Mario E. Fumero
Aunque no queramos reconocerlo, porque aspiramos a un gran avivamiento, la situación moral y espiritual del mundo se hace cada vez más crítica. Aunque la iglesia experimenta un mega crecimiento[1], su calidad moral está muy baja, y el peligro de que la apostasía se introduzca está cada vez más latente.
LA HISTORIA SE REPITE: No debemos olvidar que la historia se repite. Recordemos cuando en el año 313 d.C, y con la supuesta conversión de Constantino, la iglesia recibió una avalancha de nuevos conversos procedentes del paganismo, producto de la alianza del estado con la iglesia. Muchos de estos supuestos conversos buscaron en la nueva religión del emperador la protección y la adaptación al nuevo orden, pero no habían experimentado el genuino nuevo nacimiento.
Los cristianos primitivos vivieron perseguidos durante más de 280 años, desde la muerte del primer mártir, que fue Esteban, registrada en el libro de los Hechos capítulo 7 (33 d.C), hasta el momento en que Constantino se convierte en Emperador de Roma y adopta a los cristianos como parte de su Imperio. Fue entonces que la iglesia que vivió perseguida, nómada y amenazada por la brutalidad de Roma[2], ahora era parte del sistema dominante. Antes de ser parte del imperio, los cristianos solo tenían un enemigo común; las herejías que se proliferaron, y las cuales, fueron frenadas gracias a la elaboración del Canon Bíblico. Durante la etapa de persecución solo se añadían a la iglesia los que de verdad eran salvos, y su amor a Jesús los llevaba incluso al martirio.
Fue la época de los grandes mártires, hombres de fe que lo dieron todo a cambio de nada. No buscaban la fama, ni las riquezas, ni el poder, tan solo proclamar en un mundo adverso el mensaje puro de la Cruz de Jesús.
En esta etapa los Padres de la Iglesia se entregaron en cuerpo y alma a proteger a la iglesia de las influencias mundanas del sistema, principalmente de las filosofías griegas, que con los principios gnósticos[3] trataron de minar la doctrina. Un ejemplo de ello lo tenemos en los que lucharon por introducir el “docetismo”, que procede de palabra griega “dokein” que significa “tener apariencia”, y que proclamaba que Jesús no se encarnó, que tan solo tuvo una apariencia humana[4]. Esta teoría cristológica procedía de la Escuela de Alejandría, como otras muchas, pero fueron desmanteladas por los Padres de la Iglesia. Uno de ellos fue Ignacio de Antioquía (98-117 d.C), el cual se enfrentó a la misma afirmando que <Jesucristo, era de la familia de David y de María, que nació realmente, comió y bebió, y fue realmente perseguido…y murió realmente crucificado a la vista de los que están en el cielo y la tierra>[5].
En esta etapa se hizo teología. Con la Palabra y firmeza de estos cristianos el diablo no pudo destruir la iglesia. Siempre ha habido hombres dispuestos a presentar defensa del evangelio como dice 1 de Pedro1 3:15: “… estad siempre listos para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia”.
EL SURGIMIENTO DEL CATOLICISMO ROMANO: El imperio romano, con su paganismo y costumbres corruptas, no eran un problema para la iglesia. Ellos vivían aislados de estas influencias, su único peligro era la infiltración de las filosofías huecas en la doctrina (Col 2:8) apostólica. Sin embargo, cuando Constantino se convirtió al cristianismo (cosa que dudo) y conquista el trono de Roma, su primer paso fue “legalizar a los cristianos”. Mediante un decreto ordenó la “cristianización” de todo su imperio. Ahora la iglesia perseguida era parte del imperio y los paganos pasaron a ser perseguidos. Entonces una avalancha de pseudoconversos paganos ingresaron a la iglesia. Esta mezcla impositiva, más la adopción del cristianismo como parte del estado romano, llevó a la iglesia a absorber las influencias mundanas hasta deteriorarse y convertirse en lo que después sería el poderoso “Catolicismo Romano”, el cual llegó a tener más poder que los mismos emperadores de Roma y del mundo.
Ya no era solo la influencia teológica o doctrinal, ahora aparecen costumbres y prácticas vinculadas al sistema dominante. Surge el clericalismo, las grandes catedrales al estilo del diseño de los templos paganos. La sustitución de las fiestas paganas por fiestas cristianas. La sustitución de la diosa Venus por el culto a María. La creencia en dioses romanos, que influían en el trueno, la guerra, la lluvia, el amor etc., fue sustituida por los santos patrones que obraban sobre diferentes manifestaciones naturales o humanas.
