EL PROFETA POLÍTICO

Mario E. Fumero

Existen en nuestros medios algunos pastores que se han convertido en profetas políticos. Entran dentro del campo plagado de corrupción afirmando que Dios dijo lo que no dijo, alineando a la iglesia evangélica y a Dios dentro de una tendencia política determinada. Uno de esos pastores que es un profeta político se llama Roy Santos, al cual Dios le muestra quiénes son sus escogidos en el mundo de la política nacional.

Este fenómeno social es preocupante, pues líderes religiosos se atreven a tomar el nombre de Dios en vano para usar las profecías con el fin de apoyar a políticos y partidos, señalando a personajes dentro de este ámbito social, lo cual violenta y rompe con las enseñanzas bíblicas.

No hay nada más indigno que tomemos a Dios como muletilla, plataforma o escudo para entrar a un campo que nada tiene que ver con la misión de la iglesia y las enseñanzas de Jesucristo. Recientemente, el pastor Roy Santos profetizó a favor de ciertos políticos, afirmando que lo revelado por Dios se está cumpliendo, algo que desde el punto de vista teológico y bíblico entra al plano no solamente de un sacrilegio, sino de una blasfemia, porque no se debe tomar el nombre de Dios en vano.

¿Deben los pastores inmiscuirse en política? En las enseñanzas de Jesucristo, ¿hay cabida para profecías políticas? ¿Deben los pastores inmiscuirse en los reinos terrenales? ¿Cuál es la misión de los pastores en la dimensión profética?

Las profecías son para edificación de la iglesia y amonestación contra el pecado, y nada tienen que ver con los negocios de este siglo, y menos aún con asuntos políticos. El concepto cristocéntrico gira en torno a dos reinos: el reino de Dios y el reino de este siglo, cuyo príncipe es Satanás (Juan 12:31).

Jesucristo ordenó colocar cada cosa en su lugar: lo que es de Dios, hacerlo para Dios, y lo que es del mundo, dejarlo en el mundo (Mateo 22:21), porque no podemos servir a dos señores (Mateo 6:24). Los profetas aparecen en el Antiguo Testamento para amonestar a los reyes cuando se apartaban de la ley de Moisés, y en la época de la diáspora judía su misión era mantener la esperanza en la restauración futura, pero nunca se usaron para apoyar gobiernos terrenales.

El apóstol Pablo fue mucho más radical respecto a la actitud de los pastores hacia su relación con los negocios del mundo, al decir que los que se alistan en el reino de Dios no pueden, ni deben meterse en los negocios de este siglo (2 Timoteo 2:3–4). Por lo cual, los líderes religiosos no deben involucrar a Dios y a la iglesia en la política vernácula, porque nuestra misión es predicar el reino de Dios y su justicia, pues, como dijo Jesús, nuestro reino no es de este mundo (Juan 18:36).

No hay nada que me moleste más que ver cómo usamos el nombre de Dios para justificar actitudes y conductas políticas dentro de un marco de corrupción, y lo peor de todo es bendecir a personas que no han conocido el nuevo nacimiento, porque por sus frutos se les conoce.

Dediquémonos a proclamar el reino de Dios; dejemos que los políticos sigan con sus ideologías, porque no puede haber comunión entre la luz y las tinieblas, y tampoco podemos servir a dos señores, máxime dentro de un marco político que en los últimos 20 años ha sido muy conflictivo y está plagado de actos de corrupción y escándalos. Limitémonos a seguir las instrucciones del apóstol, que son orar por nuestros gobernantes y respetar a todos los que están en eminencia, sin ser partícipes de sus obras (1 Timoteo 2:1–2).

Líderes y pastores, absténganse de mezclar el evangelio con la política, y prediquemos a Jesucristo a tiempo y fuera de tiempo, y no usemos a Dios como marioneta para apoyar o justificar situaciones que nada tienen que ver con el reino de Dios.

marioeduardofumero@gmail.com

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