Mario E. Fumero
Existe un fuerte movimiento del Espíritu Santo dentro de la iglesia para restaurar la adoración, y para ello se parte de las enseñanzas respecto al «Tabernáculo de David»[1]. Muchas iglesias han perdido vida, al caer en una adoración litúrgica, monótona y anticuada, sin dar cabida a «cánticos nuevos», y a otras muchas expresiones de la vida en el Espíritu. Dios está restaurando una adoración amplia y profunda, pero existe el peligro de irnos a los extremos y hay ciertos aspectos de esta restauración que pueden desvirtuarse, para convertirla en un molde que nos lleve a otra liturgia, por no saber mantener el equilibrio entre el ayer, el hoy y el mañana. Para entender mejor este aspecto, deseo analizar el papel que la música desempeña en el culto, y hasta donde podemos matizar este aspecto, sin caer en radicalismos o liturgia.
LAS NUEVAS CORRIENTES DE CÁNTICOS.
Pudiera poner cientos de experiencias acaecidas en mi ministerio, pero sólo haré referencia a algunas. Existe el peligro de que caigamos en el extremo de adorar a Dios con todos los instrumentos musicales disponibles, produciendo el ruido, que no deja escuchar la letra del canto. Habrá cultos muy bulliciosos, pero con poca expresión del pueblo. Esto forja un concepto errado; pues afirmamos que en la adoración hubo unción porque había mucho ruido. Esto ha llevado a que grupos radicales prohíben el uso de los instrumentos en sus cultos. Su razonamiento es que la adoración tiene que llevar a la reflexión y no a la emoción, apoyándose para ello en textos aislados de la Biblia. Afirman que Jesús cantó en la cena del Señor y no tuvo instrumentos: “Y después de cantar un himno, salieron al monte de los Olivos.» (Mateo 26:30). Además, entre los discípulos de Jesús no había ningún músico o cantante, y si esto hubiera sido vital, hubiera llamado entre los doce a alguno que fuese músico o cantante. Aunque en parte no estoy de acuerdo con este punto de vista, debemos reconocer que a veces nos aferramos tanto a los instrumentos como medio de adoración, que creamos una dependencia a estos como expresión de vida, de tal forma, que cuando falten, se acabó la bendición. Es necesario adorar a Dios, como dice la Palabra: «¡Alabadle con panderos y danza! ¡Alabadle con instrumentos de cuerda y flauta! ¡Alabadle con címbalos resonantes! ¡Alabadle con címbalos de júbilo! ¡Todo lo que respira alabe a Jehová! ¡Aleluya!» (Salmos 150).
Los instrumentos son necesario, pero se debe evitar la esclavitud a ellos. El uso éstos son bíblicos, siempre y cuando no ahogue la voz del pueblo en su expresión de alabanzas. Debemos usar éstos, pero no debemos limitar la adoración a los mismos, pues nuestra expresión es más importante que el ruido.
¿CUAL ESTILO ES MEJOR?
Otro aspecto es en la forma de cantar. Ciertos grupos enfatizan los cánticos alegres y rápidos, condenando a los que lo hacen lento y solemne. Otros caen en una rutina de alabanza estilo «gregoriano», no dando lugar a otras formas de expresión. En algunos sitios se cantan sólo himnos antiguos, y de ahí no se salen, mientras que otros sólo cantan coritos, condenando los himnos clásicos. ¿Es que acaso la riqueza del pasado no debe complementar la inspiración del presente? Hay muchos himnos clásicos que tienen más contenido bíblico e inspiración que muchas canciones y coritos modernos. En fin, existe una serie de extremos que producen desequilibrios en la adoración, de tal forma que se crean conflictos internos dentro de las comunidades. ¿Por qué no aceptar que todo tiene su tiempo y lugar, y que tanto una cosa como la otra, cabe dentro de la adoración, reconociendo que hay diferentes expresiones espirituales, según el ánimo, el momento y la necesidad del pueblo? La palabra es clara, y presenta diversidades de formas para que no se debe limitarse a un determinado estilo, como dice Pablo:” Hablando entre vosotros con salmos, himnos y canciones espirituales; cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;» (Efesios 5:19)
No podemos negar que detrás de esta corriente de «cánticos nuevos», ha aparecido toda una empresa mercantil que ha convertido la adoración en un negocio rentable[2]. La música ha pasado a ser de «una parte del culto» a «un todo» y se le cataloga como «ministerio» con sus respectivos ministros[3]. Debemos reflexionar que LA ADORACIÓN no es una canción, buenos grupos musicales, ni un cántico lento, sino toda una actitud del corazón.
¿ES LA DANZA PARTE DEL CULTO?
Otro énfasis que se ha exagerado es la «danza». Cada vez que descubrimos y restauramos alguna verdad tendemos a generalizarlo. Es un defecto humano, producto de la emoción, ya que, al dar lugar a la libertad, de la cual no disfrutamos en el pasado, radicalizándonos en ella como un «boom» sensacional. El danzar es bíblico, y es una manifestación de gozo, adoración y libertad en la vida del pueblo de Dios. Sin embargo, existe el serio peligro de que hagamos de esto una forma programada dentro del diario quehacer de la iglesia. A veces estas expresiones se nutren más de emociones, que, del Espíritu, cayendo en la «BENDICIÓN ELECTRÓNICA O PROGRAMADA». Reaccionan con danza y gozo bajo la euforia de cierta música, pero cuando ésta acaba, la bendición se termina. Si la bendición es del Espíritu, aunque termine la música, el mover de Dios sigue.
