Jueces 16:28: “Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios…” (Jueces 16:28). Sansón fue un hombre llamado, apartado y ungido por Dios desde el vientre de su madre. Tenía un don extraordinario: una fuerza sobrenatural para liberar a Israel de los filisteos, pero Sansón cayó donde muchos caen el descuido espiritual. Su fuerza no estaba en su pelo sino en su pacto con Dios… y al romper el pacto, perdió todo.
Ahora lo encontramos ciego, encadenado, humillado, usado como burla en el templo de Dagón. Pero aquí ocurre algo glorioso: ¡en su peor momento, en lo profundo de un abismo de desesperación. ¡Sansón clama a Dios! Ese clamor nos enseña que no importa cuán profundo y lejos una persona haya caído, siempre hay esperanza cuando se clama a Jehová.
I. EL CLAMOR DEL ARREPENTIMIENTO
“Acuérdate ahora de mí” Sansón no clama pidiendo venganza primero… sino pidiendo no ser olvidado por Dios en aquella posición en la que ahora se encontraba. Este es el lenguaje de un corazón quebrantado. Sansón reconoce su error, reconoce que él no puede sin Dios, reconoce que la fuerza que había poseído no era suya. El clamor del arrepentido no es orgulloso, es humilde. Cuando una vida clama a Dios arrepentida, Dios escucha.
II. EL CLAMOR DE LA DEPENDENCIA
“Fortaléceme, te ruego” Sansón había confiado demasiado en sus dones, en su fuerza, en su unción pasada. Ahora, sin ojos, sin honor y sin libertad, comprende algo: Que la verdadera fuerza viene de Dios, no de uno mismo. Cuando Sansón dijo: “Fortaléceme”, estaba diciendo “Ya no confío en mí mismo.” “Sin ti no puedo.” “Lo que voy a hacer depende totalmente de tu poder.” Todo clamor verdadero nace de reconocer nuestra absoluta necesidad y dependencia de Dios.
III. EL CLAMOR DE LA RESTAURACIÓN
“Solamente esta vez…” Sansón sabe que falló, que perdió, que desperdició un llamado. Pero también sabe algo glorioso: Dios es un Dios perdonador y misericordioso que da otra oportunidad. “Solamente esta vez” es la oración del que dice: Jesús dame una oportunidad más. Vuelve a usarme. Restaura lo que perdí. Jesucristo tu misericordia es más grande que mi fracaso.” Sansón había tocado fondo… pero en ese fondo levanto un altar al único que podía oírle.
IV. EL CLAMOR QUE PRODUCE LIBERACIÓN
Sansón no clama solo por él; su clamor derriba el templo de Dagón, derrota a los filisteos y trae victoria a Israel. El clamor que nace del arrepentimiento y la dependencia no se queda estéril, sino que produce frutos. Liberación. Rompimiento de cadenas. Ocurre la victoria espiritual. Derribo de fortalezas enemigas. La fuerza volvió a Sansón no por su cabello, sino por su clamor. La victoria final de su vida fue resultado de una oración sincera. ¿Te sientes como Sansón? ¿Lejos, cansado, caído, humillado, cegado espiritualmente? Clama. Dios te oye. ¿Sientes que perdiste lo que Dios te había dado?
Clama. Dios restaura. ¿Has fallado, dudado, tropezado? Clama. Dios no desecha un corazón contrito y humillado. ¿Necesitas fuerzas nuevas? Clama. Él puede fortalecerte, no importa cuántas veces hayas caído. Lo que importa es que vuelvas a clamar al Dios que da segundas oportunidades. Sansón recuperó en un instante lo que había perdido en años, porque una oración sincera puede cambiarlo todo. Hoy, Dios te dice lo mismo: “Clama a mí… y yo te responderé.” estamos por concluir este 2025 no te quedes derrotado hoy es tiempo de clamar.
Dios les bendiga


