dolores de muelas, ¿Son causados por demonios?»- A lo que me respondió que sí. Entonces reflexioné en voz alta: -«Si los dolores de muela son causados por demonios, las aspirinas tienen el poder de echar demonios fuera»-. El profesor, indignado, me sacó de la clase. Esta anécdota refleja que somos moldeados de acuerdo con la enseñanza que se nos dé, a menos que razonemos y busquemos en la misma Palabra la verdad profunda de la misma.

          La realidad evangélica evidencia que hemos fabricado un quinto evangelio llamado «El evangelio según San Conveniencia». ¿Y cómo se forma éste? Sencillo; enfatizamos las ofertas y promesas de Dios, ocultando sus demandas. Sacamos un versículo de aquí y lo empalmamos con otro de allá. Le damos la vuelta, lo descontextualizamos y fabricamos una doctrina, como hacen los Testigos de Jehová y otras sectas, para apoyar de esa forma lo que queremos decir o enseñar. Como consecuencia de ello hemos sacado de la Biblia todo aquello que nos muestra el aspecto positivo y beneficioso del evangelio, exaltando la prosperidad, la salud, el gozo, la excelencia, la fe, el poder, etc., para llevar a muchos creyentes a la frustración. No podemos negar que la Palabra está llena de promesas, pero ¿será correcto tomar las promesas como punto de partida para atraer la gente al evangelio? Uno de los elementos que han hecho que esta corriente se haga fuerte, es la implementación de las influencias de la mercadotecnia y la «Nueva Era» dentro de muchos sectores evangélicos. Hemos visto como el poder mental, la mente positiva, pide y recibe, el positivismo absoluto, etc., se ha adueñado de muchos predicadores, y a la hora de presentar el evangelio, parecen más vendedores de un producto barato, lleno de ofertas atrayentes, que proclamadores de la justicia de Dios en la tierra.

          Para poder entender mejor como se fabrica este «QUINTO EVANGELIO DE SAN CONVENIENCIA» vamos a tomar un ejemplo. La Palabra de Dios se parece una moneda tiene dos lados. Existen las demandas y las ofertas de Dios, solo que por desgracia enfatizamos y ponemos en primer lugar lo que es segundo. En toda la Biblia el Señor pone primero una demanda, antes de darnos su oferta. Él quiere ser nuestro amigo, pero su amistad está condicionada a la obediencia: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando«. (Juan 15:14). La acción de creer envuelve una entrega absoluta a aquel en quien creo, para hacer lo que él dice. No es lo mismo creer en Dios, que creerle a Dios. Lo esencial en el llamamiento Divino es obedecer, y no tan solo venir para recibir aquello que me conviene: «No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 7:21).        

La entrega a Jesús debe ser incondicional, y el evangelio es condicional. Cuando venimos a él, vamos a cumplir sus deseos, y sobre sus deseos edificaremos nuestras vidas:«¿Por qué me llamáis: «Señor, Señor”, ¿y no hacéis lo que digo? Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras, y las hace. Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo mover, porque había sido bien construida.» (Lucas 6:26-48).

          Cuando la multitud participó de la maravillosa multiplicación de los panes y los peces (Juan cap. 6), no se quiso ir. Ellos querían, no solo el almuerzo, sino la cena. Jesús le dio de comer como una respuesta a una necesidad inmediata, pero demandaba algo más que buscar una comida. Fue entonces que al ver que no se iban, aunque había sobrado doce cestas del primer milagro que fue de cinco panes y dos peces, les dijo:«–Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás.» (Juan 6:35). Y no repartió lo que había sobrado. ¿Por qué Jesús no hizo otra vez el milagro si ya lo tenía más fácil? ¿Por qué hoy día explotamos tanto los milagros y hacemos de ellos hasta un espectáculo? Porque él no quería un pueblo que le buscara por lo que daba, sino por lo que era y hacía. Fue entonces: » que, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: –Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?» (Juan 6:60).