La predicación se convirtió en liturgia. La ostentosidad y pompa del imperio entró en el culto. Cuando el Emperador entraba a la iglesia ésta se convertía en un teatro, donde con una fastuosa ceremonia se le daba la bienvenida, sentándose en un trono al frente… junto al obispo que formaba parte de la élite de la ciudad. La iglesia se hizo poderosa, la doctrina se empequeñeció, la liturgia dominó, se implantó en el mundo los esquemas eclesiales, y entonces la pureza se perdió y la corrupción apareció.
EL SURGIMIENTO DEL PODER PAPAL: Con la caída del Imperio Romano (410 d.C) la iglesia se hace más poderosa. Entonces el jefe de la iglesia se vuelve Papa[6]. Lentamente reclama para sí más poderes, hasta convertirse en infalible y “todopoderoso”[7].
En a la Edad Media uno de los papas llamado Inocencio III (1198-1216 d.C) afirmó que él era el sucesor de San Pedro, y se proclamó <Vicario de Cristo> lo que equivalía decir “yo soy el representante del Altísimo en la tierra, y mi poder está muy por encima de cualquier otro”[8]. Si tomamos este aspecto de la búsqueda de títulos para obtener poder, y lo comparamos al quehacer de la iglesia hoy día, ¿No existe una similitud relativa y evolutiva? Ser doctor, reverendo, obispo, apóstol reviste matices de poder y autoridad humanas en el panorama de hoy, y es que así fue como empezó a evolucionar el poder religioso en Roma.
Del año 410 hasta el 1517 d.C, fecha en que se inicia la reforma luterana, la iglesia católica evolucionó a dimensiones de corrupción insospechable. Las Sagradas Escrituras desaparecieron, implantándose una liturgia y dogmas nacidos del capricho humano. El clímax máximo de degradación aparece con el Papa Sixto IV (1471-1484), el cual estableció mediante Breves[9] e Indulgencias un mecanismo mercantil muy lucrativo.
Esta forma de “vender lo divino” se transforma poco después en bulas papales (o venta de perdón). Entonces aparece el papado de Inocencio III (1484-1492), el cual potenció y se convirtió en el máximo promotor de las ventas de bulas. De forma descarada su sucesor, León X, inicia una cruzada para imponer las ventas de bulas por toda Europa. Este tipo de “simonía” llegó a aplicarse por la fuerza, pues él no aceptarlas equivalía a ser excomulgado y posiblemente llevado al martirio por medio de la “santa inquisición”.
UN FRAILE QUE SE OPUSO A LAS BULAS: El fraile alemán Martín Lutero (1517) fue víctima de este proceder, al oponerse en su diócesis a la venta de estas bulas, por lo que el Papa le excomulgó, iniciándose una persecución que dio origen a la Reforma protestante[10]. Debemos puntualizar las características de la degradación del cristianismo, y compararla con el proceso actual de mercantilismo y deterioro que sufre la iglesia evangélica. Esto evidenciará que vamos por el mismo camino. Analicemos los siguientes hechos del pasado:
1º La iglesia absorbió los modelos de conducta del emperador romano. Adoptó su esquema litúrgico; pompa, títulos, ceremonias, estructura del templo, distinción y creación de una jerarquía separada del resto de la feligresía. La iglesia se alió con el estado etc.
2º- Se imitó las costumbres paganas. Se sustituyeron las fiestas mundanas por fiestas cristianas. Se imitó los comportamientos sociales dominantes en su época. Se sustituyeron los dioses por santos, a venus por María. Las normas se volvieron dogmas.
3º- Se menoscabó las Sagradas Escrituras, las cuales fueron marginadas, manipuladas e ignoradas, para dar lugar al capricho humano. Se comenzó a gobernar por otras revelaciones que no procedían del texto bíblico, sino de asambleas llamadas “concilios”. Esto dio lugar al surgimiento de doctrinas y normas paganas. El poder papal le llevó a proclamar los “dogmas de fe” que atentaron contra el principio apostólico. Este proceder hace que la iglesia pierda su sencillez, y junto a ello la verdad bíblica.
4º- La ambición y el deseo de poder se adueñó de los líderes religiosos. Se establecen Breves, indulgencias y bulas con las cuales el reino de Dios se convierte en un mercado, donde todo lo divino se podía vender y comprar, incluso, los pecados futuros que uno pudiera cometer podían ser perdonados. Después siguió la venta de reliquias, y la concesión de poderes a tales objetos, naciendo el fetichismo. Los puestos eclesiásticos eran negociados. Estas normas mercantiles se impusieron a sangre y hoguera.
5º- La iglesia comenzó a fusionarse con el Estado. Entró a controlar la ciencia, la política, e incluso la libertad de expresión de las personas. Disentir de lo que la iglesia decía era igual a atentar contra Dios, y, por lo tanto, se convertía en hereje, y era llevado a la inquisición.
