CUANDO EL ADULTERIO DOMINA EN LA IGLESIA

Mario E. Fumero

Tomado del libro «EL DRAGON DETRES CABEZA»

La vaguedad lleva a la liberalidad. La liberalidad conduce a la permisividad, y ésta concibe el pecado. Actualmente el pecado se ha convertido en una norma de conducta en la gran mayoría de las iglesias, sin que nadie lo corrija, señale o lo descubra.

Es triste ver a hombres adúlteros usando el nombre de Dios y adorando al Señor en el altar, actuando descaradamente, mientras viven en concupiscencias. Pero lo peor es el hecho de que muchos ministros honestos los apoyan, invitan y aunque conocen su condición moral, se hacen “los locos”, porque más vale el prestigio y los beneficios lucrativos, que la santidad y confrontación.

LOS ESCÁNDALOS DE LOS CANTANTES

          Estamos ante un cuadro aterrador. El deseo carnal arrastra a cantantes cristianos a dejar a sus esposas, para divorciarse y seguir cantando y alabando a Dios como que nada ha pasado.

La iglesia se enfrenta a una lluvia de artistas, que, dejando el mundo, entran a las congregaciones para actuar con sumo éxito. Muchos de ellos no han crecido espiritualmente, ni se sujetan a un pastor, y lo peor de todo, nunca han sido formados en Cristo, por lo que arrastran tras sí las costumbres y concupiscencias del mundo, las cuales terminan introduciéndose en las congregaciones, sufriendo una evolución que bien podemos denominar de <apostasía carnal>.

          Desde el escándalo del famoso evangelista Jimmy Swagger, hasta los escándalos modernos de muchos cantantes, el evangelio sufre escarnio frente a una actitud permisiva y tolerante, que hace del pecado un estilo de vida. Son muchos los pastores y cantantes eminentes que, dejando a sus esposas, se van con sus secretarias o mujercitas, como dice la palabra en 2 Timoteo 3:6: “Porque entre ellos están los que se meten en las casas y llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones”,[1]..

             El escándalo del actor y cantante José Luis Rodríguez (El Puma) fue uno de los primeros que afectó la iglesia en Venezuela y Miami. Su “conversión” causó sensación, por la fama que tenía como actor de telenovelas. Los evangélicos cometieron el repetitivo error de exaltarlo, como propaganda para el evangelio, pero ésta se volvió en contra nuestra, pues terminó destruyendo su hogar y volviéndose al mundo. Otro hecho escandaloso, pero diferente al anterior, fue el del cantante guatemalteco Juan Carlos Alvarado, el cual dejando a su esposa Patricia y sus hijos, se juntó con una jovencita, destruyendo su matrimonio.

             Podríamos dar una larga lista de “famosos cantantes cristianos” que viven en fornicación, adulterio, homosexualidad etc. como producto de la fama y la falta de una profunda experiencia personal con Jesús, pero mejor omitimos más nombres, para no asustar al lector. Lo terrible de todos estos actos de impurezas sexuales radica en el hecho de que muchos pastores a sabiendas de lo expuesto dan su beneplácito a los que tales acciones cometen, pues al invitarles y apoyarles en su ministerio, están aprobado y “bendiciendo” a los que viven impúdicamente. Deseo dar una muestra evidencia de algo que trascendió al continente americano.

DENUNCIA EN UNA REVISTA “CRISTIANA«

En la revista <IPI> de noviembre1998enero 1999, y en la página 29 se le hace una entrevista al cantante guatemalteco Juan Carlos Alvarado. En dicho artículo él reconoce sus relaciones extramatrimoniales, y expresa que su pecado fue consecuencia de un error y que se “sometió a su pastor” y declaró que… “Me di cuenta de que el cambio que quería ver (su pastor) era en mi la decisión de seguir con el compromiso con esa muchacha”. Personalmente dudo que un pastor conocedor de las Sagradas Escrituras de tal consejo. Lo terrible de todo este caso, y de otros muchos parecidos, es la forma en que Juan Carlos justifica sus acciones, pues busca en los supuestos traumas de la infancia, y en los demás, la culpa a su comportamiento, e incluso, llega a distorsionar la verdad al afirmar hechos que no son correctos.

