“CUANDO LO QUE LLEVO PUESTO NO REPRESENTA LO QUE SOY”

Mario E. Fumero

Las personas que se identifican mediante un uniforme, una insignia o una camiseta con aquello que representan deben ser conscientes de la responsabilidad que ello implica. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si un agente de policía, vistiendo su uniforme, fuera sorprendido cometiendo un delito o en estado de embriaguez? ¿O qué sucedería si una persona que no pertenece a la policía utilizara un uniforme policial? Del mismo modo, ¿qué pasaría si un ciudadano que no pertenece al ejército vistiera un uniforme militar? En la mayoría de los países, esa conducta constituye un delito por usurpación de funciones o por uso indebido de insignias oficiales.

¿Qué ocurre cuando una persona que no vive conforme al Evangelio, y lleva una camiseta que dice: «Soy hijo de Dios» o «Cristo vive en mí», y luego es vista embriagándose, peleando o comportándose de manera inmoral? Quizá no esté cometiendo un delito civil, pero sí causa un grave escándalo y profana el nombre de Cristo. La gente no juzgará únicamente el mensaje de la camiseta, sino la coherencia entre lo que esa persona proclama y la manera en que vive. Cuando existe contradicción entre ambas cosas, el testimonio pierde credibilidad y el Evangelio es desacreditado.

¡Qué vergüenza para el testimonio cristiano ver a una persona que proclama con su vestimenta que Jesucristo es el Señor de su vida y encontrarla ebria en una cantina, participando en actos deshonestos o cometiendo un delito! La mayoría de las personas no distinguirá entre la conducta individual y el verdadero mensaje del Evangelio; concluirá, equivocadamente, que el cristianismo es una farsa y que todos los cristianos son hipócritas, metiéndolos a todos en el mismo saco.

Los fariseos eran profundamente religiosos en su apariencia. Procuraban proyectar una imagen de santidad que no correspondía con la realidad de su corazón. Por eso Jesús los llamó hipócritas y los comparó con «sepulcros blanqueados», diciendo: «Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.» (Mateo 23:27, RVR1960).

En la actualidad, los medios de comunicación y las redes sociales magnifican los errores de las personas. Cuando alguien afirma creer una cosa, pero vive de manera contraria a lo que predica, el descrédito y el escándalo se multiplican. Esto ocurre con algunos que exhiben mensajes cristianos en su ropa, sus vehículos o sus redes sociales, mientras su conducta contradice aquello que profesan.

Esto me recuerda la historia de una mujer que, detenida detrás de un taxi que tardaba en arrancar, comenzó a tocar insistentemente la bocina y a insultar al conductor. Un policía observó la escena y decidió detenerla, sospechando que el vehículo podía ser robado. Ya en la estación, la mujer demostró que el automóvil era de su propiedad y preguntó al agente por qué la había arrestado. El policía respondió: —Cuando vi la forma agresiva en que actuaba y luego leí en la parte trasera del vehículo una calcomanía que decía: «Jesucristo es el Señor de mi vida», pensé que ese automóvil no podía pertenecer a una verdadera cristiana. Creí que lo había robado, porque su comportamiento no correspondía con el mensaje que llevaba— Más allá de la veracidad de la anécdota, la enseñanza es evidente: nuestro comportamiento habla con más fuerza que cualquier mensaje escrito.

Uno de los pecados que Jesús condenó con mayor severidad fue el escándalo provocado por un mal testimonio. Él advirtió: «Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.» (Mateo 18:6).

Por ello, debemos evitar identificarnos públicamente con Cristo mediante símbolos, camisetas o rótulos si nuestra conducta no respalda lo que proclamamos. El verdadero cristiano no se distingue por la ropa que viste, sino por la vida que vive. Al fin y al cabo, como enseñó Jesús: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16).

Es decir, el mundo conocerá nuestra fe mucho más por nuestro carácter y nuestras acciones que por las camisetas, emblemas o letreros que llevemos. Sólo cuando lo que vestimos refleja fielmente lo que somos, nuestro testimonio honra verdaderamente el nombre de Jesucristo.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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