6º-La gran mayoría de los que formaban la iglesia ignoraban el nuevo nacimiento. La estrategia evangelizadora consistía en adaptar la fe cristiana a las creencias paganas de los perdidos, por lo que la superstición, brujería, ídolos paganos, ideas animistas y ocultistas invadieron las prácticas religiosas del cristianismo. No hubo una confrontación con el nuevo nacimiento, que forja en el hombre una nueva criatura, conforme a la imagen de Jesús. ¿Las consecuencias? Todavía son visibles en la realidad histórica de nuestros pueblos los males de antaño tales como; ignorancia, machismo, idolatría, alcoholismo, adulterio, mentira, engaño, violencia etc.
DECADENCIA DE LA SANTIDAD: A partir de ahí comenzaron a entrar a la vida de la iglesia, que antes había sido perseguida, pero ahora era protegida, las influencias paganas, y las nuevas doctrinas con conceptos errados que alejaron a los cristianos de la revelación bíblica dada en los evangelios. En esta etapa la iglesia fue a un cisma. El sistema religioso se corrompió.
Actualmente nos encontramos amenazados por muchos peligros doctrinales y filosóficos. Se le llama al pecado, error, y a la libertad, libertinaje. Se promueven los antivalores. Es triste decirlo, pero los cristianos están siendo absorbidos por las influencias del mundo[11], por lo que ya no tenemos que luchar contra éste, porque el mismo forma parte del estilo de vida eclesial. La iglesia y las costumbres del mundo se han fusionado a tal grado que no podemos distinguir la diferencia entre uno y otro.
Vivimos los tiempos de la apostasía anunciados por Jesús en Mateo 24:24. Ésta, operaría de tal forma, que con milagros y prodigios engañaría, si fuera posible, a los escogidos. ¿Cómo operará esta apostasía? El Apóstol San Pablo nos menciona que ya está “en acción el misterio de la iniquidad” (2 Tes 2:7). Es misterio porque opera de forma tan escondida que a simple vista no se ve. Se presenta de forma tan sutil que nadie la puede descubrir. Recordemos que “misterio” es algo desconocido, inexplicable, por lo que la iniquidad entrará a la iglesia de forma tan disfrazada, que nadie se dará cuenta de ella.
Lo primero que vemos es la inversión de valores en la sociedad. Todo se ha vuelto vulgar, profano, inmoral, hasta el vocabulario está variando. Ya no se le dice a lo malo, malo. La fornicación se ha convertido en amor libre y el adulterio en una moda. El divorcio en una costumbre, la homosexualidad en un derecho de libre elección sexual. La riqueza y la ambición en un objetivo de la fe. A las prostitutas se les llama “trabajadoras del sexo”. A los hipócritas se les llama diplomáticos, y a los que hablan claro en “desfasado, anticuados, controversiales, radicales”.
Se están elaborando conceptos sobre la base de la filosofía del “género”. El lenguaje inclusivo invade las traducciones bíblicas y teológicas. El razonamiento humano desplaza la doctrina. Tal parece que se cumple lo que dijo el Profeta Isaías:
“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!
¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!” (Isaías 5:20-21).
Estamos asistiendo a un proceso de inversión polar de valores. Lo más preocupante es que nuestros hijos están siendo programados por los juegos de computadoras y televisión. La N.E está entrando, como un SIDA espiritual, en la mente de los creyentes. El florecimiento del ocultismo, el culto a los demonios, las filosofías orientales y la introducción al judaísmo de los Gálatas en la iglesia es tan fuerte, que parece una corriente incontenible, máxime cuando la lectura y el estudio de la Palabra han pasado a un segundo plano, en un mundo donde el arte y la música lo arropan todo. La vaguedad y el mercantilismo de las iglesias producen que “iluminados” hagan florecer todas estas ideas extravagantes, naciendo cada día una secta nueva, individualista y mística, que toma los errores de las iglesias como punta de lanza contra el fundamento bíblico tradicional.
La crisis familiar es global, afecta a los cristianos. El divorcio es una plaga incontenible. Según estadísticas el 45% de los nuevos matrimonios terminan en divorcio. Un millón de niños nacen cada año en Estados Unidos producto de padres divorciados o madres solteras. Dos de cada tres matrimonios sucumben en nuestras iglesias. La delincuencia y la violencia juvenil alcanzan cifras alarmantes. La asociación de menores en pandillas es un mal generalizado en toda América Latina. El aborto es una práctica común entre muchos cristianos, que, según estudios, son los que más abortan, para librarse del juicio, la censura y la disciplina eclesial.