Lo triste es que la revista cristiana (IPI) hace una defensa a tales acciones, sin considerar o escuchar el otro lado, o sea, a la esposa de Juan Carlos. Es por ello por lo que en el número posterior (mayo-julio 1999) la esposa de Juan Carlos Alvarado escribe una nota aclarando e informado el otro punto de vista, lo que revela que no fue Juan Carlos la víctima, como se presentó anteriormente. Ella afirma:

“Por ejemplo ¿es de su conocimiento que cuando Juan Carlos me contó acerca de la relación que tenía yo estaba visitando a mi familia con mis hijos en Canadá durante la Navidad? Me llamó en enero para hablarme de su involucramiento con alguien más y afirmó que lo mejor para mí era no regresar a Guatemala”[2].

En ese mismo número de la revista IPI Jaime Mirón, vicepresidente de la Asociación Evangelística Luis Palau, editor de <Apuntes Pastorales> analiza las declaraciones de Juan Carlos, y desmantela todos los argumentos con el cual él trató de justificar su pecado y expresa que:  “Varias veces en la entrevista se emplea la palabra “error” e “incorrecto” en vez de usarse el término bíblico “PECADO”, que denota la profundidad de transgredir la ley de Dios”[3].

Es triste que se justifique el pecado y que algunos saquen doctrinas que tratan de suavizar lo que la Biblia llama inmoral. Otro ejemplo es el caso del cantante y pastor de Orlando, Vicent Valedon, que, al pecar con su pianista, afirmó que había encontrado su “alma gemela”, por lo cual, el Espíritu lo llevó a su verdadera ayuda idónea, abandonando y divorciándose de su mujer.

NO CABE EL DIVORCIO EN UN SIERVO DE DIOS POR CARNALIDAD

          Si un pastor, cantante o líder cristiano se casa, ya sea por error, lástima, conveniencia, frustración, problemas familiares o compromiso personal, y no desea seguir viviendo con su esposa, la Biblia enseña que no tiene justificación para abandonarla, máxime si hay hijos, porque tal acción es condenada rotundamente por la Palabra. No puede un creyente abandonar a su cónyuge, aunque éste sea inconverso: “Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Corintio 7:12-15).

 En casos como éste, la posición está bien definida, pero ¿Y qué cuando un siervo de Dios es engañado por su esposa y ésta lo abandona, adulterando? El problema tendría que ser manejado por la iglesia o misión a la cual pertenece, y ésta debería trazar un proceso de ayuda, consejería y restauración.

No estoy cerrando la puerta para los que sean víctimas del engaño, pero sí debemos dejar claro que no podemos abrir puertas donde no las hay[4]. Aflojar la cuerda en esta área es abrir la puerta al divorcio “descarado” y en tal caso, crearíamos las condiciones para que los malos ejemplos en los líderes reproduzcan una conducta inmoral en los demás miembros de la iglesia, que es lo que hoy día está pasando.

Al respecto escribe Jaime Miro: “¿Qué van a pensar los jóvenes que tanto quieren al hermano Juan Carlos? Tal vez digan: <Bueno si algo no resulta bien en mi vida, puedo echar la culpa a mi hogar, a la falta de amigos, a mi temperamento, a la falta de consejo, a mis antepasados, o aún al cristianismo en Latinoamérica>. Es hora de enseñar que el ser humano es responsable ante Dios a pesar de su pasado”[5]

Lo que equivale a afirmar que nadie puede justificar la desobediencia a la ley moral alegando argumentos que no son correctos según la doctrina bíblica.