          Tenemos nuestras Biblias marcadas con promesas. Predicamos de ellas, hacemos tratados de estas, y las publicamos en los periódicos. Ofrecemos un evangelio de fantasía, en donde todo es bendición, sanidad, riquezas, poder y gloria. Leí en una publicación un anuncio que decía: «¿No tiene trabajo?, ¿necesita dinero?, ¿quiere ser rico?, ¿desea ser sanado de toda enfermedad y vivir sin problemas? Venga a nuestra campaña con el gran siervo de Dios el Rev Perico, y Jesús le va a dar todo lo que desee su corazón. Solo tiene que pedir, y lo recibirá». ¿Hasta dónde es cierta esta oferta barata? En esta metodología de propaganda hay una trampa. Tratamos de esconder la gran demanda del Señor, ofreciéndolo todo a cambio de nada. Debemos presentar primero lo que Jesús desea ser para nosotros, y no sacar textos aislados para afirmar las ofertas y promesas que no son valedera para aquellos que no están dispuesto a aceptar la negación, el sufrimiento y la obediencia a sus mandatos:” Y cualquiera que no toma su propia cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.»  (Lucas 14:27).«y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:20).

          Otro ejemplo del «Quinto Evangelio» está en la forma en como marcamos y aprendemos la Biblia. Sabemos más textos de promesas que de demandas, pero es bueno aclarar que detrás de toda promesa existe una demanda. ¿Qué va primero, la carreta o los bueyes? ¿Qué debemos enseñarles primero, el lado fácil y hermoso del vivir con Cristo, o las dificultades y penalidades que es ser soldado de Jesús? En muchas iglesias que he predicado, he preguntado a los presentes: ¿Cuántos saben ese texto de Mateo 11:28? Dice así:  «Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar.» Y casi todo el mundo levanta la mano. Es una promesa, pero sacada del contexto, y es un pretexto para los vagos. Y al hacer otra pregunta: ¿Y cuántos saben qué sigue después? es cuando descubro que apenas un dos por ciento levantan la mano. Buscamos el descanso, y usamos el evangelio para descansar «de todo», ignorando que ese descanso es un descanso del pecado, pero que después el Señor nos da «un yugo» y nos pone «una carga» llamándonos a la humildad: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.» (Mateo 11:29-30)

El análisis de un texto conlleva la reflexión del contexto. El obrero para poder gozar de su cosecha tiene que trabajar primero. El Evangelio es duro. Ser cristiano no es fácil. Llevar la palabra no es una panacea, mas bien dice la Palabra que: «Irá andando y llorando, llevando la bolsa de semilla, pero volverá con regocijo, trayendo sus gavillas.» (Salmos 126:6). Si tenemos una cajita con textos de promesas en nuestra casa, coloquemos al lado otra que contenga demandas. Cuando busquemos palabras agradables al oído, averigüemos aquellas otras palabras que no nos gustan. Desmantelemos esa mentalidad de ofertas y bendiciones absolutas, y aprendamos a vivir las demandas y el sufrimiento que envuelve muchas veces el ser cristiano.

La moneda tiene dos lados y la Palabra también, así que busquemos «todo el consejo de Dios» y aceptemos el gozo y el dolor, la abundancia y la pobreza, el gozar y el sufrir, el andar en un día claro, como el andar por el valle de sombra. Entrenemos nos para ser un fiel soldado de Jesús en cualquier situación que nos toque vivir, y tomemos aquel consejo que dice: «Tú, pues, sé partícipe de los sufrimientos como buen soldado de Cristo Jesús. Ninguno en campaña militar se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo alistó como soldado.  Además, si algún atleta compite, no es coronado a menos que compita según las reglas. El labrador que trabaja esforzadamente es quien debe recibir primero su parte de los frutos. Considera bien lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo.» (2 Timoteo 2:3-7). Equilibremos nuestra enseñanza dando esperanzas dentro de la realidad total del evangelio completo. Si hoy enseño la victoria sobre la enfermedad como una realidad del evangelio que promete sanar, enseñemos que también en el dolor y la aflicción podemos glorificar a Dios y tener victoria. Que «sea que vivamos o que muramos, somos del Señor» (Romanos 14:8).

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