Mario E. Fumero
Es interesante conocer la historia de aquellos que profanaron el altar de Jehová llevando algo que no era de su pueblo, como el caso relatado en el libro de Números 3:4 que dice: “Pero Nadab y Abiú murieron delante del Señor cuando ofrecieron fuego extraño ante el Señor en el desierto de Sinaí; y no tuvieron hijos. Y Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio durante la vida de su padre Aarón”.
Como consecuencia de tal acción fueron castigados severamente, y todo por el simple hecho de ofrecerle a Dios un fuego extraño, lo que indica que pusieron un elemento que no procedía del pueblo de Israel, sino de los otros pueblos. Ellos habían desobedecido la ordenanza dada por Dios en Éxodo 30:9: “No ofreceréis incienso extraño en este altar, ni holocausto ni ofrenda de cereal; Tampoco derramaréis libación sobre él”.
La mejor manera de explicar esto es entender el hecho de que la vela y el fuego que ofrecieron al Señor procedían de las costumbres y el culto pagano, lo cual consistía en traer delante de Dios un elemento ajeno a su culto.
EL PECADO DE LOS HIJOS DE ELÍ: Es curioso ver como los hijos de Elí, de idéntica forma, desobedecieron el mandato divino en relación con el sacrificio: “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.” (1 Samuel 2:12-17).
¿Qué hacían los hijos de Elí? Profanaron lo consagrado a Jehová, tomando para ellos la mejor parte del sacrificio. La ambición los había cegado, porque estaban corrompidos y eran impíos. Buscaban comer del altar sin vivir para Dios, y para lograr sus deseos carnales, estaban dispuestos a hacer lo que sea, aunque para ello tuviesen que usar “la fuerza”, razón por lo cual, la irá descendió sobre estos muchachos y la descendencia de Elí. Esta acción era un desprecio a la ofrenda de Jehová, de la misma forma que podemos nosotros mercadear con las cosas santas de Dios, despreciando su gracia para tomar lo que no me pertenece.
Aquí vemos el peligro de la ambición y la codicia que puede arrastrar a muchos cristianos a cometer acciones semejantes a la de los hijos de Elí, la de tomar para mí la mejor parte de aquello que fue consagrado a Jehová. Esto refleja el peligro de profanar el altar y no vivir para el Señor.
COMO DEBEMOS SANTIFICAR EL CULTO: Es necesario entender que en el culto al Señor todo lo que usemos debe ser santificado, consagrado a Dios, y no robado ni traído del mundo. El Señor le ordenó a su pueblo que no tocaran, copiaran, usaran o imitasen nada de las demás naciones vecinas, fuesen el heteo, amorreo, cananeo, ferezeo, heveo o jebuseo. Su ordenanza fue radical:
“Para que ellos no os enseñen a imitar todas las abominaciones que ellos han hecho con sus dioses y no pequéis contra el Señor vuestro Dios” Deuteronomio 20:17-18. ¿Y por qué esta ordenanza? Porque el Señor deseaba un pueblo peculiar, de su exclusiva posesión, como le ordenó a Moisés en Deuteronomio 26:18: “Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, cómo te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos” Él deseaba un pueblo original.
Si partimos de este principio, no podemos, ni debemos introducir en el culto al Todopoderoso ninguna costumbre pagana, carnal o consagrada a los demonios. El Señor hizo una alianza o pacto con Israel. De la misma forma Jesús lo hizo con la iglesia. Este pacto se fundamenta en el principio de no hacer alianza con los moradores de la tierra, lo que envuelve el hecho de no adoptar sus costumbres o estilo de vida (Éxodo 34:12). Este principio del A.T. es ratificado por el Apóstol San Pablo cuando establece en 2 Corintios 6:14-18 que:
” No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitare en ellos, y ANDARÉ entre ellos; y SERÉ su Dios, y ellos SERÁN mi pueblo”. Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor; y no TOQUÉIS lo inmundo, y yo os recibiré. Y yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.
Aunque Dios extendió la bendición de los judíos a los gentiles, por medio de la gracia de Jesús, sus propósitos, de tener un pueblo santo, no cambian. Esto se encuentra presente en muchos textos del N.T. los cuales iremos considerando en la medida que enfoquemos los diferentes aspectos de este libro.
SER PECULIAR SIGNIFICA SER DIFERENTES: Tanto Israel, como la iglesia, debían tener una característica muy diferente a la del resto del mundo. En la santificación del creyente se establece claramente que la santidad está ligada a un estilo de vida que rompe con los esquemas dominantes en la sociedad presente. ¿Es compatible que un creyente se alinee con el sistema mundano? ¿Podemos servir a dos señores? Evidentemente el discípulo de Jesús no puede, ni debe en ningún momento hacer yugo o pacto con los incrédulos, y menos participar en sus obras: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 2 Corintios 6:14. “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” 2 Timoteo 2:4 ¿Cómo es posible que participemos de las obras y modelos de conducta de las tinieblas cuando somos hijos de luz?
Muchos cristianos movidos por la buena fe han tratado de imitar los modelos de conducta del mundo, para atraer a los perdidos a la iglesia, pero el efecto ha sido el contrario. Ahora ya no tenemos que ir al mundo a buscar sus modas, ritmos, carnalidades y ostentosidades. Todo esto ya forma parte del culto a Dios, y hemos descendido tan bajo en traer fuego extraño al altar de Dios, que vivimos una crisis de decadencia y flojera espiritual cual nunca en los últimos 100 años. Estamos llenos de emociones, pero vacíos de convicciones. Lo que muchos llaman avivamiento no es sino un “abobamiento”. ¿Y qué podemos hacer frente a esta realidad? ¿Será tan seria la apostasía dentro de la Iglesia? Siga leyendo y lo sabrá.