Debemos tener cuidado cuando juzguemos estos casos y no tolerar la infidelidad conyugal en los líderes de la iglesia, sean pastores, cantantes o músicos.

NO TODOS SON IGUALES

             El hecho de conocer cantantes y pastores adúlteros, ladrones, mentirosos y fraudulentos no da base para generalizar y decir que todos son iguales. Es necesario ser puntual y preciso al señalar a alguien que se conduce desordenadamente.

             La Biblia establece el criterio para aquellos que se comporten de esta manera, a los tales debemos “señalarlos” para no juntarnos con ellos, y mucho menos invitarlos a comer (1 Corintio 5:11).

          En la noche del 22 de mayo del 2001, y en el último día de Expolit en Miami, se celebró un concierto muy especial. Lamenté no haber ido, pues es raro que vaya a conciertos, y menos cuando no conozco al cantante. En esta ocasión ministró el cantante costarricense Danilo Montero. El pastor Héctor Maradiaga, de Miami, me puso la cinta con su mensaje, y quedé asombrado al ver que Danilo pensaba igual que yo, y eso que era cantante[6].

En la última noche que tuvo su concierto dio un mensaje que al escucharlo me impactó, sus verdades vertidas tenían doble merito, por ser él un cantante cristiano. Él decía lo que yo expreso en este libro; hemos corrompido el culto, hemos profanado el templo y hemos desvirtuado la adoración. Hay mucho arte y poco Espíritu. Hay mucha manipulación, pero poca o ninguna unción. Danilo reveló en su mensaje que:

 “Muchos cantantes se meten con otras cantantes casadas o solteras, y después se aparecen en los medios de comunicación y en las plataformas de las iglesias como que nada pasó, fornicando y adulterando. Se paran adelante para pedirle a la gente que los sigan”[7].

Él reafirmó que no se puede aceptar que el adulterio y la fornicación reinen dentro de este mundo. Su llamado a la santidad y pureza es un mensaje que todos deberían escuchar.

Basta ya de los artistas que viven en la carne. Basta ya de convertir al adúltero en un adorador. Basta ya de darle el púlpito a aquellos que hacen del evangelio un negocio, y viven presa del pecado. De nosotros depende la salud de la Iglesia.

COMO ENFRENTAR BÍBLICAMENTE ESTE PROBLEMA

          ¿Qué hacer con los adúlteros y fornicarios que predican y cantan, y no se someten a una restauración total de sus vidas?

Es bueno aclarar que la restauración total envuelve retornar al hogar y pedirle perdón a la esposa, restituyendo la relación, o en último caso, quedarse solo cuando la mujer, al ser víctima del engaño, no quiere volver con él. La Palabra enseña que con tales hermanos ni aun comamos… pero hoy día hasta se le encubren el pecado y se le permiten usar el púlpito para adorar a Dios con una boca y una vida contaminada por el pecado. Es bueno que sepamos que cuando encubrimos el pecado, éste nos alcanzará porque: “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” Proverbios 28:13.

             ¿Hay que rechazar a los adúlteros y fornicarios? ¡De ninguna manera!, Al contrario, hay que recibirlos, pero si se arrepienten, para restaurarlos. El problema es el saber definir la palabra “restaurar”. Esta palabra significa otorgar un perdón mediante la confesión y el sometimiento a la iglesia. El Apóstol Pablo recomienda que: “Si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

Lo que establece el principio del pecado como actitud humana. El apóstol sabía perfectamente que los creyentes habrían de vacilar,[8] y podían fallar, pero hay fórmulas bíblicas para resolver esos llamados “errores” que son pecados.

             Restaurar indica “reparar algo que está dañado”[9], y no es dejar lo que es malo como si no pasase nada, sino reparar el daño cometido. El arrepentimiento[10] frente al pecado es el primer paso para conducir a una restauración. Empieza con el perdón (Salmo 51:4) y después nos lleva a reparar el daño, lo que evidencia los frutos de arrepentimiento. Hay pecados que requieren restitución (Número 5:5-7). No se puede hablar de restauración si no existe:

1ro. Arrepentimiento; lo que representa sentirme mal por la acción que cometo.