Recuerdo que visité una iglesia en New York en donde habían experimentado un avivamiento. A través del tiempo éste se desvirtúo, y cuando los músicos tocaban un himno, estilo salsa, todos bailaban «en el Espíritu», pero una vez terminada la música, quedaban tranquilos, y las mujeres se arreglaban el pelo y el maquillaje. Era tan mecánico, que comprendí que una vez hubo un avivamiento, vino una bendición, como producto del mover de Dios, pero ahora sólo quedaba el ruido y el baile, pues el mover de Dios se había evaporado, solo quedaban modas, costumbres, emociones y espectáculos; nació una nueva liturgia.
CUANDO LA FORMA SE VUELVE RUTINA
En algunos lugares se pasan todo el devocional danzando, incluso unos con otros, y de forma continua. En otras iglesias han montado un cuadro de danzas, que durante el devocional se mueven al frente, siguiendo con movimientos artísticos el mensaje de la canción. Esto, aunque es una expresión artística aceptable en algunas situaciones, distrae a los asistentes al culto, principalmente a los nuevos o visitantes, y se convierte en un espectáculo, haciendo del devocional un «espectáculo» programado. No debemos confundir la expresión de júbilo o alegría, expresada en algunos textos del Nuevo Testamento[4] con formas artísticas y programadas. Si la danza es un mover del Espíritu, debe surgir espontáneamente, en cualquier momento, y no estar sujeta al ritmo. Aunque éste termine, el Espíritu debe seguir moviéndose en la vida de aquel que ha sido bendecido, pues los estímulos vienen de adentro, y no de afuera. Se ha tratado de justificar la danza como parte esencial del culto, usando citas del A.T. principalmente de los Salmos y libros históricos. Se han tratado de establecer cursillos para que los hermanos dancen bien en el culto. Se ha fabricado todo un estilo de cánticos con melodías hebreas, para motivar estas danzas. Es cierto que pueden y debe haber danzas en la iglesia, siempre y cuando emanen del Espíritu, o de alguna actividad folklórica y artística en ciertos eventos especiales en la vida del pueblo de Dios, pero no tenemos base en el N.T. para imponerlas como una parte constante en el culto. ¿Existe alguna referencia en el Nuevo Testamento a ésta? La danza puede tener una influencia patrimonial dentro de ciertos pueblos. Puede ser parte de una cultura, o de un rito o expresión carnal, pero en la iglesia primitiva, principalmente en el libro de los Hechos, no aparecen referencias a esta manifestación como algo común en el diario quehacer. Tampoco puede decirse que por esta razón la debemos prohibir, ¡esto nunca!, ya que es una expresión del mover del Espíritu, si nace dentro de un avivamiento, y puede ser una herramienta para liberar de ataduras y temores a muchos hermanos que tienen problemas emocionales. Debemos recordar, que dentro del pueblo de Dios, existen una gran variedad de manifestaciones, y debemos estar abiertos a todas ellas dentro de un orden. Algunos fabrican alrededor de un descubrimiento correcto, todo un esquema de culto, tratando de justificarlo hasta una dimensión doctrinal. Repito: «La danza y otras manifestaciones dentro de la vida de la comunidad son experiencias esporádicas, determinadas y sujetas al plan de Dios, pero no encierran todo el vivir del Espíritu, ni es el todo, pues hay múltiples manifestaciones». Quedarnos en un énfasis, y enraizarlo como método, es limitar la operación de Dios en el crecer de la iglesia dentro de la adoración. Así que BUSQUEMOS EL EQUILIBRIO EN TODO y aceptemos que «todo tiene su tiempo y lugar».
[1]– Elaborado por David Fischer del Living Waters Temple y publicado en el 1985. Hace un análisis exegético a través del griego y hebreo de los términos que en el A.T. expresan jubilo, danza, saltar, brincar etc. para aplicarlo al diario quehacer de la iglesia. La referencia al «Tabernáculo de David» hace alusión a un estilo de alabanza proclamada en 1 Crónicas 16:4-6, donde había músicos y cantores con instrumentos, cosa que no existía en el Tabernáculo de Moisés.
[2] – En mí libro “LOS TIEMPOS PELIGROSOS” (Producciones Peniel 1996) se enfoca más a fondo esta problemática de la mercantilización, al igual que en el siguiente capítulo. El énfasis a este problema es porque frente al mismo corremos graves riesgos de escándalos en el futuro.
[3] – Debemos tener cuidado al abusar de muchos términos conceptuales. Ministerio es equivalente a anciano, separados para ministrar, llamado, y en la Biblia solo aparece cinco ministerios, y en ninguno de ellos figura el de la música. Efesio 4:11, 1 Corintios 12:28.
[4]– En el estudio de David Fisher se deduce el poco respaldo bíblico que hay en el N.T. a la danza en el culto. Toma algunas expresiones griegas que expresan brincar, saltar, regocijarse, alborotarse, alegría (griego: agalliao, hallamoi, exallomskirtao, choros, orchemai) para apoyar el hecho de las danzas en el culto, partiendo de citas tales como: Lucas 1:14,41,44. 6:23. 15:25. 7:32. 10:21. Mateo 5:12. 11:17; 14:6 Marcos 6:222 Juan5:35, 8:56. Hechos 2:26. 3:8. 14:10. Judas 24. Apocalipsis 19:7. Una reflexión profunda a estos textos no dan base a la danza, aunque sí deja lugar al gozo, alegría y jubilo dentro de la vida de adoración, como una expresión emotiva de las experiencias espirituales, cosa normal y necesaria en la vida de la Iglesia.