Los escándalos causados por “ministros” que hacen del evangelio un medio lucrativo está salpicando los diarios de muchos países. La falta de experiencias profundas, y la liviandad en la predicación, está produciendo una generación de cristianos sin compromiso, entrega y santidad. Las emociones llenan el espacio de las experiencias. Nuestro pueblo estudia y lee poco, y esto los hace víctimas fáciles del engaño. Cada día surgen líderes carismáticos que llamándose “ungido”, “apóstol” o “profeta” originan divisiones. Los esquemas doctrinales están siendo minados por el sincretismo. Aun el sistema jurídico está infectado de antivalores. El derecho anula los deberes y el castigo. No se puede definir claramente la línea divisoria que separa lo bíblico de lo antibíblico, lo recto de lo incorrecto, lo justo de lo injusto. La cultura de la permisividad, acompañada de la ambigüedad y vaguedad, acapara la mayoría de los púlpitos. La violencia es un arte, la paz una utopía, la hipocresía una cultura, la vulgaridad una costumbre y el engaño y la mentira una moda.
No podemos dejar de lado las maniobras del maligno para hacerle creer a la gente cuentos y teorías absurdas, como la existencia de ovnis, extraterrestres, el nuevo orden mundial, la globalización, la unidad eclesial en el ecumenismo etc. Hay que sumar a esto, la importancia que se le está dando al poder mental bajo los principios de la cienciología, meditación trascendental, regresión mental, parasicología, comunicación con los espíritus etc.
¿Y qué podemos decir de la implicación moral en la nueva ciencia y tecnología a la luz de la Biblia? ¿Cómo definiremos la clonación, la ingeniería genética, el genoma humano, la transexualidad por medios de la cirugía, la eutanasia y distanasia[12]aborto, el fenómeno cibernético, la tarjeta y el biochip inteligente? Todo esto nos presenta a un hombre jugando a ser Dios, por lo que no está muy lejos el hecho de que aparezca aquél que se sienta en el trono de Dios, haciéndose pasar por Dios.
¿Estaremos conscientes que estas realidades nos introducen a la apostasía? No durmamos, sino velemos y estemos listos para aferrarnos, hoy más que nunca, a la Palabra Revelada, y hacer de ella el fundamento que nos sostenga en estos tiempos tan peligrosos que nos ha tocado vivir. Es por ello por lo que deseo que leas detenidamente cada una de las partes de este libro, y puedas cortarle al dragón sus cabezas, y preservar a la iglesia de una contaminación que nos lleva al caos y apostasía. Y como último punto antes de entrar al tema, deseo que tomes en cuenta las notas al pie de página, lo cual respalda con argumentos sólidos de referencias los principios expuestos. Una obra con bibliografía y con suficientes citas bíblicas que respalde un punto de vista debe ser considerada con más peso que cualquier argumento personal.
[1] – Recomiendo un mayor análisis de este aspecto en el libro “Las 8 Características Básicas de una Iglesia Saludable” de Christian A. Schwarz editado por Editorial Clie, 1996.
[2] – “Historia del Cristianismo” -I-. Justo L. González, Editorial Unilit, 1994.
[3] – El principio gnóstico proclamaba que el mundo material era innatamente malo, incluyendo el cuerpo.
[4] – “Christ in Christian Tradition” Tomo 1, A. Grillmeir, Londres, 1974.
[5] – “Grandes Líderes de la Iglesia”. John D. Woodbridge, Eduitorial Vida, 1998, página 36.
[6] – El primado de Roma era un obispo de arbitraje o de honor, pero con la caída de Roma su poder se hizo mayor, obteniendo el título de Papa.
[7] – El documento “Pastor Acternus” y la “Constitución Dogmática sobre la Iglesia” define el concepto de Infalibilidad papal.
[8] – “Concilios” Volumen I, Javier Gonzaga, Grand Rapids, Michigan, 1965. Página 335.
[9] – “BREVES” Documento pontificio menos solemnes que la bula. Diccionario Uno Color, 1996.
[10] – “Historia del Cristianismo” Tomo II. Justo L. González, Editorial Unilit, 1994. Página 43.
[11] – El término Mundo viene del vocablo griego <kosmos> que significa por derivación, “mundo organizado”. Cuando es usada en el N.T. se está enfatizando el efecto del pecado que trajo como consecuencia un mundo desorganizado en las garras del maligno (1 Jn. 5.19), por lo que, con mucha frecuencia en el NT, y particularmente en los escritos anónimos, la palabra kosmos tiene un significado siniestro. Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza, Publicaciones Andamio Alts Forns 68, Sótano 1, E 08038, Barcelona, España
[12] – “DISTANASIA” Acción que promueve dejar que la muerte venga de forma natural, sin evitarla o provocarla.