 2do. Cambio de actitud; lo que involucra dejar el pecado y restaurar el daño. En el caso del adulterio, es dejar la acción, pedir perdón a la esposa (o) y retornar al hogar con fidelidad.

3ro. Someterse a consejería y¤o disciplina; Dentro de la iglesia a la cual pertenece.

          Un cristiano que predica el evangelio es consciente de las enseñanzas y demandas de Dios, por lo que cualquier acción de abandonar a su esposa se convierte en un pecado serio desde el punto de vista Bíblico, máxime si en ello hay adulterio. Cuando San Pablo habla del matrimonio afirma en 1 Corintio 7: 14-15:

“Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mas ahora son santos. Sin embargo, si el que no es creyente se separa, que se separe; en tales casos el hermano o la hermana no están obligados, sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz”.

Notemos el término “si el que no es creyente se separa, sepárese” lo que deja ver que nunca el cristiano puede o debe abandonar a su esposa(o). ¿Podremos justificar tal acción cuando un ministro le es infiel a su esposa? En 1 Corintios 7:1-11 se aborda el matrimonio cristiano y a partir del 12 enfoca los matrimonios de los creyentes con incrédulos (supuestamente convertidos uno de ellos).

Respecto a la pareja cristiana el apóstol es tajante sobre la separación y ordena en el verso 11: “(pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), que el marido no abandone a su mujer”.

          Si la Palabra es tan clara, ¿Cómo es posible que se les dé el púlpito a aquellos que han cometido un acto de adulterio, sin habérseles restaurado en su matrimonio y vivir con otra mujer, o al menos solo? Es necesario reflexionar y limpiar el altar de Dios de tanta inmundicia y retornar a las enseñanzas apostólicas, de lo contrario seremos reos de juicio. No importa lo rentable que un ministerio pueda ser por su fama o talento, si no anda conforme a la palabra de Dios debemos sentarlo y señalarlo para que se arrepienta.


[1]– La Biblia de las Américas, (La Habra, California 90631: The Lockman Foundation) 1986, 1995, 1997.

[2] . IPI mayo-Julio 1999.   página 7.

[3] – Idem  página 8

[4] – En mi folleto “Matrimonio y divorcio en la iglesia”  enfoco más a fondo este tema. “Producciones Peniel”, Tegucigalpa, Honduras. 1998.

[5] – Idem página 8-9

[6] -La referencia a su mensaje tuvo lugar el 22 de Mayo del 2001 en Expolit.

[7] – Cassette del mensaje de Danilo Montero, Expolit 2001, 22 de Mayo 01.

[8]– Carson, D.A.; France, R.T.; Motyer, J.A.; Wenham, G.J., Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones) 2000, c1999.

[9]– En la Biblia la palabra perdón, remisión aparece en el griego como “a[fesi»” y es la fórmula para restaurar una vida. Ver  Mt 26:28; Mc 1:4; 3:29; Lc 1:77; 3:3; 4:18(x2); 24:47; Hch 2:38; 5:31; 10:43; 13:38; 26:18; Ef. 1:7; Col 1:14; Heb. 9:22; 10:18[9]

[10] – El término griego  <metavnoia> equivale a arrepentimiento, conversión, cambio de vida Mt 3:8,11; Mc 1:4; Lc 3:3,8; 5:32; 15:7; 24:47; Hch 5:31; 11:18; 13:24; 19:4; 20:21; 26:20; Ro 2:4; 2Co 7:9,10; 2Ti 2:25; Heb. 6:1,6; 12:17; 2Pe 3:9[10]

Avatar de Desconocido

About unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Adulterio, Articulo, EL DRAGÓN DE TRES CABEZAS, Mario Fumero. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.