Después de haber cultivado su relación con Dios y servido en el ministerio por casi 30 años, uno de los hombres más letrados, influyentes y con la mayor formación teológica posible, escribió lo siguiente sobre su madurez espiritual: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.” (Filipenses 3:12)
Desde una perspectiva teológica, este versículo revela una comprensión correcta de la santificación progresiva. Pablo no está negando su justificación en Cristo tema que ya ha dejado claro en la carta, sino reconociendo que la madurez cristiana no es un estado que se alcanza plenamente en esta vida.
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